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Costa y Llobera: Primavera

fabian | 08 Maig, 2013 16:44

Por romper un poco la rutina, y porque hoy el día es primaveral, casi veraniego, recojo estos versos de una mente clásica: un soneto. Los dos cuartetos son descriptivos: la tierra, vestida de flores, ríe enamorada del sol y éste le envía una mirada amorosa. El aire, juguetón, esparce aromas, canta el ruiseñor entre las ramas e invita a cantar canciones nuevas. El primer terceto sintetiza: el mundo recuerda aquella edad primera del Paraíso y el segundo terceto añade la nota reflexiva: Nada como tú, primavera; mas no ... Hay algo aún mejor que se adelanta al abril florido: el corazón que cree, ama y espera.

Precioso soneto de Miquel Costa i Llobera, aquel de quien, nos cuenta Miguel de los Santos Oliver, en su juventud, antes de que marchara a Roma a realizar sus estudios de sacerdote, se encontraron en el claustro de San Francisco, solitario, ensimismado en sus pensamientos y que, al ver el grupo de mozalbetes que entraban en el claustro armando bulla, salió o huyó resguardando su soledad y pensamiento.

Primavera

L’abril és arribat. De flors vestida
riu la terra, del sol enamorada,
i el sol li envia, amb amorosa ullada,
ric present de colors, de llum i vida.

L’airet qui juga dins la vall florida
vola escampant essència regalada,
canta el dolç rossinyol per l’enramada
i cançons noves a cantar convida.

Pertot bellesa nova i alegrança...
Sembla que el món d'aquella edat primera
del Paradís perdut fa recordança.

Res com tu en aquest món, oh Primavera!
Mes no..., jo sé un abril que al teu s’avança:
l’abril d'un cor qui creu, ama i espera!

Y, tras el poema de Costa y Llobera, el encuentro con Oliver:

Era entonces un joven de regular estatura, de rostro rasurado; vestía correctamente, sin afectación de elegancia ni de descuido. El perfil de su frente y nariz destacaba ya con esa noble curva que parece requerir el cuño de las medallas antiguas. Paseaba solo, en aquella fecha, y por lugares poco concurridos. Todo revelaba en él necesidad de abstracción y aislamiento. En una ocasión, ya entrada la noche, volvíamos otros mozalbetes y yo de no sé qué holgorio y caminata. La luna inundaba de claridad la plaza de San Francisco y se nos ocurrió entrar en el precioso claustro, completamente abandonado y sin puertas a la sazón. Dimos la vuelta a sus corredores y antes de terminarla nos cruzamos con una sombra, que desapareció, veloz y furtiva. Era el poeta, entonces como ahora ruboroso y púdico de su propia inspiración, de sus emociones de artista, de la misma curiosidad que despertaba. Nos pareció lo más delicado no darnos por advertidos de su presencia y creo que jamás en nuestras conversaciones, después tan frecuentes, me atreví a hablarle de este caso de flagrante romanticismo en que pude sorprenderle.

Miguel de los Santos Oliver: Monumentos en vida / Un rasgo insólito

Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1914

fabian | 07 Maig, 2013 18:09

Probablemente fuera la Guerra Europea un motivo por el que, en la segunda parte del año, Miguel de los Santos Oliver no publicara asiduamente sus artículos de los sábados. Muchas reflexiones de tipo político son el contenido de ellos. Con todo, Oliver prosigue un par de sus series como "De los tiempos terribles" y "Papeles viejos".

Relacionado con Mallorca un único artículo "Monumentos en vida / Un rasgo insólito" en el que alaba la dignidad de Costa y Llobera al negarse con viveza a que le hicieran un homenaje.

  • 03/01/1914 Monumentos en vida / Un rasgo insólito (Costa y Llobera)
  • 10/01/1914 Lecciones de la vida / Dos ejemplos
  • 17/01/1914 De nuestro tiempo / Pasión y grandeza
  • 24/01/1914 Apariencia y sinceridad / Las dos políticas
  • 31/01/1914 De la realidad / Opinión y prensa
  • 07/02/1914 Verdad de un sistema / La póliza de seguros
  • 14/02/1914 El aniversario de Costa (Joaquín) / De la regeneración al cinismo
  • 21/02/1914 Sin artículo
  • 28/02/1914 Divagaciones / ¿Transformación ó disolución?
  • 07/03/1914 De los tiempos terribles / El caballero Azara I
  • 14/03/1914 De los tiempos terribles / El caballero Azara II
  • 21/03/1914 De los tiempos terribles / El caballero Azara III
  • 28/03/1914 Camino de la inmortalidad / Mistral y Provenza
  • 04/04/1914 De los tiempos terribles / El caballero Azara IV
  • 11/04/1914 De los tiempos terribles / El caballero Azara V
  • 18/04/1914 De los tiempos terribles / El caballero Azara VI
  • 25/04/1914 De los tiempos terribles / El caballero Azara VII
  • 02/05/1914 De los tiempos terribles / El caballero Azara VIII
  • 09/05/1914 De la vida / Falsos desdenes
  • 16/05/1914 Pan y toros / Toros antes que pan
  • 23/05/1914 De un incidente / Las suspicacias nacionales
  • 30/05/1914 Sobre otro incidente / Cuáles son mis propósitos (transcripción de un escrito de Enrique Domínguez Rodiño)
  • 06/06/1914 Aires de Italia / Las naciones gemelas
  • 13/06/1914 Camino de París / El viaje del "Orfeó"
  • 20/06/1914 Minucias expresivas / El espíritu de perfección (Sobre la cultura alemana)
  • 27/06/1914 La inquietud literaria / Cincuenta escuelas en treinta años (Literatura francesa)
  • 04/07/1914 Un prólogo / Semblanza de Opisso
  • 11/07/1914 Sin artículo
  • 18/07/1914 El caso Maura / Después de una campaña. Explicación
  • 25/07/1914 Papeles viejos / Los dos girondinos
  • 01/08/1914 Sin artículo
  • 08/08/1914 Sin artículo
  • 15/08/1914 Papeles viejos / Los dos girondinos II
  • 22/08/1914 Sin artículo
  • 29/08/1914 Sin artículo
  • 05/09/1914 Sin artículo
  • 12/09/1914 Ante la lección / Ideólogos y pensadores
  • 19/09/1914 Sin artículo
  • 26/09/1914 Deber esencial / El amparo de los súbditos
  • 03/10/1914 Sin artículo
  • 10/10/1914 Del día / La guerra y la opinión
  • 17/10/1914 Sin artículo
  • 24/10/1914 Ayer y hoy / Papeles trocados
  • 31/10/1914 Sin artículo
  • 07/11/1914 Sin artículo
  • 14/11/1914 La afirmación nacional / Un país cloroformizado
  • 21/11/1914 Sin artículo
  • 28/11/1914 Cartas perdidas / El momento actual
  • 05/12/1914 Cartas perdidas / El corregidor de Almagro
  • 12/12/1914 Cartas perdidas / Los hombres representativos
  • 19/12/1914 Sin artículo
  • 26/12/1914 Sin periódico
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1913

fabian | 06 Maig, 2013 17:39

En 1913, Miguel de los Santos Oliver publica bastantes artículos de carácter político; la caída de Antonio Maura está relacionada con esa abundancia. Termina la serie "De Andalucía" y, con cierta intermitencia va completando la serie "Papeles viejos" relacionada con textos de diverso carácter en torno a la Revolución Francesa.

En relación a las islas, publica tres artículos sobre Orfila: "Actualidad extranjera / Orfila y el proceso Laifarge" y uno sobre el cantante Uetam: "De mi tierra / 'Uetam' y su tiempo" que será recogido en 1918 en el libro "Hojas del Sábado".

  • 04/01/1913 De Andalucía / Visiones rápidas / En Cádiz
  • 11/01/1913 Empeño de honra / El monumento a Verdaguer
  • 18/01/1913 De Andalucía / Visiones rápidas / Día de lluvia
  • 25/01/1913 De Andalucía / Visiones rápidas / Un día en Córdoba
  • 01/02/1913 De Andalucía / Visiones rápidas / Despedida
  • 08/02/1913 Fatalidad histórica / La carencia de ideal
  • 15/02/1913 Actualidad extranjera / Orfila y el proceso Laifarge I
  • 22/02/1913 Actualidad extranjera / Orfila y el proceso Laifarge II
  • 01/03/1913 Actualidad extranjera / Orfila y el proceso Laifarge y III
  • 08/03/1913 Cataluña y los emigrados franceses / La Coblenza del Sur
  • 15/03/1913 Cataluña y los emigrados franceses / La Coblenza del Sur II
  • 22/03/1913 Cataluña y los emigrados franceses / La Coblenza del Sur III
  • 29/03/1913 Cataluña y los emigrados franceses / La Coblenza del Sur y IV
  • 05/04/1913 Resortes desquiciados / La elevación moral
  • 12/04/1913 Dos espíritus / La función y el funcionario
  • 19/04/1913 Retornos / El culto a la energía
  • 26/04/1913 De un centenario / Ozanam en España (texto de Ozanam)
  • 03/05/1913 De un centenario / La estela de Ozanam I
  • 10/05/1913 De un centenario / La estela de Ozanam II
  • 17/05/1913 De un centenario / La estela de Ozanam y III
  • 24/05/1913 De mi tierra / 'Uetam' y su tiempo
  • 31/05/1913 Papeles viejos / Franceses y españoles en 1792
  • 07/06/1913 Del debate / La atracción de las izquierdas
  • 14/06/1913 Del momento / Reflexiones necesarias
  • 21/06/1913 La política / El final de una maniobra
  • 28/06/1913 Mirando a Marruecos / La preocupación del día
  • 05/07/1913 A propósito de Rochefort / La opinión y los libelistas
  • 12/07/1913 Del ambiente / La vacuidad política
  • 19/07/1913 Industrias modernas / La defensa de los humildes
  • 26/07/1913 La fuerza del nombre / Democracia y poder personal
  • 02/08/1913 Un ensayo agotado / Ante la crisis próxima
  • 09/08/1913 En plena superchería / Un país sin memoria
  • 16/08/1913 De nuestro tiempo / Lo irreparable
  • 23/08/1913 Papeles viejos / Una marquesa y su salvadora
  • 30/08/1913 De nuestro tiempo / Esplendores engañosos (veraneo en las playas)
  • 06/09/1913 De nuestro tiempo / Arte popular y arte social
  • 13/09/1913 Comentando / Las ruinas de un ensueño (Conde de Romanones)
  • 20/09/1913 De nuestro tiempo / La idea de la justicia
  • 27/09/1913 De un centenario / El descubrimiento del Pacífico
  • 04/10/1913 Las resultas del veto / Liquidación de una infamia
  • 11/10/1913 Sobre una información / La literatura y el patriotismo (¿Cuál es el ideal de la literatura)
  • 18/10/1913 Iconografía nacional / Las estatuas y la decadencia
  • 25/10/1913 Sin artículo
  • 01/11/1913 Sugestiones de una conferencia / Paz y pacifismo
  • 08/11/1913 Todos contra Maura / Dos líneas de epílogo
  • 15/11/1913 Vapores de charca / El triunfo de lo ruín
  • 22/11/1913 A las puertas de la Academia / Un candidato (Azorín)
  • 29/11/1913 Papeles viejos / En los días del regicidio (1792-1793) I
  • 06/12/1913 Papeles viejos / En los días del regicidio (1792-1793) II
  • 13/12/1913 Papeles viejos / En los días del regicidio (1792-1793) III
  • 20/12/1913 Papeles viejos / En los días del regicidio (1792-1793) IV
  • 27/12/1913 Papeles viejos / En los días del regicidio (1792-1793) y V
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1912

