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Conmemoración 1808: acontecimientos en Mallorca

fabian | 07 Maig, 2008 17:16

El día 1 de mayo, el periódico Diario de Mallorca publicó un suplemento dedicado a la conmemoración del 2 de Mayo de 1808. Hay en él una serie de artículos que me resultaron muy interesantes, de los que en años anteriores recortaría y guardaría en una carpeta. Reproduzco aquí el siguiente:

2 de mayo de 1808. Protagonista: el pueblo

por D. Miguel Ferrer Flórez
Catedrático de Historia

Una nota característica del levantamiento que dio origen a la Guerra de la Independencia (1808-1814) es la parte activa y espontánea que en ella tuvo el pueblo, quien supo aunar la recuperación del valor de la defensa de su patria con el odio a los franceses, e incluso emprender la necesaria reforma de las instituciones para crear un estado capaz de hacer frente al futuro del país.

exposición

En Mallorca, esta iniciativa popular ya se había manifestado en el malestar creado por la aplicación de medidas abusivas, en el pago de impuestos, lo que provocó desórdenes en Muro, Sineu, Llubí, Sa Pobla, Andratx y Bunyola, pero sobre todo en Palma donde el pueblo desató su ira contra los miembros de la familia del ministro Miguel Cayetano Soler que ocupaban cargos importantes a nivel provincial y cuya ostentación a veces resultaba insolente. Los ultrajes, insultos y hasta acciones violentas contra ellos motivaron la intervención de las autoridades.

Al iniciarse en Madrid el movimiento popular del 2 de mayo tuvo su repercusión posterior en Mallorca. Ante la presión general concretada en los ataques virulentos a la numerosa saga de los Soler y ante los ataques a Godoy ridiculizado en público desfile, se formó la Junta Suprema Gubernativa del Reino de Mallorca de la que formaron parte la autoridades y otras personas destacadas. Algunas de éstas no agradaron al pueblo que manifestó su descontento contra José de Elola y Nicolás Cava que habían propuesto reprimir al pueblo en sus manifestaciones; lo mismo hizo con el Vizconde de Fontagne y el canónigo Marcos Ignacio Rosselló. Más adelante el pueblo manifestó su desagrado por la presencia del general D. Juan O’Neille y D. Miguel de Victorica, representante de la Inquisición que, junto con los anteriores, tuvieron que abandonar la Junta Superior

Al evolucionar los acontecimientos y extenderse la guerra, el pueblo tomó conciencia de la nueva situación a lo que contribuyó la llegada de los primeros refugiados procedentes de la península. En el mes de julio de 1808 se creó la Junta de Guerra con el fin de aunar el esfuerzo común para hacer frente a los franceses y fue tal el entusiasmo popular que se crearon numerosos cuerpos de fuerzas armadas de las que formaron parte elementos del pueblo masivamente dirigidos por una oficialidad procedente del cuerpo de Milicias Provinciales o del ejército regular. Recordemos el Regimiento de Voluntarios de Palma (creado por el Marqués de Vivot), la Compañía de Caballería (por D. Miguel Santandreu y otros ocho ciudadanos), los Cazadores Voluntarios de Palma (por D. José Amer de Troncoso, junto con otros caballeros), la Compañía de Infantería (por D. Juan Oliver), la Compañía de Voluntarios (por D. Antonio Colom). En total se crearon ocho cuerpos de voluntarios algunos de relevancia menor. Todo ello sin menoscabo de los elementos que entraron a formar parte del ejército regular o de los cuerpos promocionados por el Estado para el esfuerzo de la guerra, como fueron las Milicias Provinciales, las Milicias Urbanas, las Milicias Urbanas Forenses y las Milicias Honradas. Mención aparte merece la aportación que se prestó en la formación de la División Mallorquina o de Whittingham, en la que el segundo jefe era el Marqués de Vivot y en cuya oficialidad figuraban jefes y oficiales mallorquines aparte de la tropa reclutada al efecto.

Otro capítulo lo constituye la aportación de donativos procedentes de las clases altas o de empresas comerciales, algunos de gran cuantía (la casa de Canut y Mugnerot entregó 40.000 reales de una vez y otros 2.000 mensuales), mezclados con otros muchos, unos curiosos, como el de proporcionar vestuario para las numerosas tropas que corrió a cargo de los judíos conversos (los individuos llamados de la calle). A ellos hay que añadir los cedidos por todo el pueblo para hospitales, singularmente el de Tarragona, que en su conjunto representaron una gran ayuda concretada en la entrega de ropa y otros enseres.

grabado Ayuntamiento

El odio a los franceses estuvo tan extendido que constituye una nota característica de la vida en aquellos azarosos años. En Mallorca hay dos períodos de relieve especial en este orden que corresponden a los años 1809 y 1812. En el primero se tomaron providencias respecto a los franceses residentes en Mallorca, unos residentes por motivos comerciales desde hacía años y otros inmigrados huyendo de los estragos de la Revolución Francesa, aparte de los prisioneros franceses que fueron remitidos a la Junta Superior de Mallorca para su custodia. Hubo incidentes promovidos por el pueblo contra prisioneros que estaban en la Torre del Angel, contra casas comerciales de origen francés, como la razón Canut y Mugnerot, y contra los franceses en general, cuyo censo se realizó como elemento de control. Otros escándalos fueron promovidos por los capitanes Antolín Requilón y Félix Merino que derivaron en luchas callejeras. En 1812 la aversión a Francia se puso de manifiesto en una campaña que llegó a extremos como el de prohibir los matrimonios entre hombres y mujeres de ambos países y en expresiones aparecidas en algún diario alguna de este tenor: Maldito sea el nombre francés, odio inextinguible a la Francia.

Otra nota característica se encuentra patente en las diatribas periodísticas seguidas por el pueblo con entusiasmo clamoroso, interviniendo a favor de la ideología liberal o en su contra, defendiendo el antiguo absolutismo. Estas tensiones provocaron hechos revolucionarios cuando se decretó la extinción del Tribunal de la Inquisición que ocasionó los graves incidentes del 30 de abril de 1812, o por el contrario manifestaciones a favor de la Constitución de 1812.

La misma iglesia no permaneció indiferente en estas cuestiones. El Obispo de la diócesis Bernardo Nadal y Crespí, hombre de clara tendencia liberal, instó a la lucha contra los franceses entre los elementos jóvenes del clero que gobernaba, cuya mayoría era de tendencia absolutista, sobre todo en las órdenes religiosas. Además cedió edificios para instalaciones militares en varias ocasiones.

La participación masiva del pueblo en los incidentes de la política y la guerra crearon un clima propicio para que el pueblo defendiera o reprobara las tendencias liberales o absolutistas y de esta forma las generaciones posteriores surgidas en este ambiente, intervinieron directamente en las opciones políticas de los años subsiguientes. Cuando el liberalismo toma cuerpo e inicia su consolidación, la masa de la población determinará cada vez con más insistencia la defensa de sus posiciones en la vida de Mallorca y, unas veces con acierto y otras no, provocará que la vida política se desarrolle según su aprobación y consenso.

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