Alta mar

Contacto

Mª Soledad Liaño: 'Joan Rubió i Bellver en Mallorca. Arquitectura y teoría' Tesis Doctoral

fabian | 16 Maig, 2012 15:33

María Soledad Liaño es la autora de la Tesis Doctoral Joan Rubió i Bellver en Mallorca. Arquitectura y teoría, presentada en la Universidad de Barcelona, Departamento de Historia del Arte, defendida en junio de 2010 y que se encuentra en Tesis Doctorales en Red.

Esta investigación tiene como objeto el estudio del legado teórico y arquitectónico de Joan Rubió i Bellver (Reus, 1870 - Barcelona, 1952) en el contexto mallorquín. Rubió i Bellver acompañó a su maestro, Antoni Gaudí, a Palma de Mallorca para colaborar con él en las obras de reforma de la Seu. A partir de esa circunstancia se forja una relación muy especial con la isla que derivará en una retroalimentación fundamental para ambas partes. Esta colaboración fue el punto de partida para desarrollar toda otra serie de proyectos diseminados alrededor de la isla; la revisión del catálogo de todas esas obras que dejó en Mallorca constituye uno de los retos importantes del presente estudio.

Rubió se convirtió en el principal embajador del gaudinismo en la isla de Mallorca. Mediante todos los proyectos que Rubió dejó repartidos por la isla estaba contribuyendo a la difusión de la nueva arquitectura creada por su maestro, Antoni Gaudí. No sólo contó para estos cometidos con la ayuda de alguno de sus frecuentes colaboradores y amigos catalanes, sino que actuó de acuerdo a unas pautas que como referente último tendrían a Gaudí. Si bien es cierto que otros catalanes pasaron por la isla, véase Domènech i Montaner o Madorell, es nuestro arquitecto quien se involucró más en la idiosincrasia y el contexto mallorquín del momento, convirtiéndose en el arquitecto modernista catalán con más obra en Mallorca.

La presente investigación analiza la presencia de Rubió en Mallorca como una estrategia de un grupo reducido de intelectuales -fundamentalmente religiosos- para vincularse a Cataluña y hacerse partícipes del sentimiento nacionalista tan ferviente en aquellos años. Figuras como el obispo Campins o el vicario general Alcover son fundamentales en los encargos que Rubió recibe en la isla respondiendo esto, en última instancia, a un movimiento deliberado con los propósitos arriba mencionados. La presencia de Rubió en lugares de la isla a priori inconexos y, si cabe, algo insólitos, respondería a esta estudiada estrategia de los religiosos.

Tal vez sea su faceta como teórico aquella más desconocida, sorprendiendo muy especialmente el hecho de que, directa o indirectamente, con frecuencia aparece vinculada a Mallorca. Prácticamente un tercio del volumen de sus textos tienen como objeto algún tema o arquitectura de la isla. Varios de estos escritos fueron publicados, además, en diarios mallorquines. Dentro de todo este legado escrito interesan muy especialmente las aportaciones que se refieren al gótico meridional, siendo uno de los primeros en tomar conciencia de unas diferencias estilísticas con respecto al más popular gótico nórdico. Cabe entender estas reflexiones como parte de su sentir nacionalista y de su continua búsqueda de unas raíces comunes en todos lo países catalanes. Estas conclusiones las extrae, en su mayoría, a propósito de las exhaustivas y rigurosas investigaciones que lleva a cabo en la catedral de Mallorca, convirtiéndose estas también en estudios sin precedentes y esenciales para el conocimiento de este templo. El legado teórico de Rubió es lo que traduce más claramente su personalidad e ideología, siendo esencial para la óptima comprensión de sus arquitecturas. Su paso por Mallorca y, en especial todas sus reflexiones y estudios que de esta derivaron son fundamentales para comprender la trayectoria profesional de Rubió como arquitecto.

En una primera ojeada me ha parecido interesantísima esta Tesis y merecedora de una lectura atenta y cuidadosa. El índice, en sus mayores rasgos es:

Sóller
Iglesia parroquial de Sant Bartomeu de Sóller (BIC)

  1. Primera parte: Arquitectura e ideología
  2. Segunda parte: Arquitecturas de Rubió i Bellver en Mallotca
    • La reforma de la catedral de Mallorca
    • La Església Nova de Son Servera
    • La Santa Familia de Manacor
    • La parroquia de Sant Bartomeu de Sóller
    • El Banco de Sóller
    • Otros proyectos en Sóller
    • La casa de Miquel Binimelis
    • El Santuario de Lluc
    • El monumento a Jaime III de Llucmajor
    • Una revisión del catálogo de Rubió i Bellver en Mallorca
  3. Tercera parte. El legado escrito de Rubió i Bellver
    • "Lo coronament de la llotja". Emblema del gótico mallorquín
    • "El torrent de Pareys I, II, III". Adentrándose en la isla
    • "Troballa d'una basílica cristiana primitiva a les inmediacions del Port de Manacor"
      Una reconstrucción del pasado arquitectónico cristiano
    • "Construccions en pedra en sec". Elogio de una técnica tradicional
    • Escritos sobre la catedral de Mallorca
  4. Carta parte: El Gótico "meridional" como arquitectura "nacional"
  5. Quinta parte: Apéndice documental
  6. Escritos de Joan Rubió i Bellver
  7. Bibliografía general

escuelas

Estudio de cuatro edificios escolares de Mallorca: Estantería de les publicacions dels amics de les escoles (en Bloc de l'Arc Mediterrani)

Realmente esa primera década del siglo XX en Mallorca es muy interesante. Se derriban las murallas de Palma, el gran arqitecto Bennazar va creando el Ensanche y sus construcciones en Palma; y otros grandes arquitectos, como Reynés o Rubió también realizan su obra. En fin, una muy interesante Tesis Doctoral.

George Sand: Un invierno en Mallorca (ebook)

fabian | 15 Maig, 2012 17:34

Acabar una tarea larga produce cierta satisfacción, además de algo de fatiga y cansancio. Pero llegar al final también invita a reflexionar sobre la utilidad, sobre el aprovechamiento del objeto. Pero no es el momento para hablar de ello.

¿Tiene que presentarse el libro Un invierno en Mallorca de George Sand? ¿No es un título muy conocido? En formato "epub" lo he subido a la biblioteca de esta bitácora:

George Sand: Un invierno en Mallorca (epub, pdf)

Son muchas las páginas en Alta mar en las que he hablado de George Sand y de Chopín, máxime que en el 2010 celebramos el centenario del músico. Además, sus figuras han sido comentadas por diversos autores como Miguel de los Santos Oliver o Rubén Darío en artículos o textos que voy recogiendo.

George Sand y Chopin en Alta mar

Edición digital 'Un invierno en Mallorca'

fabian | 14 Maig, 2012 18:41

Acabo de subir a Internet, en formato pdf, Un invierno en Mallorca de George Sand. Tiene algunos cambios en relación a la edición papel. Así, el Prólogo, escrito por Gabriel Alomar, no lo he puesto por precaución ante los posibles derechos de autor. La obra en francés de George Sand (1804 - 1876), así como la de su primer traductor al Español, Pedro Estelrich Fuster (1845 - 1912) son de Dominio Público al sobrepasar los ochenta años de sus muertes, pero quizás no la del prologuista.

La edición digital de un libro antiguo requiere un apartado — yo le pongo el título "Sobre este libro" — que indique la procedencia del original. Se puede explicar por medio de texto, pero también con una fotografía de la página en que están indicadas la edición, la fecha, el nombre del traductor, etc. También es importante consignar los cambios realizados, ya la ausencia del prólogo, la traslación de las Notas de "a pie de página" al final del capítulo, o en relación a las ilustraciones. La edición en Español no presentaba los grabados de las ediciones francesas. Así, por ejemplo, la edición francesa presente en el Proyecto Gutenberg ofrece una edición sin imágenes y otra con imágenes. No indica esta edición digital cuál fue el original sobre el que se realizó la digitalización y, sobre las imágenes, simplemente indica que proceden de la Bibliothèque Nationale de France. Con todo, el libro se inicia con una "Notice" de George Sand fechada en 1855 que no está en la edición española que, creo, se tradujo de la primera edición de las Obras Completas, la cual empezaba con una carta que George Sand escribió al novelista Francisco Rollinat, escrita en 1842 y que ya apareció en la edición de ese año que, además de la novedad de esta carta, presentaba el cambio del título.

Todas estas curiosidades hoy día me resultan interesantes. Por ello creo que las ediciones digitales de los libros antiguos debieran tener ese apartado que indicara en lo posible la historia bibliográfica del libro y los cambios que se realizan.

libro
Indicacion de la obra original

La edición digital, que no es complicada pues uno mismo puede editarse los libros que le interesen con un poquito de préctica, resulta un poco más laboriosa según el formato que se elige. Por lo general, tanto los formatos Word como pdf no llevan enlaces y su edición es de "tipo papel". No ocurre lo mismo con la edición en epub, la cual, permite enlaces a páginas o a las Notas. Este libro, por ejemplo, se distribuye en tres partes, sin títulos que indique la naturaleza de sus contenidos, t cada parte presenta unos apartados o capítulos cuyos títulos son números romanos. En la edición digital esta fórmula no es muy válida, pues conviene que se pueda alcanzar con facilidad los temas que aparecerán en la "Tabla de Contenidos". Así es más explícito titular "En Valldemosa" que no "Tercera parte". Por ello, la edición en formato epub debiera añadir al número romano original de la edición en papel, alguna indicación que explicite su contenido.

Yo soy partidario de estos cambios, añadiendo una frase entre corchetes, siempre que sea posible; lo cual no es muy factible en algunos apartados de este libro. Por ejemplo, la estancia en Son Vent se encuentra distribuída en varios apartados de la Primera parte, alternando con otros temas variados.

En fin, a ver si mañana me dedico a la edición del formato epub y que pueda colgarlo en la "biblioteca" de esta bitácora antes de que termine esta semana.

"Un invierno en Mallorca" es un buen libro, interesante, ameno y algo más, que "invita a pensar". Pues la edición en pdf ya está on line.

