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Rosselló Pòrcel: Diario Balear

fabian | 14 Maig, 2014 12:25

El siguiente artículo cierra la primera etapa o verano de los artículos que Rosselló Pòrcel dedicó a la prensa antigua. Esta etapa va desde el 20 de julio al 28 de septiembre de 1930: un verano. Las fechas serán similares en la siguiente etapa, de julio a septiembre de 1931, otra decena de artículos, tratando cada uno de ellos una cabecera.

El título o cabecera de este artículo es complicado pues variaba con frecuencia.

Periodismo en Mallorca

Diario Balear

XI

He aquí un periódico extraño, el más extraño de cuantos hemos examinado. Empezó en 1814 y en 1860 seguía publicándose, pero durante ese lapso de tiempo había cambiado de título nada menos que catorce veces. A pesar de ello es fácil comprender, leyendo las colecciones, que unas se suceden a otras —con títulos diferentes— gracias a los tipos de imprenta, al formato y al espíritu del diario que es muy parecido siempre. Hagamos la historia de las variaciones del Diario Balear hasta 1873.

El primer número vio la luz en 1 de noviembre de 1814 y continuó saliendo hasta 20 de mayo del año siguiente. Suspendida y prohibida la publicación de periódicos en toda España por orden de Fernando VII, el Diario se vio obligado a pedir un permiso especial que le fue concedido más adelante. Aprovechándolo —y siempre censurado — volvió a salir en 1 de abril de 1816. Siguió con el mismo título hasta 18 de marzo de 1820, día en que, jurada la Constitución por el rey salió con el encabezamiento de Diario Constitucional de Palma. Por razones que desconocemos volvió a cambiar su nombre en 21 de septiembre del mismo año llamándose Diario Constitucional Político y Mercantil de Palma hasta el último día de 1822 en que vuelve a titularse Diario Constitucional de Palma. Desde 7 de noviembre de 1823. gracias a las circunstancias políticas, recobró el primitivo título Diario Balear y continuó así hasta 24 de agosto de 1836. Había muerto el Absoluto y la reina gobernadora concedía a los españoles un poco de libertad, aprovechada por los editores del Diario para intitularlo Diario Constitucional de Palma de Mallorca hasta 31 de diciembre del mismo año en que vuelve a cambiar, para variar también más tarde, terminando ya en el siglo XIX como Diario de Palma.

Perdónenos el lector lista tan árida que nos hemos visto obligados a incluir, para que el presente artículo fuese completo. Vamos ahora a estudiar la índole del Diario.

En sus primeras épocas, desde la reacción del quince a 1820, es un ejemplar representativo de la gran pobreza espiritual de quienes lo censuraban. Enn todos los ejemplares lleva el signo de aquellos a quienes se debe su poco valor ideológico, con superior permiso. Ni un artículo alguno original hemos leído en aquellas páginas; los editores ni siquiera se atrevían a presentarlo a la censura porque no ignoraban que sobre el autor y tal vez sobre ellos caería prontamente la venganza de quienes gobernaban. ¡Cuánta diferencia de este Diario Balear a los de la época doceañista! No cabe la comparación. Véase un corto extracto de lo que publicaba: las entradas y salidas de barcos y correos, una multitud de reales Ordenes, bandos y decretos, los precios comerciaJes del día, algunos anuncios de alquileres, compras-ventas y libros, varias fábulas de poquísimo mérito literario, algunos artículos científicos copiados de otros periódicos, una página media, por numero, de noticiario nacional y extranjero, pobrísimo casi siempre, sonetos y odas en alabanza del Deseado, las condenas gubernativas que recaían sobre los liberales, que eran enviados durante años y años a los terribles presidios africanos, los anuncios de funciones religiosas y los de teatro y muy pocas cosas más. Ni una sola manifestación del espíritu ciudadano.

Esta monotonía, que demuestra, más que nada, el lastimoso estado de España durante la primera reacción y durante la ominosa década, para decirlo en el pintoresco lenguaje de la época, se ve truncada en el trienio constitucional, en un vibrante estallido de amor patriótico y de conciencia de la soberanía nacional.

