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El largo camino hacia la Botánica

fabian | 11 Octubre, 2006 18:15

Gabriel García Márquez creó en su obra un pueblo llamado Macondo. Este nombre lo recogió del nombre de una planta llamada cavanillesia macunda que fue descrita por un científico llamado Antonio José de Cavanilles (1745 - 1804).

Hoy, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha abierto la Biblioteca Universitaria. Utiliza esta biblioteca el Sistema Decimal de clasificación de obras que es bastante útil para explorar qué hay en esta biblioteca. He elegido el punto 5 dedicado a Matemáticas y Ciencias Naturales y, ya en él, el punto 58 dedicado a Botánica.

Dos obras hay en él. Una en facsímil en la que no he entrado y otra en texto normal, titulada Dos noticias históricas del inmortal botánico y sacerdote hispano-valentino don Antonio José Cavanilles de Antonio Cavanilles y Centi, nieto del científico y quien leyó en junio de 1841 un largo discurso que me ha resultado más que interesante del que copiaré bastantes párrafos.

He de decir que, antes de llegar al discurso he estado leyendo varias historias de los naturalistas que cita y que fueron a América para estudiar las plantas que encontraran y que regresaron con muchísimas plantas entonces desconocidas y con estudios y dibujos sobre ellas. Toda esta parte del Descubrimiento no nos la cuentan en los centros de enseñanza y es en verdad apasionante.

Jardín botánico
Jardín botánico de Lluc

Noticia histórica de D. Antonio José Cavanilles

[...]

Los vegetales sembrados, al parecer sin orden, por la mano del Omnipotente, ocupan todo el ámbito de la tierra, el seno de los ríos, la profundidad de los mares. Nacidos para utilidad del hombre, satisfacen el mayor número de sus necesidades. Las flores que nos adornan, los frutos que nos regalan, el lienzo que nos abriga, el pan que nos alimenta, ¿qué son sino producciones del reino vegetal? Y el papel en que expresamos nuestras ideas y cuyo descubrimiento mudó el aspecto de las ciencias, ¿a qué otra clase pertenece? Las naves que condujeron a Colón y Magallanes fueron antes elevados robles, gala y adorno de las montañas, y las velas que las movían, ¡bajo cuán distinta forma crecieron en nuestras llanuras!

La Botánica es la ciencia que enseña el conocimiento de los vegetales: su cultivo, sus propiedades, sus usos en la economía y en las artes, no pertenecen ya a esta ciencia, aunque tienen con ella relaciones muy inmediatas. Estos diversos ramos del saber no pueden ser adquiridos sin el conocimiento de la Botánica, del mismo modo que no se pueden aprender las ciencias físicas sin el auxilio de las matemáticas.

Este importante ramo de las ciencias naturales gimió al principió en la obscuridad. Casualidades felices hicieron conocer las virtudes de algunas plantas y se dirigieron los hombres al estudio práctico de ellas. Mas los errores sofocaban las verdades y, por cada descubrimiento cierto, había un número crecido de ensueños y quimeras. Unas plantas servían para facilitar la memoria, otras protegían los amores, otras, en fin, queridas de Pluto, servían para las predicciones y los conjuros. Teofrasto (Anotación 2) y Dioscórides (Anotación 3) entre los griegos, y Plinio (Anotación 4) entre los romanos, descollaron en esta clase de estudios, mas Dioscórides sólo menciona seiscientas plantas, y Plinio unas mil tratando de sus aplicaciones a la Medicina y al arte mágico. Los genios más ilustres, los favoritos y predilectos de Flora, sólo conocían un corto número de vegetales, después de haber empleado en su estudio todo el curso de su vida. Y no podía menos de ser así: carecían de un sistema que los guiase, no habían dividido en secciones tan inmenso campo, no habían observado separadamente cada uno de estos grupos, y sólo conocían individuos separados, sin orden ni conexión alguna. Semejantes a los chinos, morían sin haber aprendido su alfabeto.

La ciencia, pues, no existió hasta que nacieron los sistemas: se conocían, es cierto, hechos aislados; pero faltaba el hilo de Ariadna y era impenetrable el laberinto. La Agricultura había hecho, grandes adelantos porque es una ciencia experimental, y desde Columela (Anotación 5), que nos conservó el cultivo de los romanos, hasta Herrera (Anotación 6), que nos enseñó el de los árabes (Anotación 7), hizo cuantos progresos eran posibles, teniendo que luchar a cada paso con los obstáculos de una viciosa legislación. Empero, la verdadera Botánica no debemos buscarla hasta los últimos siglos.

[...]
Baitar, o Ebn el Beithar (Anotación 9), célebre médico árabe, natural de Málaga, escribió una obra sobre las virtudes de las plantas. Este autor, que murió en 1216, herborizó en su patria y en otros países, lo que me hace creer que los árabes conocieron los huertos secos o herbarios, que tantas ventajas reportan a la ciencia.

