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Los paisajes de John Ulbricht

fabian | 14 Juny, 2011 18:41

No hace muchos días publiqué el artículo De John Ulbricht: elementos, refiriéndome en él a esos cuadros de grandes dimensiones en que pintaba algún elemento sencillo, unas lechugas, unos ajos, unos rabanitos ... Hoy abro esa página y le añado otra que hace referencia a los paisajes que pintó. John Ulbricht nació en Cuba, en La Habana en 1926. A los cinco años su familia se traslada a Chicago donde estudia Arte. En 1950 se casa con Angela Von Neumann; viven en México, Denver y en 1954 vienen a España y deciden ya fijar su residencia. Lo hacen en un pequeño pueblo de Mallorca, en Galilea. En el año 2000 el Casal Solleric realiza una exposición de su obra (había expuesto con cierta frecuencia en Galerías de Arte de Palma) y publica el Catálogo de la exposición, libro del que recojo imágenes y algunos textos.Murió en el año 2006

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John Ulbricht: La Sierra - Mallorca (1981), óleo 100*299

Y aquí es cuando mi palabra debe quedar en un segundo plano. De John Ulbricht han escrito grandes artistas de la palabra, ya Azorín, Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura y, por seguir con otro Premio Nobel, Miguel Ángel Asturias. Éste dice que Ulbricht reconstruye el paraíso perdido, "que quede esto de lo que fue el Paraíso". Bueno, después lo transcribiré. Hay varias observaciones que quería apuntar sobre los paisajes que pinta John Ulbricht. La primera es que me parece ver dos etapas en sus cuadros. En los cuadros de las décadas setenta - ochenta Ulbricht parece que se acerca con cierto sigilo al paisaje, no pinta paisajes abiertos, sino rincones, un olivo, una pared de piedra; su trazo es difuminado y su colorido es apagado, casi monocromo. Luego, en los años noventa, Ulbrich ya pinta grandes extensiones con colores vivos, múltiples; su trazo es puntillista y en sus cuadros no aparece apenas el cielo. La línea del horizonte roza el borde superior del lienzo ... ¿es el cielo parte del paisaje? No lo sé, quizá no, quizá sólo sea su margen. Así que en esta época, Ulbricht pinta campos llenos de flores con fondos montañosos; pintor de praderas o campos floridos. Con la mar hará algo semejante: superficie azulada, ¿azulada?; bueno, de muchísimos colores que suman en su conjunto un algo azul.

Hoy pongo sus paisajes; otro día serán sus retratos. Creo que Miguel Ángel Asturias también divide su obra en estos trea apartados: los elementos, los paisajes y los retratos.

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John Ulbricht: Olivo (1980), óleo 250*200

Se perdió el Paraiso para que los artistas lo inventaran y lo inventan. Aquél con su música; el otro con sus versos, y el otro, y el otro. Pero los que más cabalmente cumplen este crear lo que era y dejó de ser, son los pintores, con su pintura o magia fijadora. Y en el caso de John Ulbricht flagrante Es un inventor de paraísos o de fragmentos de edenes desaparecidos. Fue y vino a través de escuelas que le dieron una gran posibilidad técnica, hoy al servicio del más apasionado buscarse a sí mismo y a lo largo de esta búsqueda, sorprender el mundo milagroso de la forma, el volumen, el color, no con los ojos, sino con el tacto Ulbricht da la medida de los que miran con el tacto, tal la plasticidad palpable de su pintura que va al encuentro de la naturaleza que se nos escapa, tan instantes del todo son el color, la figura, la combinación de matices. los hijos de la luz. Oué de más amorosamente autentico que este desvelo con los ojos cerrados y las manos buscando mundos ocultos, universos perdidos, realidades irreales, lo que la arista de la piedra tiene y el filo de la hoja esconde, sin llegar a la gema ni a la flor, contentándose humildemente con la antesala de ese Paraíso que se perdió y que él, Ulbricht va reinventando, reconstruyendo. intuitivamente, lúcidamente, en ejercicio enloquecido por la premura de salvar las cosas de la desaparición, de la oscuridad.

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John Ulbricht: Paisaje (1985), sanguina y carbón sobre papel 50*65

Tocad a rebato. Llamad a los bomberos para que apaguen la oscuridad, la tiniebla que lo devora todo con sus llamas negras. Mientras tanto, hay que pintar, hay que dibujar, que al menos quede esto de aquello que fue el Paraíso. Frutos en sus cáscaras joyosas, insectos en sus caparazones santuarios, el resuello de la libélula, la espuma de las palomas, la inocencia de lo silvestre, todo lo que no "hace historia", sino vida, en otras palabras, todo lo que rehace el jardin de las delicias. Rebelde, metafisico, Ulbricht sabe que el sedimento, la resaca de los siglos, cruza nuestra piel enajenada, porosa, y nos embebe interiormente de lo que no podemos librarnos, sino expresándolo, y por eso se esfuerza en traducir, para delicia de los ojos, agrandándolo, aquello que el común de los mortales, miopes de nacimiento, no alcanza a ver. esos pequeños milagros de una corola de gotas luminosas retenidas en una rama, al salir el sol, como si hubiera árboles que produjeran flores de cristal de roca, o bien aquel verdilagoso batracio tan estricto en sus camisas de esmeralda, o las abstractas líneas de algunos de sus cuadros, líneas de las que se desprenden, líquenes sean sueños, ataviados personajes de cuentos de fantasía. Nada es real, por mucho que el pintor se esfuerce, creámoslo así, por hacer palpable, manejable lo que pinta, por hacer comestibles sus frutos, respirable su universo, todo en la vecindad sin vecindades de su encontrado Paraíso, en la niebla húmeda del principio del mundo.

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John Ulbricht: Na Bauçana (1991), óleo 150*150

Y la brujería de sus retratos, intensos, luminosamente pálidos, como alumbrados por el fulgor de una explosión atómica, en la que la persona desaparece y queda el personaje, su cara, sus facciones, su figura, su gesto, en una nueva luz. Es una nueva luz la de estos retratos, una luz paralizante de átomos de ámbar en explosión de sueño, que nunca se vio antes. El sortilegio. La sensación de que alrededor de estos retratos no existe nada, porque nada quedó después de la explosión atómica. El mutismo total de las arenas. La soledad del viento. La orfandad de la tierra. Los pinceles como péndulos que destilan colores de un tiempo nuevo que comienza ahora. Alguien llama. Nadie oye. Una nueva luz. Celebrémosla en estos retratos y en estas pinturas de John Ulbncht. pintor que con fragmentos de naturaleza viva está inventando de nuevo el Paraíso.

Miguel Ángel Asturias París. Marzo, 1972

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John Ulbricht: Valle amarillo (1993), óleo 146*146

Alquimistas del establo: Willi Baumeister (en la Fundación Juan March)

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John Ulbricht: Paisaje lila y verde (1998), óleo 100*200

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John Ulbricht: Paisaje (2000), óleo 120*185

Bueno, pues ya está bien. Otro día: los retratos.

Comentaris

Derechos de Autor

Paula Jiménez de Parga | 02/12/2014, 16:02

Buenas tardes:

Tendríamos mucho interés en conocer quien representa los derechos de autor a favor de John Ulbricht.

Gracias por su colaboración,

VEGAP: Visual Entidad de Gestión de Artistas Plásticos
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