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Representantes de las Baleares en las Cortes de Cádiz 1812

fabian | 10 Maig, 2008 06:56

El día 1 de mayo, el periódico Diario de Mallorca publicó un suplemento dedicado a la conmemoración del 2 de Mayo de 1808. Hay en él una serie de artículos que me resultaron muy interesantes, de los que en años anteriores recortaría y guardaría en una carpeta. Reproduzco aquí el siguiente:

Los diputados baleares en las Cortes de Cádiz

por D. Román Piña Homs
Presidente de la Real Academia Mallorquina de Estudios Históricos y Catedrático emérito de Historia del Derecho

La Guerra de la Independencia constituyó uno de los acontecimientos más trágicos vividos por nuestro país. Pero ofreció su lado positivo, puesto que al mismo tiempo que se luchaba en los campos de batalla, en Cádiz – sitiada por los ejércitos napoleónicos – se gestó políticamente el fin del Antiguo Régimen y el nacimiento del Estado constitucional. Tal operación política, que permitiría la entrada de España en el mundo contemporáneo, dispuso, a modo de instrumento, de una gran asamblea legislativa y de unos miembros –sus diputados– venidos de todos los dominios de la monarquía.

Esta asamblea se convocó bajo la denominación de Cortes, porque en principio se esperaba quedase constituida como una más de las establecidas con este nombre en el Antiguo Régimen. Incluso fue proyectada obedeciendo el mandato de Fernando VII que, antes de partir hacia Bayona, había firmado un decreto autorizando al Consejo Real a convocarlas, a efectos de "propiciar arbitrios a la defensa del reino y para lo demás que pudiese ocurrir". Sin embargo ofreció una novedad: en lugar de reunirse por estamentos, conforme al sistema tradicional, solo se formó en base a la representación de ciudades y provincias, dejando al margen la representación estamental de la nobleza y del clero. No era lo previsto, o sea lo establecido por la Junta Suprema Central, que intentó el establecimiento de dos cámaras, juntándose en una la nobleza y el clero, pero para obviar trámites o por premeditados designios, se bloqueó el decreto de convocatoria de los mencionados estamentos.

Las instrucciones que llegaron a las Baleares establecían que el conjunto de las islas estuviese representado por cinco diputados, dos más que en las Canarias, o la isla de Cuba, representadas por 3, pero bastantes menos que en otros territorios, como era el caso de Andalucía, con 50 diputados, Castilla con 35, Cataluña con 32 o el virreinato de Nueva España con 21. El número de representantes se estableció en relación a la población de cada antigua provincia o virreinato de la Monarquía, no dejando de surgir protestas al respecto.

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Promulgación de la Constitución de 1812, por Salvador Viniegra

En las Baleares, la Junta Suprema Provincial, recibidas las instrucciones, inició los trámites para la elección de unos compromisarios que a su vez debían elegir los diputados. Desde un principio los menorquines, según lo expuesto por Ferrer Flórez, manifestaron su oposición a sentirse representados. Alegaron que si, como se suponía, las Cortes eran convocadas para recabar impuestos, ellos, exhaustos de recursos, no tenían por qué participar. Así las cosas, el 28 de agosto de 1810, la asamblea de compromisarios, reunida en el Ayuntamiento de Palma, eligió cuatro diputados por la isla de Mallorca y uno por la de Eivissa. Por Mallorca: el canónigo Antonio Evinent, que tras renunciar al cargo fue sustituido por el obispo de la diócesis, Bernat Nadal y Crespí, personalidad de amplio bagaje intelectual, adscrito al liberalismo político, presidente que sería de la comisión redactora del texto constitucional (la famosa Constitución de Cádiz, que por primera vez estableció que "la soberanía reside esencialmente en la nación", aunque al promulgarse se hiciera en nombre de un Dios reconocido como "autor y supremo legislador de la sociedad"); el no menos liberal Guillem Moragues y Rullán, destacado abogado, también de ideas avanzadas, que llegaría a preconizar la creación de una cátedra de economía política en nuestra Universidad, Oidor de la Real Audiencia y años después Jefe Político de las islas; el aristócrata Josep de Salas y Boxadors, capitán de navío y caballero de la Orden de San Juan, situado en el sector moderado de la cámara; y el clérigo Antoni Llaneras y Amengual, el representante de talante más conservador, rector de la parroquia de Sant Nicolau de Palma, que se distinguiría por su encendida oposición a la libertad de imprenta y a la disolución de la Inquisición. Por Eivissa su representante sería Josep Ribas, rector de la parroquia de Sant Josep, vinculado al obispo ilustrado Eustaquio de Azara y a Miguel Cayetano Soler en sus planes de mejora realizados en la isla. Como suplente por Mallorca sería elegido el canónigo Sebastián Socías, y por Eivissa Mariano Balanzat, de la misma familia que Luís Balanzat, combatiente durante la guerra, que ascendería a mariscal de campo bajo el reinado de Isabel II.

Bernat Nadal i Crespí
Bernat Nadal i Crespí, Obispo de Mallorca

Pese a que en la representación balear descubrimos tres clérigos, hemos de recordar que no actuaban en representación de su estamento, sino como ciudadanos de las islas. Precisamente, si analizamos la composición de aquella magna asamblea, que en su sesión inicial, por los avatares bélicos, sólo contó con 102 diputados, pero que en su sesión de clausura contaría con 223, observamos que más de un tercio eran gentes de Iglesia (noventa) – según lo expuesto por Fernández Almagro – con una notable presencia también de hombres de leyes (sesenta), mientras que el resto se repartía entre intelectuales burgueses, funcionarios y militares.

Respecto al protagonismo de los representantes de las Baleares, digamos que ninguno estuvo entre los grandes protagonistas, ni tan siquiera entre los que más intervinieron en la magna asamblea, en la que los asturianos se llevarían la palma, con Agustín Argüelles y José María Queipo de Llano (Conde de Toreno) a la cabeza, y en donde incluso los catalanes, pese a excusarse por su peculiar dominio del castellano, actuaron con gran ardor y brillantez, en particular Lázaro Dou, Aner de Esteve y Antoni Capmany. Sin embargo constan las intervenciones de los mallorquines Nadal y Llaneras, cada uno desde sus respectivas opciones, liberal y conservadora. De Nadal, algunos autores sostienen –como es el caso de Miquel dels Sants Oliver– que fue suyo el discurso preliminar a la presentación del texto constitucional, que pronunciaría Argüelles. Otros nos permitimos pensar en la influencia de Martínez Marina. Sucede además, curiosamente –vale la pena anotarlo– que si las intervenciones de los catalanes aparecían dirigidas a la defensa de los intereses propios de Cataluña, como sucedió en el caso de la discusión de la división provincial, o en los debates sobre la unificación del Derecho al objeto de crear una codificación uniforme para toda la monarquía en lo civil, penal y mercantil (art. 258 de la Constitución), los mallorquines se distinguieron claramente en defensa de presupuestos ideológicos generales, compartidos con los de su respectiva facción a nivel nacional. Distinto sería el caso del ibicenco Ribas, preocupado –como nos precisará su biógrafo Josep Marí– por las negativas consecuencias de la concesión de prebendas eclesiásticas en la isla, por la mejora de su sistema judicial y por la supresión de los señoríos jurisdiccionales.

¿Estarán algún día en Internet las pinacotecas de las instituciones de Baleares?

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