George Sand en Son Vent

fabian | 12 Maig, 2012 19:44

Que un fuerte viento puede causar estragos sobre las cosas, ya sobre la frutas de los árboles, ya sobre muros débiles, ya sobre tejas sueltas que sueñan en ser pájaros. Pero también sobre la salud física y psíquica de las personas. Si Menorca es llamada "la isla del viento" al no tener una cordillera que la proteja de los vendavales, Mallorca tiene una sierra al Noroeste que, en su abrazo, proteje la isla; aún así, los vientos zigzaguean entre las montañas y algunas ráfagas llegan a sortearlas. Quizá por ello, ese predio cercano a las montañas se llamara "Son Vent", cual si fuera la casa del viento, lugar donde George Sand y sus hijos se refugiaran durante algunos de entre los primeros días que estuvieron en Mallorca.

Aunque todos sepamos que era Frederic Chopin quien acompañaba a George Sand, la figura del músico apenas aparece en la novela. Su nombre no se indica; se le indica como "nuestro enfermo", una figura pasiva a la que hay que cuidar.

Era la quinta de un rico burgués que, por un precio muy moderado para nosotros, pero bastante elevado para los del país (cerca de cien francos por mes) nos la cedía con todo su mobiliario. Como todas las casas de recreo del país, tenia camas de tijera o de madero pintada de verde, algunas compuestas de dos banquillos sobre los cuales se colocan dos tablas y un colchón delgado; sillas de paja; mesas de madera tosca; paredes desnudas bien blanqueadas con cal; y, por exceso de lujo, las ventanas con cristales en casi todos los dormitorios; en fin, a manera de cuadros, en la pieza que se llamaba el salón, cuatro horribles delanteras de chimenea como las que se ven en nuestros más miserables mesones de aldea, y que el Sr. Gómez, nuestro propietario, había tenido la candidez de poner en marcos cuidadosamente, como si se tratara de estampas preciosas, para decorar los muros de su mansión. Por lo demás, la habitación era vasta, aireada (demasiado aireada), bien distribuida y situada en un lugar muy alegre, al pie de montañas de fértiles laderas, en el fondo de un rico valle que cierran las amarillentas murallas de Palma, la masa enorme de su Catedral y el mar reluciente al horizonte.

Los primeros días que pasamos en este retiro, los empleamos muy bien en paseos y dulces correrías, a las que nos convidaba un clima delicioso, una naturaleza encantadora enteramente nueva para nosotros.

Jamás me he encontrado muy lejos de mi país aunque haya pasado gran parte de mi vida viajando. Era, pues la primera vez que veía una vegetación y un terreno esencialmente diferentes de los que presentan nuestras latitudes templadas.

Cuando llegué a Italia, desembarqué en las playas de la Toscana, y la idea grandiosa que me había formado de estas comarcas me impidió saborear su belleza pastoril y su gracia placentera. En las orillas del Arno, me creía sobre la ribera del Indre, y marché hasta Venecia sin asombrarme ni conmoverme por nada. Pero en Mallorca no pude establecer comparación alguna con otros sitios conocidos. Los hombres, las casas, las plantas y hasta los más pequeños guijarros del camino, tenían un carácter típico.

Mis hijos estaban tan admirados que hacían colecciones de todo, y querían llenar nuestras maletas de aquellas hermosas piedras de cuarzo y de mármoles veteados de todos colores, de que están formados los muros de piedras secas que cierran todos los cercados. Así es que los campesinos, viéndonos recoger hasta las ramas muertas, nos tomaban por boticarios, o nos miraban como verdaderos idiotas.

[...]

A nuestra derecha, las colinas se elevaban progresivamente desde la pradera en suave pendiente hasta la montaña cubierta de pinos. Al pié de estas montañas corre, en invierno y durante los aguaceros del verano, un torrente que no presentaba todavía a nuestra llegada más que un lecho de guijarros, en desorden. Pero los hermosos musgos que cubrían las piedras, los puentecillos, verdosos por la humedad, agrietados por la violencia de las corrientes y medio ocultos por las ramas pendientes de los fresnos y de los álamos; el complicado enlace de estos hermosos árboles esbeltos y frondosos que se inclinaban para formar una bóveda de verdura de una a otra orilla, un delgado hilo de agua que corría sin ruido por entre los juncos y los mirtos, y con frecuencia algún grupo de niños, de mujeres y de cabras echados en los remansos misteriosos, hacían de este sitio un cuadro admirable para la pintura.

Íbamos todos los días a pasearnos por el lecho del torrente y llamábamos a este rincón del paisaje el Poussin, porque esta naturaleza libre, elegante y bravía nos recordaba, con su melancolía, los sitios predilectos de este gran maestro.

A algunos centenares de pasos de nuestra casa, el torrente se dividía en varias ramificaciones y su curso parecía perderse en la llanura. Los olivos y los algarrobos juntaban sus ramas sobre la tierra labrada y daban a esta región cultivada el aspecto de un bosque.

Sobre los numerosos oteros que bordean esta parte tan bien arbolada se levantan chozas de mucho carácter, aunque de dimensiones realmente liliputienses. No puede uno figurarse cuantas casitas, soportales, establos, patios y jardines acumula un pagés (campesino propietario), en una fanega de tierra, y qué gusto innato preside inconscientemente a esta disposición caprichosa. La casita está ordinariamente compuesta de dos pisos con un techo plano, cuyo reborde avanzado da sombra a una galería descubierta por ambos lados, como una hilera de almenas que terminase un techo florentino. Este coronamiento simétrico da una apariencia de esplendor y de fuerza a las construcciones más débiles y pobres, y los enormes racimos de mazorcas puestas a secar al aire, suspendidas entre cada abertura de la galería, forman un pesado festón alternando de rojo y amarillo de ámbar cuyo efecto es prodigiosamente rico y coquetón.

Al rededor de esta casita se eleva ordinariamente un cercado de nopales cuyas palas extraordinarias se entrelazan formando muro, y protegen contra los vientos fríos los débiles abrigos de algas y cañas que sirven para encerrar las ovejas. Como estos campesinos no se roban entre sí jamás, no tienen para cerrar sus propiedades más que una barrera de este género. Espesas plantaciones de almendros y naranjos rodean la huerta donde no se cultiva casi otra hortaliza que el pimiento y el tomate; pero todo esto es de un color magnifico; y, a menudo, para coronar el hermoso cuadro que forma esta habitación, una sola palmera despliega en medio su gracioso parasol o se inclina sobre un costado con gracia, como un hermoso penacho.

[...]

grabado
Son Vent

Hacía tres semanas que estábamos en Establiments cuando empezaron las lluvias. Hasta entonces habíamos tenido un tiempo inmejorable; los limoneros y los mirtos estaban todavía en flor y, en los primeros días de Diciembre, permanecí al aire libre, sobre una terraza, hasta las cinco de la mañana; entregado al bienestar de una temperatura deliciosa. En esto de frío puedo servir de modelo, porque no conozco persona en el mundo que sea más friolera que yo, y el entusiasmo por la naturaleza no es capaz de hacerme insensible al menor frío. Por otra parte, a pesar del encanto del paisaje iluminado por la luna y del perfume de las flores que subía hasta mí, mi velada no fué muy conmovedora. Estaba allí, no como un poeta buscando inspiración, sino como un ocioso que contempla y escucha. Me ocupaba, bien me acuerdo, en recoger los ruidos de la noche para darme cuenta de ellos. [...]

En Mallorca el silencio es más profundo que en parte alguna. Las burras y los mulos que pasan la noche pastando, lo interrumpen a veces, sacudiendo sus esquilas, cuyo sonido es menos grave y más melodioso que el que producen las vacas suizas. El bolero se oye allí en los sitios más desiertos y en las noches más sombrías. No hay un campesino que no tenga su guitarra y que no vaya siempre con ella. Desde mi terraza oía también el mar pero tan lejano y tan débil que acudía a mi memoria la poesía extrañamente fantástica y sorprendente de Djins.[...]

Pero, de repente, después de unas noches tan serenas, empezó a diluviar. Una mañana después que el viento nos hubo columpiado toda la noche, con sus largos gemidos, mientras las lluvias azotaban nuestros cristales, percibimos al despertarnos, el ruido del torrente que empezaba a abrirse camino por entre las piedras de su lecho. Al día siguiente, se oía con más fuerza. Dos días después, hacía rodar las rocas que se oponían a su curso. Todas las flores de los árboles habían caído, y la lluvia chorreaba en nuestros mal cerrados dormitorios.

No se comprende como los mallorquines toman tan pocas precauciones contra esas plagas del viento y de la lluvia. Su ilusión o su fanfarronería es tan grande, desde este punto de vista, que niegan absolutamente esas inclemencias accidentales, pero serios, de su clima. Hasta el fin de los dos meses de diluvio que tuvimos que aguantar nos sostuvieron que no llovía jamás en Mallorca. Si hubiésemos observado mejor la posición de los picos de las montañas y la dirección habitual de los vientos, nos hubiésemos convencido de antemano de los inevitables sufrimientos que nos esperaban.

Pero otra decepción nos estaba reservada, y es la que he indicado más arriba, puesto que he empezado a narrar mi viaje por el final. Uno de nosotros cayó enfermo. De una complexión muy delicada, sufriendo una gran irritación de la laringe, experimentó bien pronto los efectos de la humedad. La casa del Viento (Son Vent), este es el nombre de la quinta que el señor Gómez nos había alquilado, se hizo inhabitable. Las paredes eran tan delgadas, que la cal de que estaban embadurnados nuestros dormitorios se hinchaba como una esponja. Jamás he sufrido tanto frío, aunque en realidad no hiciera mucho; pero para nosotros, que estamos acostumbrados a calentarnos en invierno, aquella casa sin chimenea pesaba sobre nuestros hombros como un manto de hielo, y me sentía paralizado.

No podíamos habituarnos al olor asfixiante de los braseros, y nuestro enfermo empezó u sufrir y a toser.

