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Miguel de los Santos Oliver: 'Desde la terraza' (ebook)

fabian | 28 Novembre, 2014 12:41

Aunque los artículos "Desde la terraza" de Miguel de los Santos Oliver nunca formaron un libro por sí mismos, pero sí fueron publicados en el libro "Cosecha Periodística" en 1891 (Palma : Imprenta de Amengual y Muntaner) y en 1990 (El Tall), el ser ya la obra de Oliver de Dominio Público permite editarlos libremente y el mundo digital es el medio idóneo para ello.

Así, recogidos los diez artículos de "Desde la terraza", simplemente los he reunido en un pdf que cuelgo en Internet.

Oliver_libro

Miguel de los Santos Oliver: Desde la terraza (pdf)

Si los ebook anteriores que he puesto de Oliver eran libros: Literatura en Mallorca (1903) y Hojas del Sábado: De Mallorca (1918), "Desde la terraza" no fue un libro.

Biblioteca

Juan Cortada: Viaje a Mallorca en el estío de 1845
Jovellanos: Escritos sobre Mallorca
Pagenstecher: La isla de Mallorca. Reseña de un viaje (1867)
Rubén Darío: La isla de oro, 1907 (epub y pdf)
George Sand: Un invierno en Mallorca (1841)
Costa i Llobera: Líricas (1899)
Joan Alcover: Cap al Tard (1909).
Miguel de los Santos Oliver: Literatura en Mallorca (1903)
Juan Alcover: Meteoros (1901)
Juan Luis Estelrich: Páginas mallorquinas (1912)
Gabriel Maura: Aygo-forts (1892)
Antonio Noguera: Ensayos de Crítica Musical (1908)
Miguel de los Santos Oliver: Hojas del Sábado: De Mallorca (1918)
Costa i Llobera: Poesies (1885)
Santiago Rusiñol: Artículos periodísticos
Azorín: Sobre Mallorca
Diego Zaforteza Musoles: Ciutat (1932)

Confeccionar un ebook (I)
Confeccionar un ebook (II)

Desde la terraza (y X) de Miguel de los Santos Oliver

fabian | 27 Novembre, 2014 12:09

El décimo y último artículo que Miguel de los Santos Oliver publica sobre la industria del turismo en septiembre de 1890 no lleva el título de "desde la terraza" ni el subtítulo "(Páginas veraniegas)", aunque sí mantiene la numeración romana bajo un título que es una invitación "A Tartarín de Tarascón", personaje de la novela (1872) de Alphonse Daudet que viaja de Marsella a Argel.

Oliver cree que el turismo es una industria que puede modificar a la sociedad anfitriona en muchos aspectos. Por esto invita a Tartarín y le pide que se dé prisa si aún quiere conocer la Mallorca anterior al turismo.

A Tartarín de Tarascón

X

Notoria ingratitud é imperdonable descuido sería el no mentar, siquiera sea de despedida, el nombre del intrépido ascensionista de los Alpes, cuya vida estrenua y cuyos hechos admirables nos ha contado la pluma encantadora de Alfonso Daudet. ¿En quién, sino en el ilustro tarasconés, se personifican y encarnan el genio explorador y aventurero, el turismo atrevido y temerario, la afición á toda empresa bravía y el reto procaz á todo peligro? ¿Quién, con más gentil desprecio de la vida, suspendió su cuerpo sobre los abismos voraces y trepó á los más altos promontorios, ni quién resistió al vértigo de las crarasses y al frío de las nieves perpetuas con más ardoroso entusiasmo? Deber mío es dirigirte un saludo de invitación desde la pobre terraza donde he explayado mis imaginaciones veraniegas. Deber mío es, también, decirte que esta Mallorca que hoy dejamos, hermosa é impenetrable, poética y arisca al mismo tiempo, llena de fragosidades y precipicios, de malezas inexploradas y de engañadores barrancos, tentadora y esquiva como una virgen salvaje, no tardará mucho en perder este carácter ingenuo y montaraz Si tú quieres alcanzarlo todavía, apresúrate y no tardes en venir. Pronto, muy pronto, la isla habrá descubierto sus senos recónditos, hoy defendidos por las breñas y las escabrosidades de que se rodea la naturaleza en su indomable pudor.

Pronto se habrá rendido á las conquistas de la cultura moderna y á los halagos del artificio. La mano del hombre habrá pasado por allí allanando los obstáculos y las dificultades. A esos peñones gigantescos se enroscarán como blanquecinas culebras, caminos fáciles é ingeniosamente trazados. Puentes rústicos salvarán esas tremendas gargantas. Escalinatas abiertas á pico treparán tortuosamente y en descuidado zig-zag por esos anfiteatros de montañas, poblados de misteriosas oscuridades y de sonoros ecos... El peligro, el interés dramático de que tanto se enamora tu imaginación meridional habrá pasado á la historia y será para ti un estorbo, más bien que una ayuda imprescindible, el alpenstosck de tus arriesgadas ascensiones.

Es cuestión de aprovechar los últimos momentos, antes de que se inicie y se extienda la rápida transformación que no estamos lejos de presenciar. Ningún atractivo ofrecerán tu infatigable intrepidez la penalidad de la subida por el famoso barranco de Sóller, entre altísimos derrumbaderos; ni podrás ascender según tu gusto al soberbio Puig-Mayor, como subiste un día al Rhigi-Culm (regina montium); ni atravesar, colgado de vez en cuando sobre los abismos, el magnífico Torrente de Pareys, excursión de la cual suele decirse que no es hecha más que para una vez en la vida; ni llegar á la costa inabordable de Formentor; ni bajar entre sombras espantosas, á penas esclarecidas por débiles teas ó raquíticos reverberos, al húmedo fondo de las grutas de Artá y del Drach...

Por el contrario; si tardas, Mallorca ya no será la Mallorca primitiva que hayas podido entrever. Se habrán apoderado de ella los omnipotentes genios de la empresa, de la comodidad y de la moda. Anchos vericuetos llegarán á todas partes. Cómodas hospederías, en los puntos más difíciles ofrecerán la perpetua abundancia de unas bodas de Camacho. No será difícil que en alguna de ellas encuentres á otro Bompard que te ponga en el secreto, y te diga que esto no es lo que parece, sino una decoración explotada por una compañía inglesa, como te sucedió en Suiza. Te dirigirás á Sóller subiendo por el Coll y en menos de una hora, se te adelantarán otros turistas por la vía férrea, transpasando el magestuoso túnel. Querrás subir al Puig Mayor y un ferrocarril funicular te dejará en la cumbre en un santiamén, encontrándote sentado á la mesa redonda de un hotel donde también discutirán los arrocistas y los ciruelistas, hiriéndote los oídos los acentos de todas las lenguas europeas. En una palabra, entrarás en las oscuras cuevas de estalactitas y de pronto estallará en miles de amperes el esplendor deslumbrante de la luz eléctrica, llenando de destellos las encantadas galerías de aquellos alcázares de cristal, mientras que cómodos ascensores y poéticas góndolas te subirán á las mayores alturas ó te harán dar la vuelta por sus paradisíacos lagos.

Esta será la obra que más tarde ó más temprano ha de venir á defraudar tu sed do aventuras, aunque apagando la de facilidades tan apetecidas por los viajeros poltrones y delicados. En este sentido cogí la tosca pluma y con tal objeto he pergeñado una serie de capítulos de esa gran fantasía sobre motivos de Mallorca. Mas antes de soltarla y de retirarme por ahora del palenque, quiero advertirte de lo que no creo imposible ni siquiera remoto. Tú, que has viajado mucho... con la imaginación, — como yo — verás si tengo razón en mis vaticinios. He puesto alas de papel al desmanado pensamiento, para que vuele como una cometa y la divisen los ojos perspicaces. El pensamiento no es mío; no me reservo ni encontraría justa para mí ninguna parte de de gloria. Lo he absorbido, por condensación, del espíritu que anima á muchos inteligentes patriotas. Es una idea que estaba en la atmósfera, flotante, dispersa; y yo la he recogido á la buena de Dios como se recoge la electricidad en los acumuladores. Sólo deseo que otros más idóneos y activos, continúen la campaña emprendida, la extiendan, la dirijan y encaucen, y obtengan los laureles del triunfo con la seguridad de que yo no he de envidiárselos.

Oliver
Miguel de los Santos Oliver

Has de saber que mil veces me he preguntado: — ¿Porqué tendremos nosotros los mallorquines este carácter tan acomodaticio? ¿Por qué nos plegamos tan dócilmente á las circunstancias? ¿Por qué nos conformamos con todo lo actual y lo encontramos tolerable, y hasta bueno, y oponemos el mayor excepticismo á toda innovación y sólo la aceptamos cuando el éxito se burla de nuestra muda derrota? Prefiero más un entusiasta como tú, ilustre Tartarin, que cien «prudentes y conspicuos», título que con frecuencia adopta la nulidad para ostentar alguno. Únicamente con una gran dosis de fé y de entusiasmo es posible llevar á cabo las mejoras que los tiempos y las necesidades reclaman. Bajo el nombre de prudencia y de cordura suelen esconderse, muy á menudo, la pereza y el egoísmo, la sordidez y la necedad. El grito de ¡adelante! en estas empresas, fue siempre el de los pechos magnánimos y generosos, el de los descubridores de mundos y de ideas. Tú no me querrás creer; en mi tierra ya estamos hartos de «cordura», de «sensatez», de sosería... Hace veinte años que vivimos en pleno estacionarismo. Todos somos cuerdos, porque ninguno hace nada. Todos somos sensatos, porque todos dormimos el mismo sueño.

Y á la verdad: esto es ya insoportable. Se hace necesaria como el pan nuestro de cada día, una irrupción de insensatos, de dementes, de oxigenados, no importa qué; pero que pongan esto en movimiento, que una vez en marcha no falte nunca el auxilio de la reflexión y de la madurez. Yo me he declarado resueltamente insensato, desde que puse la primera línea de estos artículos y seguiré siéndolo y creyendo á marcha martillo en la posibilidad de la obra hasta que vea emprenderla, lo cual tal vez no sea tan lejano como pudiera suponerse. Transformaciones más radicales y asombrosas se contemplan todos los días. De esta suerte se verifica todo lo grande. En esta forma alcanzaron su fortuna Suiza cuando la dio á conocer Rousseau; Niza desde que es provincia y Argel desde que es colonia de Francia; nuestras estaciones del Cantábrico desde que han sido insensatas... ¿Qué maravilla ni portento, que aquí aconteciese otro tanto con muchísimo menor empuje, ya que tenemos un punto de partida más sólido y brillante?

Dios haga que estas ú otras páginas arrebatadas por el viento de la publicidad, en su misteriosa ruta vayan á caer bajo los ojos del emprendedor que yo he soñado en mis divagaciones. Dios haga que la casualidad las ponga en manos expertas que puedan ampliarlas y desarrollar todos los puntos que contienen en incorrecto y elemental esbozo. Yo me habré recreado en esparcirlas, con el mismo gusto del que suelta una bandada de palomas mensajeras con su carta en el cuello preñada de felices revelaciones, o como el solitario de las playas desiertas que arroja al mar una botella lacrada, para que arribando á latitudes ignotas pueda saber la lejana muchedumbre la existencia de un tesoro escondido.

(La Almudaina, 25 de Septiembre de 1890)

Estos artículos de Miguel de los Santos Oliver dieron sus frutos. A comienzos del siglo XX se crearía el Gran Hotel en cuya inauguración Oliver pronunció un discurso, la Sociedad de Fomento del Turismo y Bartolomé Amengual publicaría, basado en las ideas de Oliver, "La Industria de los Forasteros" (ver: Del Grand Hotel y la industria de forasteros.

 (Segueix)

Desde la terraza (IX) de Miguel de los Santos Oliver

fabian | 26 Novembre, 2014 18:38

Durante un tiempo traté en esta bitácora el tema de las embarcaciones relacionadas con las islas (ver: Náutica). Recogí los artículos de Manolo Rives, relatos de viajeros sobre los vapores que utilizaron como Travesía en el Mallorquín de Juan Cortada en 1845. "El primer vapor en Mallorca fue el "Mallorquín", construído en 1837 y que fue correo entre Palma y Barcelona; el 7 de noviembre de 1838 embarcaban en él Frederick Chopin y George Sand. Tras este primer vapor, se compraron otros: el "Barcelonés", en 1847; el "Rey Don Jaime I", en 1856; y en 1858, el "Rey Don Jaime II".". Fue en este vapor en el que viajó Gaston Vuillier en 1889 (El viaje Palma - Ibiza de Gaston Vuillier en 1889), aunque antes en 1888 viajó en el Cataluña.

Nombres de veleros, vapores, buques como la Corbeta Palma; los buques correo "Jaime I", "JaimeII"; el vapor "Lulio" o el "Miramar", los cuatro vapores "Mallorca", el "Isleño", el último velero mallorquín "San Mus" .. Mucha historia naval guardan estas islas, historia que nerece ser más conocida.

Desde la terraza

(Páginas veraniegas)

IX

Resuelto el problema del hospedaje, faltan todavía algunos rabos por desollar. El primero y más importante es, sin duda, el de las comunicaciones que abraza dos aspectos. La comunicación de esta isla con el continente y la comunicación interior que facilite toda clase de expediciones á sitios ahora escabrosos e inexpugnables. Fijándonos en el primero, es imposible prescindir del estado actual de nuestras compañías de navegación. Sin entrar en pormenores económicos, que desconozco por completo, sólo me será dado añadir algún concepto, en lo tocante á las relaciones que sostienen con el público. La forma cómo se han constituido y prosperado, la índole de sus buques, las necesidades actuales del comercio, etc., hacen que, por lo general, sea considerado el pasaje como un lucro secundario y que se vea el más importante sostén en los fletes y en las mercancías. No vayamos á culpar por ello á las empresas. Bastantes vicisitudes han tenido que afrontar y bastantes contrariedades que resistir, para que pudiesen hacerse cargo de una ley económica que siempre ayuda a la perfección y al rédito, con innumerables ventajas: la división del trabajo.

