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Rosselló Pòrcel: Diario de Mallorca

fabian | 22 Abril, 2014 15:53

El equipo que digitalizó en la Biblioteca Pública de Palma la prensa hizo una buena labor. Fue una lástima que al inicio de la crisis económica se eliminara ese servicio pues la digitalización nos permite acceder a archivos que nunca hubiéramos pensado. Ojalá la economía permita la restauración del servicio.

Pero, pienso, no basta la digitalización. También es necesario que ese trabajo efectuado se anuncie, que haya personas que escriban sobre esos documentos y que lleguen a oídos de a quienes pueda interesar. La propaganda, la publicidad son elementos importantes hoy en todos los ámbitos de la actividad humana.

Poder acceder a los estudios que sobre una materia se han hecho es un avance social. La digitalización de las revistas universitarias y su acceso libre en Internet ha sido un gran paso.

Recojo hoy otro artículo de los que B. Rosselló Pòrcel escribió sobre la prensa mallorquina. En este caso se trata del Diario de Mallorca de 1808 a 1814, que se encuentra en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Diario que habla de la guerra de la Independencia y de la Constitución de 1812. Rosselló nos habla de cómo llegaban las noticias, de las fuentes a las que tenían acceso. El puerto era una fuente de información. También nos habla del discurso periodístico que, en esos momentos era un discurso patriótico, enardecedor.

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El periodismo en Mallorca

El Diario de Mallorca

II

La primera hoja periodística diaria que apareció en Palma se tituló «Diario Político de Mallorca». Empezó el 15 de junio de 1808 y, transformado su título, continuó hasta el 31 de Diciembre de 1814, de manera que subsistió poco más poco menos, seis años. Fue su fundador don Sebastián Hernández de Morejón, capellán castrense de los voluntarios aragoneses residentes en Mallorca, quien empezó a publicarlo con grandes aspiraciones, pero, obligado a partir a la península, cesó de dirigirlo el 15 de agosto del mismo año de su aparición; pero el día siguiente, quince del mismo mes, vio la luz pública su continuador el Diario de Mallorca de que vamos a ocuparnos en este artículo. Lo redactaba en sus primeros tiempos un mallorquín, don Juan Picornell y Obispo, que le dio parecida orientación a la de su fundador y más adelante pasó a regentarlo el impresor Buenaventura Villalonga, quien lo confeccionaba en su imprenta, aunque los primeros números se hubiesen tirado en las de Salvador Savall y Melchor Guasp. Se vendía en la librería de Carbonell, en Cort, y más tarde para mayor facilidad en su adquisición en diferentes sitios de la ciudad.

En varias ocasiones — según nos confiesa él mismo — estuvo a punto de quebrar y precisamente por falta de suscripciones murió el último día de 1814. Continuadamente ruega el editor la máxima puntualidad en el pago, pero los lectores no responden a sus súplicas y durante algunas épocas arrastró el Diario una vida lánguida y moribunda. Los tipos y el papel son bastante feos y así lo reconocía Villalonga, quien pide más venta para mejorarlos. Digna de anotar es la publicación de noticias meteorológicas diarias y de suplementos o volantes para anunciar hechos importantes, victorias de nuestras armas o sucesos de gran interés.

La parte de noticiario es muy interesante aunque no siempre digna de credulidad. Era aquella la época de la guerra de la Independencia que encendió todos los pueblos españoles en un grandioso furor patriótico que hay que confesar logró una absoluta victoria y, por eso, precisamente, muchas veces las noticias guerreras están llenas de un optimismo, que por su demasiada frecuencia lleva la duda al lector y más aún al actual que conozca algo de historia.

Pero no por patriótico es el noticiario poco abundante. No hay número del Diario de Mallorca que no lleve relaciones de sucesos bélicos y escaramuzas, toma de ciudades, levantamiento de sitios, augurios políticos y todo lo que con la guerra estuviese relacionado. Varias eran sus fuentes de estas noticias; en primer lugar las oficiales que recibía la Junta Suprema; después las que los particulares recibían por cartas que muchas veces se publicaban, además de las que eran traídas por los patrones de barcos y faluchos que llegaban al puerto. Loa marinos cuando eran portadores de alguna importante nueva, eran obligados a jurar su verdad para mayor certeza del público. Finalmente, también se recibían muchas noticias por medio de los periódicos de otras ciudades que eran enviados a Palma y a los que el editor del Diario estaba suscrito. Todo este conjunto formaba el noticiario de nuestro periódico.