fabian | 02 Maig, 2013 16:22

Varias series de carácter histórico y literario aparecen en los artículos que Miguel de los Santos Oliver publicó en La Vanguardia en el año 1912. Hay 9 artículos sobre Moratín: "De los tiempos terribles / Las andanzas de un poeta"; cinco sobre Rousseau: "Un nuevo centenario / Rousseau" y ocho sobre el Grande de España Andrés María Guzmán: "Papeles viejos /Un grande de España terrorista". Además, inicia una serie sobre Andalucía: "De Andalucía / Visiones rápidas".

Sobre Mallorca no hay ningún artículo, aunque hay uno sobre un menorquín: "De una conferencia / Las Memorias de Orfila", al que en otra ocasión, sumará otros dos artículos.

  • 06/01/1912 De nuestro problema / Realidades y abstracciones
  • 13/01/1912 Recordando a Mañé / Lección estéril
  • 20/01/1912 Sin artículo
  • 27/01/1912 Días lejanos / Sobre un folleto histórico
  • 03/02/1912 De otros días / El poeta peluquero (Jasmín, "el último trovador de Gascuña")
  • 10/02/1912 Aspiración y ejecución / Las reformas ilusorias
  • 17/02/1912 Temas del día / La prensa y el ambiente
  • 24/02/1912 Sin artículo
  • 02/03/1912 De los tiempos terribles / Las andanzas de un poeta (Moratín)
  • 09/03/1912 De los tiempos terribles / Las andanzas de un poeta II
  • 16/03/1912 De los tiempos terribles / Las andanzas de un poeta III
  • 23/03/1912 De los tiempos terribles / Las andanzas de un poeta IV
  • 30/03/1912 De los tiempos terribles / Las andanzas de un poeta V
  • 06/04/1912 De los tiempos terribles / Las andanzas de un poeta VI
  • 13/04/1912 De los tiempos terribles / Las andanzas de un poeta VII
  • 20/04/1912 De los tiempos terribles / Las andanzas de un poeta VIII
  • 27/04/1912 De los tiempos terribles / Las andanzas de un poeta y IX
  • 04/05/1912 Al pasar / Rubén Darío
  • 11/05/1912 Ofrendas / Ante el busto de Llorente
  • 18/05/1912 Sin artículo
  • 25/05/1912 Un inmortal / La sombra de Menéndez (Pelayo)
  • 01/06/1912 No hay periódico
  • 08/06/1912 Una lección / Los textos hablan (radicales)
  • 15/06/1912 Divagaciones políticas / Lo ilusorio y lo posible
  • 22/06/1912 Divagaciones políticas / La ráfaga futurista
  • 29/06/1912 Un nuevo centenario / Rousseau
  • 06/07/1912 Un nuevo centenario / Rousseau II
  • 13/07/1912 Un nuevo centenario / Rousseau III
  • 20/07/1912 Un nuevo centenario / Rousseau IV
  • 27/07/1912 Un nuevo centenario / Rousseau y V
  • 03/08/1912 Recordatorios / Deuda que no prescribe
  • 10/08/1912 Comentarios / Pesimismo artificial
  • 17/08/1912 Problema literario / De un prólogo (del libro "Estudis de literatura catalana" de Montoliu)
  • 24/08/1912 Comentarios / Cupones y toreo
  • 31/08/1912 Conmemoraciones / El monumento a Milá
  • 07/09/1912 Papeles viejos /Un grande de España terrorista (Andrés María Guzmán en la Rev. Francesa)
  • 14/09/1912 Papeles viejos /Un grande de España terrorista II
  • 21/09/1912 Papeles viejos /Un grande de España terrorista III
  • 28/09/1912 Sin artículo
  • 05/10/1912 Papeles viejos /Un grande de España terrorista IV
  • 12/10/1912 Papeles viejos /Un grande de España terrorista V
  • 19/10/1912 Papeles viejos /Un grande de España terrorista VI
  • 26/10/1912 Papeles viejos /Un grande de España terrorista VII
  • 02/11/1912 Papeles viejos /Un grande de España terrorista y VIII
  • 09/11/1912 De Andalucía / Visiones rápidas / En el tren
  • 16/11/1912 De Andalucía / Visiones rápidas / La Sevilla ideal
  • 23/11/1912 De Andalucía / Visiones rápidas / Del primer día
  • 30/11/1912 De una conferencia / Las Memorias de Orfila
  • 07/12/1912 De Andalucía / Visiones rápidas / Sin rumbo
  • 14/12/1912 De Andalucía / Visiones rápidas / Ídolo arrinconado
  • 21/12/1912 De Andalucía / Visiones rápidas / Indolencia
  • 28/12/1912 De Andalucía / Visiones rápidas / "Mustio collado"
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1911

fabian | 02 Maig, 2013 10:39

El conjunto de artículos que Miguel de los Santos Oliver publicaba en La Vanguardia los sábados, nos presentan una miscelánea de temas, ya políticos, literarios, históricos. Generalmente surgen de la actualidad del momento, ya de un acontecimiento, de alguna publicación o conferencia, de alguna conmemoración. En este año, 1911, el anarquismo aparece como tema importante; se celebran diversos centenarios relacionados con la Guerra contra el Francés. Oliver trata en este año dos temas relacionados con la prensa: "Un libro de historia / Los orígenes de la prensa" y "Papeles viejos / Algo de periodismo comparado". La Revolución Francesa, centro de interés para Oliver, la trata esta vez desde la poesía "Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa" en una serie de 12 artículos.

Mallorca aparece también este año, ya en "Del alma de Mallorca / La evolución de un pueblo", en "De hace cuarenta años / El recuerdo de la 'Commune'" y en "Del mar / Vagando por el puerto", siendo estos dos últimos artículos los recogidos en el primer volumen de sus "Hojas del Sábado".

Los artículos de Miguel de los Santos Oliver publicados en La Vanguardia en el año 1911 fueron.

  • 07/01/1911 La adulación del pueblo
  • 14/01/1911 La sirena
  • 21/01/1911 Un texto famoso (de Balmes y el catalanismo)
  • 28/01/1911 Sobre un tema de actualidad (Maeztu y su "política de ideas")
  • 04/02/1911 Sobre la política de ideas
  • 11/02/1911 Dos políticas
  • 18/02/1911 Papeles viejos / Algo de periodismo comparado I
  • 25/02/1911 Papeles viejos / Algo de periodismo comparado II
  • 04/03/1911 Papeles viejos / Algo de periodismo comparado III
  • 11/03/1911 Papeles viejos / Algo de periodismo comparado y IV
  • 18/03/1911 Comentarios / Sobre la sinceridad
  • 25/03/1911 De hace cuarenta años / El recuerdo de la "Commune"
  • 01/04/1911 Del debate / Europeísmo "a posteriori"
  • 08/04/1911 Fiebres pasadas / Recordando a Desmolins
  • 15/04/1911 Del mar / Vagando por el puerto
  • 22/04/1911 Sin artículo
  • 29/04/1911 Un libro de historia / Los orígenes de la prensa (Cádiz)
  • 06/05/1911 Un libro de historia / Los orígenes de la prensa II (Cádiz)
  • 13/05/1911 Un libro de historia / Los orígenes de la prensa III (Sevilla)
  • 20/05/1911 Conversaciones / El caso de la pintura
  • 27/05/1911 Conversaciones / La amenaza permanente (la revolución)
  • 03/06/1911 Conversaciones / Ante un libro no leído (Pérez Galdós "La primera república")
  • 10/06/1911 Papeles viejos / Del asalto de Tarragona
  • 17/06/1911 Papeles viejos / Del asalto de Tarragona y II
  • 24/06/1911 Conversaciones / La fiebre europeísta
  • 01/07/1911 Conversaciones / Otro centenario (Jovellanos)
  • 08/07/1911 Conversaciones / Otro centenario II
  • 15/07/1911 Conversaciones / Otro centenario III
  • 22/07/1911 De Francia / Un dualismo histórico
  • 29/07/1911 Conversaciones / Una moraleja (de la alerta ante el cometa Halley)
  • 05/08/1911 Conversaciones / El espíritu anárquico
  • 12/08/1911 Conversaciones / Corolario (sucesos de Numancia y anarquismo)
  • 19/08/1911 Papeles viejos / De un viaje a Francia en 1792 (Moratín)
  • 26/08/1911 Conversaciones / Los viajes y el sentido geográfico (viajes veraniegos)
  • 02/09/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa I
  • 09/09/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa II (Iriarte, Meléndez)
  • 16/09/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa III (Jovellanos)
  • 23/09/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa IV (Forner)
  • 30/09/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa V (Forner)
  • 07/10/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa VI (Cajigal; Conde de Noroña)
  • 14/10/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa VII (Cienfuegos; Arriaza)
  • 21/10/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa VIII (Arriaza; Lleta)
  • 28/10/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa IX (Marchena)
  • 04/11/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa X (Marchena)
  • 11/11/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa XI (Marchena; epígonos)
  • 18/11/1911 Sin artículo
  • 25/11/1911 Papeles viejos / La poesía española y la Revolución francesa y XII (clérigos refugiados)
  • 02/12/1911 Comentarios / La demencia de los agitadores
  • 09/12/1911 Del alma de Mallorca / La evolución de un pueblo
  • 16/12/1911 Comentarios / El sofisma radical
  • 23/12/1911 Los que se van / Maragall, publicista
  • 30/12/1911 Del discurso de Cambó / Notas y rasgos sueltos
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Desde el Hornabeque, por M.S. Oliver