Desde este momento causamos horror y espanto a la población. Nos declararon atacados y convictos de tisis pulmonar, lo cual equivale a la peste en las preocupaciones contagiosas de la medicina española. Un médico rico, que por la módica retribución de 15 francos se dignó venir a hacernos una visita, declaró sin embargo que no era nada, y nada recetó. Le habíamos puesto el apodo de Malvavisco, porque no nos prescribió otra cosa.

Otro médico vino galantemente a socorrernos, pero la farmacia de Palma estaba tan mal provista que no pudimos adquirir mas que drogas detestables.

Por otra parte la enfermedad debió agravarse por causas que ninguna ciencia ni ningún cuidado podían combatir eficazmente.

Una mañana en que estábamos muy intranquilos por la larga duración de las lluvias y de nuestros sufrimientos, recibimos una carta del terrible Gómez en la que nos decía, en estilo español, que teníamos una persona, la cual tenia una enfermedad que llevaba el contagio a sus hogares y amenazaba prematuramente los días de su familia, en virtud de lo cual nos rogaba que desocupáramos su palacio lo más pronto posible.

Esta determinación no nos causó gran disgusto, pues no podíamos estar más tiempo allí sin peligro de quedar anegados en nuestros dormitorios; pero nuestro enfermo no se hallaba en estado de ser transportado sin peligro, sobre todo con los medios de transporte usados en Mallorca y con el tiempo que hacia. Además había la dificultad de saber a donde iríamos, pues como la noticia de nuestra tisis se había esparcido instantáneamente, no era de esperar que encontrásemos fácilmente un asilo en parte alguna aunque fuese a peso de oro, aunque fuese por una sola noche.

Bien sabíamos que las personas obsequiosas que nos harían ese ofrecimiento no estaban tampoco al abrigo de la preocupación y que, por otra parte, las envolveríamos en la reprobación que pesaba sobre nosotros. Sin la hospitalidad del cónsul de Francia, que hizo milagros para recogernos a todos bajo su techo, nos hubiéramos visto obligados a acampar en alguna caverna como verdaderos bohemios.

Ocurrió otro milagro y encontramos un asilo para el invierno. Había en la Cartuja. de Valldemosa un español refugiado, que se había escondido allí por no sé qué motivo político. Yendo a visitar la Cartuja, habíamos quedado sorprendidos de la distinción de sus maneras, de la hermosura melancólica de su mujer y del mueblaje rústico, y sin embargo confortable de su celda. La poesía de esta Cartuja me había trastornado la cabeza. Aconteció que la misteriosa pareja quiso abandonar precipitadamente el país y con tanto gusto nos cedió su celda amueblada como tuvimos nosotros en aceptarla. Por la módica cantidad de mil francos, tuvimos, pues, un menaje completo, pero tal como yo hubiésemos podido adquirir en Francia por cien escudos; tan raros, costosos y difíciles de reunir en Mallorca son los objetos de primera necesidad. Como pasamos cuatro días en Palma, aunque me separé poco esta vez de la chimenea que el cónsul tenía la dicha de poseer (el diluvio continuaba aún), haré aquí una interrupción a mi relato para describir un poco la capital de Mallorca.

Escribe muy bien George Sand; su discurso, ya descriptivo, ya argumentativo o narrativo es ameno y poético. Pasa, en diversos parajes de la novela por el tema económico — el Sr. Gómez les hizo pagar los muebles e incluso la ropa de la casa alegando que tenía que quemarlo todo por si estuviera infectado — sin convertirlo en tragedia, pese a que será una constante. La relación con los médicos, narrado en tono menor con breves pinceladas, también será una pesadilla. Y la presencia del "enfermo", sólo presente en los cuidados que requiere, en el "eco social" que suscita, en el aislamiento que produce, es un telón de fondo, siempre presente aunque sin darle protagonismo alguno. No contará George Sand ninguna acción suya; es sólo una sombra que necesita atenciones, origina preocupaciones, Su presencia será por los medicamentos que requiere, por los diagnósticos médicos, por un cuidado sobre su alimentación. Son las acciones de quienes le acompañan y le cuidan, las que indicarán su existencia como elemento pasivo, sin nombre incluso, pero siempre presente.

El silencio de la campiña, el frío que, por la humedad, cala hasta los huesos y se siente en el tuétano; las rendijas, debidas a los malos acabados en la construcción, por donde se cuela y silba el viento son historias de ayer y de hoy que, por durar pocos días, los olvidamos, salvo las personas con mala salud. Máxime en esas casas antiguas de techos altos, casas solitarias desprotegidas del abrigo que puedan darle otras vecinas.

"Son Vent", la casa del viento, dejó en George Sand unas páginas que, en mi parecer, merecen una entrada en esta bitácora.

Los pintores Ribas, exposición

fabian | 10 Maig, 2012 11:00

Interesante la exposición que la Fundación Barceló muestra sobre los dos pintores Ribas, padre e hijo, Antonio Ribas Oliver y Antonio Ribas Prats.

portada

Fue en el 2011cuando Joan Riera publicaba en el Diario de Mallorca el artículo Antoni Ribas y la atmósfera de Palma, alertando de que se cumplía el centenario de la muerte del pintor y que pasaba inadvertido. En su artículo trataba la trayectoria pictórica de Antonio Ribas Oliver, de su paso desde el Romanticismo al Realismo.

cuadro
Antonio Ribas Oliver: "Astilleros de Palma con Torre Porto Pí y Castell de San Carles al fondo", 1890

En la exposición de estos días en la calle de San Jaime de Palma se nos muestran bastantes cuadros de este pintor y podemos observar los cambios que fue realizando en el tratamiento de la luz. "En su paleta se produjo el triunfo de la luz", dice Joan Riera.

Del catálogo de esta exposición recojo la siguiente biografía.

cuadro
Antonio Ribas Oliver: "Parella de guàrdies civils abeurant els seus cavalls", c. 1890

Antonio Ribas Oliver (1845 - 1911)

Antonio Ribas Oliver (1845-1911). Su padre descubrió en él sus dotes artísticas inscribiéndole a los 9 años en la Academia Provincial de Bellas Artes de Palma. Fueron sus maestros J. Mestre y M. Torres. Cultivó una diversidad de técnicas de dibujo y pintura y con 19 años comenzó a exponer.

En su época inicial (1860-1870) recibió la influencia academicista francesa de Barbizon. a través de Joan O'Neille. En la Exposición de la Academia de Bellas Artes de Barcelona de 1866, recibió la medalla de Oro. Su gran compañero R. Anckermann se casó con su hermana. Concepció Ribas, en 1873 y, en 1868 fueron designados escenógrafos del Teatro Principe de Asturias. Fue profesor de la Academia Prov. de Pintura donde obtuvo la plaza de Professor de Paisatge i Perspectiva y fue elegido Académico Numerario y Secretario General. Sus obras se caractenzaron por el realismo, predominando los efectos de luz y color, con perfección de las figuras. Participó en las Exposiciones de Barcelona de 1870, y en la Universal de Viena de 1873. El "plenairismo" produjo un cambio en su estilo e incremento entonces los paisajes de la Serra de Tramuntana en los que cuidó los efectos de la luz y el detalle, con óleos más claros y coloristas. Desde 1875 fueron las marinas de la bahía de Palma y de Miramar las predominantes. En 1877 quedó influido por Carlos de Haes, modernizando el estilo de sus paisajes, con pinceladas ligeramente más sueltas y empastadas. De 1878 a 1890 recibió la influencia impresionista de París, a donde acudió para exponer en la Exposición Universal del 78. En 1879 fue nombrado caballero de la Orden de Isabel la Católica y en 1880 obtuvo la medalla de bronce en la Exposición de Bellas Artes de Argel. Tiempo en el que realizó sus obras más diminutas ("le tableutin"), intercaladas con las de gran formato.

En su última etapa (1890-1911). fue nombrado Catedrático Numerario (1898), y su obra se caracterizó por el aumento de la luminosidad, con clara afirmación impresionista. Falleció el 19 de enero de 1911, descansando sus restos en el cementerio de Palma, en cuya sepultura figura la sencilla inscripción: Antonio Ribas Oliver, pintor (1845-1911).

cuadro
Antonio Ribas Oliver: "Vista de la bahía de Palma"

Menos son los cuadros que se muestran de su hijo Antonio Ribas Prats, impresionista, y que murió muy joven. Copio del catálogo la siguiente semblanza.

cuadro
Antonio Ribas Prats: "Es Còdols, Deià"

Antonio Ribas Prats (1883 - 1931)

Hijo de Antonio Ribas Oliver, nace en Palma en 1883. Los comienzos de su actividad pictórica fueron muy precoces bajo la influencia paterna. Ingresó en la Escuela de Bellas Artes cuando terminaba el siglo XIX. S. Russinyol influyó en él poderosamente, pintando juntos en la Serra de Tramuntana.

Marchó a París, dejándose influir por el Impresionismo francés que nunca abandonaría. De regreso a Mallorca, desempeñó la tarea de profesor ayudante en la Escuela Provincial de Bellas Artes hasta los 28 años, que marchó a Argentina, exponiendo en Buenos Aires con gran éxito. A partir de entonces recorrió parte del continente siendo recibido con entusiasmo por parte de la critica y el público.

En Santiago de Chile trabó amistad con el pintor e ingeniero, Juan de Saridakis que en 1923 viajó a Mallorca para quedarse hasta su muerte en 1963. Ribas Prats multiplicó su actividad pictórica a partir de su regreso de América en 1917, siendo los paisajes de la Serra de Tramuntana y las marinas de la costa de Deiá sus temas preferidos. Se casó con Luisa Magdalena Vives Ripoll en 1921, perteneciente a la familia heredera del Archiduque Luís Salvador de Austria. A partir de entonces se dedicó, además de pintar la costa de Miramar, la Foradada, Son Marroig, etc.

En Son Marroig hizo importantes reformas, donde murió a los 48 años, el 24 de febrero del año 1931, siendo su cuerpo trasladado a hombros por sus amigos y admiradores hasta el cementerio de Deiá, donde reposa en el panteón familiar.

La mayor parte de los cuadros de esta exposición provienen de colecciones particulares, por lo que, supongo, no debe ser fácil reunirlos en una exposición, por lo que conviene aprovechar el momento en que se muestra.