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El Mallorquín, en una acuarela de Ramon Sampol Isern

De acoger y aplicar este principio, en vez de reiteradas compras de buques mediocres y mixtos, en vez de adquisiciones de vapores obtenidos de lance para destinarlos de una manera violenta á otros servicios que los que inspiraron su construcción, se hubiese tenido el cuidado y el buen acierto de construir ó adquirir exprofeso un buque de pasaje, con la velocidad, el espacio y las comodidades que permiten los últimos adelantos. La conducción de pasajeros, tal como ahora se verifica, no puede ser presentada como un modelo. En algunos de los buques á que me refiero los camarote» no son tales, sino angostos escondrijos dispuestos en estantería, donde se incrusta por una noche el viajero, dispuesto á pasarlo lo mejor que pueda, si es que no prefiere permanecer sobre cubierta toda la travesía. Del servicio de camareros, puede decirse lo mismo, aunque corregido y aumentado, que decía al tratar de las fondas. Falta de costumbre en las maneras del bien servir y, alguna vez, grosería y despego. Sobre todo, descuido en la cocina y cantina, casi siempre poco provistas y no muy esmeradas, Y para terminar, cuando la carga lo exige, olvido completo de los pasajeros, retardo en la salida, invasión de la cubierta y hacinamiento de bultos que impiden todo movimiento, tales son á grandes rasgos los defectos capitales del sistema empleado.

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Bergantín - corbeta 'Capitán Planas' (1919 - 1923)

Se me contestará que el tráfico no da para más y que esas imperfecciones responden á la falta de movimiento y de ganancia. Aparte de que esto sea tan exacto como muchos suponen, hay que tener en cuenta un principio que pocas veces deja de ser reproductivo. Es á saber, que la circulación aumenta en progresión constante, cuantas más son las facilidades que en ella se introducen. Si las compañías de ferro-carriles al implantar sus proyectos, no hubiesen tenido que contar más que con los datos del tránsito por las antiguas carreteras, puede afirmarte que ninguno habría llegado á realizarse. Por el contrario; so ha tenido en cuenta el exponente de las comodidades ferro-viarias que elevan á una potencia enésima, el número de circulantes. Y se ha visto que allí donde antes iba una diligencia de doce asientos cada tres días, ahora llegan dos trenes diarios de infinitos coches. Pero ¿á qué cansarnos, si tenemos el mismo ejemplo en casa? ¿Podrían vivir las tres compañías de vapores con que actualmente cuenta esta población, si el movimiento de pasajeros y de mercancías con Valencia, con Barcelona, con Alicante, con Marsella ó Cette, fuese el mismo que hace sesenta años, cuando el pesado vapor Mallorquín, no había empezado todavía á remover con sus tumultuosas ruedas las aguas de nuestro puerto? Seguramente que no. Y es así que en tiempo normal, vemos salir vapor para Barcelona los martes y los jueves, para Valencia los jueves, para Alicante los domingos, no contando los que salen de otros puertos de la isla, todos llenos y concurridos, sin que escasee la necesidad de duplicar el número de buques destinados á rendir tales expediciones. Otro caso de la misma especie ofrecen los ómnibus, sistema Ripert, desde hace pocos meses establecidos. Ha aumentado de una manera tan rápida y prodigiosa la comunicación con los suburbios y alrededores que enlazan, que resultan insuficientes los coches para tanto bullicio, cuando no les faltaron profetas de mal año, plañideros de un fiasco próximo.

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Buque "Rey Jaime I" (1911 - 1967)

Lo mismo, exactamente lo mismo acontecerá cuando haya alguien bastante animoso para establecer un vapor ó una línea de vapores para pasajeros, anchos, espaciosos, cómodos; que puedan llevarnos á Barcelona en seis ó siete horas; que ofrezcan á todo el mundo servicio esmerado y trato correcto; en suma, uno de esos elegantes steamer, que hacen la travesía de Calais, entre Francia é Inglaterra. Sería, seguramente, el mejor de los complementos para ayudar á la obra de atracción que debe verificar el gran Hotel. Hay todavía una multitud de personas, sobre todo de la península, que miran el mar con terror supersticioso é invencible. El mareo es una molestia, para otros, insoportable y sin remedio ni calmante conocidos. Y de ambas inquietudes, el único paliativo serio y evidente, es abreviar las horas de navegación, reducirlas á la mitad ó á menos, si es posible, de lo que ahora se emplea. Con seis horas de marcha todo el mundo se atrevería á pasar el gran charco y hasta el más pusilánime compraría á tan bajo precio la satisfacción de su curiosidad ó de sus deseos.

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El "Rafael Verdera" (desde 1926)

No quiero pintar á mis lectores lo bonito de uno de estos viajes rápidos, con tiempo bonancible. Si á pesar de las molestias actuales tienen tantos atractivos como ha sabido extraer de ellos Alcover en esa página deliciosa que tituló Travesía, considérese cuáles no serían á bordo de uno de los palacios flotantes á que me refiero. La seguridad de llegar más pronto alejaría las incertidumbres de los timoratos, las ansias del mareo en los más prontos, y conservaría en todos esa animación y regocijo propios del hombre en movimiento. Seis horas no bastan para pintar en el rostro las huellas del cansancio, ni para descomponer el tocado de las mujeres hermosas, ni para sombrear las ojeras de un penoso insomnio, ni para que decaiga la conversación en los corrillos, si se tiene en cuenta, que en el barco ha de haber sala de lectura, piano y espaciosos comedores donde, exentos de ese olor sui generis de las cámaras actuales, se puedan restaurar con apropiados manjares los joviales pasajeros y las delicadas pasajeras... hasta el punto de pasárseles el viaje en un soplo á muchos de ellos, salpicando muy por encima cada uno de tan variados capítulos como ofrecerían la conversación, la comida, la flirteation, la última novela y las fantasías á la luz de la luna, junto á una extrajera de áureos cabellos... en los cuales llegaría fresca aún, la gardenia comprada en la Rambla de las Flores, de Barcelona.

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La goleta "Miguel Caldentey"

Tampoco debe caber duda á nadie de las ventajas públicas y de los réditos individuales que esta empresa tendría, mejor dicho, tiene que reportar, pues estoy instintivamente seguro de que ha de realizarse muy pronto. Tal vez no haya otra más deseada ni sostenida por la opinión, ni que mas haya oído alentar en todos los tonos así confidenciales como públicos. Con la gran fonda á que me refería en mi artículo anterior y con el gran vapor que indico en éste, tendríamos las dos potencias, los dos medios estático y dinámico, de albergar y conducir á las gentes. Lo demás vendrá por sus propios pasos; y ciertamente no habíamos de tardar en ver alzarse el gracioso pabellón de unos baños flotantes, y en ver esparcirse por la costa un sin fin de caprichosas casetas; y en observar que el municipio, atento á las crecientes necesidades, abría un nuevo paseo, una alameda donde pudiesen darse toda clase de fiestas y de conciertos; y en admirar, por último, de qué manera se iniciaban toda suerte de festejos, útiles unos como las exposiciones regionales, otros puramente agradables, como las regatas en la bahía y las iluminaciones nocturnas de la costa, promovidos por las mismas empresas del Hotel, del vapor ó de los baños, ó por tantos otros interesados en mantener y estimular una afluencia siempre en aumento...

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El "Miramar"

Acerca de esos intereses vitales de nuestra olvidada Mallorca, debiera volver los ojos nuestra indiferente juventud. Más bien que vivir desterrada mentalmente de esta isla, más bien que despreciar el cariño y los afectos locales, á ellos debiera dedicar sus energías. Un poco más de amor al terruño en que nacimos y que, tarde ó temprano, ha de cubrir nuestros despojos, y un poco menos de la absorción centralista y uniformadora; un poco más de contrarrestar esa política que irradia de Madrid sobre la comarca para hacer que irradie de la comarca sobre Madrid, ponderando en la balanza cortesana con positivas influencias; un poco más de no considerar á la región como un simple medio, sino como una finalidad asistida de derechos innumerables; en suma, un poco más de mallorquínismo en todos los órdenes y un poco menos de flamenquismo ó madrileñismo ó imbecilismo ó como quiera llamársele.

(La Almudaina, 18 de Septiembre de 1890)

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Desde la terraza (VIII) de Miguel de los Santos Oliver

fabian | 26 Novembre, 2014 11:13

Al tiempo que Miguel de los Santos Oliver va exponiendo sus propuestas de creación de una industria turística, señalando las virtudes naturales de la isla para ello, muestra a la vez cierto escepticismo sobre el "factor humano" de que haya emprendedores que se arriesguen en esa empresa. Enuncia que cree en la "casualidad" como esperanza de que algo pueda surgir. Y a veces hay suerte.

Desde la terraza

(Páginas veraniegas)

VIII

Acontéceme con el asunto de mis artículos, que cuantas más vueltas le doy, más evidente me parece la posibilidad de mis ilusiones en esta materia. Y alguna vez llego á hacerme cruces de que nadie, hasta ahora, haya abordado de una manera decidida tan simpática y provechosa empresa. Casi toda mi filosofía se reduce á un aforismo, en apariencia insignificante: el de las pequeñas causas que producen grandes efectos y creo, á pié juntillas, que la mayor parte de descubrimientos, de maravillas y de revoluciones, se deben al soplo tornátil de esa Hada caprichosa, invisible y coqueta que llamamos casualidad. Otra empresa, mucho más atrevida, mucho más difícil, mucho más costosa y de profundísima influencia política y social, nació de esta suerte. La idea, mejor dicho, el ensueño de la conquista de Mallorca, lo absorbió de una manera inesperada el Rey Don Jaime en el banquete de Pedro Martel, donde el experto navegante relató su viaje á la isla, revelando al joven y animoso caudillo una comarca expléndida, fértil y encantada. De aquella brillante descripción, del entusiasmo y del fuego que vertió Martel con sus palabras, de la excitación ardiente y pasajera, propicia á convertir en realidad las quimeras, que se experimenta en una sobremesa surtida de ricos vinos cuando se encienden la sangre y las esperanzas... surgió con seguridad el hecho más trascendental de nuestra historia.

No hace todavía cinco lustros que se presentó modestamente en esta isla, viajando con el título de Conde de Neudorf un magnate de estirpe regia, S. A. el Archiduque Luis Salvador, hermano del último Gran Duque de Toscana. Cruzó, sin darse á conocer, esta isla, admiró sus bellezas, se extasió ante sus panoramas, recogió sus tradiciones, haciéndose familiares su historia y su lengua. Al poco tiempo adquiere el fundo de Miramar, al que ha ido anexionando una porción de predios contiguos. ¿Quién guiaría sus pasos hacia Mallorca? Sin duda, una simple curiosidad de viajero, harto de conocer los sitios famosos. Y al hallarse aquí se encontró, por casualidad, con algo no soñado ni previsto, con algo que atrajo todas sus aficiones y sus munificencias de príncipe, con esa propiedad extensísima que hoy hace asequible á todo el mundo, bordándola de caminos y de veredas, sin más objeto que el de llegar á un sitio pintoresco ó á un lugar ennoblecido por una tradición. Mucho, muchísimo debe la isla al generoso prócer, que ha venido á dar la norma de lo que podrían hacer los dueños de otros sitios hoy escarpados y casi inexpugnables, por ejemplo el Torrente de Pareys y la Calobra. Mas dejando para otro día este incidente, volveré á lo que ya tengo dicho, á la necesidad inmediata de contar ante todo, con medios de alojamiento, dignos y capaces.

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Voy á ser completamente franco y á confesar que no creo que la primera embestida ni el primer paso salga de entre nosotros. Para tamañas empresas se necesita, á parte de un capital superior ciertamente al que suele constituir la fortuna total de nuestros comerciantes, una fé y un conocimiento de la materia que sólo se obtienen con la experiencia de continuos viajes y con la observación de los gustos y de las inclinaciones de la extensa colonia trashumante. Gran satisfacción para mí sería que estos, ú otros artículos que me propongo publicar fuera de Mallorca, acertasen á despertar por casualidad, por la casualidad en que tanto confío, las buenas disposiciones del hombre sagaz y emprendedor que yo he fantaseado, mezcla equilibrada de aptitudes mercantiles y artísticas, soñador y aritmético, con algo de Rostchild y de Bécquer á un tiempo mismo. Y feliz en sumo grado me consideraría, si mis superficiales pláticas lograsen arrancar una vibración al unísono en quien fuese capaz de dar formas concretas y tangibles á la idea. En Mallorca no conozco, ó al menos no se ha revelado todavía, quien con los recursos, la inteligencia y la audacia indispensables, se pueda aventurar á ello. La iniciativa es aquí, lenta y de bajo vuelo. La negociación se hace en pequeña escala procurando suprimir todo azar y todo elemento aleatorio. El periculum sortis amilana y sobrecoge á todos los espíritus mercantilistas y en vez de redoblar en ellos las energías y de añadir el incentivo del albur y de una especie de apuestas con las circunstancias de lugar y tiempo, nuestro comercio arranca al simbólico Mercurio las aletas de los pies voladores, para aprisionarlos en el borceguí de plomo de la parsimonia.

De aquí, que no podamos esperanzar grandes cosas de los capitales y de los capitalistas indígenas. Además, por razones del tráfico á que se han dedicado todos ellos, por la timidez propia de nuestro carácter, por el desconocimiento de costumbres, pormenores y detalles en un todo extraños á nuestra educación y á nuestra índole, se vería expuesta á fracasar la intentona. Todo nos parecería sobrado, cuando tal vez fuese mezquino; todo nos parecería excusable y superfluo, cuando estas superfluidades resultarían una necesidad. Creeríamos pecar por esceso, cuando seguramente nos quedaríamos cortos y en una palabra, no daríamos al asunto las proporciones que exige y que, de cerca y con el radio de nuestro horizonte, no abarcaríamos en toda su amplitud. Vale más aguardar el día en que la casualidad, madre de la inspiración, haga torcer el carro de la Fortuna hacia nuestro país. Vale más esperar á que algunos de esos emprendedores audaces, solicitado por misteriosas atracciones ó por excitaciones directas, venga á estudiar sobre el terreno la posibilidad de la empresa.

No de otro modo se hizo en Suiza, ni de otro modo se logrará aquí. Dado el primer paso, lo restante vendrá por la inercia del movimiento; y el primer paso, como tenemos repetido, es la construcción de un gran Hotel, albergue magno capaz de recibir y satisfacer á las personas más exigentes y mejor acostumbradas. Un establecimiento de primera clase, construido expresamente, con elegancia, con primor y montado de una manera moderna é inteligente; atendidos con pulcritud todos los servicios, desde el de mestre d' hotel hasta el del último camarero, desde el menú hasta el salón de lectura, y desde el mueblaje hasta la sucursal telegráfica. Con esto se tendría la base imprescindible para revelar y ofrecer al gran mundo la existencia de este otro mundo delicioso y recóndito que hemos ido descubriendo. Entonces sería la ocasión oportuna para presentarlo, entonces estaríamos seguros de que nadie había de marcharse con la decepción que producen las incomodidades y las deficiencias.