fabian | 01 Maig, 2013 11:15

La zona donde vivo está situada algo más allá de donde estuvo el hornabeque. Posiblemente, antes de que fueran derribadas las murallas, fuera poblada por casitas con sus corrales de forma que, como cuenta Gabriel Maura en su cuento "La Caseta", sita en el Molinar, fuera esta opuesta zona lugar donde los ciudadanos intentaban huir de esas murallas cuando los contagios asolaban la ciudad; refugiarse algo en la naturaleza con pequeños cultivos en los corrales y, al tiempo, estar a un paso de las amuralladas puertas. Desde la ventana veo, algo alejado, el caserón de las Hermanitas de los Pobres y, más cercano, la zona del Tirador. Por la parte opuesta, la de poniente, asoma la torre del Castillo de Bellver. Por una amplia calle, llamada Avenida de la Argentina, ascienden en leve cuesta los vientos sureños, vientos marinos que, sin barreras, sin edificios que les impidan el paso, arrastran el salitre hasta la populosa plazoleta donde los niños juegan alegres en estas tardes primaverales. Esta plazoleta nace por ser una bifurcación de caminos. Su forma triangular delata la ruta hacia Son Roca, por un lado del triángulo y la ruta que se desviaba hacia Son Moix. Esa bifurcación estaba formada por un parterre rodeado de pinos. El tercer lado era un sendero que conducía hacia el puente que atraviesa la Riera por el antiguo camino de ronda y, también, aunque en tiempos más recientes, hacia el Campo de Fútbol Luis Sitjar o, también hacia el velódromo del Tirador, y, quizás, hacia el antiguo manicomio, el franciscano convento de Jesús o, tal vez, hacia el cementerio. Caminos transversales que no partían desde las puertas ciudadanas, sino que rodeaban concéntricamente la ciudad amurallada.

Por buscar alguna fecha, los institutos cercanos fueron construídos hacia 1914; cercanos están al antiguo hornabeque, desde él, antes de que fuera derribado y construída esta zona de la ciudad, Miguel de los Santos Oliver describe su panorama:

Él año pasado, durante una breve estancia en Mallorca después de prolongada ausencia, fui algunas tardes como solía de antiguo hasta uno de aquellos pretiles de la parte exterior de la Muralla, junto al Hornabeque, tan representativos, tan impregnados de poesía provincial y que, á estas horas, han desaparecido ya por consecuencia del derribo. Hay que venir de Barcelona después de una semana de julio [Semana trágica de julio de 1909], ó de París después de la «batalla de los siete días», para saborear toda la delicia del contraste, todo el placer de la inmersión en aquel silencio pitagórico de los alrededores de Palma.

En el sitio de que hablo se confunden la respiración amortiguada de la ciudad con el hechizo virgiliano del campo que comienza. Cinco ó seis generaciones de contemplativos, de paseantes solitarios, consagraron aquellas piedras, que corrían en forma de banco por el remate de un montículo, última prolongación de los glasis de la muralla. A lo lejos se distingue el cauce seco y pedregoso de la Riera y se extienden los sembradíos hasta la sierra azul y distante. Conducía á él un sendero, culebreando por la contraescarpa y siguiendo el propio perfil de los bastiones y lenguas de sierpe. Un hálito de melancolía se desprende de aquella vasta arquitectura militar, una sombra de Vauban y de viejo cesarismo.

El lugar parecía hecho á propósito para servir de sitial á alguno de aquellos autodidactos inéditos y de traza antigua que á las veces se encuentran en el fondo de esas poblaciones silenciosas y dejan en nosotros un recuerdo más persistente que los libros de la celebridad. Diríase que el viejo espíritu socrático ha emigrado de las grandes urbes modernas. Busca el refugio de los rincones tranquilos, la sombra de las alamedas interminables, el grato rumor de las fuentes ocultas. Aquel dulce comercio de las almas, aquel diálogo vivo de la inteligencia aplicada al enigma del existir, aquella cosa noble y llena de serenidad que se llamaba un tiempo Filosofía, ha sido expulsada y suplantada por una hermana suya, bastarda y como advenediza, á la cual llamamos Sociología.

[...]

El lugar estaba, pues, saturado de esta tradición grata á la confidencia. Era el punto preferido por los meditabundos, por los románticos de la generación de don Tomás Aguiló en el tiempo que produjo A la sombra del ciprés, por los personajes que la proscripción ó la discordia civil, desde los días de Jovellanos, enviaban á la isla. Allí solían descansar de su cotidiano paseo, mientras el sol corría á la puesta y una yunta trazaba, á lo lejos, su hondo surco interminable en la llanura. Allí reflexionaban sobre las mudanzas de la vida, la ingratitud de los hombres ó la turbación del tiempo.

Aquellas piedras habían oído ya la voz de los refugiados de 1808, alterada por el espanto de la invasión francesa. Allí platicaron con sus familiares, con sus compatriotas, fugitivos también, aquellos prelados un poco jansenistas, un poco latitudinarios y palaciegos, que llevaban nombres gloriosos, de tierras de infieles y se llamaron Obispo de Tebas, Patriarca de Andrinópolis . Aquellas mismas piedras habían soportado mil soliloquios de amor ó de esperanza, de dudas ó de infortunio, suspiros de orfandad, crisis de la creación, lecturas balsámicas de Lacordaire lejos del estruendo babilónico en que fueron engendradas...

Pues allí, bajo la sugestión de estas reflexiones y recuerdos; bajo la sugestión de la soledad ambiente, del toque de Ángelus, de las columnas de humo ascendiendo de los hogares diseminados, del chirrido de una polea denunciando un pozo invisible, del vibrar de las cornetas en no sé qué baluarte casamata, sentí el secreto de la provincia, de toda la vida provincial como nunca la había sentido, y auguré ese elogio desbordante, esa reacción que se opera ya en las almas sedientas y fatigadas. Acabaremos por comprender algún dia, que el verdadero ideal de la existencia no es el incendio, la combustión, el constante frenesí que nos devora. La felicidad tiene su fórmula en la sencillez de gustos y necesidades, no en la complicación industriosa de la vida; y esa sencillez es compatible, cuando no inseparable de la verdadera riqueza de espíritu.

Miguel de los Santos Oliver: La vida provincial (La Vanguardia, 3/12/1910)

Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1910

fabian | 30 Abril, 2013 15:48

En 1910, Miguel de los Santos Oliver culmina la larga serie de artículos "Escritores catalanes en castellano" (15 artículos). La conmemoración del centenario del nacimiento de Balmes le incita a publicar la serie "Recordando a Balmes" que, a sus cinco artículos debiéramos añadir el de "Un colaborador de Balmes", dedicado a Quadrado y en el que indica su malestar ante la pobre celebración: "Triste conmemoración".

Con referencia a Mallorca está el artículo "La vida provincial". También aparecen algunos personajes relacionados con la isla, como el ya nombrado de Quadrado, el de "Rusiñol", "Periódicos viejos" en el que nombra a Furió y el de Chopin. De ellos, sólo el de Rusiñol entrará en sus volúmenes de "Hojas del Sábado", ya que en este libro, con referencia al pianista, recoge una conferencia que dio en Palma.

Los artículos de Miguel de los Santos Oliver publicados en La Vanguardia en el año 1910 son:

  • 01/01/1910 La sociabilidad y el patriotismo en la escuela
  • 08/01/1910 La sociabilidad y el patriotismo en la escuela II
  • 15/01/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano V
  • 22/01/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano VI
  • 29/01/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano VII
  • 05/02/1910 Prefacio de una traducción Un hombre genial: Hello
  • 12/02/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano VIII
  • 19/02/1910 De otra época Zorrilla
  • 26/02/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano IX
  • 05/03/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano X
  • 12/03/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano XI
  • 19/03/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano XII
  • 26/03/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano XIII
  • 02/04/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano XIV
  • 09/04/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano XV
  • 16/04/1910 Sin artículo
  • 23/04/1910 De Chopin en España
  • 30/04/1910 La fiesta de mañana (Juegos florales)
  • 07/05/1910 Figuras y comentarios / Rusiñol
  • 14/05/1910 Divagaciones / Ambiente de cultura
  • 21/05/1910 Divagaciones / De la ineficacia del publicista
  • 28/05/1910 Divagaciones / Recordando a Balmes
  • 04/06/1910 Divagaciones / Recordando a Balmes II
  • 11/06/1910 Divagaciones / Recordando a Balmes III
  • 18/06/1910 Divagaciones / Recordando a Balmes IV
  • 25/06/1910 Divagaciones / Recordando a Balmes y V
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1909

fabian | 29 Abril, 2013 11:13

En el año 1909 aparecen varios artículos de Miguel de los Santos Oliver relacionados con Mallorca: "Juan Alcover", "La vida oscura" sobre Antonio Noguera; "La leyenda de un príncipe", referido al Archiduque de Austria; "Un concierto en las grutas de Artá"; "Un nuevo busto", referente a Marian Aguiló; "Mateo Obrador"; "El valle del azahar" (Sóller); "Leyenda y paisaje" (Miramar); "La sensación de Palma"; "La maravilla subterránea". Todos ellos, salvo el último, recogidos en el primer volumen, "De Mallorca" de sus "Hojas del Sábado".

En este año, a finales de julio, se produce la llamada Semana trágica en Barcelona. No recuerdo ahora la fuente que señalaba que estos trágicos acontecimientos causaron un fuerte impacto en Oliver que se plasmó en un cambio de actitud hacia la ciudad provinciana, como Palma a la que Oliver consideraba aburrida, sin vida, y que dejó de considerar envidiable la vida en la gran urbe. También parece que a partir de ella, Oliver prefiere los temas literarios e históricos, rehuyendo la actualidad del momento.