Es una lástima que el catálogo - que es lo único que queda una vez terminada la exposición-, no muestre unas imágenes más grandes de los cuadros expuestos, ya que los cuadros posiblemente ya no los veamos nunca más juntos.

Príamo Villalonga: El pintor Antonio Ribas y Oliver (1845 - 1911) en Mayurqa, 1984

De la alfabetización digital

fabian | 09 Maig, 2012 16:38

Fotografié todas las páginas del libro de George Sand "Un invierno en Mallorca" para lo cual tuve que ir varias veces a la biblioteca pues mis rudimentarios sistemas siempre dejan alguna línea fuera del encuadre; también pasé las fotografías por el OCR que transforma la imagen de las letras en texto y le he hecho ya una primera corrección. Guardo el texto en el bloc de notas pues respeta la configuración del párrafo y no añade códigos especiales. Ahora es cuestión de ir montando los capítulos con una segunda corrección realizada por el corrector ortográfico del Word y luego montar el índice, la portada, las ilustraciones, el CSS para el epub (montaje de páginas HTML) y ya estará. Calculo que una semana.

¿Complicado? Las primeras fases, fotografías, OCR, son muy maquinales; la corrección es más compleja y, por lo general, siempre deja fallas y erratas pues no leemos letra por letra, sino de manera más holística y compleja. Aunque un texto fuera corregido por varias personas, la probabilidad de que quedara alguna errata seguiría siendo alta. Un corrector ortográfico, como el que tiene el Word, ayuda bastante. Y luego está el HTML, el código de las páginas web. Son códigos muy sencillos y racionales. No comprendo que no sean objeto de conocimiento escolar. Códigos de texto como el párrafo, la ruptura de línea, el enlace, la cita, etc.debieran ser hoy día conocimientos básicos, así como el código de la imagen. Y, sin embargo, aún hay muchas personas que no saben poner un enlace.

Ya hace muchos años leí un libro que trataba sobre los lenguajes que se iban imponiendo en la sociedad llamémosla "culta". A las formas de expresión oral y escrita se iban añadiendo otras, ya el dibujo, reproducido por el grabado, ya la fotografía. El libro estaba escrito en la década de los años setenta del siglo XX. Entonces creo que no existía la imagen digital ni tampoco Internet como medio comunicativo.

Cuando se creó la Internet y, con ella, la página web se buscó un sistema de códigos que fuera fácil e inteligible por la población. Es el lenguaje HTML. Si una característica de la tecnología es su rápida transformación que deja obsoletos los sistemas anteriores — basta pensar en los soportes musicales: bakelita, vinilo, cinta magnética, CD, DVD y el MP3 —, los códigos del lenguaje HTML han permanecido pese a los cambios y, previsiblemente, continuarán. Permiten el texto, con sus variantes, la imagen, el vídeo, el sonido e incrustaciones. Potencializan la expresión tradicional escrita mediante la creación de divisores, utilizando colores de fondo, de letras, etc., así como la utilización de tipografías variadas.

Varios elementos son importantes: el enlace y la utilización de capas. Los enlaces son fundamentales, no sólo para poder pasar de una página a otra, sino que la inserción de las imágenes, vídeos u otros elementos se basan en ellos, pues, al abrirse la página actúan directamente incrustando el objeto.

Son formas elementales de la expresión "escrita" actual. Y, pese a ello, para la "alfabetización" escolar y no escolar son inexistentes. No comprendo este pasotismo tan generalizado ante las posibilidades que la tecnología presenta.

¿Utilizábamos las "cassetes" para grabar o sólo para reproducir? Sólo en los conciertos de las estrellas musicales juveniles los fans graban, ya en sonido o en vídeo, utilizando las herramientas que llevamos en los bolsillos. Pero eso no ocurre ni en las conferencias ni en otros tipos de concierto. Tenemos herramientas que no utilizamos. No sabemos introducirlas en la cotidianidad de nuestras vidas. Está empezando a ocurrir con las tabletas y los eReaders. Los conferenciantes, pese a escribir en el ordenador, transforman el escrito a papel. El consumo de éste es enorme, especialmente en el sistema escolar y en las oficinas, como si no tuvieran sistemas telemáticos. Sistemas nuevos para costumbres viejas. Hace pocos años se vendían los ordenadores junto con las impresoras, ¿continúa siendo así?

El abecedario de los novedosos aparatos tecnológicos es el lenguaje HTML, los códigos de las páginas web.

tablet
"Alta mar" en una tableta
¿Para qué se utiliza una tableta?

Vivimos una época de "aparatitos" que, creo, no sabemos aprovechar adecuadamente. Disponemos de herramientas y sistemas comunicativos impresionantes. Nuestras mentes no saben aún salir del cascarón del tradicional "mundo papel" y construímos textos escritos como si utilizáramos la pluma y tintero. Los lenguajess expresivos siguen aún distanciados: texto por una parte, imagen, sonido o vídeo por otro sin una concepción unitaria. No introducimos en los textos complementos que puedan ser convenientes, tales como vocabularios, definiciones, textos alternativos. Las Notas se siguen añadiendo a pie de página o de capítulo y no en capas. Y, quizás lo más inquietante, la concepción de la alfabetización permanece igual que hace siglos.

Tengo una tableta y me pregunto qué hacer con ella.

En Lluc con Coll Bardolet

fabian | 08 Maig, 2012 10:43

Subimos el sábado tarde a Lluc; lo solemos hacer algunas veces al año. Y esta vez había novedades. El aparcamiento era de pago y el Museo, que solía estar cerrado los sábados, estaba abierto.Los museos tendrían que poder ser narrados, una historia, real o ficticia, no importa, que trazara un hilo o conexión entre las salas de la exposición. Y el Museo de Lluc es amplio y se extiende por múltiples salas y es rico en contenidos que tendrían que ser explicados. Está muy bien montado este Museo y cada pieza tiene su letrerito informativo. Se necesitan días para conocer todo lo que muestra.

dibujo
Segadora, sanguina, 1981

Hay varias salas con la obra de Josep Coll Bardolet (1912 - 2007), con multitud de dibujos y pinturas. Este año se celebra (¿celebramos?) el centenario de su nacimiento. A principios de los años cuarenta vino a Mallorca, donde se quedó a vivir, primero en Génova y pronto en Valldemossa. Dejó su legado dividido entre la Fundación , que tiene muy buena web, y el Museo de Lluc.

dibujo
Port de pescadors, tinta, 1943

Los cuadros y dibujos dedicados a los bailes folklóricos de Mallorca tienen un gran dinamismo. El movimiento es precioso, así como su colorido. Pinturas realizadas en la plaza de la Cartuja valldemosina sobre estos grupos vestidos "a l'ample" con las vestiduras del siglo XIX. Luego me sorprende hallar estas vestimentas en cuadros relacionados con los trabajos agrícolas o con espacios campestres. Creo que ya no es la realidad del siglo XX, pero la pintura no tiene porqué sujetarse a lo real, aunque queda como algo folklórico, muy dedicado al turismo en Mallorca, imagen encorsetada, "typical", de postal rancia.

La obra de Coll Bardolet es amplia y variada. Dibujos interesantes, ya a tinta, a sanguina. Los paisajes aunque escasos me parecen originales, huyen de lo manido; retratos, flores, algunos jarrones, aves de corral ...

dibujo
Mai no s'acaba el ball, 1980

Creo que el Consell de Mallorca va a realizar algunos actos para celebrar el centenario del nacimiento de este pintor, alguna exposición y conferencias. Será cuestión de visitar la exposición y, en caso de conseguir algunas imágenes, celebrar con ellas este centenario.

Precioso el Museo de Lluc.

Incoación BIC, Can Lis en Santanyí

fabian | 03 Maig, 2012 16:03

Incoación de expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, a favor de Can Lis, término municipal de Santanyí.

Fuente: BOIB núm. 061 (pdf)
Fecha publicación: 01/05/2012

edicions espontàneas

 (Segueix)

George Sand: de un libro a otro libro

fabian | 02 Maig, 2012 18:25

Aurore Dupin, quien se firma como George Sand, regresa a París y a su posesión de Nohant tras su viaje a Mallorca. Ha sido duro y regresa con el sentimiento herido. Decide no escribir sobre este viaje y así pasan dos años hasta que un día recibe un libro como obsequio. Se trata de "Souvenirs d'un voyage d'art a l'ille de Majorque" (1840) de Josep Bonaventure Laurens (ver: Alta mar: El viaje de J. B. Laurens en 1839)

grabado

[...] pues Mallorca es, para los pintores, uno de los más hermosos países de la tierra y uno de los más ignorados. Allí donde no hay para describir más que la belleza pintoresca, la expresión literaria es tan pobre y tan insuficiente que no soñé nunca hacerlo. Se necesita el lápiz y el buril del artista para revelar las gracias y las grandezas de la naturaleza a los amantes de los viajes, y si hoy sacudo la letargia de mis recuerdos es porque hallé sobre mi mesa, una de esas mañanas, un hermoso libro titulado: Recuerdo de un viaje artístico a la isla de Mallorca, por J. B. Laurens.

Fue para mí una verdadera alegría hallar de nuevo a Mallorca con sus palmeras, sus áloes, sus monumentos árabes y sus vestidos griegos. Reconocí todos los lugares con su sabor poético, y reviví todas mis impresiones que creía ya borradas. No había ruina o matorral que no despertara en mí un mundo de recuerdos, como se dice ahora; y entonces me sentí si no con el valor de narrar mi viaje, al menos en la necesidad de dar cuenta del de Laurens, inteligente y laborioso artista, rápido y consciente en su ejecución y al cual es preciso restituir el honor que yo me atribuía de haber descubierto la isla de Mallorca.

