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Rosselló Pòrcel: Quadrado

fabian | 05 Juny, 2014 12:18

Acaba Rosselló Pòrcel su serie "Periodismo en Mallorca" con un artículo dedicado a José María Quadrado como fundador de La Palma. Cita el homenaje que esta revista recibió a los cincuenta años de su inicio, en 1890, cuando se editó el número póstumo.

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Periodismo en Mallorca

Quadrado

Hagamos un paréntesis en la historia de nuestro periodismo. Esta fecha, 1840, que ocupaba el artículo anterior no debe ser examinada superficialmente. Tiene mucho de definitivo, de decisivo. Marca rumbos y señala rutas. Y los caminos que —vistos desde 1840— pudieron parecer a los precursores pequeños, estrechos, difíciles, se convirtieron más adelante en vías magnificas, en sendas llenas de arcos de triunfo. La Palma abre el horizonte. En 1840 el horizonte está lleno de nieblas, todavía. Los tres jóvenes que han logrado trepar a la montaña quieren llenar sus ojos de visiones. Miran, observan, pero no logran abarcar totalidades. Después se bifurcan Otra vez los caminos. Quadrado, Agiiiló. Montis. Otros nombres se adhieren a la aventura. Y —a veces juntos, otras aisladamente— van recorriendo llanos y montañas.

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Pero todos recuerdan los datos de La Palma. No marchan ciegamente. Recuerdan y siguen un camino. Ninguno, absolutamente ninguno se aparta. Hasta 1890. En 1890 de los tres iniciadores vive uno solamente: Quadrado: cincuenta años después, los amigos y admiradores de La Palma le rinden homenaje. Una reimpresión y un número postumo. Palabras de elogio, voces de agradecimiento. En 1890 se verifica la consagración oficial de La Palma como precursora de nuestras letras.

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De los tres nombres, Montis, Aguiló, Quadrado, quedaba entonces uno solo. Intentemos hoy audazmente la valorización actual de este escritor. En 1890 desataba la alabanza ferviente. ¿Podríamos hoy decir lo mismo?

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El nombre de don José María Quadrado ha sido siempre para mí equivalente de seriedad, de nobleza. No he logrado sentirlo nunca en una cercanía amable y acogedora. Su figura —tan amplia, tan completa— carece de cordialidad. Severa, imponente, casi. Ante ella la reacción es difícilmente evitable y esta reacción supone un poco de rebeldía. ¿Habías cogido alguna vez un tomo de Quadrado sintiendo en vuestras manos un ademán acariciador? Esta pequeña prueba de bibliófilo es infalible. Las mismas ediciones de Quadrado tienen un poco de hosquedad. Su prosa es dura, difícil. Yo le opondría la de Mariano Aguiló. Su maravillosa agilidad lingüística en momentos de absoluta decadencia del idioma autóctono es el gran contrapeso del estilo y del léxico de Quadrado. Sus figuras, sus rostros son incomparables también. Los dos han llegado hasta nosotros en imágenes de ancianidad. El rostro de Quadrado se nos presenta algo ceñudo, excesivamente serio. En el de Aguiló adivináis el entusiasmo, la alegría, la bondad. En esta última categoría destacaríamos el aspecto —visto a través de los años y de las obras— de don Pedro Alcántara Peña. Estas impresiones personales deberían pesar poco en el concepto que un escritor nos mereciera. Deberían... En realidad influyen enormemente.

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El caso de Quadrado me parece ejemplar en ese género de experiencias literarias. Comprendo todo su valor, su influencia literaria, el sentido de su magisterio. No niego que toda la escuela mallorquína tiene su origen en él. (Costa y Alcover le llamaron maestro. Miquel Ferrà —de la generación posterior— ha escrito su Apología y en todos los adjetivos tienen sentido afirmativo y, muchas veces, de afirmación exaltada.) Admiro su labor enorme, su erudición formidable: arqueología, historia, religión, arte, literatura. Lo abarcaba, ampliamente, todo. Alejado de las inocentadas de Bover supo burlarse gentilmente de ellas. Afirmo todos sus méritos, todas sus cualidades y me inclino con respeto ante su figura y su recuerdo. Pero no dudaría —no dudo— en lanzar una afirmación: la obra de Quadrado es obra definitivamente muerta.

