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Las estanterías de la antigua biblioteca de Montesión

fabian | 17 Novembre, 2008 16:07

El estudio de las bibliotecas - antiguas y actuales - y de su historia me parece complejo porque hay que delimitar los conceptos de "importancia". ¿Es el número de libros lo importante? ¿Es la "actualización" - tener las últimas obras editadas? ¿Es la difusión? Posiblemente sea de todo un poco. Me viene esto a consideración por un artículo que ayer publicó el Diario de Mallorca titulado La olvidada librería luliana de Montesión de Bartomeu Bestard. En Mallorca se llamaba "llibreria" a la biblioteca.

Una biblioteca que tuvo fama fue la de Mateo Gual-Zangrada i Truyols (1663 - 1730), un noble rico cuya casa era probablemente la actualmente llamada Casal Balaguer. También estaban las bibliotecas conventuales - cuyos catálogos manuscritos se encuentran en la Biblioteca Pública de Can Sales - Yo no sé si esas bibliotecas podían ser consideradas como públicas, aunque creo que a ellas sólo podían acceder los propios del convento. Incluso la Real y Episcopal Biblioteca de Mallorca se constituyó en 1729 con carácter privado.

Hubo un capuchino, llamado fra Lluis de Vilafranca (1770 - 1847) que dejó descripciones de los contenidos de las principales bibliotecas mallorquinas del siglo XVIII en "Misceláneas históricas mallorquinas", volumen cuarto de 12 volúmenes manuscritos que se conservan en la Biblioteca Vivot. Las principales fueron:

  • del Dr. Josep Bassa i Conrado (1657 - 1732). Legó la mayoría de sus libros a los jesuítas
  • de D. Bonaventura Serra i Ferragut (1728 - 1784)
  • del P. Bartomeu Pou i Puigserver (1727 - 1802), amigo y colaborador del Cardenal Despuig
  • de los "frares observants"
  • de los jesuítas en el Colegio de Montesión
  • de D. Josep de Pueyo i de Pueyo (1733 - 1785), III Marqués de Campofranco
  • de los Condes de Ayamans. Esta biblioteca contenía a principios del siglo XX unos 12.000 volúmenes que se dieron a los franciscanos.

Aunque la existencia de un espacio o sala dedicada sólo a biblioteca es muy antigua, fue en el siglo XVIII cuando se generaliza en las grandes mansiones. También la concepción de la biblioteca como espacio accesible a diferentes personas - no con la idea de "pública" como las entendemos actualmente, pero sí utilizable por un grupo limitado de personas interesadas en la lectura y conocidas - aunque nace en siglos anteriores, no se lleva a efecto hasta el XVIII.

En fin. El tema de las bibliotecas puede ser muy interesante. Posiblemente en Palma las más antiguas, ya con un concepto de gran sala, fueran las de Can Vivot, de D. Juan Sureda i Vilallonga (1664 - 1752), I marqués de Vivot y la del Colegio de Montesión.

El artículo de Bartomeu Bestard que transcribo a continuación no se refiere a la biblioteca en general sino a unos muebles: unas librerías.

La olvidada librería luliana de Montesión

La Casa de Cultura, tal como la hemos conocido, tiene los días contados. Primero fue el traslado de la Biblioteca Pública a su nueva sede de Can Salas, y dentro de poco será el Archivo del Reino de Mallorca -auténtica joya de nuestro patrimonio histórico, desdeñada continuamente por nuestros gobernantes- que abandonará temporalmente el edificio de la calle Ramon Llull. El edificio, sin ser antiguo, es viejo y será derribado para poder construir unas nuevas instalaciones dignas para el Archivo. La fachada historicista de Guillem Forteza y las dos primeras crujías del edificio, aunque se remodelarán, se convertirán en el único vestigio del edificio actual. Esta remodelación conllevará desmantelar la vieja librería del colegio de Montesión -instalada en esta zona del edificio-, datada en los albores del siglo XVII, sin duda una de las más singulares de Mallorca, tanto por su belleza, como por usar el recurso iconográfico procedente de la tradición medieval de los bestiarios.

