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De xilografías en la impresión mallorquina del siglo XIX

fabian | 24 Novembre, 2011 18:30

La mañana invitaba a pasear. Al pasar por una librería los ojos se me han ido tras el nuevo libro de Miquela Forteza: Los orígenes de la imprenta en Mallorca, así que lo he comprado, pero aún no lo he leído. Las palabras del título me han recordado el libro de Juan Martínez Val Gutenberg y las tecnologías del arte de imprimir (en pdf) pues la imprenta le llevó a la ruina, tal como en Mallorca ocurrió con Calafat, el primer impresor de la isla.

Miquela Forteza Oliver tiene algunos artículos on line que son muy interesantes. Como voy recogiendo enlaces a libros del siglo XIX, indicaré dos: "Las xilografías que ilustran la obra Varones ilustres de Mallorca" (BSAL nº 59, 2003) y "Xilografías foráneas durante el siglo XIX en Mallorca" (BSAL nº 57, 2001). Hoy me referiré sólo a este último.

Yo utilizo la palabra genérica "grabado" tanto si son xilografías como litografías u otras técnicas. Pero cuenta el artículo que la palabra "xilografía" nació en el siglo XIX, con el significado de "grabado en madera", pero referiéndose a la técnica conseguida a finales del siglo XVIII, llamada "grabado a la testa", en contraposición a la técnica anterior "grabado al hilo". Posteriormente, ambas técnicas se englobaron en la misma palabra "xilografía".

Como vemos, la madera puede cortarse de dos formas distintas, lo que da lugar a dos modalidades de grabado en madera muy diferentes. Cuando la matriz se obtiene cortando verticalmente los troncos del árbol elegido, de tal manera que el grano sea lateral o de corte a fibra, recibe el nombre de grabado al hilo o entalladura. De esta forma se consiguen fibras longitudinales que dan cuerpo al material pero que, por contra, conforman vetas de diferente dureza que obligan, muchas veces, al grabador a desviar la trayectoria dibujística. Para esta modalidad son necesarias maderas resistentes pero fáciles de trabajar mediante herramientas vulgares como las gubias, los cuchillos y los cortaplumas, como el peral, el cerezo o el nogal, entre otras. Esta técnica tradicional de grabado, que se utilizó con exclusividad hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XVIII, no permite la realización de dibujos extremadamente detallistas ya que se corre el riesgo de estropear el grabado después de unas pocas impresiones. Es por este motivo que las estampas antiguas tienen un aspecto poco refinado y un tanto tosco ya que están realizadas mediante líneas gruesas y simples.

Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, no se conoce la fecha con exactitud, un grabador descubrió una nueva forma de tallar la madera, a contrafibra, o sea, horizontalmente o a rodajas. No obstante, fue el grabador inglés Thomas Bewick, nacido en las cercanías de Newcastle en 1753, quien desarrolló esta nueva fórmula. A esta nueva modalidad de grabado se la denominó a la testa o simplemente xilografía. La principal diferencia respecto al sistema anterior es que la madera se talla con buriles en el grano terminal y no en el lateral. La madera cortada de este modo consigue un grado de dureza mucho mayor y permite la utilización de herramientas más especializadas, como formones y todo tipo de buriles que facilitan la labor del artesano o artista, quien consigue de forma fácil y sencilla mayores efectos plásticos, lumínicos y cromáticos. Esta nueva modalidad posibilita unos resultados mucho más refinados y uniformes sin estropear la madera. El grabador puede trabajar el taco con mayor libertad y en todas direcciones, lo que le permite conseguir un detallismo similar al conseguido mediante la técnica calcográfica, pero con la ventaja que el buril no deja rebabas sobre la madera.

Esta nueva técnica, que entró en España hacia 1830, era más dificultosa y en Mallorca no hubo artistas que la utilizaran, por lo que los impresores recurrieron a xilógrafos foráneos.

grabado

Como es lógico suponer el paso a la utilización de la técnica del grabado a la testa exigió un largo aprendizaje a los grabadores. Ese fue uno de los motivos esenciales por los que escasearon durante el siglo XIX en Mallorca los xilógrafos autóctonos, a diferencia de lo ocurrido en otras épocas. Ello obligó a los impresores a tener que recurrir con frecuencia a grabadores foráneos. [...]

Además, se da el caso que en las colecciones mallorquínas conocidas hasta el momento, (12) la gran mayoría de xilografías firmadas del siglo XIX lo están por grabadores foráneos, especialmente por grabadores catalanes o establecidos en Cataluña.

(12) Hasta el momento hemos inventariado la Colección Guasp, propiedad de los hermanos Capllonch- Ferrá que cuenta con unas 1590 matrices xilográficas, actualmente depositadas en la Celda Municipal de la Cartuja de Valldemosa; la Colección Arrom compuesta por 384 moldes xilográficos que se hallan en el Museu de Mallorca, propiedad del Govern Balear; y las colecciones de Miquel Font, de Pep Sitjar, de San Felipe Neri y la de la Imprenta Pizá.

El interesante artículo continúa con el estudio sobre esos grabados y sus autores. Pero, para mi intención de recoger de Internet libros y noticias sobre ellos, me parece suficiente la información seleccionada. Otro día, cuando ya lo haya leído, hablaré de este nuevo libro de Miquela Forteza.

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