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Pero, aun no es esto todo. Ya tenemos el edificio, limpio y flamante, con sus verjas de hierro; con su jardín exuberante y meridional con su suntuoso atrio y sus soberbias escaleras, emplazado, v. gr., junto á la Lonja, en la explanada que el puerto debe ganar al mar en su avance definitivo. Está dispuesto para recibir á esa muchedumbre cosmopolita, á los huéspedes más ilustres y notables. ¿Qué falta? Falta todavía algo esencial é imprescindible, algo que es el alma de toda especulación moderna, algo á que se debe atender en primera línea y con singularísimos cuidados: la publicidad. En Mallorca, y hasta hace poco en la España entera, se ha venido desconociendo la importancia de ese factor. Todo se fraguaba en la sombra, todo se apagaba en el vacío y en el silencio, todo moría en la oscuridad. También la influencia extranjera ha venido á desarraigar el hábito antiguo y hace algunos meses presenciamos la inauguración del magnífico balneario de Nanclares de la Oca y en estos últimos días la botadura de un crucero en Bilbao, hechas á plena luz y casi entre el fulgor de la apoteosis.

No es otra la forma indicada; y sin discutir ahora lo que aconsejan la discreción ó la cordura escrupulosas, no podemos prescindir del estado actual ni de las exigencias de la época. Esta responde al reclamo; todo lo que no llega á la opinión pública por conducto de los órganos de publicidad, que son como sus sentidos corporales, es lo mismo que si no existiese. Se requiere un anuncio eficaz, intenso, implacable; no ya ese anuncio rutinario de la cuarta plana de los periódicos, sino ese otro anuncio indirecto, ingenioso, literario y altisonante, de relaciones y artículos, de revistas é informes telegráficos, de fantasía y de hipérboles, con que los heraldos del periodismo lanzan á los cuatro vientos del mundo civilizado el agudo y penetrante clamor de sus estupendas trompeterías... Se requiere que vengan aquí redactores de los cuatro ó cinco colosos de la prensa europea, y de los más importantes periódicos españoles y que asistan á la inauguración del Hotel y que conozcan, entre toda suerte de agasajos, las maravillas de la isla, para que al día siguiente el Times y el Standard, el Figaró y el Gaulois, el Secolo y el Tagheblat, el Imparcial y la Epoca, etc. etc., llenen una y otra columna de animados conceptos y de pintorescas y exuberantes descripciones.

Algunas listas de nombres notables seguirían después; la influencia de nuestros hombres políticos podría combinar tal vez estos festejos con un próximo viaje de nuestra Soberana; los prospectos, en todos los idiomas, irían á las familias distinguidas, á las direcciones que contiene el Almanaque de Gotha, á los casinos y á los clubs más selectos... y pronto, el dique de la indiferencia se habría roto, y por el abierto portillo penetrarían la animación, la vida y el provecho.

(La Almudaina, 14 de Septiembre de 1890)

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Desde la terraza (VII) de Miguel de los Santos Oliver

fabian | 25 Novembre, 2014 17:43

"El día en que se pueda coger una Guide ó un Itineraire de Majorque que conduzca de la mano al viajero; el día en que se haya inaugurado un elegante y se monte un servicio completo de Hotel, expediciones á Valldemosa, á Sóller, á las Cuevas de Artá, sabiendo que á la hora precisa y sin necesidad de encargarse de ello lo tendrán todo arreglado, desde la comida hasta los carruajes... entonces podremos estar seguros de ver el nombre de Mallorca citado en todas partes y contaremos con esa afluencia que se trata de atraer y estimular" dice Miguel de los Santos Oliver en este artículo en que compara el clima de la isla con el de varias ciudades turísticas. Pero también añade a esa suma de condiciones otra algo inquietante: "El día en que se convenzan de que nuestra manera de ser ha cambiado" indica literalmente. Oliver buscaba emprendedores, temiendo no encontrarlos.

Desde la terraza

(Páginas veraniegas)

VII

Con las glorias se nos habían ido las memorias y no tuve ocasión apropiada para echar también mi cuarto á espadas en un asunto importantísimo: el clima. Alguno de los que hayan tenido la paciencia de leer mis artículos anteriores, tal vez esclamase: —Bien, muy bien, todo está perfectamente; pero ¿y el clima? ¿y las condiciones meteorológicas tan comentadas y discutidas por esos enfermos elegantes de los países del Norte que se ven obligados á emigrar en el rigor del invierno y aún durante la primavera? Contesto yo: —Calma, todo se andará,— muletilla de un acreditado Senador que conocí hace años y nunca tuvo arrebato bastante para arrancar una sola credencial al Ministro.

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El clima es inmejorable, el clima es apacible y sereno. Casi estoy por asegurar que no conozco en Europa un clima de mejor tono ni más chic. No se crea que yo trato de formar atmósfera. Los datos cantan. Yo no soy como un simpático Diputado á Cortes por esta isla que se fué á la redacción de su periódico á pedir que reprodujera un pronóstico de Noherlesoom, donde anunciaba lluvia, diciendo con mucha gracia: —Ya lo ven Vdes.; á mi viña le conviene que llueva; reproduzcan esto, que necesito hacer atmósfera... La atmósfera está hecha en las estadísticas y en las observaciones meteorológicas. Estas nos dan la razón de la benignidad que tanto recomienda á la isla de Mallorca. Carece de temperaturas extremas; he aquí la mejor de las recomendaciones. Una inmensa llanura de mar rodea á la isla por todas partes. La atmósfera confinada en ella, así que se enrarece, así que se satura de los efluvios terrestres y de las emanaciones viciosas de la fisiología animal y vegetal, cuenta, para equilibrarse, con el depósito del aire puro y virgen que llega de las salubres soledades marítimas, grandiosas cámaras de ventilación que jamás se contaminan ni agotan. Esa diafanidad y esa limpidez helénica de nuestro cielo, no obedecen á otra causa que á la renovación constante que sufre la atmósfera encerrada en el perímetro que dibujan nuestras costas, merced á las leyes de equilibrio de los gases.

Aunque casi todos los años nieva por la parte de la montaña, es muy poco frecuente que la nevada alcance al llano. En el espacio de los últimos cincuenta años tan sólo han caído cuatro de éstas, que hayan llegado á cubrir los tejados, calles y plazas de la ciudad con una capa de 0'20 m. de espesor. Para muchas generaciones una nevada que blanquee el paisaje ó la cubierta de los edificios, es un espectáculo rarísimo é inusitado, casi tanto como las auroras boreales. Hay sitios, en que no queda memoria de que la nieve haya permanecido más de 24 horas sin derretirse. El termómetro en verano, está muy lejos de alcanzar las elevadas temperaturas de muchas comarcas del mediodía y del interior déla península. Y la humedad que algunas veces se siente en Palma, se debe según el voto de personas peritísimas, más bien que á condiciones atmosféricas, al deplorable estado del subsuelo de la ciudad, sin alcantarillado impermeable, que absorbe todos los restos líquidos devolviéndolos á la evaporación exterior por medio de la capilaridad y de las filtraciones continuas. No achaquemos, pues, esta única inclemencia al cielo, sino á la desidia municipal y sobre todo á la nuestra propia, á la del público de que formamos parte, que no empuja y alienta las radicales reformas higiénicas que necesitamos como el pan de cada día.

Con estas reflexiones presentes, podemos acudir al libro sibilítico de la estadística. Recuerdo todavía algunas de las definiciones que aprendí cuando estudiaba Economía y Estadística, ó el agua chirle que por tal nos daban en la Universidad. Puro nunca ese estudio de las relaciones numéricas de los fenómenos, logró despertar en mí un gran interés. La ciencia que, según Ferrari, «cuenta las pulsaciones de la vida social,» tiene el peor de los defectos para cualquier temperamento medianamente artístico; carece de amenidad. Es seca como un esparto, fría como un ladrillo, uniforme como sus cuadriculados, monótona como la Mancha llana. Tal vez se deba esto al atraso de dicha ciencia, á la cual sus cultivadores no han sabido revestir de formas amenas, artísticas é interesantes, encerrándose siempre en el encasillado proverbial donde forma, por pelotones, un ejército de indigestos guarismos. De aquí nace el apuro en que me hallo al encontrarme con un cuadro comparativo de primera fuerza. Procuraré desmenuzarlo.

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Se trata de las diferencias de temperatura entre Palma y otras capitales de importancia y sus datos son tomados de la recopilación del Dr. Wagner. Los grados por qué se cuenta, son grados centígrados. Palma, tiene las siguientes temperaturas medias: invierno, 10'50; primavera, 15'30; verano, 22'70; otoño, 12'48 y la anual de 17'60. París: tiene, respectivamente; 3'30; 10'30; 18'10; 11'20 y 10'8 y por tanto una diferencia anual en menos, de 6'80 Niza obtiene: 9'60; 18'00; 23'20; 12'80 y 15'8 y por tanto otra diferencia, en menos, de 1'80. Génova: 8'30; 13'90; 23'40; 16'50 y por tanto otra diferencia, en menos, de 2'10. Pisa: 7'90; 13'80; 24'10; 17*00 y 15'70 y otra diferencia, en menos, de 1'90. Roma: 8'10; 14'10; 22'90; 16'50 y 15'40 y otra diferencia, en menos, de 2'20. Nápoles: 9'50; 14'40; 23'70; 16'90 y 16'10 y otra diferencia, en menos, de 1'50, Funchal (isla de Madeira): 16'30; 17'30; 2'10; 17'8 y 18'70, con una diferencia, en más, de 1'10. Y El Cairo: 14'50; 23'20; 29'40; 21'50 y 22'19 con una diferencia, en más, de 4'59.

Comparando las cifras transcritas, puede verse que el clima de Mallorca sin ser tan igual y por consiguiente tan suave como el de la isla de Madeira que nos servirá como tipo y que está situada á unos 7º menos de latitud, lo es tanto, con imperceptibles diferencias á nuestro favor, como los de Niza y Nápoles, siendo muy preferible á los de Génova. Pisa y Roma y no existiendo punto de comparación con el de París por mucho más frío, ni con el del Cairo por más ardoroso y sofocante. Las temperaturas de aquellas ciudades presentan mayores diferencias que Mallorca entre las varias estaciones. Puede añadirse, para los que más teman al calor, que hay pueblos como Valldemosa, Escorca, Deyá, donde es imperceptible el verano. Sacad ahora ¡oh vosotros! manes augustos de la estadística, genios del general Ibáñez y de mi amigo errante el Sr. Fajarnés, las consideraciones que se os ofrezcan de las cifras que llevo copiadas. Vean esos buenos de viajeros que van á invernar en Niza, en Génova, en Nápoles, que aquí hallarán las mismas benignidades y clemencias y el mismo sol y la misma luz y las mismas diafanidades etéreas-; y por encima de ello una vegetación cuasi tropical y un paisaje por ninguno igualado.

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Mr. Mark, el distinguido Cónsul de Inglaterra en estas islas, no pasa una semana sin recibir alguna carta de Londres ó de Edimburgo ó de otra población importantísima, en que esta ó la otra familia acomodada y este ó el otro potentado, le pidan noticias de Mallorca para pasar en ella las largas temporadas que los ingleses pasan fuera de su país. La contestación es lacónica y expresiva, como de un buen diplomático de Su Magestad Graciosa. «Mallorca es una tierra superior. Paisaje delicioso. Mar magnífico. Clima inmejorable. Falta confort. Hoteles de cuarta clase.» Es decir, con menos circunloquios, lo que ya apuntaba en mi último artículo. Y naturalmente, el buen touriste que recibe estas noticias, como no tenga más afición que la de correr mundo y admirar bellezas, como no sea poco exigente y si muy acomodaticio, prefiere tomar cualquier Guía Jeanne ó Boedeker y marchar á Niza, á Génova, á Nápoles ó á cualquier parte de estos sitios donde sabe que, aún ahorrando sobre los gastos dispendiosos á que lo obliga la alta vida de Londres, encuentra magnífica instalación y toda suerte de comodidades.

De ello, no debe caber duda á nadie. El día en que se convenzan de que nuestra manera de ser ha cambiado; el día en que se aumenten las facilidades de comunicación; el día en que la publicidad periodística haga llegar á todos los extremos del mundo la seguridad de encontrar los medios de que hoy por hoy se carece; el día en que se pueda coger una Guide ó un Itineraire de Majorque que conduzca de la mano al viajero; el día en que se haya inaugurado un elegante y se monte un servicio completo de Hotel expediciones á Valldemosa, á Sóller, á las Cuevas de Artá, sabiendo que á la hora precisa y sin necesidad de encargarse de ello lo tendrán todo arreglado, desde la comida hasta los carruajes... entonces podremos estar seguros de ver el nombre de Mallorca citado en todas partes y contaremos con esa afluencia que se trata de atraer y estimular.

Preparemos lentamente, pero con absoluta confianza, esta obra realizable. Por la parte humildísima que tal vez me corresponda de ella, puedo asegurar que antes de dar fin á esta desaliñada serie de Páginas veraniegas, indicaré todavía otros puntos, concretando hasta donde sea posible la forma que vislumbro como más á propósito para llevar á cima, en medio de todos los clamores del éxito y de todos los provechos del lucro, esa aspiración que ya reconozco como general á todos los mallorquines.

(La Almudaina, 11 de Septiembre de 1890)

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Desde la terraza (VI) de Miguel de los Santos Oliver

fabian | 25 Novembre, 2014 11:32

A este sexto artículo, Miguel de los Santos Oliver le da forma de carta dirigida a una persona que le ha felicitado por los anteriores. En la fecha en que escribe esta carta (1890), en Mallorca no había ningún hotel; el primero se creó en 1905 y la isla pasaba una mala situación económica que se plasmaba en una fuerte emigración. La industria turística ya existía en algunos países europeos como Francia, Suiza, Italia Oliver cree que esa industria podía ser una solución y en estos artículos la propone a sus conciudadanos. La dificultad está en que alguien con capital suficiente y con empeño y conocimiento se lanzase a la creación de un buen hotel. Será una década después cuando Juan Palmer Miralles creará el primer hotel de gran lujo, el "Grad Hotel" de Palma (ver Los comienzos del Grand Hotel de Palma). Tal como Oliver suponía, tras ese primer hotel llegarían otros.

