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1814, final de una época

fabian | 28 Gener, 2014 17:59

Me conviene en este momento del estudio sobre la prensa en Mallorca (quizás de las Baleares) poner un punto de índice, como si fuera el final de la Parte I, la cual recoge desde la primera publicación periódica realizada en Mallorca, en 1779, el llamado "Seminario Económico" que tuvo nombres diversos y que duró hasta 1820, editada por la Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País.

En 1808 nacerán otras publicaciones, la mayoría de tipo político que informan sobre la Guerra de la Independencia contra el francés y, principalmente, discuten sobre la primera Constitución española, la de 1812. Sobresalen dos publicaciones: la "Aurora patriótica mallorquina", constitucionalista, y su antagónica, el "Semanario cristiano - político de Mallorca", absolutista. Nacerá también el primer periódico en lengua mallorquina, el "Diari de Buja". Todo ello será posible gracias a la ley de Libertad de Prensa de 1810 que duraría hasta 1815 en que Fernando VII suprimiría toda la prensa existente salvo la que permitiera. Permiso que alcanzaron dos publicaciones mallorquinas: el "Semanario Económico" y el recientemente creado "Diario Balear". La prohibición duró hasta 1820, año en que toda la prensa dará un vuelco y cuyo estudio será la Parte II de estos escritos.

Aunque la prohibición de la prensa fue en 1815, la totalidad de la prensa política había acabado unos meses antes. Los partidarios de la Constitución finalizaron en 1813 y los absolutistas en 1814. Y es que el año 1814, hace doscientos años, fue enormemente singular por la derrota de Napoleón y el regreso a España de Fernando VII, con el apogeo populista del absolutismo, la derrota del liberalismo, la persecución y castigo de los liberales y la vuelta de los tribunales de la Inquisición.

No sé bien qué queda en Mallorca de esos años. En Alcudia hay una placa en la casa en que estuvo Argüelles; una calle de Palma lleva el nombre de Isidoro Antillón que murió perseguido en este año; en Cabrera queda alguna lápida de los prisioneros franceses que allá murieron. Queda la Torre del Angel en la Almudaina de Palma donde fueron juzgados Montis, Victorica y el impresor Miguel Domingo que fue castigado a estar recluso en Ibiza cuatro años y a no tocar imprenta alguna el resto de su vida. ¿Queda algo más? Sí, la prensa de entonces y el recuerdo de estas historias que le contaba de niño el abuelo de Miguel de los Santos Oliver y que dieron origen a un gran libro Mallorca durante la primera revolución 1808 a 1814.

Oliver, siguiendo la lectura de la prensa va relatando los acontecimientos ocurridos en Palma en ese año de 1814. Recojo algunas frases: "A cosa del medio día del 30 de marzo, dice Barberi, « llegó la plausible é inesperada noticia de que Fernando VII había entrado en España. Inmediatamente se repicaron las campanas hasta la noche" [Ya hubo durante varios días "Te Deums", desfiles militares, sermones encendidos teniendo el Obispo que castigar a algunos sacerdotes. En mayo, con la proclamación de Luis XVIII,] "Repitiéronse en Palma las fiestas, acciones de gracias y luminarias por la entrada de los aliados en París. El 15 de mayo llegó un parlamentario del nuevo gobierno francés para tratar con el Capitán general de la devolución de los prisioneros de Cabrera y se acordó que Francia enviase los barcos necesarios para recojerlos. Hasta el.20 de mayo no se tuvo en Palma noticia del decreto de Valencia y su contenido. « Por la tarde — apunta el mismo Barberi — llegó el correo de Valencia con la noticia de que se había abolido la constitución y que el Rey entró el 13 en Madrid, y se había puesto presos á varios diputados de las Cortes. » Desde aquel instante la exaltación de los serviles, esto es, de las noventa y nueve centésimas de la población, no tuvo límite ni atadero. Y el primer acto ostensible del « nuevo orden de cosas » fué derribar la lápida de la Plaza de la Constitución inagurada á principios de año.[...] Agolpáronse, pues, en el Borne, « multitud de militares, paisanos y eclesiásticos en tan crecido número que ya ningún liberal podía poner en duda ser aquella la voluntad general de todos los estados y clases del pueblo. Sea derribado monumento tan infame (la lápida). Fuera, fuera, clamaban todos á una voz ; y, en efecto, así se hizo, entregándolo, después de pisoteado y hecho trozos, á una chusma de muchachos que con inaudita algazara lo arrastraron en una espuerta vieja por las calles de esta ciudad, distinguiendo aquellas donde, á su inocente parecer, vivían los amantes más finos y los parientcs más cercanos de la arrastrada difunta ». Naturalmente la parte principal de este primer acto cúpole al jefe político Don Guillermo Ignacio de Montis ante cuya casa se hizo una hoguera quemándose los ensuciados fragmentos de la lápida y la Constitución, entre los alaridos, las blasfemias y las amenazas de la multitud."

