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Las historias del abuelo de Miguel de los Santos

fabian | 15 Gener, 2014 11:57

Una imagen apreciada, viva, me queda de un texto en que aparece toda esta prensa de 1808 a 1814. En esa imagen me aparece Miguel de los Santos Oliver sentado frente a un montón de papelotes entre los cuales se hallan los periódicos de ese inicio del siglo XIX. Al leerlos, Miguel de los Santos recuerda a su abuelo, allá en Campanet, sentado frente a la lumbre, contando a su nieto las historias que ahora, ya adulto, lee en esos antiguos periódicos y documentos. Allí, sobre la mesa de la biblioteca, están el "Semanario Económico", la "Aurora patriótica mallorquina" creadora de tantas diatribas, el "Diari de Buja", el "Semanario cristiano político de Mallorca" ... Miguel de los Santos lee ensimismado en la letra periodística; toma notas; sonríe con cierta amargura; incluso a veces se acerca el papel periódico a la cara y le parece que huele a humo, a ese humo que desprendían las hogueras levantadas en Mallorca para quemar todos los ejemplares de la "Aurora"..., piras, esas "fogueres" que su abuelo le contaba mientras crepitaba el fuego en el brasero del hogar paterno.

Prefacio

Preparando otro estudio, completamente juvenil, acerca de La Literatura en Mallorca, hubieron de venírseme á las manos diversos opúsculos, folletos y manuscritos que me hicieron sospechar la existencia de un notable asunto histórico, así como las hojas y troncos flotantes indican en el mar la proximidad de un continente. Estos hallazgos, inesperados por completo, avivaron en mi memoria unas reminiscencias casi extinguidas, ciertos relatos oídos por mí, de boca de mi abuelo paterno, el cual como nacido en los primeros años del siglo XIX, mencionaba frecuentemente en sus sabrosas pláticas nocturnas, junto al brasero, el año de los catalanes, la división del general Whittingham, el motín contra los prisioneros franceses y otros recuerdos y episodios de aquella época.

Comuniqué cierto día estas mis presunciones á Don José Maria Quadrado, amigo benévolo, anciano sin par, que dejó mi corazón, como muchos otros, colmado de gratitud; y el insigne maestro confirmó lo presentido con tan calurosas ponderaciones, dijo ser tanta la amenidad y tan profundo el interés de aquel periodo que, animado por su persuasiva exhortación y dejándome arrastrar de su optimista confianza en mis facultades, emprendí el trabajo contenido en este volumen. - Para componerlo me ha servido, en primer término, la copiosa y curiosísima colección de impresos y manuscritos que posee Don Jaime Luís Garau, aficionado tan útil y amigo tan excelente, que bien puede decirse mero depositario de aquel tesoro, cuya propiedad .es de todos cuantos aman el estudio. Bien al revés de otros sandios coleccionistas que, lejos de salvar para la cultura general los testos amenazados de desaparición, parece que gozan sumiéndolos para siempre en la lobreguez de la noche cimeriana; urracas perniciosas que llevan á sus escondrijos todos los objetos brillantes, acaso para que sus destellos no dañen la poca vista de que disfrutan. - Sirviéronme también las colecciones de folletos y periódicos existentes en la Biblioteca provincial y en otras particulares, como las del señor conde de Ayamans y del señor marqués de la Torre; diversos documentos de los Archivos municipales de Palma, Manacor, Pollensa, Sansellas, Sóller y otros pueblos; muchos documentos y expedientes del Archivo de la Capitanía general y especialmente los del Archivo de la Diputación de las Baleares, donde se custodian las actas de la Junta Suprema de Defensa, después Junta Superior, que alcanzan desde 1808 á 1814; sin contar las copias que me procuré de distintos manuscritos, el acervo de impresos de mi propiedad que he podido recoger por graciosos donativos ó por compra en almonedas y puestos de libros viejos y los artículos ó trabajos que tenían relación con mi estudio, aparecidos en el Almanaque Balear, en el Boletín de la Sociedad Arqueológica Luliana, etc., etc.

Esta gran mole papiracea, exprimida por inhábiles manos, ha dado su jugo en el presente libro.Más que escribir historia, en la acepción rutinaria y altisonante del vocablo, me he propuesto guiar al lector por el laberinto de mis propias lecturas, eliminando las heces, cercenando lo superfluo, simplificando lo complicado, agrupando los hechos afines y reduciendo á orden lógico la libérrima inconexión con que se presentan en el inmenso escorial de las cosas pasadas. He procurado, en suma, hacer una selección de hechos, detalles y párrafos expresivos diciendo al lector: aquella sociedad pasó, desfilando silenciosamente «por el campo de los asfodelos»; pero hé aquí su huella, la misma que ha respetado el tiempo; hé aquí su lenguaje, el mismo que habló y que escribió; hé aquí sus despojos, sus atavíos y su perfume, los mismos que la engalanaron. Hable la época y calle el copista; hable por sus propias palabras y con sus mismos testos. - Lo que me causó emoción, esto es lo que reproduzco; lo que hirió mi fantasía como característico y substancioso, esto es lo que conservo para que hiera también la fantasía de los demás. [...]

Es una lástima que este libro de Miguel de los Santos Oliver: Mallorca durante la primera revolución : 1808 a 1814 (1901) (en pdf) presente en la Guerra del Francès de la Biblioteca Digital de les Illes Balears, no esté en un formato usable en los eReaders, más que en este pesadísimo pdf, difícil incluso en descargar.

A lo largo de este libro, Miguel de los Santos Oliver va entresacando múltiples noticias y discusiones de la prensa de esos años. Habla de los principales protagonistas en Mallorca, desde Jovellanos, el ministro Soler y los incidentes que hubo en Mallorca contra su familia, de la llegada de noticias a final de mayo de lo acaecido en Madrid el día 2; de las dudas de las autoridades mallorquinas entre Carlos IV y Fernando VII; de los motines populares que se prodijeron; del juramento a Fernando VII, del nacimiento del "Diario de Mallorca" y de cómo venían las noticias, de Cabrera y los prisioneros franceses, del impacto de los refugiados en Mallorca y cómo afectó la vida ciudadana, del cometa de 1811, de los propagadores de la rebelión: Picornell, Baranda; de Antillón, Victorica, Montis, Salvá, Ruiz de Porras y del librero Miguel Domingo; de los impugnadores de la rebelión: el P. Ferrer, el canónigo Llaneras, los padres Traggia, Puigcerver y Manzaneda, los obispos refugiados; del síndico Bonet y las banderías populares; de las imprentas de Palma y las polémicas periodísticas...

En fin, toda una larga serie de acontecimientos, polémicas y enfrentamientos que Miguel de los Santos Oliver va narrando siguiendo la lectura de los periódicos de la época y de múltiples documentos que va buscando en los archivos isleños. Es una narración, pero es también un canto a que existiera esa naciente prensa y esos necesarios archivos que nos han dejado a lo vivo esa historia, local, a veces curiosa y siempre importante.

Ojalá este libro pudiera estar en un formato usable.

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