Los artículos publicados por Miguel de los Santos Oliver en La Vanguardia en el año 1909 son los siguientes:

  • 02/01/1909 Las horas y los días / Espantos milenarios
  • 09/01/1909 Las horas y los días / Un libro y una divagación (de Zorrilla "Últimos versos")
  • 16/01/1909 La instrucción y su objetivo
  • 23/01/1909 Las horas y los días / Sobre la influencia
  • 30/01/1909 La ola sangrienta
  • 06/02/1909 Las horas y los días / Juan Alcover
  • 13/02/1909 Las horas y los días / Los muertos mandan ... (Blasco Ibáñez)
  • 20/02/1909 Un problema planteado por el radium
  • 27/02/1909 Libertad?
  • 06/03/1909 Las horas y los días / De Edgardo Poe
  • 13/03/1909 El regionalismo malo
  • 20/03/1909 Las horas y los días / La vida oscura [Noguera]
  • 27/03/1909 Industriales y agrarios
  • 03/04/1909 Libertad sin contenido
  • 10/04/1909 Las horas y los días / La leyenda de un príncipe [Archiduque]
  • 17/04/1909 Las horas y los días Del homenaje (a Guimerá)
  • 24/04/1909 Las horas y los días / Un concierto en las grutas de Artá
  • 01/05/1909 El espíritu del tiempo
  • 08/05/1909 Las horas y los días / Un nuevo busto (Marian Aguiló)
  • 15/05/1909 Las horas y los días / De "floralismo"
  • 22/05/1909 Del homenaje a Guimerá / Una traducción inédita
  • 29/05/1909 Entre dos Españas / Las dos revoluciones
  • 05/06/1909 Las horas y los días / Mateo Obrador
  • 12/06/1909 Las horas y los días / Del cincuentenario de "Mireio" (Mistral)
  • 19/06/1909 Un tributo a Menéndez y Pelayo I
  • 26/06/1909 Un tributo a Menéndez y Pelayo y II
  • 03/07/1909 El arraigo del Jurado
  • 10/07/1909 Las horas y los días / El reino de lo superfluo (congreso de poesía)
  • 17/07/1909 Algo sobre los orígenes de nuestro régimen parlamentario I
  • 24/07/1909 Algo sobre los orígenes de nuestro régimen parlamentario II
  • 31/07/1909 Sin artículo
  • 07/08/1909 Algo sobre los orígenes de nuestro régimen parlamentario III
  • 14/08/1909 Algo sobre los orígenes de nuestro régimen parlamentario y IV
  • 21/08/1909 De mi tierra / El valle del azahar [Sóller]
  • 28/08/1909 El gran sofisma
  • 04/09/1909 De mi tierra / Leyenda y paisaje [Miramar]
  • 11/09/1909 La margravina de Bayreuth [sin firma]
  • 18/09/1909 Las dos opiniones
  • 25/09/1909 El Laoconte de la política
  • 02/10/1909 De mi tierra / La sensación de Palma
  • 09/10/1909 Notas traspapeladas / Sobre el gran libro (Quijote)
  • 16/10/1909 Notas traspapeladas / Sobre el gran libro II (Quijote)
  • 23/10/1909 Notas traspapeladas / Un proceso de capa y espada I (Cervantes)
  • 30/10/1909 Notas traspapeladas / Un proceso de capa y espada II (Cervantes)
  • 06/11/1909 Del homenaje a Llorente Entre dos edades
  • 13/11/1909 De mi tierra / La maravilla subterránea
  • 20/11/1909 Coloquios provinciales / Un poco de introito
  • 27/11/1909 Opiniones
  • 04/12/1909 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano
  • 11/12/1909 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano
  • 18/12/1909 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano
  • 25/12/1909 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1906

fabian | 25 Abril, 2013 18:12

Es en 1906 cuando Miguel de los Santos Oliver empezará su trabajo en "La Vanguardia" tras haberlo hecho en el "Diario de Barcelona". El primer artículo que he encontrado data de los primeros días de agosto. Prácticamente la totalidad de artículos de este año 1906 tratan el tema político de una manera ilustrada.

  • 04/08/1906 Impulsivos y discursivos
  • 11/08/1906 Política en grande (ante la aprobación del proyecto de constitución del Transvaal en Londres)
  • 18/08/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal I ("El histrionismo español" de Eloy Luis André y otras muchas lecturas)
  • 25/08/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal II
  • 01/09/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal III
  • 08/09/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal V
  • 15/09/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal VI
  • 22/09/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal VII
  • 29/09/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal (y VIII)
  • 06/10/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal (Apéndice)
  • 13/10/1906 El Congreso de la lengua catalana y la Exposición bibliográfica
  • 20/10/1906 La espingarda (sobre el Euskera y Unamuno)
  • 27/10/1906 El español ausente (que no se da cuenta de la situación política)
  • 03/11/1906 Un pueblo abandonado (impresiones al pasear por Tamarit)
  • 10/11/1906 Contra el "oasis"
  • 17/11/1906 Después de la Asamblea
  • 24/11/1906 La Academia y Menéndez y Pelayo
  • 01/12/1906 La crisis del asombro
  • 08/12/1906 Españolerías francesas
  • 15/12/1906 El concepto de la producción
  • 22/12/1906 La equivocación
  • 29/12/1906 Nada de protestas
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1907

fabian | 25 Abril, 2013 15:12

Los artículos de Miguel de los Santos Oliver publicados en La Vanguardia en 1907 girarán especialmente sobre "la cuestión catalana" y su enfrentamiento con España. Este tema recogerá la mayoría de los artículos de este año. La conmemoración del séptimo centenario del rey Jaime I de Aragón será recogida en un par de artículos. Con mayor amplitud de escritos, Oliver iniciará la serie "La literatura del desastre" referida a las consecuencias de la guerra España EE.UU. de 1898 y la llamada "regeneración española".

En referencia a Mallorca aparecen artículos sobre Costa y Llobera y Pedro de Alcántara Peña.

  • 05/01/1907 La acción de Cataluña
  • 12/01/1907 Paréntesis literarios / A propósito de un poema (Ruyra: "El país de Pler")
  • 19/01/1907 Sin artículo
  • 26/01/1907 La muerte de un partido (liberal)
  • 02/02/1907 La preocupación anti-americana
  • 09/02/1907 Paréntesis literarios / Costa y Llobera
  • 16/02/1907 La verdadera esperanza
  • 23/02/1907 El centenario de Jaime I
  • 02/03/1907 Otra generación
  • 09/03/1907 La cuestón electoral
  • 16/03/1907 Paréntesis literarios / Investigadores y eruditos (estudios históricos de Rubió)
  • 23/03/1907 Anomalías (sobre la opinión pública)
  • 30/03/1907 Textos antiguos (sobre textos políticos)
  • 06/04/1907 Conmemoración (Centenario Jaime I y restauración Juegos Florales)
  • 13/04/1907 Los grandes tópicos modernos / I Sobre el "literalismo"
  • 20/04/1907 Cultura, saber, elocuencia (Madrid - Cataluña)
  • 27/04/1907 Templanza
  • 04/05/1907 De la semana (El "gesto" de Moret; El 2 de Mayo)
  • 11/05/1907 Paréntesis literarios / Pedro de A. Peña
  • 18/05/1907 Días históricos / Camino de Madrid (Madrid - Cataluña)
  • 25/05/1907 Días históricos / En el Congreso
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1908

fabian | 24 Abril, 2013 18:20

Relación de los artículos que Miguel de los Santos Oliver publicó en el año 1908 en el periódico "La Vanguardia".

  • 04/01/ 1908 La política en 1907 y III
  • 11/01/1908 Un año más / El primer artículo
  • 18/01/1908 Paréntesis literarios / Larra
  • 25/01/1908 Paréntesis literarios / Larra II
  • 01/02/1908 Paréntesis literarios / Larra III
  • 08/02/1908 Paréntesis literarios / Larra IV
  • 15/02/1908 Paréntesis literarios / Larra V
  • 22/02/1908 Paréntesis literarios / Larra y VI
  • 29/02/1908 Otro libro de Galdós / Leyendo entre líneas (España sin rey)
  • 07/03/1908 Oposición caballeresca
  • 14/03/1908 (sin artículo)
  • 21/03/1908 Veinte años más tarde / 1888 - 1908 (Exposición Universal)
  • 28/03/1908 Otro centenario / Espronceda
  • 04/04/1908 Paréntesis literario / Verdaguer póstumo "Perles"
  • 11/04/1908 Sin artículo
  • 18/04/1908 Conversaciones sobre el Centenario / En Alemania y en España
  • 25/04/1908 De Bailén a Cabrera
  • 02/05/1908 Los Juegos Florales
  • 09/05/1908 En el Ateneo / Homenaje a Milá
  • 16/05/1908 Actividad política y actividad privada
  • 23/05/1908 De un aniversario (política)
  • 30/05/1908 Lecturas del Centenario / El "caso" de Godoy
  • 06/06/1908 Lecturas del Centenario / A moro muerto ... (Cayetano Soler)
  • 13/06/1908 La cuestión universitaria
  • 20/06/1908 Cosas de la vida / Final de un drama
  • 27/06/1908 Mirando a Zaragoza
  • 04/07/1908 Lecturas del Centenario / Los poetas: Meléndez
  • 11/07/1908 Ante un retrato (Rochefort)
  • 18/07/1908 Lecturas del Centenario / Sobre los afrancesados
  • 25/07/1908 Apostillas a un libro reciente (Royo Villanova: "El Problema Catalán")
  • 01/08/1908 Últimas apostillas a un libro reciente
  • 08/08/1908 Sobre la capitalidad
  • 15/08/1908 Una especie que se extingue (el cesante)
  • 22/08/1908 De mi excursión / A través de unos libros (Libros de viajeros)
  • 29/08/1908 De mi excursión / A través de unos libros II
  • 05/09/1908 De mi excursión / A través de unos libros III (Arago)
  • 12/09/1908 De mi excursión / A través de unos libros IV
  • 19/09/1908 De mi excursión / A través de unos libros V
  • 26/09/1908 De mi excursión / A través de unos libros VI
  • 03/10/1908 De mi excursión / A través de unos libros VII (Quadrado, Piferrer)
  • 10/10/1908 De mi excursión / A través de unos libros VIII (Chopin, George Sand, Laurens)
  • 17/10/1908 De mi excursión / A través de unos libros IX
  • 24/10/1908 Sin artículo
  • 31/10/1908 De mi excursión / A través de unos libros X
  • 07/11/1908 De mi excursión / A través de unos libros XI
  • 14/11/1908 El imperio de la opinión
  • 21/11/1908 De mi excursión / A través de unos libros XI
  • 28/11/1908 De mi excursión / A través de unos libros XII
  • 05/12/1908 De mi excursión / A través de unos libros y XIII
  • 12/12/1908 La nueva era
  • 19/12/1908 Las horas y los días / De Navidad a Reyes
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MS Oliver y Cervantes

fabian | 23 Abril, 2013 18:55

En este Día del Libro en que recordamos a Cervantes y a Shakespeare, anoto el aprecio que Miguel de los Santos Oliver tenía por el Quijote y su admiración por Cervantes. Escribo estas palabras a vuela pluma sin haber realizado una incursión seria por sus escritos, entre los cuales aparece la Revolución Francesa como un punto fundamental de su interés, con especial atención a Rousseau; y una atención preferente por varios escritores españoles, Cervantes, Zorrilla, Moratín.