[...]
Arnaldo de Vilanova (Anotación 11) escribió De virtutibus herbarum. Este ilustre valenciano, que floreció en el siglo XIV, y que los franceses trataron de hacernos creer que pertenecía a su nación, fue un hombre general en toda clase de ciencias.

En el siglo XV nada hallo escrito (Anotación 12) sobre esta facultad en España. [...]

Mas en el siglo XVI vemos ya el lujo científico: escuelas, jardines, viajes botánicos, descripciones y láminas exactas, y admiramos las tentativas de clasificación de Gesnero (Anotación 13) y Cesalpino (Anotación 14). Los adelantos de las letras, los estudios físicos, las noticias del Nuevo Mundo y de sus admirables producciones, inflamaron el ánimo de los sabios españoles. Gonzalo Hernández de Oviedo (Anotación 15), oriundo de Asturias y nacido en Madrid por los años de 1478, publicó en 1526 la Historia natural y general de las Indias, describiendo sus vegetales. Juan Jarava (Anotación 16) publicó en 1557 su Historia de las yerbas y plantas. En 1560 murió en Segovia, su patria, Andrés Laguna (Anotación 17), dejando la traducción de la obra de Dioscórides, ilustrada con anotaciones y con las figuras de innumerables plantas exquisitas y raras. Esta traducción, publicada en 1586, fue hecha en el mismo sitio donde estuvo la quinta Tusculana, propia de Cicerón y célebre por varias de sus obras. Laguna tiene el mérito singular de haber llegado a conocer la fecundación de las plantas.

Nicolás Monardes (Anotación 18), el portugués Cristóbal da Costa (Anotación 19) y los jesuitas Cobo (Anotación 20) y Acosta (Anotación 21), describen también los vegetales de América. Empero, ninguno alcanza la celebridad del toledano Francisco Hernández (Anotación 22), amigo íntimo de Ambrosio de Morales y médico de Felipe II. De orden y a expensas de aquel Monarca, que fundó en Aranjuez el primer huerto botánico que existió en España (3) y que por esto y su protección a Hernández mereció bien de la ciencia, fue a examinar las producciones naturales de América. Mil doscientas plantas tenía pintadas cuando le vio el padre Acosta en Méjico. Constaban sus trabajos de diez y siete tomos dedicados a Felipe II; mas la muerte de Hernández, la quema de la Biblioteca de El Escorial en 1671, y más que todo la mala estrella, compañera siempre de nuestras grandes cosas, hizo que se extraviasen muchos de sus trabajos y que otros luchen, inéditos, con el polvo de las bibliotecas, perdidos para la Nación y para la gloria del autor. Francisco Jiménez publicó en Méjico una parte de las noticias de Hernández. Antonio Reccho dio a luz en Roma, por orden del mismo Rey, dos tomos con el título Francisci Hernández rerum medicarum Novæ Hispaniæ thesaurus. El célebre D. Juan Bautista Muñoz descubrió en la Biblioteca del Colegio Imperial de San Isidro siete tomos de las obras de Hernández, anotados por el autor; parte de ellos fueron publicados, por el laborioso Don Casimiro Gómez Ortega (Anotación 23), en tres tomos en cuarto. Mas estos trozos, dando a conocer el mérito de Hernández, acrecientan la pena por la pérdida de la obra. Y ¿cómo pasar en silencio a Benito Arias Montano (Anotación 24), que, en la tercera parte de su Historia naturæ, ilustró las plantas de que habla la Sagrada Escritura, siguiendo el sistema de Cesalpino, y manifestó sus grandes conocimientos botánicos? ¿Cómo no mencionar al toledano Lorenzo Pérez (Anotación 25), que viajó por Italia y por Asia y a quien se deben, entre otras cosas, unos índices de plantas en que coloca el nombre latino, el castellano y el adulterado por el vulgo? Y por último, ¿cómo no recordar las obras inéditas de Bernardo Cienfuegos (Anotación 26), natural de Tarazona, que, en siete tomos, existen en la Biblioteca Nacional de Madrid?... (Estante letra L, números 76 y siguientes).

madroños
Los madroños ya muestran sus colores

Concluyó con nuestra fama militar nuestra gloria literaria, y se eclipsó en el siglo XVII, nuestra buena estrella. A la sazón, es cierto, decayó la Botánica en toda Europa y no volvió a aparecer hasta el tiempo de Tournefort (Anotación 27), en 1694. Gesnero, padre de la verdadera ciencia Botánica, había sido el primero que tratara de clasificar las plantas, distinguiéndolas por las flores y sus frutos, sistema mejorado por Cesalpino. Tournefort, siglo y medio después, adelantó esta tentativa de clasificación, señaló los géneros, y redujo a ellos las especies. En sus sistemas, las flores demostraban la clase, los frutos distinguían los géneros, y las hojas y los demás caracteres señalaban las especies. Formó, pues, Tournefort catorce clases, seiscientos setenta y tres géneros y ocho mil ochocientas cuarenta y seis especies.

