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Situación naval en las Baleares en 1808

fabian | 08 Maig, 2008 17:27

El día 1 de mayo, el periódico Diario de Mallorca publicó un suplemento dedicado a la conmemoración del 2 de Mayo de 1808. Hay en él una serie de artículos que me resultaron muy interesantes, de los que en años anteriores recortaría y guardaría en una carpeta. Reproduzco aquí el siguiente:

Inglaterra en la Guerra de la Independencia

por D. Luís Alejandre Síntes
General de Ejército

No es fácil resumir la serie de guerras y alianzas que sacudieron España tras la muerte de Carlos III, en 1788.

Alternativamente fuimos firmando alianzas con Francia o con Inglaterra, las potencias que nos sustituirían tanto en Europa como en los mares. Superados los Pactos de Familia borbónicos, luchamos con desigual suerte contra la Convención francesa, luego con la República. Con el Directorio firmamos un "acuerdo a perpetuidad" contra Inglaterra, lo que nos costó la destrucción de la escuadra del almirante Córdoba en San Vicente y la pérdida –por tercera vez en el siglo –de Menorca. Luego cederíamos la Louisiana y la isla de Trinidad cuando en 1802 vivimos el espejismo de Amiens, la paz firmada por Francia, Inglaterra, Holanda y España.

Un año después ya estábamos nuevamente en guerra con Inglaterra, lo que nos conduciría al desastre de Trafalgar, un 25 de octubre de 1805. Al comprender Napoleón que no podía colapsar el comercio inglés en la mar, decidió el bloqueo continental de sus puertos, y la consiguiente quiebra de su actividad comercial. La expedición del Marqués de la Romana a Jutlandia y la autorización para el paso de tropas francesas por nuestro territorio, con destino a los puertos atlánticos de Portugal, obedecen a este plan.

En España, el motín de Aranjuez (marzo de 1808) ya anticipa un clima de crispada preocupación de parte de la sociedad española. Después, llegan las primeras noticias sobre las vergonzosas abdicaciones de Bayona y la proclamación de José I como Rey de España, y estalla el 2 de mayo. Con estos antecedentes, tres Juntas provinciales autodenominadas "supremas" que emergen tras el vacío de poder que representa Bayona, envían representantes a Londres en petición de ayuda militar para luchar contra nuestro –oficialmente– aliado Napoleón: José Mª Queipo de Llano, futuro Conde de Toreno, y Andrés Ángel de la Vega, que luego presidirá las Cortes de Cádiz, representan a la Junta Asturiana que, como en Covadonga, se anticipa a otras regiones.

Galicia y Sevilla también mandan representantes. Uno de ellos, el Almirante Juan Ruiz de Apodaca, se convertirá en el primer embajador español ante la corte de Jorge III. Las gestiones de los asturianos con George Canning, Secretario del Foreing Office, dieron sus frutos. El 3 de julio de 1808 llegaban al puerto de Gijón dos cargueros escoltados por una fragata con 600 toneladas de material de guerra. La orden de envío procedía del War Office y llevaba fecha del 16 de junio. Entre el material, Inglaterra mandaba 12 cañones de 3 libras, 12 obuses del mismo calibre, 10 cañones ligeros de bronce, 1200 espadas de nuevo modelo, un millón de cartuchos para fusil francés y otras tantas piedras de chispa.

Dos editoriales del Times de los días 9 y 10 de junio habían influido favorablemente en la opinión pública. Porque estamos hablando de decisiones y envíos de armamento a un país oficialmente en guerra con Inglaterra. Sería el 4 de julio cuando el gobierno tory del duque de Portland decretaba el cese de hostilidades con nuestro país, levantaba el bloqueo de sus puertos y la libre admisión de buques españoles en los suyos.

En el sur de España, Castaños y el Gobernador de Gibraltar pactaban también las concentradas en Cork para reiniciar aventuras de apoyo a movimientos independentistas en nuestra América, cambiaban sus objetivos estratégicos. Los enemigos pasábamos a ser amigos.

cementerio
Cementerio inglés en Mahón (Menorca)

También el Times contribuiría en crear un ambiente favorable hacia este cambio de política. Durante seis años Inglaterra apoyará a las Juntas provinciales, luego a la Central, a la Regencia y acabará apoyando a las Cortes de Cádiz. Se distribuyeron subsidios en metálico, en forma de letras del tesoro, y toda clase de pertrechos y armamento. Se viste y calza a unidades, se arman grupos de guerrillas desde la costa, se protegen por mar las Baleares y Madeira, se fortifica Cádiz, la Isla de León, Tarifa y Cartagena con fondos ingleses. A la vez, también, se desartillan los fuertes españoles que pueden batir Gibraltar. Se financia la formación de un ejército de maniobra de 100.000 hombres para integración en la fuerza aliada que manda Wellington. Se financia la creación de fuerzas de reserva, entre las que particularmente destaca la División Whittingham o Mallorquina, a partir de 1811. Investigaciones modernas evalúan en cerca de diez millones de libras esterlinas lo invertido por Inglaterra en aquellos seis años de guerra. Se analizan tanto los archivos del War Office como los del Audit Office, que resumió las aportaciones en 1824. Hay conocimiento de las partidas que regularmente abonaba España en forma de pagos en plata equivalentes a los importes adeudados y, seguramente, en estos años surgirán estudios críticos y análisis minuciosos que expongan todo lo que representó la aportación inglesa a la derrota de Napoleón en la Península y en Europa.

Obligados estamos a reconocer, como deuda de gratitud, la aportación inglesa y, desde luego, no sólo la evaluada en partidas presupuestarias. Se estima en 10.700 las bajas británicas en combate y 23.200 las habidas por enfermedad o a consecuencia de heridas. Existe, por tanto, una impagable deuda de agradecimiento no solo por el sacrificio en vidas humanas, en enfermos y heridos, en tiempos alejados de las familias, en condiciones de vida duras, en transportes marítimos malsanos.

maqueta
Maqueta de galeón francés en la exposición del bicentenario

Solo un pueblo como el inglés, que ha demostrado tener líderes y soldados con voluntad de hierro, era capaz en aquel momento de enfrentarse a Napoleón. Por supuesto, hay un enorme coste español, el de mayor esfuerzo y sacrificio.

Pero, nobleza obliga, dejemos constancia del insustituible apoyo de Inglaterra a la causa de nuestras libertades, en estas fechas conmemorativas.

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