Ese viaje de M. Laurens por el Mediterráneo en cuyas riberas el mar es, a veces, tan poco hospitalario como los habitantes, es mucho más meritorio que el paseo de nuestros dos ingleses al Montanvert. [...]
Asociado mucho tiempo a los trabajos artísticos de M. Taylor sobre los antiguos monumentos de Francia, M. Laurens, entregado a sus propias fuerzas, decidió, el pasado año. visitar las Baleares, de las cuales había tenido tan pocas noticias que confiesa haber experimentado una gran impresión al llegar a sus costas donde tantas decepciones le esperaban, puede que en respuesta a sus sueños dorados. Pero lo que había ido a buscar allí, debió hallarlo, y todas sus esperanzas se realizaron, pues, lo repito, Mallorca es el Eldorado de la pintura. Allí todo es pintoresco: desde la cabaña del campesino, el cual ha conservado en sus modestas construcciones la tradición del estilo árabe hasta el niño envuelto en andrajos y triunfante en su suciedad grandiosa, como dijo Enrique Heine a propósito de las mujeres del mercado de hortalizas de Verona. El carácter del paisaje, más rico en vegetación que el de Africa, es de mayor amplitud, calma y sencillez. Es la verde Helvecia, bajo el cielo de Calabria, con la solemnidad y el silencio de Oriente.

Los grabados de Laurens se convierten en recuerdos, y la prontitud de Laurens en publicar es un acicate que impele a George Sand a tomar la pluma. Tampoco será fácil. Procura retener sus malos recuerdos: los desaires a Chopin enfermo, la expulsión de "Son Vent", una casa en Establiments sin cristales, los gruñidos nocturnos de los cerdos, los malos caminos, los precios abusivos por ser extranjeros ... Hay momentos en que la escritora pide perdón pues cree que en algún parágrafo se ha dejado llevar por la rabia, pero no elimina lo escrito. Su ideología socialista se impone ante las ruinas de los conventos, en su creencia contra la Inquisición. La consideración en aquella época de la medicina francesa de que la tuberculosis, la enfermedad de Chopin, no era contagiosa, se enfrenta a la creencia española de que un enfermo debe ser aislado y lo vive como un rechazo producido por la ignorancia. Pero también renacen en ella recuerdos agradables. Mallorca es el paraíso de los pintores, "el Eldorado de la pintura" y allí aparece la frondosidad de un torrente antes de las lluvias, las montañas y el mar lejano de Valldemossa. Contrastes ante la vida dificultosa que imponen las personas, sabía que le acusarían a ella por el derrame del tintero sobre la carta náutica de Valseca. Sabe que en Mallorca, especialmente en Palma hay una superpoblación debido a la guerra carlista, pero prefiere ser sincera y coherente consigo misma:

Este compatriota [M. Tastu], que ha permanecido más de dos años en Cataluña y en Mallorca para hacer estudios sobre la lengua románica, me ha comunicado galantemente sus notas y me ha autorizado con una generosidad muy rara entre los eruditos para extractarlas a discreción. No lo haré sin prevenir a mi lector que a este viajero le han entusiasmado tanto todas las cosas de Mallorca como a mi me han contrariado.

Podría decir, para explicar esta divergencia de impresiones, que en la época de mi permanencia se habia estrechado la población mallorquína para dar cabida a 20.000 españoles que la guerra había arrojado a su suelo por cuya razón nada de particular tiene que yo encontrara a Palma, sin error y sin prevención, menos habitable y a los mallorquines menos dispuestos que dos años antes a continuar acogiendo extranjeros. Pero prefiero incurrir en la censura de un benévolo impugnador a escribir bajo otra impresión que la mía propia.

Y la francesa refiere sus visitas a las salas de casas señoriales de Palma, tan impersonales, tan bien colocado todo, sin mácula alguna, como si allí no viviera nadie, decoradas desde antiguo, ya con los cuadros ennegrecidos, e intocadas, sin detalle alguno de sus actuales habitantes. Estas observaciones contrastan con su modo de vida, con algún libro abierto sobre el sillón:

grabado

Habiendo recorrido la ciudad de Palma para buscar habitación, entré en gran número de casas; y de tal modo se parecían todas ellas que no pude menos de atribuir a los que las habitan un carácter general. No he penetrado en ninguno de estos interiores sin que se me oprimiera el corazón de contrariedad y de enojo, solo con ver las paredes desnudas, las losas manchadas y polvorosas, los muebles raros y sucios. Todo atestiguaba la indiferencia y la inacción; ni un libro, ni una labor de mujer. Los hombres no leen, las mujeres no cosen siquiera. El solo indicio de una ocupación doméstica es el olor de ajo que revela el trabajo culinario y las únicas señales de un recreo intimo son las colillas de cigarro esparcidas por el suelo.

Esta ausencia de vida intelectual convierte la habitación en una cosa muerta y vacía que no tiene parecido entre nosotros y que da al mallorquín mayor semejanza con el africano que con el europeo.

Así, todas estas casas donde las generaciones se suceden sin transformar nada en ellas y sin imprimir huella individual alguna en las cosas que ordinariamente participan en cierto modo de nuestra vida humana, hacen más el efecto de paradas de caravanas que de verdaderas casas; y mientras las nuestras dan la idea de un nido para la familia, aquellas parecen posadas donde los grupos de una población errante se retirarían indiferentemente para pasar la noche. Personas que conocen bien España me dicen que sucede generalmente lo propio en toda la península.

En fin, un libro que exige una actitud abierta y una búsqueda de comprensión con la autora que también muestra sus prejuicios y que, aún hoy día, es atrayente por su sinceridad, por su ausencia de lo "políticamente correcto" y porque, en mayor o menor medida, retrata nustra sociedad.

Un invierno en Mallorca, un best seller

fabian | 01 Maig, 2012 11:02

Conviene que digitalice la obra de George Sand "Un invierno en Mallorca". Para ello me va bien conjugar el trabajo sobre el libro con las entradas en esta bitácora. El primer paso es ver qué edición ha cumplido ya los años suficientes para ser ya de Dominio Público. La legislación española establece que una obra es de Dominio Público cuando han transcurrido 80 años desde la muerte del autor y, en caso de obra traducida, del traductor. Ello conlleva a conocer qué traducciones se han hecho de una obra y quiénes han sido los traductores, en caso de ser conocidos y existir información sobre ellos.

"Un invierno en Mallorca" de George Sand (1804 - 1876) fue publicado primero en 1841 en la "Revue des deux mondes" con el título de "Un hiver au Midi de l'Europe" (ver: Alta mar: Un hiver au Midi de l'Europe, de George Sand). Pocos meses después se edita como libro y en 1842, en su segunda edición, se modifica el título quedando como "Un hiver à Majorque". Desde el primer momento tiene una repulsa en la isla, pues en 1841, José María Quadrado y otros intelectuales mallorquines, responden airadamente a los artículos publicados en la revista francesa.

Tarda muchos años en publicarse en Castellano o Español, pues su primera traducción fue en 1902 realizada por Pedro Estelrich Fuster (1845 - 1912), por lo que esta traducción ya es de Dominio Público. Desde entonces no sólo ha sido traducido en bastantes ocasiones, sino que también han surgido otros libros que han aprovechado su estela. Posiblemente el libro de George Sand sea uno de los libros con mayor número de ediciones en Mallorca y más traducido a diversas lenguas, pudiéndose considerar un "best seller".

Sin haber realizado un estudio válido sobre la publicación de este libro en Mallorca, encuentro las siguientes ediciones:

libros

  • Un invierno en Mallorca / Jorge Sand ; traducido y anotado por Pedro Estelrich con un prólogo de Gabriel Alomar-- Palma : Tipo-Lit. de Bartolomé Rotger, 1902
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; traducido y anotado por Pedro Estelrich con un prólogo de Gabriel Alomar-- 2ª edición-- Palma de Mallorca : José Tous, 1932
  • Un invierno en Mallorca / George Sand [traducción de B. Payeras ; portada de P. Quetglas "Xam" ; ilustraciones de A. Sagristá ; fotografía de P. Sancho]-- Palma [de Mallorca] : Clumba, 1949 (Palma de Mallorca : Imprenta Mossén Alcover)
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; traducción B. Payeras-- Palma de Mallorca : Clumba, 1951 (Palma : Antigua Imprenta Soler)
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; traducción B. Payeras-- Palma de Mallorca : Clumba, 1971 (Palma : Imp. Mossén Alcover)
  • Un invierno en Mallorca (1838-1839) / George Sand ; prólogo, traducción y notas por Luis Ripoll Palma de Mallorca : Luis Ripoll, 1974
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; traducción B. Payeras-- Palma de Mallorca : Clumba, 1975 (Palma : Antigua Imp. Soler)
  • Un invierno en Mallorca : (1838-1839) / George Sand ; prólogo, traducción y notas por Luis Ripoll-- Palma de Mallorca : Luis Ripoll, 1988 (Palma : Rey Sol)
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; introducción y notas, Valentí Puig Palma de Mallorca : Miquel Font, 1985 (Palma : Imagen-70)
  • Un invierno en Mallorca : (1838-1839) / George Sand ; prólogo, traducción y notas por Luis Ripoll-- Palma de Mallorca : Luis Ripoll, 1988 (Palma : O.M.N.I.S.A.)
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; introducción y notas, Valentí Puig-- 2ª ed.-- Palma de Mallorca : Miquel Font, 1991 (Palma : Imagen-70)
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; prólogo de Robert Graves ; traducción y cronología de Marcel Planas-- Palma de Mallorca : José J. de Olañeta, 1997
    Reimpressions: 2004
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; traducción del original "Un Hiver à Majorque", B. Payeras-- Mallorca : Ingrama, 1997 ([Inca] : Ingrama)
  • Un invierno en Mallorca / George Sand-- Palma : Cort, 1999 (Palma : Politècnica)
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; traducción actualizada del original por Josep Moll Marqués-- [Pollença : P & C Manus, 2001]
    Reimpressions: 2009
  • Un invierno en Mallorca / George Sand-- 2ª ed.-- Palma de Mallorca : Cort, 2004 (Palma de Mallorca : Imprenta Politécnica )
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; traducción actualizada del original por Josep Moll Marqués-- 4a ed.-- [Pollença, Mallorca : P & C Design, 2005 (Palma de Mallorca : SDP Serveis de Preimpressió)])
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; traducción actualizada del original por Josep Moll Marqués-- 5a ed.-- [Pollença, Mallorca : P & C Design, 2006 (Palma de Mallorca : SDP Serveis de Preimpressió)])
  • Un invierno en Mallorca / George Sand ; prólogo de Robert Graves ; traducción y cronología de Marcel Planas-- Palma de Mallorca : José J. de Olañeta, D.L. 2007

Traducido al Inglés hay en la Biblioteca Pública de Palma once ediciones con traducciones de Robert Graves, Shirley Kerby James, Lieut. W.Kirbride, diez de ellas publicadas en Mallorca.