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Lo digo sin temor a que pueda parecer blasfemia. Con el deseo de llamar la atención sobre algo que es, innegablemente, un hecho. Un hecho justísimo, apresurémonos a decirlo. No estamos en un caso de olvido lamentable. De memoria que deba ser rehabilitada, Es imposible levantar otra vez el nombre de Quadrado. Ha caído, repetimos, definitivamente. Intentemos como prueba unas razones.

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Es la primera desaparición de la sociedad para quien escribiera sus trabajos, especialmente sus ensayos políticos y morales. En esto tiene un punto de semejanza con Balmes. La labor política de Quadrado —colaborador del autor de El criterio— tiene en la actualidad un valor casi nulo. Pasadas las circunstancias, desaparece también el interés. Además, ya lo hemos dicho, la obra política de Quadrado es en muchas ocasiones reflejo de la de Balmes. Y la obra política de Balmes nos parece ya muy lejana. Ni uno ni otro supieron poner en su prosa política aquel alto sentido de humanidad, de fervor, que palpita —ejemplo coetáneo, casi— en Napoleón el pequeño. Quadrado, sobre todo es casi ilegible en este aspecto. Carece de originalidad. A lo sumo merece ser citado por el historiador de nuestro siglo XIX. Unas líneas nada más. Y, un poco cada día, irá sumiéndose en el olvido.

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Más razones. Una razón capital. Quadrado no es poeta. Ni poeta en verso ni poeta en prosa. Y esta falta, en un historiador del siglo XIX es imperdonable. Leer cualquiera de sus obras: Recuerdos y bellezas de España, Forenses y ciudadanos. La objeción será siempre la misma: falta de emoción, adustez, ceño. Nunca veréis las lágrimas en sus ojos. Los sentimientos más contrarios le dejan seco, inconmovible. Y él que proclamaba a voz en grito su filiación romántica —Manzoni, Lamartine, Chateaubriand— su odio al siglo racionalista, él, negador de todo frío clasicismo demostraba contra su voluntad que había de ser el continuador de Bossuet y el traductor de Shakespeare. No es paradoja. Leed la traducción en el Museo Balear y os convenceréis de la verdad del argumento.

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No quiero acumular detalles. Una razón, última, capital. Una razón que incluye una culpa que no debe ser aminorada. Dice Miquel Ferrà en su Apología: «Y el propio Quadrado, impugnado por quien mal le conoció... hubo de redactar algo más tarde en el idioma natal su Desagravio a las literaturas regionales, tan lleno de cordialidad como de mesura, y cuyas mismas reservas garantizan la comprensión global del fenómeno histórico.» El juicio de Ferrá no peca, ciertamente, de severo. Muy por el contrario. Quadrado no colaboró en nuestro Renacimiento. Si todos hubiesen seguido su ejemplo hoy careceríamos de las Elegías de Alcover. Tendríamos que contentarnos con los Meteoros. La insuficiencia del Desagravio se aquilata fácilmente Compárese el valor actual de Aguiló con el del autor de la Vindicación a George Sand y conoceremos exactamente las causas...

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Antes de firmar el articulo sospechamos si será tomado por acusación, por insulto. Se hablará de ímpetu juvenil, de falta de premeditación. A quien tal piense le diría: el aspecto totalmente simpático de Quadrado es el de La Palma. Quadrado nace en 1819. La Palma en 1840. Veintiún años. Sirva la admiración al Quadrado de La Palma de excusa a posibles arbitrariedades e impertinencias.

B. Rosselló Pòrcel

El Día, 7 de Agosto de 1932.

Al indicar Rosselló Pòrcel que este artículo es "un paréntesis en la historia de nuestro periodismo", parece que consideraba poder continuar esta, también ahora interesante, serie sobre el periodismo en Mallorca. Nadie la ha continuado y la historia del periodismo mallorquín y balear, como otras muchas historias de las islas ha quedado olvidada en el silencio y la despreocupación.

La digitalización de la prensa, actual y antigua, puede servir quizás a la revitalización del conocimiento sobre ella y sobre los periodistas que la han creado.

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