Demos una ojeada a las colecciones del Diario Constitucional Político y Mercantil de Palma y a las del Diario Constitucional de Palma, que son la mejor demostración del gran renacimiento del ideario de las Cortes de Cádiz. Aquel periódico imprimía diariamente bajo su título el siguiente lema: «Así expresar la sana opinión común como rectificar la equivocada es el más digno objeto de un periódico liberal.» Desde el momento en que se decreta la libertad de imprenta, las fuerzas latentes que habían pugnado ocultamente para conseguirla salen a la luz en una multitud de artículos y cartas de polémica que igualan, si no superan a las publicadas en 1812. ¡Libertad o muerte! ¡Viva la nación! Son los gritos que están en boca de todos y que se multiplican en las columnas del diario El lector ve pasar la Historia —sincera y verídica— a través de estas páginas no empañadas por el hálito de la mentira.

Y no es solo la parte de artículos de fondo que mejora gracias al decreto de libertad, sino también el noticiario, que se hace más nutrido y abundante. Y el noticiario local que se comenta de un modo y con un estilo que parecen actuales.

La parte poética —aunque literariamente pésima— está llena de una emoción tan agradable para el lector que se hace interesante casi siempre y lo mismo los artículos relativos a las Cortes españolas, francesas e inglesas, muy numerosos.

Lo mismo sucede con el Diario Constitucional Político y Mercantil de Palma, que pone en la portada de sus colecciones Diario... del año 2º de nuestra gloriosa restauración y undécimo de la Constitución de la Monarquía española. En muchos números el entusiasmo público se refleja de tal modo en las páginas del Diario que las polémicas cesan por completo y solo se dirigen cantos de alabanza al nuevo estado de cosas como si se avecinara una nueva Edad de Oro.

Entre muchos trabajos dignos de mención insertos en el Diario y que suprimimos por falta de espacio y por no cansar al lector, hemos visto una curiosa «Acción de gracias que dirigen a las Cortes los niños de Palma por el decreto de prohibición de azotes en las escuelas», reforma pedagógica que ya había propuesto en Cádiz el gran Antillón.

Las odas a la libertad se suceden continuamente, como también las que van dirigidas a los que por ella murieron. Más adelante, desde la muerte de Femando VII, el aspecto del Diario es muy parecido al que tenía durante este interesantísimo trienio constitucional.

***

¿Y quién era el editor del Diario Balear? Necesario es nombrarlo con todo respeto, como a todo artesano de una obra bella y acabada. El impresor del diario era Felipe Guasp, quien siempre se desvivió por su mayor perfección. La colección del Diario Balear por sí sola honraría a cualquier imprenta, y más mérito tiene aquella que, como la Casa Guasp, es la más antigua de Mallorca y estoy por decir que de España.

***

Una nota simpática hemos de añadir para terminar este artículo y se refiere al aspecto literario de estos periódicos. Ellos nos ofrecen en un titubeo delicioso, las primeras muestras del romanticismo. Ya encontramos, por primera vez, definiciones de la nueva tendencia literaria y hasta biografías de sus más altos representantes extranjeros. Waller Scott, Chateaubriand, Lord Byron... Toda la gran escuela que Espronceda, joven y entusiasta, debió leer maravillado.


P. S. Causas ajenas a nuestra voluntad nos impiden seguir publicando por ahora la historia de nuestro periodismo, aunque tenemos el firme propósito de continuarla tan pronto como ello esté en nuestros medios. Sea, pues, esta una despedida temporal con el lector asiduo.

B. Rosselló Pòrcel

El Día, 28 de Septiembre de 1930.

El "Diario Balear" se encuentra digitalizado en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, aunque se encuentra en sus diferentes denominaciones en varios lugares. Para seguirlos, ver El 'Diario Balear' (1814 - 1820), Los diarios constitucionales de los años 1820 - 1823, El periódico de Felipe Guasp (de 1814 a 1862) y El día en que Felipe Guasp cambió la cabecera de su periódico.

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