En Alemán, "Ein Winter auf Mallorca" se guardan doce ejemplares de diferentes ediciones realizadas en Mallorca.

Y en Catalán hay dos ejemplares, uno editado en Barcelona en 1992 por Edhasa y cuya ficha no indica al traductor, y otro editado en Mallorca en 1993, con traducción de Jaume Vidal Alcover y publicado por la editorial Moll.

libros

Todo ello me hace suponer que si no es el número uno de la producción editorial mallorquina, estará entre los primeros. Desconozco si se ha realizado algún estudio sobre la producción editorial; supongo que entre los más publicados estarán las "Rondaies mallorquines d'en Jordi des Recó", posiblemente algún libro religioso, quizás algún Almanaque, tal vez el "Queridos mallorquines" de Guy de Forestier, pero seguramente está este "Un invierno en Mallorca" de George Sand.

Bueno, pues creo que ya es hora de que haya una edición digitalizada y libre de este libro en Castellano en Internet. La edición francesa ya se puede encontrar, y la traducción realizada por Pedro Estelrich Fuster (1845 - 1912) ya es de ese Dominio Público nominal, por lo que conviene que sea real, lo cual no parece que vayan a hacer las instituciones mallorquinas relacionadas con la cultura, por lo que conviene que la realice alguna persona particular y esa persona puedo ser yo.

Así que en los próximos días intentaré hacerlo conjugando esa tarea con las entradas en esta bitácora.

Incoación BC cerámica de Barceló 'Vase ½ Crânes, 1999'

fabian | 30 Abril, 2012 10:02

Incoación declaración de Bien Catalogado de la obra de Miquel Barceló titulada Vase ½ Cranes 1999

Fuente: BOIB nº 060 (pdf)
Fecha publicación: 28 abril 2012

cerámica
Vase ½ Crânes, 1999

 (Segueix)

Julio Verne y el rayo verde

fabian | 27 Abril, 2012 12:00

¿Habéis observado el sol cuando se pone en el horizonte del mar? Sí, sin duda alguna ¿Lo habéis seguido hasta que la parte superior del disco desaparece rozando la línea del horizonte? Es muy posible. Pero ¿Os habéis dado cuenta del fenómeno que se produce en el preciso instante en que el astro radiante lanza su último rayo, si el cielo está completamente despejado y transparente? ¡No, seguramente no! Pues bien, la primera vez que tengas ocasión -¡se presenta tan raramente!- de hacer esta observación, no será, como podría presumirse un rayo rojo lo que herirá la retina de vuestros ojos, sino que será un rayo verde, pero un verde maravilloso, un verde que ningún pintor puede obtener en su paleta. Un verde cuya naturaleza no se encuentra ni en los variados verdes de los vegetales, ni en las tonalidades de los mares más transparentes. Si existe el verde en el Paraíso, no puede ser mas que este verde, que es sin duda, el verdadero verde de la Esperanza

Julio Verne: El rayo verde, pág. 10

Las anteriores palabras, Verne las sitúa en un artículo periodístico del "Morning Post" de la señorita Campbell, de las tierras altas de Escocia, lugar donde Verne ambienta esta romántica novela. Así, pues, "El rayo verde" de Julio Verne no tiene ninguna relación con estas islas del Mediterráneo.

portada
Portada del libro de Julio Verne

Sin embargo, con ella cierro esta serie de artículos sobre Julio Verne en las Baleares porque conducen a otra obra literaria, escrita muchos años después de que Verne muriera en 1905. Otra obra escrita por otro Julio, argentino y de formación francesa que sí estuvo en Mallorca durante varias temporadas y que, recordando a su homónimo, desde Deyá (o Deià), en la sierra mallorquina, mirando la puesta del sol en las tranquilas aguas medierráneas, observó ese extraño rayo verde.

El autor de "Mi rayo verde" es Julio Cortázar (1914 - 1984). Creo que esta narración se publicó en el libro Julio Cortázar. Papeles inesperados, publicado en el 2009 por su primera mujer. No he encontrado este libro en las bibliotecas mallorquinas, pero sí algo de la anécdota del rayo verde en la web:

Y si ahora rememoro en una costa mallorquina digna del castillo de Don Gaspar, es porque todo se ha vuelto de nuevo infancia desde ayer por la tarde, a partir del instante en que me fue dado ver, desde el mirador del Archiduque Luis Salvador cerca de Deyá, el rayo verde.

Soy incapaz de saber en qué orden leí de niño una cierta novela de Julio Verne y el poema de Don Gaspar, ambas cosas coexisten en la memoria y acuden juntas a esta máquina de escribir, hoy en que me hubiera gustado hablar del rayo verde como don Gaspar de su torreón batido por el mar y la desgracia, ver nacer de mis manos tecleadoras un poema narrativo que contuviera toda la maravilla por fin realizada ayer de tarde (...).

Ayer, desde el mirador del Archiduque Luis Salvador, miré una vez más hundirse el sol en el mar. Un amigo mencionó el rayo verde, y me dolió por adelantado que los niños presentes lo esperaran con la misma ansiedad con que yo lo había deseado en mi absurdo horizonte suburbano; ahora sería peor, ahora las condiciones estaban dadas y no habría rayo verde, los padres justificarían de cualquier manera el fiasco para consolar a los pequeños; la vida —así la llaman— marcaría otro punto en su camino hacia el conformismo. Del sol quedaba un último, frágil segmento anaranjado.

Lo vimos desaparecer detrás del perfecto borde del mar, envuelto en el halo que aún duraría algunos minutos. Y entonces surgió el rayo verde, no era un rayo sino un fulgor, una chispa instantánea en un punto como de fusión alquímica, de solución heracliteana de elementos. Era una chispa intensamente verde, era un rayo verde aunque no fuera un rayo, era el rayo verde, era Julio Verne murmurándome al oído: ¿Lo viste al fin, gran tonto? (Julio Cortázar: El rayo verde).

Balear exterior: “El rayo verde”, relato de Julio Cortázar insipirado en la Serra de Tramuntana de Mallorca

Julio Cortázar

"¿Lo viste al fin, gran tonto?", son las palabras que Julio Verne murmura a Julio Cortázar. Y son palabras preciosas para terminar estas entradas sobre Julio Verne, como final de la luz del ocaso que se hunde tras el mar al que los dos Julios tanto amaron. "¿Lo viste al fin, gran tonto?"-

 (Segueix)

Julio Verne y Formentera

fabian | 26 Abril, 2012 12:35

No voy a explicar la compleja novela de Julio Verne (1828 - 1905) titulada Héctor Servadac (en pdf) (1877), cuyo argumento puede encontrarse en la Wikipedia o en alguna web de ciencia ficción o fantasía como Un uiverso de Ciencia Ficción donde se indican los cambios que el escritor tuvo que realizar obligado por el editor.

Héctor Servadac es, si no la primera, una de las primeras novelas de cometas, ya que un cometa pasa muy cerca del planeta Tierra y se produce una especie de abducción extraña por el cual una pequeña parte de la Tierra es absorbida por el cometa y esa pequeña parte que el cometa se lleva es una zona del Mediterráneo. Todo ocurre repentinamente, sin estar avisados los habitantes, quedando ahora ya sobre el cometa - aunque no sabiéndolo los personajes - unos pocos supervivientes, cuya misión será sobrevivir a los cambios climáticos, la gravedad es menor, las temperaturas son extremas, etc. Hay una fase de exploración y de búsqueda de los supervivientes y es en esta fase cuando aparece Formentera, que no es tratada descriptivamente sino sólo nominativamente como un islote donde se encuentra un científico que se había trasladado a la isla días antes de la catástrofe para estudiar los fenómenos astrológicos y climáticos extraños que se estaban produciendo.

Formentera y un científico francés ... ¿No nos recuerda algo? ¿No fue François Arago (1786 - 1853) quien estuvo hacia 1808 en la isla midiendo el meridiano?

¡FORMENTERA! –exclamaron casi al unísono el conde Timascheff y el capitán Servadac.

Era el nombre de una isla del grupo de las Baleares situado en el Mediterráneo. Esto indicaba con claridad y exactitud el punto que ocupaba entonces el autor de los documentos. ¿Pero qué hacía allí aquel francés? Si estaba, ¿vivía todavía?

No podía dudarse que era Formentera de donde había lanzado las noticias indicando las posiciones del fragmento del globo terrestre a que llamaba Galia.

De todos modos, el documento llevado por la paloma demostraba que el día 1.° de abril, o, lo que es lo mismo, quince días antes, estaba todavía en su puesto; pero aquel despacho se diferenciaba de los documentos anteriores que en el último no había el menor indicio de satisfacción. Ya no decía va bene, ni all right, ni nihil desperandum. Además, el despacho, únicamente redactado en francés, contenía un llamamiento supremo, una petición de socorro, puesto que anunciaba que iban a faltar los víveres.

El capitán Servadac hizo en pocas palabras estas observaciones y después agregó:

– Amigos míos, debemos ir en seguida a socorrer a ese desgraciado.

– O a esos desgraciados –añadió el conde Timascheff–. Capitán, estoy dispuesto a ir con usted.

– Es evidente –dijo entonces el teniente Procopio– que la Dobryna ha pasado cerca de Formentera cuando exploramos el sitio de las antiguas Baleares, y, por consiguiente, si no hemos visto tierra alguna es porque, en Formentera como Gibraltar, lo mismo que en Ceuta, sólo queda un pequeño islote de todo aquel archipiélago.

– Por pequeño que sea ese islote, lo encontraremos – respondió el capitán Servadac –. Teniente Procopio, ¿que distancia hay de aquí a Formentera?