No hubo muertos ni heridos en todos los días de algazara. Se quemaron libros, prensa; se amenazó e insultó a los liberales, los cuales habían huido. Hubo desfiles procesionales con la imagen de Fernando VII.

No hubo muertos, no hubo heridos : el desorden fué ordenado y metódico gracias, principalmente, á la previsión con que se escondieron las personas destinadas á ser víctimas del exceso ó de la imprudencia. — Llegaron diversos decretos por medio de los cuales se deshacía cuanto habían establecido « las llamadas Cortes » ; se abolieron los jefes políticos; su autoridad pasó al Ayuntamiento y casi enseguida al Capitán general, como antes de la revolución. Se ordenó el nombramiento de cuatro censores encargados de revisar y examinar los papeles que debían imprimirse y los libros puestos á la venta. Estos censores fueron Don Juan Ferrá, canónigo ; Don Antonio Llaneras, rector de San Nicolás ; el P. Strauch, observante y el P. Llado, dominico. Acordóse igual vigilancia respecto á las obras teatrales y fué nombrado para censurarlas el Dr. Don Guillermo Ramón, Pbro. — Suspendió el Ayuntamiento la libertad concedida para la venta del pan y volvieron á tomarse ludas del trigo para fijar el precio de aquel comestible. La misma corporación acordó elevar una instancia al Rey exponiendo que el pueblo de Palma deseaba ardientemente el restablecimiento de la Inquisición y aun que se había adelantado á darla por implantada de nuevo. Con iguales recomendaciones, solicitó que se permitiese el enterramiento de cadáveres en las iglesias y, en fin, trató por cuantos medios estuvieron á su alcance de desandar lo anclado en el corto periodo constitucional.

[...]

Errado andaría quien creyese que con aquellos tres días [del 21 al 24 de mayo de 1814] de alborotos y emociones quedase agotado el entusiasmo de los mallorquines por el absolutismo y la Inquisición. Al contrario : desde últimos de mayo hasta diciembre de 1814 no hubo en la ciudad y en las villas sino una fiesta continua por haber concedido la Providencia aquellos beneficios. Y los Te Deum, los oficios espléndidos, las solemnidades fastuosas, los carros triunfales, las procesiones nocturnas, los rosarios por la calle, las rogativas, las manifestaciones religiosas de la más variada especie, llenaron todos los días de aquel afortunado año. No hubo corporación, autoridad, gremio, iglesia, convento ni oratorio que no las preparase, con tan porfiada emulación casi siempre, que las sorpresas seguían á las sorpresas. Misas á toda orquesta, sermones encargados á los mismos religiosos procesados en 1813, aplausos y vivas resonando en el templo, el retrato de Fernando VII puesto bajo dosel en el altar mayor al lado del Evangelio, guardia de honor para la efigie del monarca, restablecimiento de la más pura y complicada etiqueta, la ciudad convertida en inmenso beaterío, sin otro alumbrado que el resplandor de los cirios, sin otro rumor que los rezos y las letanías, este fué el espectáculo que siguió á la alborozada animación de los años anteriores, cuando los refugiados se ampararon de Palma poblándola de su abigarrada muchedumbre y profanándola con su ensordecedora garrulería. Parecerían estos conceptos gratuitos ó exajerados si el lector mismo no pudiera, por medio de un recuento tan condensado como se pueda, ex- perimentar su veracidad aun á trueque de la fatiga. — El día 27 de mayo hubo misa solemnísima en Santo Domingo, costeada por la Real Audiencia celebrando de pontifical el Obispo. — El día 29, en San Miguel, fiesta acordada por aquellos parroquianos en « acción de gracias por los felices sucesos [...]

Y sigue Miguel de los Santos en varias páginas indicando los innumerables fastos que en junio, julio se produjeron en Palma por el regreso de Fernando VII; fastos que volvieron a reproducirse a partir del 2 de agosto, fecha en que llegó a Palma la noticia del restablecimiento de la Inquisición.