Del Portfolio de Baleares. Guía de Mallorca de Benito Pons Fábregues, publicado en 1922 recojo tres anuncios de hoteles para ilustrar esta entrada.

Desde la terraza

(Páginas veraniegas)

VI

Sr. D.:

Estimado amigo y señor mío: Entre las inesperadas felicitaciones que me han valido estos pobres articulillos, viene á sorprenderme y halagarme la de V. por lo cordial y lo expansiva. No presuma usted que saco á colación ese éxito tan inmerecido de mis Páginas veraniegas, por la pueril satisfacción que pueda producirme. Ay! Lejos están los tiempos en que esto, tal vez, hubiera formado mi delicia. Me encuentro ya en un verdadero periodo de transición de mis antiguos anhelos y mis falaces esperanzas, que evolucionan hacia lo práctico y lo utilitario. De la misma manera, las nieblas vaporosas, como un ensueño, que se tienden arrastrando sus velos sutiles sobre los valles adormecidos por una especie de estupor, se agrupan para formar las nubes y aquel vapor acuoso que flotaba en la atmósfera, con apariencias ideales, se condensa en las opulentas gotas de una lluvia sonora y fecundísima.

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Por tanto, si alguna vez me pierdo en esa evaporación del espíritu y parece mi fantasía vagar en una especie de suspensión atmosférica, es para que condensada caiga en forma de rocío benéfico sobre el espíritu de los mallorquines, avivando su afición á las cosas de la tierra ó haciendo brotar los ocultos gérmenes de la iniciativa que mañana, tal vez, fertilizará y embellecerá estas soledades. Y lo único que verdaderamente me regocija de las felicitaciones á que aludo, es el asentimiento que prestan á mi opinión y el interés, que según traducen, va despertándose en la mente de muchos. Esto es lo primero, esto es por ahora lo único necesario. Que nos convenzamos de que hay mucho que hacer y mucho que explotar. Que veamos claro nuestros méritos y nuestros atrasos, los tesoros y las rutinas en que yacen sepultados é infecundos.

Como escribo estos párrafos sin método alguno y los apunto al vuelo, esto es, tal como se me ocurren las ideas, no recuerdo ya si fué en el último ó el penúltimo artículo que ofrecí ocuparme de lo que hace falta aquí para atraer gentes y hacer del todo grata su permanencia. No es difícil el resolverlo. Falta confort, en todo. Siento mucho el haber tenido que usar esta palabra extranjera: pero como también es aquí extranjera la idea que significa, no cabía decirla de otro modo. Entenderemos por confort, seguramente tanto V. como yo, el conjunto de comodidades, de cuidados y de requilorios que ayudan á hacer agradable la vida, que mantienen el reposo corporal indispensable para el equilibrio del espíritu, que defienden al hombre de los rigores naturales, coloreado todo, por un cierto tinte de arte y de belleza hasta lograr esa clásica hibridación del utile dulci. El confort es naturalmente relativo al medio social y fisiológico en que se ha educado cada cual. El mozo de labranza ó el grumete, resisten impertérritos el relente de la noche y la humedad de la lluvia, el frió glacial lo mismo que el sol de Agosto, porque se han ido acostumbrando é ello de una manera lenta, diaria y constante. Se han cumplido poco á poco las leyes de la adaptación y su cuerpo está modelado según las exigencias exteriores. Para éstos, son superfluidades la estufa perenne, el abrigo de pieles, los cristales herméticos, la ducha fría para reaccionarse, etc.

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En cambio la señorita delicada, que desde niña ha vivido al abrigo del soplo menos violento, que tiene la encarnadura fina y sutil por herencia, cuyos padres y ascendientes llevaron siempre una vida sedentaria preparando esa relajación y esa delicadeza corporales, que se ha criado, en suma, ni más ni menos que como se crían en el invernadero las flores más exquisitas ó intangibles, no puede resistir cinco minutos el aire que entra por una rendija mal ajustada. De la misma manera, todo cuanto se refiere no ya á las inclemencias, sino al arte, á las reformas, al pulimento exterior. Nosotros nos ponemos ahora dentro de estos carricoches que llamamos carriles y estamos tranquilos y contentos con que desempeñen á la buena de Dios el fin puramente mecánico de trasportarnos de un punto á otro. Pues bien, ninguno de esos viajeros distinguidos á que me refiero (y no importa que sea un potentado, basta que sea una persona de condición media, un fabricante, un ingeniero, un escritor), ninguno de esos extranjeros, repito, deja de ocuparlo sin repugnancia y de observar sin disgusto el coche deslucido y roto, los asientos polvorosos, el pasamanos mugriento, el cochero que fuma y sostiene diálogos llenos de interjecciones en presencia de su cliente correcto y estirado, etcétera, etc., cosas todas á que se aviene por fuerza, por la razón de los razones.

Muchos confunden lastimosamente el confort con el sibaritismo, y nada tan opuesto, sin embargo. El sibaritismo es la gula, es la comodidad, es el regodeo de todos los sentidos corporales convertidos en fin único y supremo de la vida. En cambio, lo otro no es más que un medio ayudador del temperamento y de la higiene para cumplir el más racional de los preceptos, la conservación y el perfeccionamiento paralelos del cuerpo y del alma. Es la flor de la higiene, ó si se quiere, la higiene poetizada y acicalada. Desgraciadamente no lo entienden ni pueden entenderlo así en todas partes. La sobria raza española, célebre siempre por su frugalidad (hija de su crónica pobreza) no necesita de tantos perfiles y primores para vivir á gusto. Esto está bien. Cuando no se siente una necesidad, no hay que implantarla artificialmente. Lo que está mal, es no formarnos cargo de la índole ajena y juzgar las ajenas necesidades por las propias. Esto de que nosotros nos abstenemos, es imprescindible para muchos de los que vendrían y no vienen desanimados por tal falta.

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V. lo sabe perfectamente: aquí no se encuentra la suma de comodidades apetecibles, sobre todo para el que no cuenta con una vivienda particular de que se le haga partícipe. La vida de hospedaje está bastante atrasada y con este calificativo espero que nadie podrá quejarse de mi prudencia. No se crea, ni por asomo, que trato de culpar á nadie ni de mortificar á nadie; pero no se puede negar que las seis ó siete fondas que aquí existen, no tienen las condiciones necesarias. No es una exageración ni una malquerencia. Ello está á la vista. Si Larra pudiese resucitar y viniese á Mallorca, generalmente hablando, tendría que tratar á nuestras fondas como trató á las de Madrid en su época.

Siguiendo mi generalización, tendría que admirar casas viejas, cuartos reducidos y pobremente amueblados, camareros con chinelas, en mangas de camisa y fumando alguna vez (como los cocheros). Si pidiese un cuarto con una pila para el baño de limpieza, no le encontraría. Cuando se acercase á buscar el pulsador del timbre eléctrico, no lo habría. Cuando esperase á un camarero correcto y respetuoso se presentarían los joviales mozos peinados al estilo flamenco, con tufos agitanados y sin las costumbres del bien servir.

Cierto, que algunas de nuestras fondas llenan las necesidades del momento, para albergar á todas aquellas personas que viajan con modestia ó vienen para negocios ú ocupaciones precisas. A parte de esto, aunque hay elementos bastantes para obtener cuando se quiere una comida delicada y hasta un banquete selecto, de diario los Restaurants no presentan ningún servicio notable. Falta haría, que mi distinguido compañero D. Angel Muro, aderezase una de las sabrosas Conferencias culinarias que está dando ahora á la estampa, recomendándoles, ya que no variedad y perfección en los platos, que esto lo logran alguna vez, mayor atildamiento y esmero en el servicio, en la vajilla y en la manera de presentar una cena ó un almuerzo á los que allí se alimentan, introduciendo esa nota alegre y atractiva de la cristalería deslumbradora y del ajuar elegante y limpio, que es el más gustoso y el más espiritual de todos los aperitivos.

Quedamos, pues, y espero que V. estará conforme en ello, que lo más descuidado por ahora, es lo que con más urgencia se requiere para lograr la transformación que hemos indicado una y otra vez. Lo primero que se necesita para poder aspirar á esa animación y á ese visiteo y á esas preferencias de la moda, es un Hotel en grande escala, suntuoso, bien amueblado, bien servido, con habitaciones preparadas para familias, etc. De esto y de los baños y de un paseo verdad, de un paseo con arbolado, propio para fiestas nocturnas, y del servicio de expediciones á los sitios más pintorescos ó interesantes y de la construcción de chalets aislados y amueblados para alquilarlos ó venderlos y de otra multitud de ideas que me bullen en la cabeza, le escribiría á V. hoy; pero hay tela para rato y como el tiempo me apremia y además, (Y. me perdonará esta desafinación juvenil) deseo ir esta tarde al Tiro de la Pedrera á ver caras bonitas, etc., le pido mil perdones por todo, le agradezco, su cariñosa felicitación y le ofrezco,, que á no faltarme Dios y ayuda, le resarciré de todo ello, otro día, desde el periódico. Suyo afectísimo amigo.

(La Almudaina, 7 de Septiembre de 1890)

Oliver cita a un cocinero amigo suyo que está preparando un libro sobre la cocina mallorquina: Angel Muro. Tal vez sea el autor de La cuyna mallorquina : colecció de receptes (1897).

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Desde la terraza (V) de Miguel de los Santos Oliver

fabian | 24 Novembre, 2014 12:26

Conviene recoger los diez artículos que Miguel de los Santos Oliver publicó en 1890 bajo el título "Desde la terraza" en los que recoge la propuesta de crear en Mallorca una industria turística.

En este quinto artículo habla sobre la publicidad que origina la presencia de personas destacadas pasando el verano en una localidad costera como ya empezaba a ocurrir en esos años en la costa cantábrica. Y expone que la variedad paisajística que ofrece Mallorca puede ser una motivación para visitarla.

Desde la terraza

(Páginas veraniegas)

V

Pocos serán ciertamente los lectores, que al repasar ahora la prensa de Madrid, no se fijen con secreta envidia en la extensa sección destinada a! veraneo. Cartas de la playa, revistas de los balnearios, correspondencias de las ciudades donostiarras, relaciones de fiestas y de banquetes, bocetos, en suma, de una animación indescriptible, ecos del lejano vocerío de la costa del norte recogidos por el gran fonograma del periodismo á la moderna. Fenómeno es este, digno de ser advertido y estimulado en una nación como España, donde la vida del centro es tan absorbente y exclusiva que sólo ella gozaba hasta hace poco de los honores de la publicidad y del interés de la opinión pública.

Parecía, efectivamente, que no había otra comarca importante, ni otra ciudad populosa, ni otro movimiento digno de ser estudiado que los de Madrid. Prescindíase de lo que no fuese cortesano neto y enseñábase de esta suerte una sola parte de la vida española. La prensa estaba cerrada á cal y canto para lo que no saliera de la meseta castellana; y para todo lo restante de la gran Iberia no había más que ligereza ó silencio ó desdén, ó las tres cosas juntas. Muy diferente es lo que sucede ahora. Díriase que las leyes del calórico obran también sobre la cohesión central disgregando sus moléculas y sus componentes. Ensánchase el eje de la órbita en que giran los personajes y los sucesos de magnitud, aflojados por la expansión centrífuga, y llegan al extremo norte de la nación, á aumentar el regocijo estival en las villas y pueblos del Cantábrico. Laudable costumbre es ésta, que logra la comunicación y el trato de gentes quo no se conocían, que vuelve la vista hacia los rincones apartados de la madre patria, que pone en contacto los hombres de la alta administración y de la alta política, con los pueblos que administran, único modo de investigar su índole y de no prescindir de sus rasgos distintivos y peculiares en las ficciones uniformistas.

No á todas partes alcanza esta benéfica acción. Por ahora se limita á la comarca montañesa, á las provincias vascas y á Navarra. Pero, véase en ella un halago de la corona que anualmente pasa á sombrear el escudo de aquellas invictas capitales, ó el designio de absorber el indomable espíritu foral de aquellos pueblos, desarmándolo con la mano enguantada de la cortesanía política, no es menos útil ni menos provechosa su influencia social y económica. Esto por si solo, da resonancia y atracción. Seis ó siete nombres notables, esparcidos por el telégrafo, bastan para conferir el bautismo del tono y de la moda; y sin ese pasaporte, ridículo si se quiere, no encuentran sanción los elementos naturales ni los prodigios ni las bellezas ni las maravillas. ¿Acaso en este último aspecto no puede competir Mallorca con lo más excepcional, con lo más privilegiado y con lo más hermoso? Ciertamente que si la miramos al través de la lente rosada del patriotismo encontraremos estos y otros encantos estupendos. Pero no hace falta.

Si fuera ocasión de escribir un alegato, ó yo me lo prepusiese, concitaría en mi favor la opinión unánime de escritores y viajeros, desde Vargas Ponce y Jovellanos; hasta ahora; diría con Jorge Sand, que aquí se encuentra «la verde Helvecia bajo el cielo de la Calabria, con la solemnidad y el silencio del Oriente.» Continuaría traduciendo, para repetir «que en Suiza, el torrente que corre por todas partes y el nublado que pasa sin cesar, dan á los aspectos una movilidad de color y por decirlo de esta manera, una continuidad de movimiento, que no siempre se puede reproducir felizmente. La naturaleza parece que se burla del artista. En Mallorca parece invitarle. En la isla, la vegetación toma formas altivas y bizarras, pero no despliega ese lujo desordenado bajo el cual las líneas del paisaje suizo desaparecen con frecuencia. La cima de un peñasco dibuja sus contornos segurísimos sobre un cielo resplandeciente, la palmera se mece sobre los precipicios sin que la brisa caprichosa turbe la magestad de su cabellera, y hasta el humilde cactus que surge de la margen de un camino, todo, parece gallardear con una especie de vanidad para el placer de los ojos.»