– Ciento veinte leguas aproximadamente, capitán; y ahora tengo que preguntar a usted cómo piensa hacer este viaje.

Julio Verne: Héctor Servadac, pág. 106

grabado

El encuentro o rescate del astrónomo de Formentera se produce; se llama Palmirano Roseta y hay un momento en que le piden que cuente su historia:

Y uno tras otro fueron igualmente presentados los marineros rusos, los españoles, el joven Pablo y la pequeña Nina, a quienes el profesor miró por debajo de sus formidables anteojos como hombre a quien no agradan los niños.

Isaac Hakhabut se presentó él mismo diciendo:

– Señor astrónomo, una pregunta, una sola, pero que tiene para mí suma importancia: ¿cuándo podremos volver a la Tierra?

– ¡Eh! –respondió el profesor–. ¿Quién habla de volver cuando no hemos hecho más que salir de ella?

Terminadas las presentaciones oficiales, Héctor Servadac rogó a Palmirano Roseta que les refiera su historia, y el profesor, sorprendido quizás en un momento de buen humor, se prestó a ello.

He aquí, en resumen, lo que dijo: Deseando comprobar el Gobierno francés la medida del arco levantado sobre el meridiano de París, nombró para ello una comisión científica, de la que, a causa de su carácter insociable, fue excluido Palmirano Roseta. Furioso el profesor por este desaire, resolvió trabajar por su cuenta, v, pretendiendo que las primeras operaciones geodésicas contenían muchas inexactitudes, decidió medir nuevamente la red que había unido a Formentera con el litoral español por un triángulo, uno de cuyos lados era de cuarenta leguas. Tratábase pues, de ejecutar la misma operación que Arago y Biot habían practicado antes que él con notable exactitud.

»Con este propósito salió de París, se trasladó a las Baleares, instaló su observatorio en la cima más alta de la isla de Formentera y se dispuso a vivir como ermitaño con su criado José, mientras uno de sus antiguos ayudantes, a quien había llevado consigo, se ocupaba en colocar en uno de los montes de la costa de España un reverbero que pudiera verse con los anteojos desde Formentera. Algunos libros, instrumentos de observación y víveres para dos meses, componían todo su material, además del anteojo astronómico, de) que Palmirano Roseta no se separaba y que parecía formar parte de su persona.

»El antiguo profesor del Colegio Carlomagno tenía la pasión de contemplar las profundidades del cielo, con la esperanza de hacer algún descubrimiento que inmortalizara su nombre. Esta era su principal manía.

»El trabajo de Palmirano Roseta exigía, ante todo, gran paciencia, pero ésta era una virtud que él poseía en el más alto grado. Tenía que observar todas las noches el fanal que su ayudante encendía en el litoral del continente español, a fin de fijar el vértice de su triángulo, y no había olvidado que en estas condiciones habían transcurrido sesenta y un días antes que Arago y Biot hubieran logrado este objeto. Por desgracia, como hemos dicho, una espesa niebla, de extraordinaria intensidad, envolvía aquella parte de Europa y casi todo el globo. Precisamente en aquellos parajes de las islas Baleares, desgarróse varias veces la niebla, y Palmirano Roseta vigilaba por esto mismo con el mayor cuidado, lo que no era obstáculo para que mirase interrogativamente el firmamento, porque a la sazón se ocupaba en revisar con gran cuidado la carta de la parte del cielo en que brillaba la constelación de Géminis.

»Esta constelación, a simple vista, presenta a lo sumo seis estrellas; pero mirada por un telescopio de veintisiete centímetros de abertura, pueden verse en ella más de seis mil Como Palmirano Roseta carecía de un reflector de tanta potencia, se servía de un anteojo astronómico.

»Sin embargo, cierto día, examinando las profundidades celestes en la constelación de Géminis, creyó distinguir un punto brillante, no señalado en ninguna carta. Era, sin duda, una estrella, que no estaba incluida en el catálogo; pero observándola con atención durante algunas noches, vio que el astro cambiaba rápidamente de sitio, con relación a las otras estrellas fijas. ¿Era un nuevo planeta que Dios le enviaba? ¿Había hecho él al fin un descubrimiento?

Julio Verne: Héctor Servadac, págs. 129 y ss.

El texto que resume la explicación del científico es largo, ocupa varias páginas, pero con el fragmento copiado queda claro el homenaje que Verne realiza en esta novela de homenaje a los científicos franceses que en Formentera realizaron la medición del meridiano de París.

Parece ser que la novela originalmente acababa con la muerte de los supervivientes de la tragedia, pero el editor de Verne le exigió cambiar ese final, por lo que ésta pierde coherencia para conseguir un regreso feliz al planeta Tierra.

 (Segueix)

Navegaciones de Julio Verne por el Mediterráneo

fabian | 25 Abril, 2012 17:29

Julio Verne tuvo tres embarcaciones, las tres con el mismo nombre "Saint Michel", aunque diferenciadas con la numeración romana. Navegó en ellos intermitentemente entre 1868 y 1886. La "Saint Michel I" era una embarcación a vela de 7 a 9 metros de eslora. En él escribió "20.000 leguas de viaje submarino" y viajó por costas de Inglaterra y España. El "Saint Michel II" lo adquirió en 1876; era un velero de 19 toneladas y 13 metros, sólo lo tuvo un año y medio pues hacia finales de 1877 adquirió el "Saint Michel III", ya un gran yate, un "steamer" que requiere una tripulación de diez hombres, que puede navegar a vapor o a vela, de 31 metros de eslora y 38 toneladas. Con él ya puede realizar grandes travesías.

En 1878 realiza su primera travesía importante, de mayo a agosto. Su puerto de amarre era Tréport, de donde partió haciendo escalas en Vigo, Lisboa, Cádiz, Tánger, Gibraltar, Málaga, Tetuán y Argel. De esta travesía nacerían dos libros "Héctor Servadac" y "Un capitán de quince años".

En 1879 Verne navega por Inglaterra y Escocia; en 1880, por Irlanda, Escocia y Noruega; en 1881, por los Paises Bajos, Alemania y Dinamarca y es en 1884 cuando regresa al Mediterráneo y visita Argel, Malta, Italia "y otros lugares" - indica la fuente en que leo: Navegando en los barcos de Julio Verne, por Cristian Tello -, y añade que en Nápoles Julio Verne recibe la visita del Archiduque de Austria Luis Salvador "con el cual mantendrá una buena amistad por correspondencia, Sus novelas Clovis Dardentor y 'Matías Sandorf' encierran pasajes vividos en aquel crucero".

En 1885 Julio Verne pasa por problemas económicos y a comienzos de 1886 vende a muy bajo precio el "Saint Michel III" al príncipe Nicholas de Montenegro quien le cambió el nombre por "Sybila", poco antes de que en marzo del mismo año, un sobrino del príncipe le dejara inválido por un disparo de revólver.

velero
El 'Saint Michel III', de Julio Verne

Dos novelas de Julio Verne he resaltado con negritas. De su primera travesía por el Mediterráneo, en 1878, en la novela "Héctor Servadac" aparecería Formentera - aunque en especiales condiciones que ya señalaré -, isla donde hay una placa dedicada a Julio Verne. De su segundo crucero por el Mediterráneo, en 1884, nacería la novela "Clovis Dardentor" en la que aparece Palma (ver: De Julio Verne en Palma).

¿Estuvo en las Baleares Julio Verne? La publicidad de las Cuevas del Drach dice que sí, que incluso de la visita que hizo a esas cuevas nació la novela "Viaje al centro de la Tierra". Aún más, que firmó en el libro de visitantes ilustres. Los viticultores de Binissalem, cuyos vinos fueron alabados en la novela de 1884, posiblemente también lo afirmaran; la leyenda de que asistió a la representación de la zarzuela "De la Tierra a la Luna" en el teatro "Mar y Tierra" del arrabal de Santa Catalina de Palma, aún permanece en la ciudad ...

Y, sin embargo, parece ser que no llegó a las Baleares. Que la supuesta firma en el libro de visitantes de las cuevas no es auténtica y que, en ese tiempo también alguien firmó "Alejandro Dumas", quien había muerto ochenta años antes; que su asistencia al teatro es pura leyenda o propaganda y que la información sobre Palma que aparece en los capítulos de "Clovis Dardentor" está extraída del "Die Balearen" del Archiduque y que en esos mismos capítulos se insinúa:

grabado
El paquebote dobló en seguida el peligroso arrecife de la Dragonera, sobre que se yergue un faro, y entró en el estrecho paso de Friou, entre rocas abruptas

Si hay un sitio que se pueda conocer a fondo sin haberle visitado jamás, es el magnífico archipiélago de las Baleares. [...]

¡Sí! Si lo que se ha hecho para este oasis del Mediterráneo se hubiera hecho con cualquiera otro país de los dos continentes, sería inútil que uno abandonara su casa y se pusiera en viaje para ir a admirar con los propios ojos las maravillas naturales recomendadas a los viajeros. Bastaría encerrarse en una biblioteca, a condición de que esta biblioteca poseyera la obra de Su Alteza el Archiduque Luis Salvador de Austria sobre las Baleares, y leer un texto tan completo y tan preciso, mirando los grabados en colores, las vistas, los dibujos, los croquis, los planos, los mapas, que hacen de esta publicación una obra sin rival.

Es, en efecto, un trabajo incomparable por la belleza de la ejecución, por su valor geográfico, étnico, estadístico, artístico... Por desgracia esa obra maestra de librería no está en el comercio.

Así es que Clovis Dardentor no la conocía, ni Marcel Lornans, ni Juan Taconnat. Sin embargo, puesto que, gracias a la escala del Argelés, habían desembarcado en la principal isla del archipiélago, por lo menos iban a presentarse en su capital, penetrando en el corazón de aquella ciudad encantador, y fijar sus recuerdos en sus notas. Y probablemente después de saludar en el fondo del puerto el yate Nixe del Archiduque Luis Salvador, sentirían el deseo de fijar su residencia en la admirable isla.