Me convendría realizar un listado de los artículos publicados en La Vanguardia por Oliver. Es una lástima que "La Almudaina" no esté digitalizado y en Internet, la isla va muy atrás en estas cuestiones de la digitalización. A ver si me animo y realizo esos listados.

Una de las obras de Miguel de los Santos Oliver fue Vida y semblanza de Cervantes (1916), publicada por Montaner y Simón.

libro

En Octubre de 1909 publica dos artículos "Notas traspapeladas: Sobre el gran libro" (parte I y Parte II) en los que habla sobre las mujeres que aparecen en El Quijote.

Mas al lado de estas imágenes ó convencionales, ¡cómo se destaca esa otra población femenina de las criaturas de carne y hueso, ora nobles, ora truhanescas, que pertenecen á la zona cervantina bañada por el sol de la verdad y del humorismo! No busquemos una descripción minuciosa, preconcebida y formal de ninguna de ellas. Van surgiendo al desgaire, como cosa interior y de fluido, con simples rasguños de la pluma, con aparentes incoherencias, con simples trazos de evocación impresionista. [...]

¡Qué relieve no alcanza Maritornes creada en dos líneas como «moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta y del otro no muy sana!» ¡Cómo flotan y viven en la memoria de la humanidad las mismas figuras secundarías y de último término, correspondientes á tal estirpe, las Pelonas y Molineras de la venta de Juan Palomeque el Zurdo, la Aldonza Lorenzo vista por Sancho cribando candeal ó cabalgando en las pollinas y transformada por Don Quijote en excelsa Dulcinea del Toboso, cuyos dientes son perlas, cuyas mejillas rosas y cuya frente campos elíseos! Y del mismo modo las dueñas regañonas y entrometidas, las doñas Rodríguez, las campesinas forzadas, las simples viñetas y perfiles de un momento como Clara Perlerina ó la hija de Diego la Llana.

Del grupo que pudiéramos llamar serio y comedido, si bien nunca resulta ñoño ó santurrón, descuella en primer término Dorotea. Gentil y desenfadada, con sus cabellos rubios que descienden desatados hasta el tobillo, con su franca risa y su discreción, con los ardores de su mocedad, con la natural y llana explicación de su caída, resulta un tipo encantador de rica hembra, de salud vigorosa y entendimiento pulido, que lo mismo sabe manejar la rueca que tañer el arpa, tan rica de sangre como de simpatía y vitalidad. La misma Camila y, sobre todo, Leonela, su criada, en la novela del Curioso impertinente, pudieran haber sido adoptadas por el propio Shakespeare, así en virtud del germen italiano que tantas veces fecundó la mente del trágico inglés, como por la astucia y sagacidad que hacen relampaguear en ellas la mancomunidad del secreto y de la culpa.

Un año más la fiesta del libro que deja en mí un tono alegre ya que es una fiesta bonita. Pese a ello, me pregunto si celebramos otras fiestas sobre elementos necesarios, como pudieran ser la fiesta del agua o del alimento, y me inquieta pensar que aún no consideremos necesario el libro o la prensa o la información. O quizás sí, y quede esta diada al libro o a su comercialización como una reverencia a este objeto tan útil, necesario y conveniente.

M.S. Oliver y las Memorias del Dr. Orfila

fabian | 22 Abril, 2013 16:53

Desde 1918 a 1920, año de la muerte de Miguel de los Santos Oliver (1864 - 1920), fueron publicándose de dos en dos los seis volúmenes de "Hojas del sábado" que recogían algunos artículos seleccionados y ordenados por temas de los artículos publicados en La Vanguardia. Sus subtítulos fueron: 1. De Mallorca; 2. Revisiones y centenarios; 3. La herencia de Rousseau; 4. Comentarios de política y patriotismo; 5. Historias de los tiempos terribles y 6. Algunos ensayos.

Actualmente en Internet podemos encontrar dos de estos seis volúmenes. En archive.org se hallan el volumen 6 y el volumen 2.

En el tomo sexto recoge Oliver una larga serie de artículos bajo el epígrafe "Escritores catalanes en castellano". En el tomo segundo se encuentra el artículo que recogí sobre Rubén Darío.

Es en el volumen quinto "Historias de los días difíciles" donde Oliver coloca un artículo sobre un doctor nacido en Menorca: "Orfila, pensionado en París". No he localizado en la Hemeroteca de La Vanguardia este artículo, pero he hallado otro que reúne en sus palabras al doctor Orfila y, también, al científico Arago que estuvo en estas islas realizando mediciones sobre el meridiano de París y estuvo preso en el castillo de Bellver pocos días después de que fuera liberado Jovellanos.

De una conferencia

Las Memorias de Orfila

De la conferencia qoe dio anoche en la Cámara de Comercio el señor Oliver y en sustitución de su acostumbrado artículo, publicamos como muestra los siguientes fragmentos, creyendo que los lectores han de verlos con gusto por las noticias que contienen y al interés patriótico que entrañan:

*****

En los comienzos de la pasada centuria dos jóvenes nacidos en antiguas tierras catalanas, contando la misma edad, destinados á vivir los mismos años, llegan tempranamente á París y, por diversos azares de su vida, engólfanse en el estudio y acaban por incorporarse, de una manera absoluta, á los dominios de la celebridad universal. Su nombre resplandece en la portentosa constelación del primer imperio, salta, á cada página en las historias de la investigación, decora las lápidas de suntuosas vías y corona el frontispicio de anfiteatros y aulas académicas. Uno de estos jóvenes se llama Francisco Aragó y el otro Mateo Orfila.

Nació el primero en Estágel, cerca de Perpiñán, en la porción viviente de Cataluña arrebatada por el tratado de los Pirineos, el 26 de febrero de 1786; y el otro vio la luz en Menorca, día 24 de abril del año siguiente. Los dos murieron en París el mismo año, 1853, después de haber prestado á la humanidad el concurso inapreciable de sus luces y de haber añadido á los dominios del Conocimiento, largas regiones misteriosas y antes de ellos jamás exploradas.

Pues bien: estas dos vidas realmente ejemplares y gemelas, que requerirían la habilidad de Plutarco, tienen para nosotros extraordinario interés, mezcla de satisfacción y de humillación, de afrenta y de orgullo que se resuelven en no sé qué agridulce resabio de cosa que, á la par, satisface y disgusta. Porque si vienen á probarnos, con dos ejemplos simultáneos y eminentes, la potencialidad individual de nuestra raza para los superiores empeños mentales de esta época, recuerdan también la incuria colectiva y la hostilidad del medio que no dejan florecer aquí la flor de la originalidad pura: aquel poder de creación científica y, por decirlo en una palabra, de descubrimiento que nuestros hermanos y compatriotas saben alcanzar trasplantados á más propicio surco y bajo las presiones de una atmósfera más favorable.

De semejante conflicto ó lucha con el medio, la vida del doctor Mateo Orfila, sobre todo, nos ofrece una señalada representación que se relaciona, por otra parte, con uno de los esfuerzos más admirables y sostenidos, con una de las tentativas más sólidas que en tierras de España se hayan hecho nunca en sentido de la restauración y total aprovechamiento de las energías nacionales. Y ya habréis entendido que hablo de la ilustre y antigua Junta de Comercio de Barcelona.

Señores: una afortunada casualidad trajo no ha mucho á mis manos cierto manuscrito curioso, poco menos que desconocido y absolutamente inédito hasta hoy, que contiene las Memorias autobiográficas del doctor Orfila. El afán con que hube de leerlo, casi de un tirón, no importa decirlo á quienes conozcan mis aficiones por ese orden de literatura confidencial ó íntima y por el período histórico á que corresponden las Memorias expresadas. De las indicaciones que se me dieron antes, deduje la presunción de no hallar ahí más que notas incoherentes y casi ininteligibles, destinadas á ser extendidas más tarde por el propio autor, á quien la muerte habría arrebatado antes de llevarlo á término. Pero, desde las primeras páginas, comprendí que se trataba de una redacción definitiva, fluida, elegante y literaria, que es posible dar á las cajas sin más retoque; y aprecié también el interés vivísimo del manuscrito, á un lado y otro de los Pirineos.

Del lado de Francia, digo por la claridad que aporta á infinidad de cuestiones de su historia científica del siglo XIX; por la multitud de personajes famosos que cita; por la reforma de la Facultad de Medicina y creaciones de museos anatómicos, gabinetes y biblioteca que viene á reseñar; por la pintura de la vida de alta sociedad en loa primeros «salones» de la Restauración ó de la Monarquía de Julio, que Orfiía frecuentaba. Y de! lado de Cataiuña por las noticias que contiene acerca de su organización docente y el nivel de las enseñanzas técnicas, noticias que, en algún punto, toman el carácter de gloriosas revelaciones,

Mateo Orfila
Mateo Orfila y Rotger (1787 - 1853)

Á todo eso hay que añadir una riqueza episódica considerable y llena de amenidad, toda de cosas íntimas v vividas por el narrador: anécdotas de juventud, lindas viñetas y medallones de artistas, grandes damas y notabilidades parisienses, confidencias amorosas, incertidumbres de un porvenir obscuro. En suma: el diario de la conquista de París y de la reputación universal, por un mozo extranjero que salta de la diligencia, al llegar, «con una cavatina de ópera en los labios y cincuenta céntimos en el bolsillo», por todo recurso, previsión y patriotismo. Las Memorias de Orfila, cuando se publiquen, serán un documento precioso y nutridísimo para la ciencia y habrán de dejar muy atrás la Histoire de ma jeuneuse, de Francisco Aragó, incluida en sus obras completas, á la cual sobrepasan extraordinariamente en extensión y consistencia, ya que aquélla se contrae á un corto período y la que me ocupa abraza toda la existencia de Orfila y todos los acontecimientos universitarios y académicos de su época, hasta pasada la Revolución de 1848.

. . . . . . . . . .