Podríamos repetir con la amante del egregio Chopin, que si la civilización europea hubiese llegado hasta el punto de suprimir los carabineros y las fiscalizaciones; si la navegación á vapor estuviese organizada «directamente desde Francia á estos parajes», Mallorca haría muy pronto un gran tort á la Suiza. Y hasta nos fuera dado repetir la esperanza que ya abrigó la escritora, de que día vendrá en que las personas más delicadas y las mujeres elegantes y bonitas, podrán ir á Palma con menos fatiga é incomodidad, de las que ahora se pasan para ir á Génova ó Venecia. Podríamos, en fin, presentar una interminable sarta de frases espléndidas y de comparaciones entusiásticas para regodear nuestra gula patriótica con la dulcedumbre suprema de los extranjeros elogios. Baste hoy lo transcrito — que viene en ayuda de mi pleito y de mi pereza — para comprender que esta isla reúne toda clase de primores y de atractivos y de magnificencias, con que llamar la atención entre los sitios más notables del globo. ¿Cómo nó, si compendia en una extensión relativamente corta la más abundante variedad de perspectivas y matices? A penas hay distancia en Mallorca que no se pueda cruzar en una sola jornada con los actuales medios de locomoción. Y en esta superficie que parece una roca perdida en la inmensidad del Mediterráneo ¡qué montañas más sublimes, qué llanuras más fértiles, qué florestas embalsamadas, qué barrancos profundos y aterradores!

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Aquí está á mano derecha del fuerte de San Carlos, toda la braveza salvaje de una costa que cae á plomo sobre las aguas profundas, inmenso peñascal en que se abren grutas pavorosas y en cuyas altas grietas anidan los cuervos marinos. Peñones ingentes á cuyo lado es una cáscara perdida el navío que pasa junto á ellos. Altísimos Léucades donde la fantasía anhela adivinar la figura siniestra de la enamorada de Faón, dando al viento su cabellera de euménide y los pliegues de la blanca túnica. Y abajo profundas oscuridades azules, donde parecen juguetear coronadas de algas entre los verdes terciopelos de la vegetación salobre, las fugitivas nereidas.

Más allá Valldemosa, con sus sombríos olivares cuyos troncos retuercen á modo de Laocohontes, su epiléptica musculatura ó simulan en la media oscuridad del anochecer, suplicios dantescos y vestiglos descomunales. Cumbres llenas de luz de donde bajan saltando los rumorosos arroyuelos que destrenzan entre las limpias piedras sus flecos argentados. Bosques bravíos en que sube la yedra por las añosas encinas, y arbolado que baja en inverosímil pendiente ó de bancal en bancal, como peldaños de una escala de titanes, hasta sepultarse en las olas cuyo eterno monólogo no se oye desde arriba. Atajos abiertos á pico en los peñascos, á la usanza helvética; sotos umbríos v fuentes regaladas...

Y el valle de Sóller en fondo de un anfiteatro de montañas, cubierto de sus famosos naranjos entre cuyo follaje asoma el fruto de oro de las codiciadas Hespérides. Y el alto Puigmayor, de cuyo pico se descubre el suntuoso panorama de toda una isla «que navega hacía el Oriente, como un bajel cargado de flores». Y más allá Pollensa, con sus desfiladeros espantables y sus collados esplendorosos. Y las llanuras vitíferas del centro...

Y sobre todo y por encima de toda esa Mallorca subterránea de Manacor y de Artá, las grutas del Drach y de la Ermita, que han logrado eclipsar el renombre de las de Antipharos. Esos palacios de Hadas cristalizados en el oscuro fondo de la tierra, esos alcázares mágicos, obra de una espontánea arquitectura sin regla ni freno; esas Alhambras maravillosas que hizo surgir la caída secular de la gota de agua, cuya sílice elaboró las columnatas esbeltas y los multicolores arabescos, las complicadas cresterías y las taraceas primorosas, sin que ni el dibujo ni la palabra ni arte humana por expresiva que resulte, acierten á presentar con aproximación su augusta y virginal magnificencia. Y todo un conjunto tal de bellezas y de accidentes tan variados y casi antitéticos, reunidos en veinte leguas de extensión, al alcance de la mano, como un compendio de todo lo que pudo ofrecer de grande y hermoso la naturaleza á los hijos de la vieja Europa.

No hace mucho que me decía Albéniz, con ese fuego artístico que pueden envidiarle muchos poetas
: —Conozco las costumbres de los viajeros, por haber viajado mucho. Puedo decirte que el turismo británico hace años que busca esto, esto mismo que pisamos ahora, y no lo encuentra. Mallorca bien conocida, bien revelada, bien presentada (porque hasta en esta cuestión no puede prescindirse de la pose), sería á no dudar, una soberbia estación de primavera y de verano. La empresa está intacta... Puede esplotarla quien quiera.

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Como al ilustre pianista no le falta razón, si no es apurar la paciencia de los lectores, veremos otro día qué mejoras, reformas ó innovaciones son indispensables para conseguir un deseo tan razonable y tan lógico y tan bonito; el de que tengamos alguna notoriedad ante el mundo y algún brillo y algún provecho que no vengan exclusivamente de esa pasta famosa, digna de la lira septicorde, que conocemos en el país con el nombre de ensaimada.

(La Almudaina, 4 de Septiembre de 1890)

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Tesis Doctoral: Lògiques estructurals en les sonades de flauta i tambor de les illes Pitiuses:

fabian | 20 Novembre, 2014 15:06

  • Título: Lògiques estructurals en les sonades de flauta i tambor de les illes Pitiuses: aportació a l’estudi de les músiques de transmissió oral de la Mediterrània occidental
  • Autor: Jaume Escandell Guasch
  • Departamento: Universitat Autònoma de Barcelona. Departament d'Art i de Musicologia
  • Fecha: 16-07-2012
  • Enlace Tesis Doctorales en Red

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La tesi se centra en l’anàlisi de les lògiques estructurals que regeixen el funcionament del repertori instrumental per al conjunt de flaüta (flauta de tres forats) i tambor de les illes d’Eivissa i Formentera (illes Pitiüses). Aquest repertori de transmissió oral està format per les sonades de missa (peces interpretades durant la celebració de la litúrgia religiosa), les sonades per ballar (peces per acompanyar les danses) i les gaites (gran conjunt de repertori amb l’única finalitat de deleitar els oïent). L’estudi s’aborda des d’una perspectiva diacrònica i té en compte els canvis experimentats durant el segle XX i fins a principis del segle XXI. Es divideix en dues parts. La primera està centrada en aspectes socials com són les situacions amb presència de música per a flaüta i tambor, els processos de transmissió del repertori o els actors que hi intervenen, a més d’una aproximació a les característiques morfològiques i acústiques d’aquests instruments. La segona part, que constitueix el nucli central de la recerca, se centra en la descripció i la modelització del repertori. L’anàlisi segueix un plantejament estructuralista que es fonamenta en els processos analítics proposats per Nicolas Ruwet, Jean-Jacques Nattiez i Simha Arom, a més d’enriquir-se amb les aportacions de Bernard Lortat-Jacob i Giovanni Giuriati en el camp de la improvisació en les músiques de transmissió oral. Com a resultat de les anàlisis, es proposen dos models de funcionament del repertori: el model d’organització fixada i el model d’organització flexible. El primer es caracteritza per la partició de la seqüència musical en porcions d’extensió fixada i sovint de construcció simètrica, a més d’emprar perfils melòdics amb corbes ben definides i de conducció clara, propis de les melodies vocals i coincident amb els models de construcció melòdica més habituals en la música europea dels últims dos o tres segles. En el model d’organització flexible, en canvi, les seqüències melòdiques s’organitzen en segments d’extensió diferent, sense simetria, i poden presentar processos flexibles deguts a la reiteració variable del propi segment o d’una porció d’aquest, al mateix temps que les configuracions melòdiques, en general, són més curtes, més ornamentades i amb una direccionalitat molt menys previsible. Les mecàniques detectades en el repertori d’Eivissa i Formentera no són exclusives d’aquesta àrea geogràfica, sinó que també es troben, amb major o menor mesura, en altres músiques de transmissió oral de la Mediterrània, així com en determinats repertoris històrics.

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Desde la terraza (IV) de Miguel de los Santos Oliver

fabian | 20 Novembre, 2014 12:23

Mostrar al extraño - viajero, turista - la mejor cara, el mejor aspecto - es el tema de este cuarto artículo de "Desde la terraza" que Miguel de los Santos Oliver. Y aparece en él una furia extraña sobre George Sand, quien cantó la belleza natural de la isla, mas no en cuanto a algunos de sus pobladores. "Un hiver a Majorque" le duele a Oliver, por lo que cuenta y por ser un libro famoso.

La ciudad, el paisaje son en puridad un fondo sobre el que se muestra lo humano y puede haber un contraste acusadísimo entre figura y fondo, pudiendo sobre un fondo hermosísimo la figura lacerante de la pobreza o de la miseria o de una extraña ociosidad. Recogeré hoy también grabados del "Die Balearen" del Archiduque de Austria y eligiré hoy dos que muestran ese contraste entre un fondo hermoso y la figura humana. Unos cuantos grabados de la obra del Archiduque muestran ese contraste del que Oliver hoy nos habla.

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Desde la terraza

(Páginas veraniegas)

IV

Ayer tarde, mientras leía los periódicos en mi sitio de costumbre y tenía que soltar uno que otro manotazo sobre las hojas dobladas violentamente por las ráfagas del aire fresco, vi llegar hacia el recodo de la costa cercana toda una familia de extranjeros. Bien se advertía en ellos la nacionalidad británica. Eran padre y madre al parecer, un muchacho de unos quince años y una niña de doce. Tenían los cuatro ese cutis que no ennegrecen los continuos viajes ni las intemperies de los climas extremos, esa carne trasparente y fresca, que parece preparada por la limpieza y el baño de cinco generaciones anteriores. El padre y el muchacho se entretuvieron en hacer nadar un soberbio perro de Terranova que se sumergía con delicia en el mar como abrasado por los rigores de una temperatura superior á la de su nativo clima. La señora abrió su gran sombrilla, fijándola en una especie de caballete, armó con ligereza el bastoncillo que llevaba y sacando el blok proverbial de las Misses se dispuso á colorear una acuarela. La niña vestía un traje azul oscuro, completamente liso, con cuello marino sobre el cual caía la redonda cabellera, á lo hijo del Rey Eduardo se sentó en una roca y se puso á leer el librillo que sacó de la faltriquera.

No pasaron cinco minutos y ya estaba la simpática artista envuelta por un corro de chiquillos desarrapados y rotos, como otros tantos Cardemos en miniatura. Acudieron todos los vagabundos de la playa á fisgonear con esa extrañeza y esa desconfianza burlona que tan pobre efecto debe de causar á los excursionistas. No era aquello la curiosidad respetuosa, sino simplemente al azoramiento del que no está hecho á bragas. Los muchachos no se contentaron con observar, de pié y á cierta distancia. Poco á poco apretaron su círculo. Algunos se sentaron, otros se tendieron boca á bajo, á la musulmana, mientras roían con ferocidad un zoquete de pan rociado con aceite. No faltó quien pusiese la puerca mano en los atildados chismes de la extranjera, inmóvil y prudente como si no zumbase á su alrededor aquel grupo de zarrapastrosos, dignos de la pluma de Pereda, y el casi tan molesto enjambre de moscas que por todas partes arrastraban en fraternal y solidario consorcio.

Confieso que de buena gana, cada vez que ocurre algo parecido, me acercaría al grupo de los importunos para distribuirles un par de furtivos coscorrones y ponerlos en dispersión. Pero después, debo convenir tristemente en que esto no se desarraiga de una manera tan ejecutiva. La desidia y la indiscreción de las madres que toleran cuando no incitan los instintos comineros, son la causa principal de ese feo vicio... Los dos hombres se habían ido alejando por la costa distraídos y alegres. Manifestaban ese contento que produce en los espíritus sanos una perspectiva risueña, una temperatura agradable y la vecindad de las olas. La niña continuaba con los ojos clavados en su lectura, levantándolo» únicamente al doblar las hojas, en que los hacía girar dulcemente por el espacio infinito, como recogiendo y acumulando luz aquellas serenas pupilas para cuando tuviesen que abrirse entre las nieblas albionesas.

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Este sencillo y hasta vulgar episodio me hizo pensar en los muchos y muchos viajeros, que á pesar de todas las contrariedades y de todos los obstáculos han llegado á Mallorca y han encontrado en ella bellezas no soñadas y manantiales de inexhausta poesía. En este siglo, más que en ningún otro de la edad moderna, se desarrolla y prospera la afición á los viajes. Símbolo de noble sabiduría y de envidiable cultura fueron en la antigüedad, cuando no contándose con el poderosísimo recurso de la imprenta, no cabía otro remedio que acudir á verlo todo con los propios ojos y entenderlo con los propios oídos. Así los griegos de mediana educación tenían que visitar el Egipto sagrado; así los ciudadanos de la soberbia Roma tenían que acudir á la Grecia inmortal; así los árabes tenían que recorrer las ciudades encantadas que brotaran durante el explendor de los califatos. Estos eran por decirlo de esta suerte los sitios clásicos y las peregrinaciones piadosas al sepulcro y á la cuna de la civilización.

Ha pasado, empero, aquella época; se han divulgado las bellezas y los recuerdos de aquellos sitios ennoblecidos por tantas ruinas venerandas sobre cuyos truncados capiteles medita la Historia ó entre cuyos ecos misteriosos gime la Tradición. Libros, artículos, narraciones, guías, folletos de todas clases, literatura de todas especies han descrito en diferentes tonos aquellos sitios primordiales. El espíritu industrial se ha puesto al servicio de la afición, facilitándose hasta lo maravilloso, viajes que antes tocaban en el heroísmo. La gran mayoría de esos potentados, ó de esas personas simplemente curiosas é ilustradas que destinan parte de su tiempo y de su dinero al placer incomparable de los viajes, conocen ya al dedillo los lugares predilectos, y buscan algo nuevo, algo ingenuo, algo todavía inexplorado. Dos ingleses pretendieron haber descubierto á últimos del pasado siglo el precioso valle de Chamounix. La Suiza de Guillermo Tell, todo el color y todo el encanto alpestre, fueron revelados al mundo por la mágica pluma del Ginebrino. Poco á poco convergió allí la mirada de los viajeros; la moda le prestó sus atractivos, fútiles pero invencibles, y Suiza ha venido disfrutando hasta ahora de la predilección de todas las gentes exquisitas.

