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Rosselló Pòrcel: I El Semanario Económico

fabian | 16 Abril, 2014 18:47

Bartomeu Rosselló-Pòrcel (1913 - 1938) murió muy joven. Me resulta sorprendente que ya a los 17 años publicara en el periódico un artículo semanal. Pero sólo lo hacía en los meses veraniegos, en la época de vacaciones estudiantiles. Hizo su bachillerato en Palma y luego, Filosofía y Letras en Barcelona. La serie "El periodismo en Mallorca" la publica en los meses de julio, agosto y septiembre de los años 1930 y 1931. En julio de 1932 publica dos artículos de esta serie y después artículos sobre el Romanticismo.

Es curioso que en enero de 1931 publica el artículo con la pregunta "¿Qué quedará del periodismo?". Quizás fuera que en Navidad se preguntaba sobre qué escribiría en verano. Sus artículos dejan ver que no nacen de la iluminación de un día, sino que hay detrás de cada uno de ellos bastantes horas hojeando los ejemplares periodísticos.El hecho está en que se interesó bastante por la prensa. Tras sus estudios de Filosofía fue a Madrid donde aprendió el oficio de tipógrafo y tuvo contactos con los editores de la revista "Cruz y Raya". La Guerra española truncó todo; alistado en el ejército republicano enfermó de la tuberculosis que le produjo la muerte.

Este primer artículo de la serie se inicia con una corta indicación del motivo que le induce a escribirla: es un tema inédito, apenas tratado.

El Periodismo en Mallorca

El Semanario Económico

I

Vamos a empezar —y la continuaremos hasta donde nos lo permitan el tiempo y nuestras fuerzas— una tarea por muchas razones dignas de plumas más ilustradas que la nuestra: La Historia del periodismo Mallorquín Pocos, escasísimos son los autores que nos han precedido en la materia y a pesar de un folleto de Bover y de algunos artículos dispersos puede afirmarse sin error que el asunto es inédito en absoluto. Esto, que tal vez pareciese en un principio motivo de dudas y desalientos, ha sido más que nada, lo que nos indujo a atravesar la intrincada selva que constituyen las hojas diarias — innumerables — que han visto la luz en nuestra isla. Así habremos tenido el placer (y el mérito o culpa consiguientes) de leer y comentar nuestro periodismo, lectura cuyo fruto es la presente serie de artículos

***** ***** ***** ***** *****

Si seguimos los consejos de la Cronología en la Historia de nuestros periódicos, nos encontramos con que el primero que en Mallorca se publicó fue el que tiene por titulo el que este artículo encabeza; El Semanario de la Real Sociedad de Amigos del País.

Allá por el año de 1779, llevaba aquella algunos años de vida, que se habían traducido en esfuerzos continuados en pro de Mallorca y de la cultura de sus pobladores. Por este tiempo pues, nació en el seno de la Económica la idea de fundar un periódico que interpretase públicamente sus anhelos y diera forma visible a sus patrióticas aspiraciones. Y es lo cierto que poco tiempo después veía la luz el Semanario, prueba fideligna del verdadero interés que la Sociedad tenía por todo lo que significara adelanto.

Hagamos ahora breve historia de la parte externa del Semanario: Su primer número salió el sábado 13 de Marzo de 1779 con este título: Noticia periódica de los precios corrientes de la semana y otras curiosidades que ofrece al público la muy Ilustre Sociedad de Amigos del País de Mallorca,. y continuó titulándose así hasta su cuarto número; en éste el título era, sencillamente, Palma de Mallorca y así continuó llamándose durante años enteros, con excepción del primer número de cada año en que volvía a titularse Semanario Económico o Semanario Económico, Instructivo y Comercial. Se publicó por más de cuarenta años.

Se imprimía en la Imprenta Real y salía todos los sábados, con excepción de los festivos, en que veía la luz los viernes. Tenía por lo regular, en sus principios, dos páginas solamente; más adelante tuvo cuatro, de pequeño formato, feos tipos de imprenta y papel más que regular. Era encuadernable y podían adjuntársele portadas, e índices que se publicaban exprofeso. Su precio era un doblero —como dice el mismo — y en 1795 contaba con 143 suscriptores, casi todos personas de importancia. Sus redactores eran los mismos individuos de la Sociedad y especialmente Don Ignacio María Serrá, que figuraba corno autor de las portadas.

El Semanario se vendía encuadernado, como otro libro cualquiera. Al final de cada año y con objeto de completar los tomos se suprimieron varias veces números que se habían agotado: así existen dos ediciones de los tres primeros números.

Como curiosidad bibliográfica citaremos los anuncios o prospectos del Semanario que se fijaban en las calles de la ciudad y de los que se conservan escasísimos ejemplares. Hemos tenido la suerte de ver algunos en la colección de Don Jaime L. Garau que son en verdad muy interesantes. En una palabra, la parte externa del Semanario es en general pobre y deficiente, contrastando con su valor espiritual que es, si tenemos en cuenta la época, grande y de la mejor calidad.