Cerca de dos años pasó en Barcelona el futuro doctor Orfíla y hubiera estado aquí hasta terminar su carrera, si no le hubiese desviado de tal propósito el venturoso acontecimiento que se explicará. Aquí contrajo hondas amistades; aquí empezó á lucir sus condiciones mundanas de trato y buena figura que tanta parte tuvieron en sus éxitos de París; aquí consolidó su espíritu con la rigurosa disciplina del trabajo mental y lo adornó con las gracias y seducciones del arte, no cansándose de ponderar en distintos pasajes de sus Memorias el gusto de Barcelona por los buenos espectáculos ni de proclamarla una de las primeras ciudades musicales del mundo. Sus progresos en el dominio de la flauta fueron aplaudidos en saraos y tertulias y también aprendió aquí la guitarra, con la solidez y conciencia que ponía en todo, bajo la dirección de un maestro ciego, cuyo nombre no cita, pero de quien habla como de un músico prodigioso y eminente. Aquí comenzó, por último, la educación de su voz que, según el parecer unánime de sus contemporáneos, le convirtió en el primer barítono del mundo.

Y ahora no puedo resistir al deseo de referir uno de tantos episodios de amenidad como esmaltan esos recuerdos, haciéndolos singularmente atractivos. Explica la inolvidable impresión que le produjo el Teatro de la Santa Cruz. la primera vez que asistió á una de sus funciones. Hacían La Molinera astuta, obra del divino Paisiello; y la voz angélica de la «bufa» ó primera tiple, sus prodigiosas escalas y gorgoritos ó, como dice, petites roulades, dejáronlo hechizado y medio loco. Toda la noche la pasó en vela, tratando de hacerlas por sí mismo, vocalizando á media voz para no despertar á sus vecinos y compañeros de hospedaje. Así que clareó el día á las cinco de la madrugada, dirigióse á Montjuich, dejó por una vez la visita del Hospital y en la soledad de la montaña se entregó desenfrenadamente á sus complicados ejercicios. A las diez regresaba á Barcelona dominando correctísimamente aquellas florituras. ¿Quién sería aquella cantante que de tal manera logró conmoverle?... ¿Se trataría de Camila Guidi, de Marietta Giuliani, de Luigia Fuieschi, que figuraron en las temporadas de 1806 y 1807?

Decía antes que, sin un venturoso acontecimiento con el cual no contaba, se habría graduado de doctor en Barcelona, se habría vuelto á su isla, habría ejercido en ella y hubiera muerto después, asistido de una pequeña representación local. ¿Qué fue, pues, lo que le llevó á Francia y por qué extraño derrotero ó astucia de la suerte fue atraído allí? Esto es lo que las Memorias vienen á puntualizar y revelar en definitiva; y merced á ellas puede proclamarse hoy que el insigne toxicólogo no se dirigió á París por propio designio ni siguiendo una ambición: fue un presente, — involuntario sin duda, puesto que contaba restituírselo —, pero un presente valioso, que la benemérita Junta de Comercio de Barcelona hizo á la ciencia francesa y á la civilización.

Los elementos ilustrados que personificaban entonces el movimiento restaurador de Cataluña no tardaron en conocer las aptitudes del brillante menorquín. Al propio tiempo, la Junta trataba de ampliar el cuadro de sus enseñanzas y subvenciones enviando á Madrid de momento, y después á París, un joven á propósito para profundizar la Química con aplicación á las artes é industrias. Dos de los hombres más influyentes en la Junta, Gassó, su infatigable secretario, y el ilustre profesor de química, Carbonell, propusieron á Orfila sin vacilar, considerándolo la esperanza más sólida que presentaba la juventud. La designación quedó hecha inmediatamente y la pensión establecida en esta forma: 1.500 francos anuales durante cuatro años, dos de ellos en Madrid donde M. Proust, contratado por el gobierno español, hacía unos cursos muy notables, y otros dos en París siguiendo los del famoso Fourcroy.

Pero el contrato tenía una segunda parte, .más importante aún: espirada la pensión, seguidos los cursos y restituido Orfila á Barcelona entraría á regentar una nueva cátedra de Química, que se creaba expresamente para él al lado de la de Carbonell y Bravo y con especial aplicación á la industria, dotándola con el sueldo inicial de 3.000 pesetas anuales, Á la mitad de la pensión estalló la guerra de la Independencia y todo se vino abajo; riqueza, prosperidad, Junta de Comercio, subvenciones, cátedras, regeneración científica... Orfila quedó incomunicado en París y tuvo que abrirse camino para seguir viviendo. Y esta es la verdadera historia de su elevación y el origen de una pérdida tan sensible á nuestra cultura como provechosa á los vecinos. Ella constituye un título de honor para la incansable Junta y un nuevo motivo de execración contra la guerra inicua que convirtió á España y sobre todo á Cataluña, así en el orden material como en el moral, en un yermo cubierto de escombros, cenizas y esqueletos.

Miguel de los Santos Oliver: Una conferencia: Memorias de Orfila (La Vanguardia, Sábado 30 de Noviembre de 1912)

Yo intentaba hablar un poco sobre los volúmenes de "Hojas del Sábado" de Miguel de los Santos Oliver. El primero de ellos, "De Mallorca" es el que, con tiempo, intentaré recoger, pero en los otros cinco tomos también aparecen algunas cosillas relacionadas con estas islas y, posiblemente, en La Vanguardia (o en el ABC) se puedan encontrar artículos no presentes en el libro que puedan interesar.

De las cuevas de Mallorca, por M.S. Oliver

fabian | 18 Abril, 2013 16:14

Miguel de los Santos Oliver publica entre 1918 y 1920 su libro "Hojas del Sábado" en seis volúmenes en los que recoge de manera organizada los artículos publicados en La Vanguardia. Más de 1200 artículos fue publicando sábado tras sábado desde el 4 de agosto de 1906 hasta 1917. Oliver seleccionó artículos y los ordenó por temas y eligió para el primer volumen artículos relacionados con Mallorca "Sobre Mallorca", añadiendo a este volumen dos conferencias. Veinticinco elementos tiene el índice de ese volumen, pero hay elementos que recogen más de un artículo, como por ejemplo, "Anotaciones" incluye tres artículos, uno dedicado a Palma, otro a Sóller y el tercero a Miramar.

No he realizado una comparación entre los artículos de La Vanguardia, afortunadamente hoy accesible totalmente a través de Internet, y los artículos del libro. Hay añadidas algunas dificultades como algún cambio en los títulos de los artículos y la falta de concreción de las fechas de publicación.

Barranco de Sóller
Antonio Ribas Oliver (1845 - 1911): "Barranco de Sóller" (1876) Museo de Lluc
Alta mar: En el centenario del pintor Antoni Ribas i Oliver y Los pintores Ribas, exposición.

Ayer recogía el texto Un concierto en las grutas de Artá, publicado en La Vanguardia el sábado 24 de abril de 1909 y recogido en el libro "Hojas del sábado". He visto otro artículo relacionado con esas cuevas, titulado "La maravilla subterránea", publicado en La Vanguardia el sábado 12 de noviembre de 1909, que no está presente en el libro.

De mi tierra

La maravilla subterránea

Ni con el aspecto de Sóller, ni con el de Valldemosa, ni con la costa brava, quedan agotadas las fases del paisaje mallorquín. Tiene la isla un agrado peculiar que nace de su variedad inmensa de motivos. Su belleza no es monótona sino cambiante y accidentada como en pocos lados. Difícilmente se encontraría, compendiada en menos espacio, una tan continua sucesión de perspectivas y emociones que se extienden desde lo idílico hasta lo trágico, desde lo lindo hasta lo grandioso, desde el vergel hasta el acantilado abrupto ó el despeñadero horripilante.

Hay comarcas como la de Bañalbufar, antes «inéditas», que ahora empiezan á ser conocidas y exploradas estéticamente. No sé qué pasa con esto de los paisajes que cada generación consagra el suyo, descubre un carácter nuevo y adopta una preferencia que antes no se pudo sospechar siquiera. Diríase que existe una concordancia preestablecida entre cada época y un lugar determinado. Ahora predomina lo pintoresco, ahora lo sublime, ahora lo plácido y tranquilo. Me sería relativamente fácil fijar esa sucesión de gustos y ese cambio de la emoción, por lo que respecta á Mallorca, en un espacio de sesenta años.

Durante largo tiempo predominó la emoción romántico-revolucionaria de George Sand: y la emoción romántico- arqueológica de Piferrer. El paisajista Haës pintó arboledas y rocas y rebaños y algún claro de sementera, iniciando á Antonio Ribas, el pintor mallorquín de los pinares y de los olivos, de los caminos rústicos y de las pequeñas marinas episódicas. El sentido de la soledad y de las grandes superficies panorámicas, las transfiguracioses «líricas» y fervientes de la costa en el crepúsculo, la revelación y animación panteística de las calas semicirculares, las coloraciones inusitadas, todo eso, vino con Degouve de Nuncques que parecía transportar a la pintura los delirios poéticos de su cuñado Veraheren, el inflamado valón de Les campagnes hallucinées. Se internó Mir, casi al mismo tiempo, en lo más bravío de los peñascales y entre lo más fragoroso de las rompientes y Rusiñol reintegró al dominio del arte la suave belleza de los almendrales cubiertos de flor en los preludios de la primavera y el sentimiento, melódico casi, de los jardines nobiliarios abandonados en incuria y silencio, que parecen suspirar por el alma de un siglo galante, que no ha de volver más...

Recuerdo la sorpresa que causó entre algunos de nuestros acompañantes la impresión manifestada por cierto joven y ya ilustre escritor ante una perspectiva monótona, todo aridez y sequedad, fragmento de estepa sin roturación ni frescura, al atravesarla el coche que nos conducía á las cuevas del Drach, cerca de Manacor. El entusiasmo del forastero contrastaba con la relativa indiferencia que le habíamos observado en anteriores excursiones, ante otros espectáculos de efecto seguro, de esos que suelen constituir un clou del turismo habitual. Nuestra inocente vanidad de cicerones y patriotas, hijos gloriosos de un país pintoresco, había quedado ligeramente lastimada. La brusca é inmensa aparición del mar, en una revuelta del camino de Sóller á Deyá, por ejemplo, nos tenía acostumbrados a la sorpresa, á un éxito aparatoso y teatral, que no fallaba nunca. En este caso falló; y no hay que decir cómo salió defraudada nuestra presuntuosa seguridad de profesionales del excursionismo.