Algo semejante creyó hacer Jorge Sand con su calumniada Mallorca, pero cedió generosamente este lauro de excursionista sagaz á su compatriota Mr. Laurens por la obra Souvenirs d' un voyage d' art a l' île de Majorque. Antes y después de ellos, ha habido un sinnúmero de escritores que han pretendido descubrirnos, como si se tratase de cualquier islote perdido en la Melanesia. Pero nada ha prevalecido contra lo que dijeron los dos franceses, mejor todavía, contra lo que dijo la autora de Indiana. Hay que confesarlo; Un hiver á Majorque, á pesar de todas sus intemperancias y de todas sus crudezas, á pesar de sus truculentas embestidas contra el timorato carácter que la sociedad mallorquína opuso en 1839 á las desenvueltas exhibiciones de Jorge Sand, á pesar de los desprecios calurosos y.de los sarcasmos crudelísimos, contiene las páginas más brillantes, más ricas y más opulentas de fantasía con que haya podido expresarse, según creo, la belleza de Mallorca. Pero ¡ay! que no en vano se juega con la celebridad y es injusta preeminencia de la gloria la de poder estampar el urente estigma de sus odios, en el rostro de los humildes y de los oscuros, con razón ó sin razón.

Su vanidad de escritor y su ceguera de mujer apasionada, agrandaron en la amante de Chopin los desaires y las decepciones. Gustó con cruel delectación todos los rencores, contuvo la hiel que su egolatría le hizo probar y falta de esa hermosa tolerancia que Dios parece haber negado al talento francés, recontó los disgustos y las pequeñeces sufridos oscuramente en un rincón del planeta, para subir más tarde al trípode sibilítico de su fama extensa y universal, vertiendo desde allí toda la sevicia de sus quejas y toda la acedumbre de sus despechos. Entre párrafo y párrafo del libelo, asoma á lo mejor una magnífica contemplación de nuestro paisaje, como si entre vaso y vaso de una infusión de euforbias ofreciese la copa del divino néctar. Parece que su furia desmelenada, harta de ensañamiento y destrucción, se convierte en plácida ninfa, cruzando extática y suave entre verjeles.

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Mas la impresión definitiva fue funesta para nosotros. En vano la pluma bizarra y temible del Sr. Quadrado, con ardimiento juvenil y sólida rotundidad, pulverizó, hasta hacerlas impalpables, aquellas desatentadas inculpaciones, en un artículo que ha cuidado de atenuar últimamente porque en él «se tomó la indebida libertad de imitar á la autora». El libro de Jorge Sand lo han leído muchos millares de personas, ha influido en muchas obras posteriores, han sido citados muchos de sus fragmentos y ha servido de pauta á los redactores de guías de viaje. El Sr. Quadrado, por más admirable que sea su artículo, es español y mallorquín y entonces no estaba todavía en la plenitud de su nombre glorioso; y por todo ello corren hoy el mundo continental, las suposiciones esparcidas por el novelista francés, á penas sin cortapisa notable desde entonces. La causa mallorquína tuvo un abogado de primer orden, un abogado que hubiese llevado el convencimiento de la justicia al ánimo de todos; pero ese supremo y tantas veces perjuro tribunal de la opinión, no pudo entonces oírle por que no suele escuchar más que la voz de aquellos que vienen cargados del laurel de la popularidad arrolladora. Y probablemente hasta que acierte otro extranjero, otro escritor ilustre y de fama europea á enmendar tales yerros, siempre de ellos nos alcanzará mucha parte, por la gran resonancia que tiene el clarín de oro de la publicidad en boca de un autor favorito.

Esta digresión, viene al cuento de mi pintora inglesa, que al terminar su marinita se hallaba todavía cercada por los pilludos de marras. Lo cual me puso los pelos de punta, pensando que tal vez esas perdonables insolencias de la chiquillería abandonada, puedan despertar en cualquiera de estos extranjeros, otro Jorge Sand bilioso que en vez de presentar á la isla como un Eldorado, como una Arcadia apacible; la pinte como á la inabordable Itaca, llena de escollos y de sirtes.

(La Almudaina, 31 de Agosto de 1890)

 (Segueix)

Desde la terraza (III) de Miguel de los Santos Oliver

fabian | 19 Novembre, 2014 22:06

En estos días se está celebrando el 150 aniversario del nacimiento de Miguel de los Santos Oliver. A Internet, es decir, a nosotros, nos llegan los anuncios pero no los textos de las conferencias o de las mesas redondas. La prensa se ha hecho eco de los anuncios Doble homenaje a la influencia del intelectual Miquel dels Sants Oliver (DM, 01/10/2014). La UIB y l'Institut d'Estudis Catalans organizan estos actos y los anuncian en ¿Quién fue Miquel dels Sants Oliver? donde cuelgan el programa, un resumen de prensa y un dossier: Miquel dels Sants Oliver en el 150è aniversari del seu naiximent. Al final de este documento se abre el epígrafe "Dues aportacions pioneres i especialment cabdals d’Oliver" del que recojo la primera aportación:

"Amb els deu articles titulats 'Desde la terraza (Páginas veraniegas)', apareguts a La Almudaina els mesos d’agost i setembre de l’any 1890 –inclosos l’any següent a 'Cosecha periodística', va fer la proposta de la creació a Mallorca d’una indústria turística. A partir de la constatació que a Europa ja hi havia afecció pels viatges, Oliver ressaltava la idoneïtat de l’illa com a destinació turística: proximitat al continent, un clima molt apte, una gran varietat de paisatges concentrats en un territori fàcilment abastable... Tot seguit, feia l’inventari de les mesures que caldria adoptar per tal d’atreure els viatgers: millorar les comunicacions de l’illa amb l’exterior i les vies de circulació a l’interior, un hotel tan confortable com els que hi havia a les grans capitals europees, fer reformes higièniques a Palma, crear una societat que tingués l’objectiu de promocionar Mallorca com a destinació turística. Oliver va concebre el turisme com un recurs econòmic i com un mitjà per a promoure la modernització dels costums."

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La prensa notifica la celebración del acto relacionado con esta faz del periodista relacionada con el turismo en La visión turística de Miquel dels Sants Oliver (DM, 19/11/2014). Sería de esperar algo más de estas celebraciones en la web de la UIB.

Toda la obra de Miguel de los Santos Oliver es de Dominio Público. No hubiera costado mucho publicarla en abierto en Internet. A ver cuando se realiza una Biblioteca Digital sobre las islas,

Desde la terraza

(Páginas veraniegas)

III

Vuelvo á lo que insinuaba el otro día. Hoy que la brisa llega más fresca, agitando los gallardetes de las embarcaciones; hoy que la mar se riza con el blanquísimo cabrilleo de la espuma sobre el azul turquí de las olas, me propongo referir el ensueño, de que me hizo partícipe el año pasado uno de loa hombres de mejor temple artístico que tenemos en Palma. Puede contarse entre los pocos que han pensado alguna vez en la manera de hacer entrar á esta isla en el número de las comarcas escogidas y privilegiadas.

Como ya decía, casi nadie se preocupa de ello entre nosotros y tal vez tenemos bajo nuestra planta un filón que no cuidamos de alumbrar y descubrir completamente. La costumbre, la rutina, la falta de entusiasmo sobre todo, hacen que descuidemos este vital interés que otras ciudades explotan con indomable tenacidad y con maravillosa perseverancia... Pero vamos al asunto, que tiempo de sobra nos quedará para todo, mientras duren las tranquilas horas de la terraza.

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Como muchos recordarán, el año pasado, por este tiempo poco más ó menos, hablaban los periódicos con mayor insistencia que nunca, de la cuestión vaticana y de la posibilidad, jamás tan inminente, de que el Romano Pontífice tuviera que salir de su augusta sacratísima mansión de todos los siglos. Los que presumían de conocer los secretos de la Cancillería romana, daban detalles y casi aventuraban fechas. Los más prudentes no veían en toda aquello más que una amenaza cuyo cumplimiento se evitaría á toda costa. Pero aparte de la mayor ó menor exactitud de dichas noticias, la altura de donde procedían era bastante á justificar tantas y tan continuas versiones.

Se habló, como era natural, de la futura residencia del Papa, se insinuaron nombres, se discutieron las ventajas de éste ó del otro sitio. Un clamoreo de cien ciudades distintas se levantó como presentando cada una de ellas su candidatura para el honor supremo de convertirse, temporal ó definitivamente, en Sede y metrópoli de todo el orbe cristiano. A una demostración de respeto dirigida al viejo Pontífice, sucedían otras mil igualmente serias y halagadoras. Los grandes municipios y los pequeños concejos, consignaban el misino voto elocuente en sus actas. Todos imploraban sumisos que el santo Pastor fugitivo viniese á santificar con la huella de sus sandalias de oro, el humilde suelo que le ofrecían para sostén y refugio de su insegura Cátedra... Y sin embargo, ningún punto fué mirado con tan franca predilección como nuestra isla. Conformes están en esto mismo todas las noticias y referencias así del interior como del exterior; y grandes esperanzas se abrigaron de que la nave de San Pedro hiciese rumbo, algún día, hacia nuestras apartadas riberas.

Por entonces fué cuando me salió al paso el amigo á que me refería. Paseaba por la Muralla con la abstracción del hombre á quien preocupa alguna idea fija. Dirigía de vez en cuando miradas escrutadoras á la bahía inmensa, abierta en abanico ante sus ojos, y á la Catedral que levantaba junto á nosotros su veneranda mole.
— ¿No diría. V. lo que pensaba, ahora? — me dijo.
— Vaya V. á saber...
— Pues, nada; un sueño, una reconstrucción. Mejor dicho, una tontería, ¿Ha leído usted El mundo en el año 3.000, de Emilio Souvestre?... Pues, algo por el estilo. Su periódico tiene la culpa de ello. Lo he leído en el Casino, hace un momento y he visto las noticias de Roma. Esto va mal... León XIII tendrá que salir de Italia, tarde ó temprano. No lo cree V.?
—Aunque jamás me permito sondear los arcanos de la diplomacia, no me parece eso tan probable.
—Sin embargo, no extrañaría que ahora se tratase de veras esta cuestión. Y Mallorca, representa en ella un papel importante. Ah! si supiésemos aprovecharlo... Otro gallo nos cantara. Ya no podríamos desear más, los cándidos que creemos que está llamada á hacer fortuna. Mi imaginación ya me da el cuadro completo. Nada; figúrese V. que se consuma la salida del Papa. Prescinda V. de detalles y de negociaciones. Admita, por breves instantes, que ha venido á Mallorca y que Mallorca da hospitalidad al más ilustre de los huéspedes. Han pasado veinte años. Nos encontramos por lo tanto en 1910...

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El soñador se animaba, el entusiasta empezaba á entrar en la plena lucidez de su verbosidad caudalosa. Por una especie de sugestión de la fantasía, semejaba que su invención halagüeña adquiría formas plásticas y reales. El alcázar de lo maravilloso estaba allí, completo, soberbio, interminable, poblado de galerías y atrios y columnatas en la mente del arquitecto. Sólo faltaban los materiales, la paleta y el oscuro pelotón de los alarifes para levantarlo hasta las nubes.

—Nos encontramos, repito, en 1910. Palma ha cambiado. ¿Qué digo Palma? Toda la isla. Veinte años de residencia del Pontífice, han bastado para la transformación material y moral de aquella ciudad que dejamos en 1889. Basta dirigir una ojeada rápida á nuestro alrededor, para comprenderlo. La Catedral ha sido objeto de una restauración inteligentísima, subordinada al más puro de los estilos góticos que ha puesto en armonía las naves interiores con su ornamentación exterior. Abiertos todos los ventanales, cerradas por vidrios de colores sus ojivas, al penetrar en la imponente Basílica se ofrece la espléndida visión de una colosal linterna. El antiguo palacio episcopal ha ido anexionándose poco á poco las moradas contiguas hasta el convento de Santa Clara. Todo ha desaparecido, la casa del Marqués de la Torre, la de Formiguera, la de los España... De la inmensa superficie que limitaban por una parte el muro del Sur y por otra las calles de San Pedro Nolasco y del Beato Alonso, ha surgido la fábrica portentosa del Nuevo Vaticano, albergue interino aunque magnífico, del sucesor de León XIII. Las murallas han sido derruidas. Se ha ganado al mar, desde la vieja Pescadería hasta la fábrica de gas, una explanada dilatadísima y encantadora. Parte de ella la ocupan los jardines pontificios y por medio de escalinatas caprichosas llenas de sencillez y majestad, se puede ascender en mil sentidos hasta la Catedral y el Palacio, empezando en lo que fué huerto del Rey y terminando en la Portella. Han desaparecido los restos de la Almudayna, aislándose completamente el sublime templo, que ve abrirse á sus pies, en la dirección del antiguo Borne, un magnífico boulevard entre cuyos edificios se cuentan ya tres fondas ú hoteles de primera clase. En uno de ellos vive el embajador de Francia...

Yo le dejaba decir, dulcemente arrullado por las imaginaciones del artista impenitente. Si fuese fabricante de fideos, seguramente no incurriría en esta debilidad. Mi amigo continuó:

— Contemple V. por un momento esta avenida. Infinidad de suntuosos coches, cruzan en uno y otro sentido. Las anchas aceras relucen con el brillo de la limpieza que denota una exuberancia de agua. La canalización la llevó á término un ingeniero distinguido, el señor Estada, quien tanta influencia tuvo en la urbanización moderna de la Ciudad. En la plaza de la Marina, se levanta la soberbia estatua de Ramón Lull. El tranvía nos conduce hasta los Jardines Pecci que escalonan toda la colina de Bellver y dando la vuelta en su circunvalación llega por la parte del Molinar hasta la Alameda del Cardenal Jacobini, escogida como paseo de carruajes por la alta sociedad, por los diplomáticos extranjeros y el clero pontificio. Vea V. la bahía frecuentada de continuo por las escuadras. Vea V. la animación en todas partes. Con el concurso de los fieles y peregrinos, ha venido también el concurso de los touristes, seguros de encontrar ahora todas las comodidades. Vea V. la línea interminable de palacios y de villas que bordean la costa desde Calamajor á Santa Ponza, desde Miramar á Soller, desde Pollenza á Alcudia.

— No continúe V. Las ilusiones producen también su embriaguez y temo que nosotros dos lleguemos á ser víctimas de ella.