Julio Verne: Clovis Dardentor, págs. 100 - 101

 (Segueix)

De Julio Verne en Palma

fabian | 24 Abril, 2012 12:14

Cuenta la leyenda que Julio Verne (1828 . 1905) estuvo en Mallorca. Visitó las cuevas de Artá y firmó en el libro de visitantes, y, en efecto, un visitante firmó con el nombre de Julio Verne. También se cuenta que una tarde asistió al teatro "Mar y Tierra" donde representaban, en forma de zarzuela, su obra "De la Tierra a la Luna". Y parece que incluso algún periódico de los primeros años del siglo XX, publicó la noticia de que se esperaba la visita del famoso novelista. Lo cuenta Joan Riera en El ´Mar i Terra´, el teatro en el que nunca estuvo Julio Verne (DM, 03/04/2009).

Lo que no cuentan es la entrada en galera con mulas en la iglesia de Santa Eulalia de Palma

grabado

El Argelés es un vapor que cubre la ruta Cette - Orán. En esta travesía entre Francia y África hace escala durante unas horas en Palma. Los pasajeros visitan la ciudad, la Lonja, la Catedral, la Casa Consistorial, atraviesan la ciudad y en la Puerta de Jesús alquilan una galera que les traslada al Castillo de Bellver. La visita se sitúa en la fecha del 28 de abril de 1885. Al salir de la visita al castillo ocurre un incidente:

El señor Dardentor montó el primero en el vehículo, antes que el cochero tomara asiento en el pescante.

Pero en el momento que Marcel Lornans y Juan Taconnat ponían el pie en el estribo, la galera se conmovió bruscamente, y los dos jóvenes se vieron en la precisión de retroceder rápidamente para evitar el choque del eje.

Lanzóse el cochero a la cabeza del tronco para sujetarle.¡Imposible! Las mulas se encabritan y derriban al hombre, que por un milagro no es aplastado por las ruedas del coche, que arranca como una flecha.

grabado

Gritos simultáneos del cochero y del guía. Ambos se precipitan por el camino de Bellver, que la galera cruza a gran galope, con riesgo de hundirse en los precipicios laterales o de reventarse contra los árboles del sombrío bosque.

- ¡Señor Dardentor! ¡Señor Dardentor!- exclamaba Marcel Lornans con toda la fuerza de sus pulmones- ¡Se va a matar! ¡Corramos, Juan, corramos!

-Sí- respondió Juan Taconnat-; y sobre todo, si esta ocasión debe de ser contada...

Fuese como fuese, en esta ocasión era preciso sujetar los caballos; es decir, las mulas. Pero, mulas o caballos, iban con tal rapidez que dejaban poca esperanza de detenerlos.

El cochero, el guía, los dos jóvenes y algunos campesinos que se les reunieron, se lanzaron tras el coche corriendo lo más que podían.

Entretanto, Clovis Dardentor, al que su sangre fría no abandonaba nunca, había cogido las riendas con vigorosa mano, y procuraba sujetar al tronco.

Era lo mismo que querer detener un proyectil en el momento en que escapa de la escopeta, y lo mismo para los que pasaban y lo procuraron.

El camino fue descendido locamente, y atravesado el torrente en la misma forma. Clovis Dardentor, siempre en posesión de sí mismo, habiendo conseguido mantener la galera en línea recta, pensaba que aquello acabaría ante la muralla, que el vehículo no franquearía por ninguna de sus puertas. No pensó en dejar las riendas y arrojarse del coche, por saber que en esto hay gran exposición y que vale más permanecer en el coche, aunque éste haya de volcar o estrellarse contra algún obstáculo.

¡Y aquellas malditas mulas sin cesar en su velocidad, con un arranque como no se había visto nunca en Mallorca ni en ninguna de las islas del Archipiélago!

Después de pasar por Terreno, la galera siguió la muralla por su parte exterior, haciendo ziszás terribles, saltando como una cabra, pasando ante las puertas de la muralla y llegando a la puerta Pintada, en el ángulo NE. de la ciudad.

Preciso es admitir que las mulas conocían particularmente esta puerta, pues la franquearon sin vacilar, y se puede tener por cierto que no obedecían ni a la mano ni a la voz de Clovis Dardentor. Ellas dirigían la galera a triple galope, sin cuidarse de los transeúntes que huían, arrojándose a las puertas y dispersándose por las calles vecinas. Las maliciosas bestias parecían decirse a la oreja: «Iremos así mientras nos plazca, y a menos que no naufrague... ¡bogue la galera!»

Y por el dédalo de aquel rincón de la ciudad, un verdadero laberinto, el alocado tronco se lanzó con ardor terrible.

Desde el interior de las casas y tiendas la gente gritaba. Cabezas asustadas aparecían en las ventanas. El barrio se agitaba como en otra época, algunos siglos antes, cuando escuchaba el grito de, «¡Los moros, los moros!» No se explica cómo no se produjo ningún accidente en las calles estrechas y tortuosas que terminan en la de los Capuchinos.

Clovis Dardentor procuraba hacer algo. A fin de moderar aquel galope insensato tiraba de las riendas a riesgo de romperlas o de dislocarse los brazos. En realidad, las riendas eran las que tiraban de él, amenazando sacarle del coche en condiciones difíciles.

-¡Ah! ¡Qué galope del infierno!- se decía.- No veo razón para que se detengan mientras tengan sus cuatro patas cada una. Y esto..., baja...

Bajaban, en efecto, y bajarían hasta el puerto, donde la galera tal vez se daría un chapuzón en las aguas de la bahía; lo que seguramente calmaría el ardor del tronco.

Tomó primero a la derecha, luego a la izquierda, desembocó en la plaza de Olivar, a la que dio la vuelta como los antiguos carros romanos en la pista del Coliseo aunque ahora no había ni enemigos a quien vencer, ni premio que ganar. En vano, en dicha plaza, tres o cuatro agentes de policía se arrojaron sobre las mulas, queriendo prevenir una catástrofe imposible de evitar. Su heroísmo fue inútil. El uno fue derribado y se levantó herido; los otros tuvieron que dejar escapar su presa. La galera siguió su vertiginosa carrera, como sometida a las leyes de la caída de los cuerpos.

Era de presumir que aquello terminara de desastrosa manera cuando entraron en la calle de Olivar, pues en la mitad de ésta, muy pendiente, hay una escalera de unos quince escalones, y ya se comprende que tal sitio no es muy propio para carruajes.

Entonces redoblaron los clamores, a los que se unieron los ladridos de los perros. Bah!... ¡Por violentos que éstos fuesen las mulas no se inquietaban por algunos escalones!... Y he allí a la carroza bajando por la escalera a riesgo de romperse en mil pedazos.

grabado

Pero no se rompió. Resistieron la caja y los ejes, y las manos de Clovis Dardentor no abandonaron las riendas durante aquel descenso extraordinario.

Tras la galera se amontonaba una multitud cada vez más numerosa, de la que Marcel Lornans, Juan Taconnat, el cicerone y el cochero no formaban parte todavía.

Después de la plaza del Olivar, la calle de San Miguel, a la que sucedió la plaza de Abastos, donde una de las mulas, después de caer, se levantó sana y salva; después la calle de la Platería, después la plaza de Santa Eulalia.

-Es evidente- se dijo Clovis Dardentor- que la galera irá así hasta que le falte el terreno, y si no es en la bahía de Palma, no veo donde puede suceder esto.

En la plaza de Santa Eulalia se elevaba la iglesia destinada a esta santa mártir, que es para los de las Baleares objeto de particular veneración. No mucho tiempo antes la dicha iglesia servía como lugar de asilo, y los malhechores que conseguían refugiarse en ella escapaban a las garras de la policía.

Esta vez no fue a un malhechor al que su buena suerte arrastró allí, sino a Clovis Dardentor, fijo en la banqueta del vehículo.

¡Sí! En aquel momento la magnífica puerta de Santa Eulalia estaba abierta de par en par. Los fieles llenaban la iglesia. Se celebraban los oficios de salud, que tocaban a su fin, y el oficiante, vuelto hacia la piadosa reunión, levantaba las manos para bendecirla.

grabado

¡Qué tumulto, qué agitación, que gritos de espanto cuando la galera botó y rebotó sobre las losas de la nave! Pero, también ¡qué prodigioso efecto cuando el tronco cayó al fin ante las gradas del altar, en el instante en que el sacerdote decía:
Et Spiritui Sancto!

- ¡Amén! - respondió una voz sonora.

Era la voz de Clovis Dardentor, que acababa de recibir una bendición bien ganada.

Que vieran un milagro en este inesperado desenlace, no es de extrañar en un país tan profundamente religioso, y no seria asombroso que todos los años, el día 28 de Abril, se celebrase en la iglesia de Santa Eulalia la fiesta de Santa Galera di Salute.

Una hora después Marcel Lornans y Juan Taconnat se habían reunido con Clovis Dardentor en una fonda de la calle de Miramar, donde el último fue a descansar de tantas fatigas y emociones si se puede hablar de emociones tratándose de un carácter tan bien templado.

-¡Señor Dardentor!- exclamó Juan Taconnat.

-¡Ah, amigos míos!...- respondió el héroe del día.- ¡Buena carrera!

-¿Está usted sano y salvo?- preguntó Marcel Lornans.

-¡Completamente! ¡Y hasta me parece que nunca me he encontrado tan bien!... ¡A su salud, señores!

Julio Verne: Clovis Dardentor, págs. 127 . 132

grabado

Julio Verne en esta novela ofrece a la estancia en Palma dos capítulos, el "VI. En el que los múltiples incidentes de esta historia continúan en la ciudad de Palma" (pág. 100) y "VII. En el que Clovis Dardentor vuelve del Castillo de Bellver más deprisa de lo que ha ido" (pág. 117). De ellos no he podido resistir no copiar la galopada por las calles de Palma y la magnífica entrada en la iglesia de Santa Eulalia. ¡Fantástica!

Los grabados, de Léon Bennett están recogidos de la página The Illustrated Jules Verne. Clovis Dardentor (1895).

 (Segueix)
1 2 3 ... 169 170 171  Següent»
 
Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS
Powered by LifeType - Design by BalearWeb - Administrar