En cambio, no dejaron de extrañarnos las ponderaciones que hizo el distinguido viajero de aquella llanura inculta y en la cual el joven adepto de las nuevas estéticas encontró la sugestión antigua del «campo de los asfodelos», por el sin fin de aubons que.allí florecían como mar movedizo, bajo un cielo pesado, de plomo, que parecía gravitar sobre la tierra y sobre el alma con el agotamiento de un tedio formidable. Sin duda la influencia de color, la vegetación exuberante y magnífica, los misterios de la selva obscura y la complicación de elementos inusuales estaban fuera de la novísima sensibilidad y formaban en la naturaleza algo de retrasado ó cursi para los modernos artistas educados en la fría reserva del dandy y en el aire contenido y «distante» de los sucesores de Merimée.

La «maravilla subterránea» bastaría por sí sola á dar renombre á un país. Y sin embargo, no es en mi tierra sino algo por añadidura al esplendor del paisaje y á recuerdos históricos y artísticos. Dos de las joyas principales de ese mundo enterrado y oculto: la cueva del Drach, en el término de Manacor, y la de Artá. Más que los famosos olivos añejos de los cuales George Sand ofreció una descripción tipo, que han ido parafraseando y amplificando después viajeros y poetas, — puede deparar á los estilistas ese Dédalo interior de grutas, oquedades, bóvedas, columnas, galerías, pasadizos, artesonados, cortinas y filigranas. Para la pluma de un Teófilo Gautier hubiera sido ocasión de prodigios, de asombros; el colorista y esmaltador del lenguaje hubiera encontrado al fin un tema que, por lo dificultoso, estuviera á la altura de su agilidad expresiva.

En las cuevas de Arta, como ya indiqué en otra ocasión, predomina lo grandioso: columnas gigantescas, bóvedas de catedral, desfiladeros infernales, muros babilónicos, monstruos, reminiscencias de especies extinguidas, de una flora y una fauna antediluviana, medio recordadas y latentes en las ciegas entrañas de la tierra madre..., se ofrecen á la interpretación individual, para que, según los recursos estéticos de que disponga, vaya buscándoles correspondencia gráfica en el lenguaje. En las cuevas del Drach, en cambio, lo minúsculo, lo lindo, lo virginal se lleva la palma. La presencia de los lagos interiores impone el recuerdo de las Hadas. Son un palacio de cristal, de hielo, de diamante; una Alhambra oculta, llena de alicatados primorosos y de artesones y madréporas sutiles que destellan, al fulgor del magnesio, cuajados de pedrería. Aquí las plumas encariñadas con el arabesco y el orientalismo podrían hacer maravillas; en la época de Arólas aquello se hubiera llenado de huríes.

Sin embargo, la completa exploración de esta gruta singularísima data de menos tiempo y debió su notoriedad á haberse extraviado en ella, allá por los años de 1878, dos viajeros catalanes que estuvieron á punto de perecer y que hubieran acabado en el horror de la noche eterna si el dueño de la fonda de Manacor, alarmado por su tardanza, no hubiese corrido en su busca acompañado de diversos vecinos, conocedores del lugar. El peligro de estos viajeros fué el mejor reclamo para las grutas; entonces empezaron á ser visitadas asiduamente y fueron montados ios servicios de viaje y guías. Un conocido espeleólogo francés, M. Martel, llevó á cabo, años después, nuevas exploraciones, y á ellas se debe el haberse ensanchado la parte ya visitada con el magnífico lago Victoria.

Conocida de más antiguo la cueva de Artá, la imaginación popular, sin resabios ni ingerencias seudo cultas, se amparó de ella. No es siempre el instinto poético lo que guía el gusto de las muchedumbres, digan lo que quieran los folk-loristas exaltados. Por cada rasgo de fina idealidad, por cada primor ó delicadeza de sentimiento que podamos hallar en aquella corriente, hay que habérselas con toda suerte de bufonadas y prosaísmos escatológicos ó simplemente grotescos. Así sorprende hallar en la nomenclatura con que el vulgo ha ido distinguiendo cada una de las salas y pormenores de la gruta de Arta, un gran número de comparaciones de índole culinaria ó alimenticia: «sala de los perniles», «sala de las longanizas», «la despensa», «los huevos estrellados.» Rabelais era profundamento popular en cuanto supo dar formas épicas y colosales á la glotonería y encarnarla en personajes tan simpáticos y comprensibles como Gargantúa y su hijo. La imaginación popular no se desprende nunca del sentido pantagruélico de la vida, y ante las más sublimes apariciones y momentos de la naturaleza piensa en la nativa voracidad del hombre y en loa medios de satisfacerla y aplacarla.

No así en la cueva del Drach, en la cual, exceptuando el nombre, todo huele á poetización moderna y cursi, á orientalismo de provincia. Yo prefiero cien veces aquellas denominaciones gastronómicas y sanchopancescas de la gruta artanense, á estas otras, almibaradas y redichas, de la de Manacor, que saben á delectaciones de harem imaginadas por un hortera: «camarín de la Sílfide» «baño de la Sultana»... Porque la emoción de las cuevas es algo que difícilmente se expresa por palabras, por procedimiento literario. No se pasa mucho más allá de la tentativa. Un prócer enciclopedista del siglo XVIII, el marqués de Campofranco, abrió la antología de las cuevas, con su poema latino, Parnassidos sive Philemonis somnii; Costa y Llobera la ha continuado no ha mucho en su Deixa del geni grech y son innumerables los conatos intermedios de interpretación lírica de tan extraño asunto.

Y digo extraño, porque es sumamente compleja la impresión que deja en el alma del espectador aquella grandiosidad inerte, fría, apagada, petrificada. Acaba por producir un efecto deprimente, un efecto parecido al de los glaciares. ¿Es la ausencia de circulación y de vida? ¿Es la suspensión brusca del ritmo biológico ó vital, que no deja de acompañarnos al aire libre, en medio de las arboledas y á través de los campos, sobre la costra animada del planeta? Algo de esto hay, sin duda. Algo hay de la belleza pasmada en estatua de cristal, de falta de calor, de inmovilidad, de insipidez: belleza de tercer grado, puramente mineral, en la que no colabora apenas el elemento dinámico y agitador de la vida; belleza abstracta, en suma, destinada á producir más asombro que emoción. Acaso esa emoción corresponda plenamente al dominio vagoroso ó impreciso de la música, y haya que buscar su sentido en Mendelsshon y la Gruta de Fingal, mucho más que en la muchedumbre de odas y fantasías moriscas de esas que comienzan: «¡Salve, palacio de los Gnomos, salve!» Por esto también nos produciría fascinación tan grande el concierto con que nos regalaron hace años, en la sala de las banderas, Fernández Arbós y sus compañeros de cuarteto, como ya conté otro día.

Entonces la belleza peculiar de las grutas, belleza de índole «musical», se nos hizo clara y transparente; y al subir otra vez, poco á poco, en procesión de fantasmas hacia la salida, y al abrirse antes nuestros ojos, asombrados por tres ó cuatro horas de obscuridad, la inmensa boca de la cueva, prorrumpimos en un hurra de victoria á la naturaleza sin par que, después de regalarnos con tesoros de hermosura en la superficie, guarda en sus entrañas la maravilla laberíntica de esos palacios, palacios de ensueño, de vaguedad y de música, que caen más allá de los dominios y del lenguaje humano.

Miguel de los Santos Oliver: La maravilla subterránea (La Vanguardia, 13 de noviembre de 1909)

Rosiñol
Santiago Rusiñol: "Torrent de Pareis (Mallorca)" en Santiago Rusiñol: L'illa de la calma

¡Qué bien escribía Oliver! Sus descripciones de paisajes son líricas, poéticas. Bueno, ¿qué hacer ante estos artículos sino recogerlos, transcribirlos ... Una bitácora es un instrumento hábil para estos menesteres. Yo no sé si hay más artículos sobre Mallorca no recogidos en su volumen de "Hojas del Sábado", habría de comprobarlo.

Recuerdos de M.S. Oliver sobre Noguera y el concierto en las cuevas de Artá

fabian | 17 Abril, 2013 16:14

Las Cuevas de Artá han sido lugar de misterio donde han acudido numerosos viajeros. Busco en esta bitácora y encuentro la legendaria visita de Julio Verne o el viaje que realizó el vapor "Rey Jaime I" en agosto de 1863 transportando 300 viajeros a las cuevas de Artá (ver: Viaje Barcelona - Palma en el Rey Jaime I (1862)) o multitud de otros viajeros, desde Juan Cortada en 1845 o, pocos años antes, Piferrer. Pero también, con referencia a estas cuevas, y ya que estoy tratando estos días la obra de Antonio Noguera, ha quedado como rememorable un concierto realizado por Albéniz y Fernández Arbós en esas ventrosidades calcáreas. Noguera publicó sobre él el artículo Un Adagio de Schumann en las cuevas de Artá en el mismo año en que se realizó, 1894. Quince años después, en 1909, será Miguel de los Santos Oliver quien lo rememore en el artículo "Un concierto en las grutas de Artá"

Las horas y los días

Un concierto en las grutas de Artá

La presencia de Fernández Arbós, al frente de la Orquesta Sinfónica de Madrid, en el «Palau de la Música Catalana»; la palpitación de entusiasmo artístico que ha despertado; el no se qué de solemne— con solemnidad semimusical, semipatriótica — que flota estas noches en la espléndida sala de conciertos, han evocado en mí la dulce memoria de unos días lejanos, en los cuales el actual director de reputación europea no era más que violinista, aunque violinista insigne, y andaba por ahí formando cuarteto con Rubio, con Gálvez, con Aguado, asistido del no menos famoso Albéniz para la parte pianística, y daba sesiones admirables de música di camera...

Hará de ello la friolera de quince años. ¿Y qué espíritu selecto no recuerda en Barcelona, con lo interesante de aquel quatuor y de sus programas, el vigor, la lectura escrupulosa y profunda, el tono regio, potente y humano del concertista de violín? En brillantez efectista, en agilidad superflua, en «virtuosidad» pudo tener quien le aventajara; más no en solidez ni en plenitud de expresión ni en aquella probidad artística que se somete á la partitura, acallando la vanidad intemperante, compañera casi obligada de los mecanismos prodigiosos. Desde lejos he seguido después, paso á paso, el desenvolvimiento de esa personalidad artística á través de los medios intelectuales más refinados y exigentes de Europa. He sabido de su reputación excepcional en Londres y he experimentado el dolor de que tan altos prestigios musicales no alcancen á nacionalizarse por completo en España y resulten intermitentes, cuando no perdidos del todo para ella; de suerte que, ó emigren, ó deban rebajar su obra hasta la fácil mediocridad de las tertulias — vorrei morire.