Empero Linneo (Anotación 28) fue el Legislador de la Botánica. Conoció que se había formado el sistema de Tournefort sobre caracteres variables e incompletos, y publicó en 1755 su Sistema sexual, esfuerzo admirable del entendimiento humano; sistema que no tuvo rival hasta que De Jussieu (Anotación 29) publicó el suyo, de familias naturales, en 1789. Linneo, como todo genio, comprendió en su reforma todas las partes esenciales de la ciencia; clasificación asombrosa, nomenclatura exacta, descripciones acabadas y concisas, todo se encuentra en las obras del Plinio de Suecia, que hicieron una revolución literaria en el Orbe.

Mas, en una de sus obras, hablando Linneo de España, dijo: que su flora era tan rica como desconocida. [...]
Loeffling (Anotación 30), discípulo el más amado de Linneo, vino a España, a sueldo de nuestro Gobierno, en 1751; trató con los que cultivaban entonces la ciencia entre nosotros, y, herborizando en los alrededores de Madrid, formó su Flora Matritense, comprensiva de mil cuatrocientas plantas. Los Ministros Carvajal y Ensenada dispusieron una expedición científica en que Loeffling iba de primer botánico. Se hizo éste a la vela en Cádiz en 15 de Febrero de 1754, con destino a América; herborizó en Canarias, Cumaná y Guayana, y murió en las misiones de Caroní, pueblo situado junto al río de su nombre y en la confluencia del Orinoco, en 22 de Febrero de 1756. Sus dibujos existen en el Jardín Botánico, y Linneo dio a luz con el título de Iter Hispanicum la obra póstuma de su discípulo, dedicándola a Fernando VI. Los demás individuos de la expedición regresaron en 1761, sin haber producido otro resultado.

En 1777 salió de Cádiz otra nueva expedición para el Perú, en que Ruiz (Anotación 31), Pavón (Anotación 32) y Dombey (Anotación 33), iban en busca de tesoros botánicos. Mas, a pesar de haberse incendiado en Chile el herbario y los manuscritos, de haber naufragado en Peniche el buque que conducía los trabajos de los viajeros, se ha dado a luz la Flora Peruana, y hay materiales para adelantar la publicación.

La expedición de Pineda (Anotación 34) alrededor del Mundo, salió de Cádiz en 1789; en ella Don Luis Neé (Anotación 35) iba de primer botánico. El herbario de Neé fue disfrutado por Cavanilles, y el tomo séptimo de sus Icones debía comprender los helechos que recolectó aquel viajero en su larga expedición.

¡Con qué lujo científico se inauguró, pues, la nueva Era! Cada localidad tenía su Flora: Quer (Anotación 36) y Barnades (Anotación 37) publicaron Floras españolas; Mutis (Anotación 38) escribía la de Nueva Granada; Asso (Anotación 39) la de Aragón. En todas partes se formaban huertos botánicos, se dotaban cátedras para la enseñanza, y un Gobierno ilustrado gastaba sus rentas en aclimatar en su país a los sabios extranjeros, y en dirigir a sus colonias expediciones científicas.

[...]

Antonio Cavanilles y Centi: Dos noticias históricas del inmortal botánico y sacerdote hispano-valentino don Antonio José Cavanilles

Un poco largo, quizá, pero muy interesante. El texto sigue reseñando la vida y obra del abuelo científico. Todos los nombres del discurso tienen después una anotación larga con su biografía y obra.Yo he empezado por algunas de estas biografías y me han interesado, luego he descubierto el discurso que ofrece un panorama sobre la historia de la Botánica, incidiendo en los nombres españoles tan desconocidos para nosotros.

Bueno, pues se ha estrenado en la Biblioteca Virtual Cervantes la Biblioteca Universitaria. Bienvenida sea.

Comentaris

Interessant

Toni Frau | 19/10/2006, 12:09

Bon dia Fabian,

No se si ja coneixes el herbari virtual de la uib, però han fet una feina molt bona:

http://tonifrau.balearweb.net/post/257/6510

Salut !!

Re: El largo camino hacia la Botánica

Fabián | 20/10/2006, 16:15

Toni, tens raó, l'herbari de la uib és molt bó. Crec que li he posat links varies vegades. I no fa molt que li han fet un nou disseny.
Gràcies.

Botanica

Jose waizel | 18/08/2007, 01:21

Lo felicito por su pagina y por la de Dioscorides. Soy un botanico mexicano. Saludos.

botánica

Pato Novoa (botánico, Chile) | 26/05/2012, 21:56

excelente su blog, los temas son en extremo interesantes para promover esta ciencia en extinción, la botánica

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