fabian | 28 Setembre, 2005 17:12
Con cierta impaciencia recorro el dial de la radio en busca de alguna música que me atraiga. Hay horas en que la búsqueda se hace exasperante sin hallar ningún tipo que me contente. Imprevistamente, como casi siempre, surge algo. ¿Piano o pianoforte? me pregunto. Es igual, la tonada es bella, tiene encanto, posiblemente ... Bach. ¡Esta maldita necesidad de nombrar y clasificar! Dulzura, sencillez en estos días en que desde Alicante transmiten obras átonas, ¡cuán pocas son las que llego a escuchar enteras!
El próximo año será el centenario de la muerte de Pere d'Alcàntara Penya. Pregunto a un profesor si cree que llegará a poder estar en Internet la parte principal de su obra. Lo dudo - me responde -, su catalán no era normalizado, por lo que estará en la lista de los olvidados o malditos. Si no ponen sus obras en Internet, ¿para qué sirven las celebraciones?, me pregunto. Bah, cosas de la tierra.
Con cierta impaciencia recorro el dial de la radio Internet en busca de alguna música algo que me atraiga, que pulse en mi curiosidad. Imprevistamente, como casi siempre, surge algo:

Estatuilla de la colección Despuig en el Castillo de Bellver
Extrañas palabras. Las encuentro en una carta de Juan Varela a Rubén Darío. Juan Varela ayudó a que Rubén Darío fuera conocido y entre ellos intercambiaron alguna correspondencia. De Juan Varela podemos escuchar en Cervantes Virtual algunas prosas como el Pájaro Verde y otras.
Tiene usted otra composición, la que lleva por título la palabra griega Anagke, donde el cántico de amor acaba en un infortunio y en una blasfemia.
[...]
Yo despierto a los pájaros parleros
y entonan sus melódicos cantares;
me poso en los floridos limoneros
y derramo una lluvia de azahares.
Yo soy toda inocente, toda pura.
Yo me esponjo en las ansias del deseo,
y me estremezco en la íntima ternura
de un roce, de un rumor, de un aleteo.
¡Oh inmenso azul! Yo te amo. Porque a Flora
das la lluvia y el sol siempre encendido;
porque siendo el palacio de la aurora,
también eres el techo de mi nido.
¡Oh inmenso azul! Yo adoro
tus celajes risueños,
y esa niebla sutil de polvo de oro
donde van los perfumes y los sueños.
[...]
La carta es larga y está fechada el 28 de octubre de 1888. Posteriormente Rubén Darío añadiría algunas de estas cartas en el Prólogo de Azul.
Yo necesitaría esa paloma que despierta a los pájaros parleros para que entonen sus melódicos cantares.
fabian | 28 Setembre, 2005 14:11
En el título he escrito los sellos y está mal. Debiera haber puesto "las imágenes de los sellos" y tampoco estaría bien. Correos nos cuenta que esta encina se llama La Terrona y que está en Cáceres. Se estima que su edad está entre 800 y 1000 años y es una de las mayores encinas existentes ya que mide 16,4 metros de altura.
La serie árboles apareció en el año 2000 con encina y pino, y fue continuada en años sucesivos con haya y olivo, sabina y olmo y ficus y roble
- Bien, ¿y qué? ¿Para qué todo esto?
- Pues..., no sé, para nada. Es una manera de matar el tiempo.
Hoy día tenemos una gran profusión de imágenes. No ha sido siempre así. Las artes gráficas hace 40 o 50 años apenas podían reproducir el color. No había televisión. Los periódicos publicaban pocas imágenes y sólo en blanco y negro. Quizás por ello entonces llamaban la atención los sellos.
- Sí, pero ahora, ¿no son inútiles? Además, tan pequeños.
El mantón, una prenda de adorno femenino originaria de China, que se introdujo en Manila en el siglo XVI, está elaborado con piezas de seda bordada y fue llevado por comerciantes españoles a nuestras colonias americanas de México, Guatemala y Perú. A finales del siglo XVIII su uso se extendió por algunas ciudades de Estados Unidos como California, Boston y Filadelfia. Un siglo después en España se popularizó y fue muy usado como pieza de abrigo o complemento de vestir, como veremos a través de la pintura costumbrista de la época, por cigarreras, modistillas y violeteras e incluso por mujeres de la aristocracia. Desde nuestro país, esta prenda de adorno femenino logró extenderse por Europa donde, dependiendo del uso y gusto, se fue transformando. Es por ello que aquel originario mantón chino llamado mantón de Manila, de seda y bordado, plagado de pequeños motivos florales orientales, una vez introducido en España, adoptara en su diseño elementos ornamentales y coloristas propios de la flora autóctona española y de aquellos otros países europeos en los que consiguió popularizarse. Otra característica que también contribuyó a la transformación sufrida por el mantón fueron los adornos de flecos cortos añadidos y tejidos con la propia tela. Flecos que posteriormente pasaron a ser más largos y se tejían aparte, siendo pegados de manera que no se apreciaran las puntadas y juntas de estos con la tela.
El mantón, conocido en España popularmente como de Manila, es en la actualidad una pieza selecta del vestuario femenino que se destina a ser lucida en grandes solemnidades. Sirvan como ejemplo de aporte de elegancia, de su variedad y belleza los que ahora se reproducen en estos sellos que ilustran fragmentos de cuadros de la pintora Soledad Fernández.
Según las estadísticas, la mujer lee entre un 14 y un 15 por ciento más que el hombre; una dato revelador y significativo que pone de manifiesto el avance cultural de la mujer en la sociedad española [...] Si a principios de 1900 España era un país de analfabetos, esta cifra se elevaba considerablemente al tratarse de la mujer, ya que el 71 por ciento no sabía leer ni escribir. [...] La lectura va unida a la educación, y ésta fue el motor de cambio en la mujer cuando se logró que en el primer tercio del siglo XX se igualara la escolarización primaria entre hombres y mujeres, y que se incrementara notablemente el número de estudiantes femeninas en enseñanzas medias. Datos de última hora apuntan que las mujeres matriculadas en la Universidad superan en varios puntos a los hombres.
Una o dos veces al año visito Correos y leo la información sobre los sellos aparecidos en ese tiempo. Recojo las imágenes de los sellos y sus enlaces y los pongo en la colección de sellos de la web del instituto.
Posiblemente sea un acto válido sólo para mí, una reminiscencia de otros tiempos en que la imagen se intentaba utilizar como información en sí misma, no como un elemento gratuito ajeno a todo texto e información. Conseguir imágenes entonces era difícil y caro. Hoy ¿nos sobran las imágenes?
En el sello de 0,27 euros se estampa un reloj de sobremesa del siglo XIX que se conserva en el Palacio de la Almudaina, en Palma de Mallorca. Está realizado en bronce dorado y la esfera del reloj es de porcelana. Sentada sobre el plinto de la esfera aparece la musa de la poesía épica Calíope, que se la representaba como una doncella provista de una tablilla y estilete o un rollo de papiro en la mano.
He utilizado imágenes de sellos aparecidos entre enero y mayo del 2004.
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