Mientras todo esto sucedía los convoyes franceses trasladaban á su patria el resto de los prisioneros de Cabrera después de cinco años de penosísima cautividad ; marchábanse los cadetes de artillería ; los regimientos de suizos y de Granada, [...] y salían los últimos refugiados catalanes. El Ayuntamiento eleva una exposición al Rey Nuestro Señor, recordándole los servicios prestados en « las llamadas Cortes » por el rector de San Nicolás Don Antonio Llaneras á la causa del trono y de la religión y solicitan para él un canonicato, vacante en el cabildo de Mallorca, y á fines de diciembre viene concedida la gracia con gran satisfacfacción de los realistas ; disuelve el Capitán general la secretaría del Jefe político y agrega sus expedientes á los de la capitanía ; llega el 15 de agosto la real cédula destituyendo los ayuntamientos constitucionales é instalando los que existían en mayo de 1808, á lo cual se dio inmediato cumplimiento no sin surgir una estúpida cuestión de etiqueta gubernativa ; llega la Bula de Su Santidad restableciendo la Compañía de Jesús y anulando el breve apostólico de extinción, y el Ayuntamiento de Palma y el de Pollensa se apresuran á solicitar del Rey su reinstalación en Mallorca. [...] Por todos lados y en todos conceptos triunfaba restauración religiosa y no podrá la historia registrar desde mediados de 1814 otra cosa que manifestaciones de este género. El movimiento social, intelectual y político queda anulado ó como absorbido en el mismo movimiento religioso. En 28 de julio los redactores del Semanario, coronados sus esfuerzos por el buen éxito, ya pueden despedirse del público después de una campaña implacable de más de dos años. « Nuestros enemigos — dicen — han desaparecido y nos han dejado solos en el campo de batalla... ya no nos queda más que mostrar nuestro agradecimiento y retirarnos. [...] No menos esplícito ni ufano el P. Strauch que sus compañeros y continuadores, despídese también por cuenta propia en un comunicado aparte: « Esto se acabó. El Papa está en Roma ; Fernando VII en su trono ; Luis XVIII en el de Francia ; el Nuncio de Su Santidad en la Corte y muchos pájaros en jaulas. En esta suposición ¿qué necesidad hay de Semanarios ? Ninguna. Pues, muy señores míos, pásenlo ustedes bien... »

[...]

En efecto ; no sólo había triunfado la reacción política sino que había triunfado también en Madrid, impuesto por España entera, un espíritu de persecución, de intransigencía y de crueldad que lejos de servir de freno convirtióse en acicate de futuras é inacabables turbulencias.[...]

El día 21 de junio « á las cinco de la mañana — apunta Barberi — en un coche y con tropa y ministros han traído preso de Bellver (predio de Binisalem) al que fué jefe político Don Guillermo Ignacio de Montis, de orden de la Corte ; está en la torre del Angel y se le van tomando declaraciones.[...]

El mismo día de aquella prisión,.vino á Palma, por no hallarse seguro en Porreras, donde estaba confinado, el ex-juez de letras Don Ignacio Pablo Sandino ; reconocióle el populacho, recordó su proceso de los frailes y se amotinó, amenazando tan seriamente la vida del asendereado legista que no tuvo más remedio que refugiarse en la puerta de San Antonio al amparo de su guardia, la cual cerró por dentro y por fuera. Para sacarle del apuro no hubo otro arbitrio que vestirle con el uniforme de uno de los soldados de la patrulla de capas y hacer que saliera en formación con ella por encima de la muralla, mientras se llamaba la atención de las turbas hacia otro punto. También quedó preso en la torre del Angel y de allí, á sus instancias, pasó á la cárcel de la Inquisición.[...]

El 25 de septiembre llegó una goleta de guerra conduciendo preso á disposición del Regente, al famoso librero é impresor valenciano Miguel Domingo, que ya se había restituido á su patria.

En fín, así fue el año 1814. Montis fue condenado a cuatro años de destierro y a pagar numerosas costas; Miguel Domingo fue confinado en Ibiza cuatro años; Ignacio Pablo Sandino logró escaparse otra vez. Antillón estuvo fugitivo, "fué arrancado de su lecho donde se hallaba postrado por mortal enfermedad, y conducido violentamente á Zaragoza. Su cuerpo, ya nativamente débil, minado ahora por la dolencia, no pudo resistir esta prueba y el famoso diputado falleció en el camino, sin asistencia, lejos de su familia. Trasladados sus .restos á Teruel, fueron desenterrados y profanados con iracundia durante la primera guerra civil".

Termino aquí esta primera parte de la historia de la prensa, proyecto que nació con la idea de ordenar de alguna manera la que se halla digitalizada en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

Comentaris

La fi de l'Imperi

Pere Antoni | 28/01/2014, 20:16

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