En cuanto a lo local es mucho más pobre: son escasísimas las relaciones de hechos sucedidos en Palma; tan escasas que podríamos afirmar que son nulas.

Desde el año 1810 en adelante ocupan la atención del Diano de Mallorca las Cortes Constituyentes de Cádiz. Atención que va creciendo con el interés que en Palma inspiran los debates de aquella magna Asamblea; las crónicas de sus reuniones, con frecuencia copiadas de diarios gaditanos, inspiran interés aún al lector de hoy; baste decir esto para suponer el que tendrían para los de aquellos días tan llenos de peripecias para la nación. Las Cortes de Cádiz promovieron enormes polémicas en Palma, de que fue en parte reflejo el Diario según se verá más adelante.

El anuncio tuvo más importancia que en el Semanario de la Económica de Amigos del País. No pasa día en que no haya alguno y muchos son los que inserta varios, relativos a pérdidas, ofrecimientos, compraventa de casas y muebles, sorteos, almonedas, etc. El anuncio comercial continua atrasado. Unicamente el librero Carbonell anunció libros y artículos de escritorio con bastante frecuencia. Por lo demás, el reclamo sigue igual que en el Semanario.

Más interés tienen los artículos que empiezan con un ideal único, el Patriotismo, y que degeneran más tarde en violentas polémicas entre liberales y serviles. He aquí varios títulos de los de la primera clase (1808): «Del amor a la patria; de nuestra razón y confianza que debemos tener en la presente guerra: Reflexiones sobre el pueblo francés y su jefe»; «Reflexiones político-morales sobre la derrota de Dupont: La Voz de la Patria»; «El mérito de España» y otros muchos semejantes, patrióticos y entusiastas. Casi todos son anónimos y por ello mismo deben atribuirse al editor del Diario. A veces un artículo ocupa todo el número y continúa en los siguientes durante mucho tiempo.

Las polémicas entre liberales y retrógrados no tienen tanta violencia como en otros periódicos — a ellos exclusivamente dedicados — pero demuestran el gran interés de sus autores en la victoria de las causas respectivas. Para no citar muchos nombres, bástenos mencionar los de Isidoro de Antillón y el Padre Strauch, el inquisidor Victorica y el Padre Traggia, campeones denodados de ideas en oposición.

Pero quien peor lo pasa desde el principio del diario hasta su terminación es Bonaparte y con él Francia y los franceses. Se les dirigen artículos infamantes y versos groseros, insultos y dicterios a millares. Dudamos en la elección de ejemplos en apoyo de lo dicho, tantos son los que piden a gritos vuestra atención. He aquí varios, sin comentario alguno. Unos versos titulados: «Receta para hacer Napoleones y es infalible». Una horrible décima «Al general Magdonal (Macdonald) alias Patarrufa». Una oda titulada: «Furor de Bonaparie al referirle Berthier la derrota de Dupont». Ramplona e insultante. Con lo dicho puede el lector hacerse cargo de la acometividad anti-napoleónica de nuestros diaristas, algunas veces tan pueril que causa, francamente, la risa y constituye una de las partes más divertidas de la lectura del Diario.

Si resumimos en unas palabras la doctrina de nuestro periódico vemos que, a diferencia del Semanario de la Económica no le preocupa la cultura, sino ta información política, el patriotismo, la influencia en el ánimo del lector, la polémica y el intercambio de ideas, aspectos que unidos al noticiario constituyen el más moderno periodismo.

B. Rosselló Pòrcel

El Día, 27 de julio de 1930

Sobre esta publicación publiqué la entrada El 'Diario de Mallorca' de 1808 en la que incluía el "Prospecto" y algunos enlaces a las figuras de Juan Antonio Picornell y su padre Mariano.

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