— Espere V. que no es esto sólo. Sin salir de Palma, observe V. la vida en que bulle ahora. Aquí han tenido que venir los representantes de todos los gobiernos, los cardenales del Sacro Colegio, toda la brillantez y explendor de la primera de las cortes del mundo. Los antiguos elementos indígenas han engrosado forzosamente. El Crédito Balear y el Cambio Mallorquín ya no se contentan con descontar letras y hacer préstamos, sino que se han fundido para formar el potentísimo Banco Italo-Español. Florece en Palma una brillante escuela de pintura que decora los palacios y las iglesias. La prensa misma, traduce en sus vivaces páginas esa agitación y esa opulencia. La Almudaina, en que yo le conocí á V. muy joven tenía la tirada propia de la provincia y ahora esparce por toda la Europa los sesenta mil ejemplares de sus tres ediciones en español, en francés y en italiano, mientras sus artículos y sus informaciones por el cable propio del periódico, causan sensación en todas las capitales... Los hijos de nuestras antiguas familias han olvidado su proverbial ociosidad y ya no se reúnen á matar las horas en las proscriptas botiguetas y en los mentideros del Borne, sino que se adiestran en las lides útiles y en los manejos internacionales y tienen puesto seguro en la diplomacia pontificia...

No pude oír más. No sé si una carcajada ó un suspiro subió á mis labios. Mi amigo continuaba impertérrito en su mágica evocación. En aquel momento nos encontrábamos junto a la fuente de las Tortugas y me contenté con señalarle el fúnebre obelisco sostenido por los galápagos de bronce y rematado por el «murciélago alevoso.» Nuestro interlocutor pertenece, como muchos otros á la raza de los Montecristos, que toman el haschisch de la imaginación, para estimular las artificiales recreaciones que el mundo les niega.

Algo hay, no obstante, que aprovechar en todo esto. Tal vez otro día procuraremos desbrozarlo.

(La Almudaina, 28 de Agosto de 1890)

Oliver lanza el anzuelo de la prosperidad, del paraíso mallorquín, mas lo lanza en boca de un amigo que habla de un extraño vaticano palmesano. Está bien.

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Desde la terraza (II) de Miguel de los Santos Oliver

fabian | 19 Novembre, 2014 11:53

Leo en varios estudiosos que estos artículos de Miguel de los Santos Oliver reunidos bajo el título de "Desde la terraza" son los más conocidos de este periodista. Me resulta muy extraña esta afirmación. Apenas encuentro ninguna información sobre ellos.

Carme Riera en su discurso Sobre un lugar parecido a la felicidad (2013) dice:

"En cuanto a los escritores que visitaron Mallorca, no cabe duda de que, en el espejo deformado y, en consecuencia, caricaturesco de George Sand, los mallorquines percibieron una imagen sumamente desagradable, que no les podía satisfacer. Sand no tenía razón, aunque sí sus razones, para tratar tan duramente a los autóctonos, pero, a la vez, su percepción del atraso y de la necesidad de establecer una industria de viajeros —con transportes y alojamientos dignos— es la misma por la que claman otros (Cabanyes, Cortada o Wood), un aspecto que tendrán en cuenta los isleños, tras verse reflejados en ese espejo de carencias. Para comprobarlo, pueden consultarse los artículos de Miquel dels Sants Oliver, que entre agosto y septiembre de 1880 difunde en el periódico mallorquín 'La Almudaina', bajo el título común «Desde la terraza, páginas veraniegas», recogidos después en el volumen 'Cosecha periodística' (1891: 35-109), en los que insiste en la necesidad de establecer mejores comunicaciones marítimas y modernos alojamientos (Serra i Busquets & Company i Mata, 2000: 70-71). El inquieto periodista mallorquín se adelantaba a otro mallorquín inquieto, Bartolomé Amengual, que publica una obra de referencia, 'La industria de forasteros', en 1903. Las posibilidades turísticas de la isla señaladas por todos los viajeros, comenzando por Sand, habían sido finalmente bien leídas por un grupo de isleños emprendedores."

Sí, en verdad necesitaba Mallorca infraestructuras básicas como hospedajes y transportes, pero posiblemente también necesitara que los isleños tenían que romper una cierta indolencia y convencerse de que la isla podía convertirse en un centro de atención basado en su belleza. Y éste es el canto lírico de Oliver:

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Desde la terraza

(Páginas veraniegas)

II

Todos se habían ido alejando poco á poco. Yo permanecía aún asomado al ángulo de la terraza y encendiendo uno tras otro cigarro. Había entrado la noche, la grata noche estival llena de efluvios y de serenidad suprema. La innúmera legión de las sombras impalpables iba extendiéndose hasta todos los confines del horizonte. Al igual que la luz y los alegres colores de la tarde, se habían apagado los gritos, las conversaciones y las risas. Imponíase á los espíritus aquel recogimiento taciturno del anochecer, lleno de inefables melancolías. Y es que mientras el mundo sea mundo —y diga lo que quiera el exclusivismo de muchos naturalistas á medias,— siempre verá el hombre instintivamente en la puesta del sol, lo que ve en las últimas boqueadas de una fiesta y en el último chisporroteo de una luz que se extingue, lo que ve en la flor marchita y en las canas prematuras; ese adiós continuo de los accidentes humanos que se sepultan para siempre en la nada, esa rotación incesante de la existencia, esa fuga perenne de la juventud y del placer y de la felicidad, que despiden una fragancia efímera, capullos que al día siguiente encontramos arrugados y secos.

El cielo presentaba todavía una amortiguada transparencia sobre la cual iban asomando las estrellas de las primeras magnitudes. A mi espalda la colina de Bellver se destacaba sombría y negra, como una mancha de tinta china sobre el trasluz finísimo de la noche. Los pinos se alineaban en la cumbre como impasibles guerreros, en vela perpetua. El mar se extendía como un espejo negruzco sobre el cual lanzaban los peñascos y los edificios de la ribera, la sombra agigantada de sus proyecciones. Al par de los luceros que bajaban, como dijo el poeta, «de las regiones de lo infinito á iluminar la silenciosa bóveda,» iban apareciendo por los poblados de la costa las misteriosas lucecillas de cada hogar y de cada embarcación. Ni se veía ni podía presumirse á través de la oscuridad, la mano que las hacía brotar de repente. Espesábanse poco á poco las líneas de puntos luminosos, como lejanas pupilas trémulas. Confundíanse en el tamaño y en el resplandor, el candil humilde y la lámpara elegante y las arañas lujosas. Brotaron paulatinamente de la negrura amontonada en la ciudad los rosarios de los mecheros de gas que señalaban en interminable línea recta las vías céntricas, las calles principales ó las apartadas rondas... Una aurora artificial, una especie de luz difusa, emanación de los mil y mil pequeños focos que allí ardían, coronó á la población con su palidez mate. Bordeados por otras líneas de luces diferentes se dibujaban en el seno de la bahía, las curvaturas de la costa y los andenes del puerto. Las más próximas al mar se reflejaban, rojizas ó amarillentas, en las aguas inmóviles, como de plomo fundido, y se alargaban y llegaban hasta mí, difundiéndose con la distancia los múltiples reflejos. En suma, surgía espléndido á nuestra vista transformado en majestuoso cosmorama, el espectáculo que por la tarde se presentó riente y diáfano.

El silencio fué por algún tiempo casi absoluto. Parecía que la noche contenía su delicada respiración y su embalsamado aliento. Tan sólo se oían el chapoteo acompasado y suave de las adormecidas olas al penetrar en las grutas y escondrijos de la ribera ó el rítmica batir de los remos de alguna barquilla que surcaba pausadamente la encalmada superficie. También poco á poco, volví de tan profundo estupor. Después de la cena se poblaron de nuevo los jardinillos y los miradores; la brisa se agitó débilmente recogiendo y destilando en un solo aroma inasequible á las combinaciones de la perfumería y de la química, la emanación salobre de las aguas, el dejo alquitranado de los astilleros, la sutil fragancia de los rastrojos y de las albahacas morunas, de los jazmines y de los nardos embriagadores. Oíanse cercanas conversaciones, frescas carcajadas argentinas, acordes confusos de piano, gritos agudos y chillones, compases de un improvisado baile y todos esos ruidos y toda esa animación de los corros que toman el fresco, convirtiendo en una continua verbena las noches del verano.

Desde más lejos, desde las cubiertas de los buques anclados en la rada, llegaban las cadencias del acordeón con que algún tripulante lleno de la nostalgia crónica del marino, recordaba los cantos de la patria, los himnos nativos del amor y de la victoria, alejado de su tierra y de su hogar. En los ventorrillos del muelle sonaba el rasgueo de la guitarra y hendían el aire las notas de la canción marinera. Era, por ventura, la voz de uno de los héroes que pasearon triunfante nuestro pabellón en las jornadas del Pacífico ó de aquellos rumbosos compañeros, que durante el auge de la navegación colonial gallardearon su figura en el puerto de la Habana Quien sabe!

La luna empezaba á subir lentamente sobre las olas, llenando la bahía de su claridad, que caía como en blancos velos sobre todos los contornos. Su reguero argentado, se movía en el mar con el temblor del azogue. En la estela de los botes se veían lucir fugaces fosforescencias y se oía la lejana barcarola. La emoción era plácida, el efecto tranquilo Entonces no pude menos de pensar, como tantas otras veces, en la suerte que está reservada á esta querida tierra. El mallorquín pasa á menudo indiferente ante estas y otras maravillas, no ya tan hastiado por su cuotidiana repetición, como por la invencible negligencia de nuestro carácter. No trata de explotar estas bellezas ingenuas y naturales, añadiéndoles los atractivos del arte y de la moda.

Palma, reclinada allí en frente, no intenta desperezarse y engalanarse con los rudimentarios adornos de la urbanización y del confort exigido por los extranjeros, que llegan entusiasmados á nuestro país y se marchan después con las decepciones producidas por las dificultades que encuentran á sus soñadas expediciones y á sus anhelados viajes. ¿Y como no, si hace tres años que en esta misma bahía se celebró una fiesta nocturna, que tal vez no se contemple mejor ni más hermosa en puerto alguno? Todos la presenciamos, todos la hemos recordado alguna vez con vivos deseos de que anualmente se continuase.

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Aquello fué un corto viaje al país de las Hadas, otra de las fantaseadas Mil y una noches, que no se han repetido ni han vuelto. Hubiera podido convertirse en centro de la animación veraniega que aquí debiera iniciarse, para atraer á nuestras playas el concurso inusitado de españoles y el más extraordinario de extranjeros que se dirigen á los balnearios de la costa cantábrica. Otro día insistiré en esto mismo... Ahora contemplemos, como pudiera hacerlo un romántico del año 35, esa luna que traspone las montañas, bañando con sus resplandores virginales las ramas de los pinos más altos, que ciernen su copa en la región de la luz inmaculada, de las auras libérrimas y de la perpetua salud.

(La Almudaina, 24 de Agosto de 1890)

"El mallorquín pasa á menudo indiferente ante estas y otras maravillas, no ya tan hastiado por su cuotidiana repetición, como por la invencible negligencia de nuestro carácter. No trata de explotar estas bellezas ingenuas y naturales, añadiéndoles los atractivos del arte y de la moda." Es algo más que una falta de infraestructuras; tal vez la cuotidianidad apaga la belleza, pues ésta es algo normal, usual, de todos los días. Fue la mirada de los viajeros la que modificó la mirada de algunos isleños. La prosa de Oliver se hace lírica para resaltar la belleza no sólo natural y la ensalza antes de tratar la necesidad de las infraestructuras de una industria de los viajeros.

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Desde la terraza (I) de Miguel de los Santos Oliver

fabian | 18 Novembre, 2014 17:23

En estas páginas de Alta mar van apareciendo diversidad de temas. En las últimas fechas me he interesado por el origen del turismo en Mallorca. Primero fueron los viajeros que en sus escritos describieron la isla. Luego fueron los isleños quienes descubrieron esa belleza alabada por los viajeros y, al darse cuenta de su potencial turístico, tramaron la creación de una industria a la que llamaron "de los forasteros".

Se cuenta y se acepta que el iniciador de todo este entramado fue Miguel de los Santos Oliver que desde el periódico La Almudaina, hacia 1890 publicó una serie de artículos bajo el título Desde mi terraza. Se dice que cuando en 1905 se creó el Grand Hotel de Palma, Alzamora, creador y primer presidente de la Sociedad para el Fomento del Turismo agradeció a Oliver aquellos artículos, aceptándolos como los iniciadores de esa industria.

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Desde la terraza

(Páginas veraniegas)

I

Cuando la vida palmesana adquiere animación pintoresca y atractiva es, sobre todo, en este tiempo. La expansión sucede á la clausura monótona, el bullicio de la playa á los recogimientos invernales, el ir y venir de carruajes á la falta de tránsito por las calles solitarias y los polvorientos caminos. La vida fluye y refluye del centro á periferia, de la ciudad vetusta, mitad mora y mitad levítica, á las modernas caserías, que sumergen sus pies en el mar como las Susanas de la antigua pintura, ó asoman entre los árboles su blanquecina frente.

El río de la emigración veraniega manda, sin embargo, su más caudaloso contingente á la costa O. de la bahía. Diríase que queremos imitar al sol en su ruta diaria y asistir más de acerca á su espléndido ocaso. Las pintorescas barriadas que se extienden entre la antigua Cuarentena y la Torre de Pelaires, se pueblan de un animado gentío. A los que allí residen durante los meses de calor, hay que añadir el número no menos despreciable de los flaneurs que diariamente concurren á gozar las plácidas horas de la tarde en los miradores vecinos ó en las rocas de la orilla, después de haber remozado su cuerpo en las purísimas aguas que les ofrece nuestro mar.

Gratísimo aspecto se ofrece al desocupado desde una de estas hermosas terrazas, abiertas á la brisa del mar, que viene cargada de los perfumes salitrosos de las algas y del suave aroma de los pinares. El blanco toldo le preserva de los últimos rayos, ardientes y rojizos, del sol que traspone la colina. Las mecedoras ó las frescas sillas de mimbre ofrecen el codiciado descanso; el limpio anteojo le convida á buscar aquí y acullá los sitios predilectos, las casas conocidas, las pequeñas embarcaciones que cruzan la bahía por todos lados, ha llegado la hora de la expansión, cada cual ha regresado de sus diarias tareas ó sale de la reclusión forzosa a que le condena la temperatura del medio día.