Le hemos visto después engolfarse en grandes empresas orquestales y organizar magníficas series de conciertos. Y ¿por qué ocultarlo? esos nuevos rumbos, con todo y ser tan gloriosos, me han infundido la nostalgia del instrumentista inolvidable, del violín de cuarteto insustituible y mudo ya para siempre. Dicha nostalgia me conduce hoy á exhumar algunos recuerdos personales y, entre ellos, el de una excursión deliciosa y sin precedentes á las célebres grutas de Artá, en Mallorca, seguida de una audición musical más insólita todavía. Albéniz y Fernández Arbós, con su cuarteto, habian ido á aquella isla para dar cuatro ó cinco sesiones, primera serie de las que fuimos organizando anualmente, durante una porción de años, los agitadores incorregibles del grupo de Noguera. Baste decir que había empezado Albéniz solo, con unos conciertos de piano, y que de esos conciertos pasamos después á los cuartetos, viendo desfilar sucesivamente á Fernández Arbós, á Orickboom y los belgas, á Granados y Casals, y otros, y otros, hasta lanzarnos en nuestras empresas (altamente honrosas, nunca lucrativas, muy á menudo saldadas con déficit) á las aventuras inolvidables del Orfeó Catalá y de los conciertos Nicolau.

Pues bien: allá en mayo de 1894, el cuarteto Fernández Arbós inauguró ese ciclo de temeridades artísticas. Y digo temeridades, porque los que saben cuánto cuesta organizar y sacar á flote un proyecto semejante en Madrid ó Barcelona, habrán de admirar los prodigios que nosotros hicimos y aun el mérito de que una población de 70.000 habitantes, como la capital de Mallorca, pudiese ofrecer base económica suficiente para tan peligrosos como espirituales desatinos. Conste únicamente, para cerrar la digresión, que Fernández Arbós y sus compañeros los inauguraron soberbiamente y que, en nuestro deseo de que conocieran la isla, á fuer de artistas veraces que eran todos, y por iniciativa de Albéniz, gran enamorado de la Roqueta y predecesor de Rusiñol en mallorquinismo artístico, les propusimos ir á las cuevas de Artá.
—Vamos á las cuevas de Artá y repetiremos el adagio de Schumann—dijo no sé quién de ellos.
—Convenido — repusimos maquinalmente.

No hice caso de la proposición y creí que era una de tantas frases baldías como el entusiasmo de momento ó la ligereza meridional ingieren en nuestras conversaciones. Pero á la mañana siguiente, al llegar al ferrocarril y subir al coche-salón que se nos había dispuesto, encontréme ya cuidadosamente embarcados los instrumentos, los atriles y las partituras, que Albéniz señalaba con ademán de triunfo, al tiempo que decía: «¡Vive Dios que pudo ser!»

Arrancó el tren, minúsculo y lindo como un juguete, atravesando los suburbios próximos y la llanura vitífera de Binisalem: un paisaje romano, tarraconense, epicúreo, lleno de huertas virgilianas, de suaves ondulaciones y de quintas risueñas con pórticos y columnas blancas; con parrales festoneados de corimbos trepadores; con frutales enteramente floridos, como si hubiesen abatido el vuelo sobre sus copas, innúmeros enjambres de mariposas niveas, rubias, rosadas, opalinas, azules, bajo la diafanidad de un aire luminoso, fluido y diamantino...

El trayecto hasta Manacor pasó casi sin sentirlo. En Manacor tomamos los coches que debían conducirnos á Artá ó, mejor dicho, más allá de este pueblo, hasta la playa de Canyamel. Una nueva sucesión de paisajes, un carácter distinto, un ceño más grave en la naturaleza. Praderías de un verde tierno y jugoso, en declives poco pronunciados, corren á internarse en el misterio de los bosques. Algo persiste allí de escocés, de celta, de encinares druídicos y majestuosos, de landas dormidas en el silencio de los siglos. Por algo menudea el dolmen á la sombra de aquellos árboles milenarios, que crecen á distancia y dejan entro sí el hueco de espaciosas plazoletas, como si esperasen el cortejo sacerdotal de los sacrificios ó el rumor bélico de las asambleas y campos de Marte. Parece susurrar en la soledad un rumor de muchedumbres remotas y de cultos terribles, que defiende todavía á las encinas corpulentas con el prestigioso terror de las cosas inviolables y sagradas.

Entre comentarios y admiraciones llegamos por fín al pie del Cap Vermell, peñón enorme que entra en el Mediterráneo como la proa de una tirreme colosal y en cuyo seno se aloja la maravilla subterránea. Emprendimos la subida por el camino en zig-zag, ayudando á los guías en el trabajo de acarrear los bártulos de la música, desde el violoncello á la solfa y relevándonos por turno durante la fatigosa ascensión. No he dicho que «se derrochó ingenio», porque ya no fue de ingenio el derroche, sino de alto humorismo combinado con la más intensa emoción: Albéniz, Fernández Arbós, Rubio, fueron inagotables en la gracia y la idealidad. Del malogrado Noguera, no digamos. Uetam, el bajo famoso, tan festejado un día por los públicos, añadió á estos recursos los de su prodigiosa vis cómica y su fuerza incitativa en la cual no creo que consiga superarle ni su mismo cuñado Juanito Balaguer, el actor. Asi llegamos á la entrada de las cuevas y así nos detuvimos ante el soberbio, efectista, aparatoso portalón: desgarro hercúleo de los tejidos de la montaña, capricho arquitectural de la naturaleza que yo no sé comparar más que á un ensueño de Gaudí ni creo que tenga otra correspondencia que e! emocionante portal de la Sagrada Familia.

cueva
Grabado del libro de Pagenstecher: "La isla de Mallorca. Reseña de un viaje"

Uno tras otro, en uniforme hilera, nos hundimos por la majestuosa rampa como una teoría antigua, en las fauces del monstruo, mitad Infierno de Dante, mitad boca de Gargantúa. Penetramos en la fantástica oquedad al resplandor de la antorcha de los guías, como las dibujara Parcerisa, en los Recuerdos y bellezas de España, iluminando la lánguida silueta del viajero de los días de Bellini; y recorrimos aquel antro, sin descripción literaria posible, aun para el propio Teófilo Gautier: un conjunto arbitrario de formas, un dibujo delirante, un tejido de filigranas ó juegos de la casualidad reproduciendo más ó menos borrosamente apariencias y figuras del mundo real y del mundo fantástico, del reino vegetal ó del zoológico. En las cuevas de Arta, á diferencia de las de Manacor, lindas y virginales, predomina lo grandioso: sus bóvedas pueden parecer abortos ó deformaciones de basílicas; sus desfiladeros serpenteantes han de evocar por fuerza la terrible concepción del poeta florentino... Esfinges, quimeras, monstruos primitivos, reminiscencias de especies extinguidas, estalactitas deformes que hablan vagamente al espíritu de templos babilónicos ó de colosales palmeras petrificadas, todo pasó ante nosotros en caminata de cerca de tres horas por la región de la tiniebla absoluta y del silencio matemático.

Hicimos alto en la «cueva de las banderas». Dispusieron los músicos sus atriles y templaron sus instrumentos, encendiendo dos débiles bugías. Buscamos acomodo los restantes, detrás de un macizo ó en la cueva contigua. Y cuando daban las seis de la tarde en el siglo, en el mundo, en la baja esfera de lo relativo y contingente, sonó el primer acorde. Era el adagio del cuarteto en la menor, de Roberto Schumann, una de las páginas más sublimes del atormentado é insomne romántico y de todo el arte moderno. Resaltó en la quietud perfecta, en la obscuridad perfecta, en el silencio perfecto y pitagórico, revelado, más que interrumpido, por el caer de la gota, fluctuando en el pezón de ignorada estalactita, á la cual contestaba, instantes después otra gota, cayendo como una perla dentro de un cáliz de oro. Artistas y oyentes, estábamos todos transportados; no fue aquella una interpretación insuperable, sino la interpretación esencial, única, en acto puro. El adagio y el tiempo de otro cuarteto de Schubert, que vino después, derramaron sobre nuestros espíritus las aguas lustrales de la purificación, anegándonos en aquel «Leteo de intima dulzura» y de total olvido que es la suprema potencia y la suprema excelsitud de la música.

¡Hora inefable, hora divina! Cuando salimos después y, desde la última gruta, advertimos el enorme boquete abriéndose sobre el cielo de perla del crepúsculo, todos conservamos cierto estupor inconfundible en los ojos. La luna, en su plenilunio, apareció, levantándose sobre la marisma como un gran escudo de cobre reluciente. Los pinares eólicos, cantaban á la brisa, perfumándola. El mar gemía dulcemente, con apagados sollozos guturales de sirena. Tomé el brazo á Noguera y, descendiendo el largo y revuelto camino, le decía:
—¿No tienes conciencia de haber vivido ahora uno de ios momentos culminantes de la vida, de la juventud? ¿No sientes la inexplicable y misteriosa tristeza que sucede á toda plenitud de exaltación, como si estas horas de oro, al volar, nos advirtiesen de su ausencia irremediable y sin regreso posible? Cuando se te acorta un libro inmortal, que no conocías, y llegas á la última página, ¿no sientes una especie de luto en el corazón por la delicia agotada, por un fragmento de felicidad menos, por un oasis que ya no volverá á sonreirte en tu peregrinación? A esta hora, para nosotros inolvidable, el mundo ha continuado su tragín; el burgués ha jugado su dómino; el político ha fraguado sus intrigas, el logrero ha urdido sus planes; la sordidez ha tenido que echar sus cuentas en el escritorio. Esta es la hora equívoca del fraude; la hora de Francesca y Paolo; la hora de las tentaciones, de las grandes perfidias, de los trágicos suplicios. Las ciudades inmensas rugen de fiebre á esta hora, como el león de los desiertos. Nosotros mismos volveremos mañana á la rutinaria y oscura labor, á las asechanzas y á las angustias, de las cuales un instante de arte supremo, en el centro de una maravilla de la naturaleza, acaba de emanciparnos momentáneamente para abrirnos la espléndida visión de lo Absoluto...

Miguel de los Santos Oliver: Un concierto en las grutas de Artá (La Vanguardia, 24 de Abril de 1909)

Recoger un artículo como éste de Oliver me resulta altamente satisfactorio. Máxime cuando puedo relacionarlo con otros, como el de Noguera, que describen el mismo concierto. Relacionar textos y, también, textos e imágenes, es una de las posibilidades que Internet nos ofrece. "Estelas", libros con estelas, es la expresión que me gusta y que intenta recoger la idea de que hay libros que dejan huella, que originan o dan pie a otros textos.

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