Nació el Semanario de la Económica con un interés casi exclusivamente comercial y agrícola en sus primeros tiempos; así vemos que atiende con extraordinario celo a proporcionar a sus lectores noticias de los precios de frutos, granos, legumbres y toda clase de productos agrícolas y enterarles de las entradas y salidas de barcos, a la vez que de los géneros que transportan. Verdaderamente popular, dejando aparte móviles de alta cultura, inserta en sus páginas largas disertaciones sobre agricultura en sus diferentes ramas. Así por ejemplo vemos que publica largos artículos sobre agricultura, cultivo del gusano de seda, sobre ganados, cultivo de los árboles, el olivo especialmente. Tampoco faltan remedios caseros y prácticos, noticias industriales, artículos sobre política, comercio, medicina, industria, pero todo adaptado a inteligencias poco cultas, cumpliendo su objeto de educación del pueblo bajo y desarraigo de supersticiones.

Esta es la parte que podríamos llamar doctrinal del Semanario, su noble misión educativa que tan grandes y prácticos resultados diera en toda Mallorca. Viene después la parte de noticiario, algo más deficiente que aquella, especialmente en lo local.

Lugar preferente ocupan las cuestiones relacionadas con la Sociedad. Si se renueva una Junta, si se establecen unos nuevos premios para artesanos —cosa muy frecuente — si se celebran exámenes en las escuelas de la misma Sociedad, en una palabra todo lo que a ésta se refiere, todo tiene cabida en las paginas del Semanario, y es lo cierto que estos asuntos ocupan no algunas, sino bastantes.

También la Estadística interesaba a los beneméritos Amigos del País. Así nos encontramos periódicamente en el Semanario con un «Estado que la Comisión de los papeles periódicos ofrece al público a nombre de la S. E. de A. del P. en que manifiesta el número de embarcaciones que han entrado en este puerto en todo el año pasado de 17... de Comercio y de Guerra. El resumen de los enfermos que hay en los tres Hospitales, Real, General y de San Antonlo Abad con los que quedan existentes en cama y convalecientes. Los niños expósitos que actualmente mantiene el Santo Hospital, los que han muerto y los que han entrado y el gasto que ha sufrido la casa en la manutención de las Amas para criarlos. Asimismo los matrimonios efectuados en las seis parroquias de esta capital, los nacidos y muertos con distinción de sexos» y ese Estado se publica anualmente, sin interrupción, con todo acopio de datos para su mayor perfección.

Y el anuncio, se interrogará el lector, ¿qué lugar tenía en el Semanario? Para un espíritu moderno, tal vez sea muy extraño el ver que los comerciantes e industriales palmesanos de hace un siglo fuesen absolutamente refractarios al anuncio en un periódico — pásmese el lector — se lo ofrecía gtatuítamente.

Continuamente, semana tras semana y número tras número, ofrece el Semanario la publicación gratuita de anuncios, siempre que sean interesantes, y a pesar de este verdadero regalo, el público no responde porque no es aficionado a las novedades y el anuncio público era en el siglo XVIII algo completamente nuevo. ¡Pobre del diario que hoy ofreciese el anuncio gratuito! ¡Vería su redacción asaltada! Ante este extraño caso no queda sino exclamar aquello de:0 témpora, o mores!

Las noticias locales y de actualidad también son muy escasas. No hablemos ya de crónica de sucesos, que es por completo nula en el Semanario. Las únicas noticias que publica se refieren a grandes personajes que aumentan de gradación oficial, o a fiestas celebradas en Palma, por ejemplo las de la beatificación de Santa Catalina Thomás o las del cumpleaños de la familia real y otras de la misma índole. Pero nada más, la historia de cada día que ahora hacen los periódicos, estaba aún muy lejana cuando se publicaba el Semanario.

También se leen en el algunas noticias necrológicas como la de la muerte del General Barceló o del P. Pasqual, el autor de las Vindicias Lulianas a cuya memoria se dedica un epitafio latino.

En cuanto a noticiario del extranjero también es bastante exiguo nuestro periódico. Con decir que sólo una o dos veces se alude a la Revolución que en aquellos tiempos hacía en Francia mil estragos, puede hacerse el lector cargo de las pocas noticias que sobre actualidad extranjera se leen en sus páginas, y eso que en Mallorca podían proporcionar brillante y extensa información los muchos refugiados que de la Revolución huían precisamente.

También es corta — y anónima — la poesía contenida en el Semanario. Algunas fábulas y algunos sonetos, una o dos odas y varias poesías mallorquinas la constituyen. Y como muestra, bástenos decir que una de las odas tiene por exclusivo objeto cantar los cementerios al aire libre, cuestión entonces palpitante: puede verse muy fácilmente que esta poesía no es de muchos quilates.

Casi una mitad del Semanario la ocupa una multitud ingente de decretos, reales órdenes, mandatos, leyes, medidas de gobierno, etcétera, etcétera, que en conjunto forman un verdadero Corpus iuris. Esta parte — naturalmente — tiene poquísimo interés a no ser para el legista y no nos detendremos a estudiarla.

Resumiendo y lanzando una ojeada general al primer periódico que apareció en Mallorca, no puede menos que reconocerse en justicia que influyó muchísimo en su época y que si bien son crecidos sus defectos, son mucho mayores sus méritos que se resumen en una sola aspiración: el Adelanto y el Progreso.

B. Rosselló Pòrcel
El Día, domingo, 20 de julio de 1930.

El Semanario Económico, bajo distintas denominaciones, se encuentra en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Hay un estudio de Isabel Moll sobre esta publicación. Ver Prensa mallorquina anterior a 1808.

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