Los orígenes de esta librería se remontan al año 1562, momento en que se creó el colegio de Montesión, ligado intrínsecamente a la labor de la Compañía de Jesús. Desde esos momentos el colegio poseyó libros y manuscritos que fueron aumentando mediante donaciones de bibliotecas particulares y adquiriendo nuevos ejemplares gracias a las aportaciones económicas. En 1631 falleció el jesuita Andreu Moragues, reconocido lulista, que un su testamento hizo donación de cincuenta y tres libras de renta anual con carácter perpetuo a la biblioteca del colegio, convirtiéndose así en su principal valedor. Pocos años antes, el canónigo de la catedral mallorquina, Gregorio Forteza, legó su biblioteca, juntamente con su librería y otros muebles, con la condición de que ésta no pudiese ser enajenada, manteniéndose siempre en el colegio, formando parte de la biblioteca del colegio, pero separada físicamente del resto. No se tiene la certeza de si la librería es la que dio en herencia Forteza o fue encargada por los jesuitas gracias a la aportación económica de Moragues, pero parece no haber dudas que fue realizada durante el período en que se realizaron dichas donaciones. La historiadora del arte, Mercè Gambús, hace unos años publicó un estudio sobre este mueble singular cuya "adscripción estilística a un barroco temprano, en clara dependencia con la tradición decorativa del renacimiento tardío que tan fuertemente había arraigado en el arte mallorquín".

biblioteca
Jesús García Marín trabajando en el fondo antiguo de la Casa de Cultura (Foto: Juan Luis Coll)

La librería se articula a partir de cuatro frontis de madera de alerce. A su vez cada frontis se divide horizontalmente en dos cuerpos mediante una galería con antepecho abalaustrado. Esa galería se apoya en treinta y nueve vigas de madera talladas con figuras animales. Así vemos representados al caballo, al carnero, al jabalí, el mono, el dragón, el búho, el águila? Al mismo tiempo, dos soportes antropomorfos flanquean la parte superior de la entrada, en la que en su parte inferior aparece tallado un cisne con las alas desplegadas y su vientre venía cargado con el anagrama de la Compañía de Jesús, hoy desaparecido. Por otro lado, en el cuerpo inferior se encuentran doce cartelas flanqueadas por ornamentos vegetales.

Desde la Antigüedad se percibe un interés por representar a los animales como elementos simbólicos y ese interés se intensifica durante la Edad Media, alcanzando los siglos posteriores. En el caso concreto de la librería de Montesión parece razonable pensar que el repertorio animalístico es utilizado como "afirmación instrumental para el conocimiento de Dios y su creación" (Gambús). Precisamente es aquí dónde el pensamiento luliano se convierte en fuente iconográfica del mueble, al usar el bestiario medieval que aparece en la obra de Ramon Llull "Llibre de les bèsties". A esa idea que vincula la librería con Llull, también se puede añadir la estrecha vinculación que tuvo desde sus orígenes el mundo académico mallorquín con el lulismo.

Como se ha dicho, la biblioteca estaba ubicada en el colegio de Montesión, resistió diversos avatares como la expulsión de los jesuitas (1767). Allí en el colegio se instaló la Universidad Literaria (1769). En 1847 se integró en la Biblioteca Pública Provincial. A pesar de todos estos cambios de propiedad no se consiguió tocar la librería de Montesión. En 1950, Juan Muntaner, a la sazón cronista de la ciudad, escribía en su "Guía de Palma" que " la Biblioteca Pública ocupa varias dependencias del Convento de los jesuitas de Montesión? En la sala de lectura, -antigua biblioteca de los jesuitas- llama la atención la estantería? sostenida por artísticas ménsulas terminadas en cabezas de animales a manera de gárgolas". Muy poco tiempo después las dependencias de la Biblioteca Pública se trasladaron al nuevo edificio de la Casa de Cultura, en esta operación también se trasladó la antigua biblioteca con la librería incluida, decisión que fue criticada por no pocas personas. Ese traslado se puede considerar como un destierro, pues ésta ha sido recolocada durante casi sesenta años en una habitación cerrada bajo llave, solitaria, convertida en simple depósito de libros antiguos, sin poderla disfrutar durante la lectura de una revista o un periódico. Ahora, casi sesenta años después nos encontramos que la librería se tendrá que volver a desmontar, sin saber aún, cual será su ubicación definitiva, esperemos que al final de esta historia los ciudadanos podamos disfrutarla y conocerla mejor.

Bartomeu Bestard (Cronista de la ciudad): Crónica de antaño (DM, 16/11/2008)

Modificación ficha B 10 - 30, Casa de Cultura de Palma (BOIB de 04/05/2006)

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