Los risueños poblados del Terreno y de Portopí se extienden en ala por los bajos de la costa, y escalonan por la ladera de Bellver toda la caprichosa variedad de sus perfiles, formando un original hemiciclo. Si la tarde es diáfana, el mar luce toda la opulencia de su azul, ese azul de cobalto sobre el cual destaca la blancura de las pequeñas velas latinas, enhiestas como una ala de palomo. El monte recorta su silueta sobre el cielo límpido; cada dibujo y cada color destaca y brilla con singular pureza. El verde oscuro de las yedras en los jardines recién regados; el verde esmeralda de los pinos más altos, á través de cuyas hojas filiformes se descrenchan y esfuman los rayos oblicuos del sol, como el áurea cabellera de la tarde... Cada vegetación, cada edificio, cada detalle se dibuja valientemente al lado de los demás, con esa frescura de matices del lavado arquitectónico, rica y elemental.

Muestras de todas las formas, esbozos de todos los estilos campestres aparecen en la inaudita diversidad de edificios que se agrupan desordenadamente. Desde la sencilla casa de una sola vertiente hasta las elegantes villas con su balaustrada graciosa y sus terrazas á la italiana; desde la fachada blanca de cal, donde campean regularísimos los cuatro rectángulos de sus persianas verdes y del verde veronés más lozano, hasta la imitación de los pabellones chinescos y los tibores japoneses; desde la forma del chalet suizo vulgarizada por los relojes de Ginebra, hasta esos recuerdos más ó menos próximos de las fachadas del Cairo con sus simétricas franjas encarnadas y pajizas, semejantes á los forros de colchón... exhíbese allí una escandalosa mezcla de géneros, de caprichos ornamentales y de extravagancias policromas.

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Aparecen á nuestra vista todas las escenas del veraneo. Los grupos chillones de los niños que meriendan ruidosamente en la playa; los vestidos claros de las muchachas; el flirt y la animación juvenil de los corros esparcidos por las rocas, por los jardinillos y por los belvederes; las elegantes siluetas femeninas asomadas á las galerías y dando al viento los ricillos indómitos de la frente, todas esas incoherencias dispersas que forman el conjunto agradable de las puestas de sol en la orilla. A los encantos de la moda, mézclanse los de la rusticidad simpática de los pescadores, morenos como un barro cotto que sacan penosamente el boliche ó aderezan en humilde vivac la cena frugal, única recompensa de su heroísmo cuotidiano y sin gloria... Y alguna vez, en el centro de la majestuosa bahía, álzanse los tremendos alcázares flotantes de la guerra naval, con su hormigueo de visitantes, que evocan de un modo vago la impresión producida por el elegante cuadrito del yacht Estrella.

Otras veces os interesan más que las escenas cercanas, las que se desarrollan en el horizonte y allí se dirige la mirada, á aquella finca circular en que se juntan agua y cielo, a aquel término de donde llega el aire virgen «de lo absoluto despoblado», según la feliz expresión de un mallorquín ilustre. Muchísimas tardes puede uno extasiarse en la magnífica riqueza de decoraciones esplendorosas con que engalanan las nubes el ocaso del sol. Ahora son esas nieblas tenues como gasa, difundidas y vaporosas, á través de las cuales parecen dibujarse risueñas y luminosas perspectivas. Corren sobre la línea en que termina el mar, transparentando fugaces escenas mitológicas, suavemente tenidas de una rubicundez etérea. Simulan columnas truncadas, cornisas rotas, rotondas ideales, lineamientos confusos de una acrópolis magna, figuras de rozagantes matronas y de alados genios que vuelan á perderse en las lejanías de un Olimpo, tal como en los techos decorativos de los grandes salones. Otro día se orlan de fuego vivísimo y entreabren poco á poco sus lujosos cortinajes hasta aparecer toda la explosión ígnea de una fragua de Vulcano sobre el húmedo elemento en que corren, salpicados de espuma, los caballos de Neptuno... empujándose para llegar á las regiones de lo desconocido.

Cambia la decoración á medida que avanza el otoño, y lo que hoy son puras visiones del helenismo, mañana se convertirán en brumas sombrías y en espectros románticos de castillos derruidos, de burgos que corren á lo largo de un peñascal interminable, como en los dibujos de Gustavo Doró, de cúpulas orientales afectando los perfiles lejanos de una ciudad moscovita ó de una pagoda asiática. Por último no faltará alguna vez el espeso toldo de nubes que filtre una luz cadavérica y verdosa sobre la bahía, reproduciendo en nuestra longitud meridional los tonos apagados de las marinas dinamarquesas. Tal es el poder mágico de esa paleta colosal que extiende sus colores en el firmamento, combinándolos al capricho del viento y de la luz, de las irisaciones y de los reflejos, para envolver al día que se va, con una deslumbradora y siempre nueva apoteosis.

En más de una ocasión he quedado absorto ante el espectáculo de la pompa diurna y he comparado el prodigio de ese pedazo de costa que forma nuestra encantada bahía con las descripciones de las más ponderadas y de las más hermosas. Ignoro si el cariño patriótico tiene fuerza sobre nosotros mismos, aún contra nuestra voluntad; lo que sí sé decir, es que nada pierde ni ningún detrimento sufre con tal comparación. Por arte de la perspectiva las casas se dan la mano desde el faro de Portopí, pasando por la ciudad amurallada, hasta perderse allá á lo lejos, en el término de Lluchmayor. Palma descuella sobre tantas hijuelas, con el orgulloso núcleo de sus grandes edificios, de su Lonja filigranada, de su Catedral ingente y de su morisca Almudaina, extendiendo los palacios y los caserones antiguos por todo el muro Sur y enseñando toda la crestería de sus campanarios y de sus torres, desde la del Angel hasta el minarete de Santa Clara...

Desde allí llegan á la playa el rumor apagado del vocerío y las lentas vibraciones del toque de la oración de la tarde.

(La Almudaina, 21 de Agosto de 1890)

En los primeros artículos de "Desde la terraza", Oliver canta las bellezas de la isla para a continuación proponerlas como destino de esos impulsos que se estaban produciendo entre los ciudadanos europeos de conocer otros parajes. Pero Oliver, atento a esa industria que nacía en Europa, también constata que para recibir a los viajeros, Mallorca tendría que hacer un gran cambio en muchos aspectos.

Conviene ir siguiendo el discurso de Miguel de los Santos Oliver, artículo a artículo y conocer las repercusiones que obtuvo.

 (Segueix)

Pons Fábregues Portfolio de Baleares : guía de Mallorca (1922)

fabian | 17 Novembre, 2014 19:41

En 1922, Benito Pons Fábregues (1853 - 1922), periodista, político, historiador y archivero. Titulado en Derecho y Archivero bibliotecario, Cronista Oficial (1896 - 1922) y Secretario (1909 - 1922) del Ayuntamiento de Palma, publicó en los Talleres Gráficos de la Empresa Soler Portfolio de Baleares : guía de Mallorca,

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Es una obra que me resulta interesante en muchas cuestiones. Es una guía sumamente interesante sobre Palma que recorre en cuatro itinerarios. En aquellos momentos se estaba creando el Ensanche, se había construído el edificio de los Institutos, que quedaba aislado, en un descampado. El reciente derribo de las murallas y la creación de las nuevas zonas que antes ocupaban está presente en el relato de Pons. Así, por ejemplo, en su relato no se había colocado aún la estatua ecuestre de Jaime I en la Plaza España, que entonces se llamó plaza Eusebio Estada. Indica la muy reciente construcción de la Escuela Graduada, y, enfrente de ella, un sanatorio para tuberculosos. "En una de estas avenidas se ha edificado el Teatro Balear, cuya fachada principal en vez de dar frente al paseo, se levanta en la calle que fué camino interior de la muralla". "Derribado el recinto de murallas se confunde la Plaza de Juanote Colom con la del Ferrocarril, donde, como hemos dicho, se ha plantado el parque en cuyo centro el escultor Clarasó erige el monumento a Jaime el Conquistador. En lo que fué plaza del Ferrocarril, y después de Eusebio Estada, se ha acordado por el Ayuntamiento levantar una estatua a dicho ingeniero"

Realmente, describir los enclaves en construcción de una ciudad no es tarea fácil, y esta guía se encuentra en estas circunstancias. "Junto a la iglesia de S. Antonio extiéndese un vasto solar, que fué un tiempo convento del Olivar, y después presidio: en este sitio está en proyecto emplazar la nueva plaza de abastos".

Habla de la Puerta de Jesús y del inicio del paseo de las Cuatro Campanas "Todo esto ha quedado cubierto por las tierras de acarreo que se han transportado para la nueva rasante, que ha sido preciso elevar sobre el antiguo nivel al edificar el nuevo y vastísimo Instituto de segunda enseñanza, cuya orientación contrasta con la del paseo, sin que sepamos el motivo de esta alineación. Es edificio digno de ser visitado, y al que sólo puede achacársele el poco acierto de los que eligieron para construir este centro de enseñanza un punto tan bajo de la población, entre el Hospital y el Cementerio, y a orillas de la Riera".

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Fotografía de la Guía

Es curioso e interesante este recorrido de Palma de 1922 bajo la guía de Pons Fábregues, todo lo que cuenta sobre el derribo de la parte de la muralla que da al mar, entre Atarazanas y la Puerta del Muelle. El Consulado del Mar entonces era una escuela de maestras.(Escuela Normal) y el autor sigue su recorrido por el camino de Porto Pí hacia Bellver.

Tras recorrer Palma, la guía incluye la relación alfabética de todas las calles de Palma, y, a continuación las del arrabal de Santa Catalina, seguidas por las del Ensanche de esa época.

Toda la guía está intercalada de páginas de anuncios. Hay muchos, siendo también de interés.

La sección siguiente es la de "Oficinas, Edificios Públicos y Corporaciones de Palma". Había, por indicar algunos, cuatro teatros (Principal, Lírico, Balear y Victoria - este último en la calle Fábrica -) y siete cines (Asistencia Palmesana calle Lulio; Cículo de Obreros Católicos Call; Doré en Hostalets; Moderno plaza Santa Eulalia; Moderno en arrabal Santa Catalina; Nuevo en c/ Sindicato y Protectora). Sigue relación de "Hoteles, Fondas, Restaurants y Casas de Huéspedes de Palma".

La segunda gran parte de la Guía es "Índice de poblaciones que componen la isla de Mallorca con expresión de sus vías de comunicación y modo de hacer el viaje". Es una sección amplia que recoge todas las poblaciones ordenadas alfabéticamente.

La última gran sección de la guía es "Excursiones por Mallorca".

Además de los anuncios, muchos, tiene esta guía bastantes fotografías, tanto de Palma como de las poblaciones. En la portada indica que las fotografías son de Bertrand, Bestard, Gómez y otros.

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Me ha resultado de lectura interesante, no sólo el textode Pons sino también por los anuncios. Los recorridos por Palma, especialmente de las zonas en construcción son testimonio de una ciudad en obras que, en mi opinión, son hoy interesantes.

En Pons Fabregues: algunas obras digitalizadas puse la biografía del autor.

Peña: 'Guía manual de las Islas Baleares' (1891)

fabian | 13 Novembre, 2014 13:16

Me ha sorprendido enormemente esta Guía manual de las Islas Baleares : con indicador comercial que Pedro de Alcántara Peña Nicolau publicó en 1891 en la editorial de J. Tous de Palma. Si la guía que Enseñat publicó nueve años después, en 1900, encauza el tipo de guía que posteriormente sería imitado, estableciendo unas rutas turísticas por Mallorca que dejan apartadas de ellas muchas poblaciones de la isla, esta guía de Peña es totalmente diferente. En ella no hay rutas turísticas y están presentes en igualdad de condiciones tanto Valldemossa como Porreras o cualquier otra población mallorquina, ya que Peña las presenta todas siguiendo un orden relacionado con las vías de comunicación.

Peña parte de una idea básica que expresa claramente en el Prólogo:

Para formar un completo Guia de las Baleares que llenase las aspiraciones de todo viajero sería necesario poseer conocimientos extensos y variados en todos los ramos del saber humano, y un tino especial en consignar solamente en el guía los que fuesen aplicables á nuestra localidad ó sean aquellos que pueda necesitar el que se proponga visitar nuestro pequeño archipiélago; con el fin de que resultase el libro poco voluminoso, manual y cómodo. Fuera indispensable además el ser muy práctico en el país, para poder describir las comarcas, poblaciones y objetos de toda clase con la exactitud y concisión que requiere esta clase de obras; haciendo mención de su historia, costumbres, bellezas, producciones, etc. [...]

Las ideas básicas están expresadas: un manual cómodo y útil para todos los viajeros. ¿Qué informaciones pueden necesitar "todos los viajeros"? La idea de "todo" está presente a lo largo de toda la guía - que el autor nombra en masculino: "el guía" -. No sólo necesita información sobre la historia y las costumbres y bellezas, sino también informaciones útiles sobre las producciones...

El Índice da una idea bastante clara; Indica 16 vías en Mallorca, La vía 15 es "de Santa María a Sansellas" y en su índice está: "Villa de Santa Eugenia", "Villa de Sansellas", "Excursiones y Binialí su agregado", "Villa de Costitx" y "Excursiones de id."

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STA. EUGENIA -Perteneciente al partido judicial de Palma, situada á unos 14 kilómetros de'la misma y en terreno llano con una parte de cerros. Su término municipal tiene la extensión de 1,975 hectáreas, equivalentes á 2,710 cuarteradas que producen cereales, vino, almendras y otros frutos. Su población es de 4,503 habitantes. Tiene carreteras poco conservadas. Paga por contribución territorial 11,677 pesetas, de las cuales corresponden á forasteros 3,824 id. Por consumos satisface 3,399 id. Su altura sobre el nivel del mar es de unos 160 metros. Sus coordenadas geográficas son: latitud Norte 39° 37' 17" y longitud Este 6° 31' 83".

El único edificio notable es su iglesia parroquial de reducidas dimensiones aunque ha sido ensanchada y hoy día es suficiente para su escaso vecindario.

Sus caminos vecinales son dos: 1.° El de Alaró de 3 kilómetros.— 2.º El de San Jorge de 4 id. 400 metros, que pasa por el caserío las Ollerías.

Secretario del Ayto., Rigo Gabriel.— Juez municipal, Homar Mateo.— Fiscal, Amengual Antonio.— Secretario, Bibiloni Mateo.— Párroco. Oliver Guillermo.— Profesor.Pastor Bartolomé.-- Profesora. Bestard Ana.

Médico: Palou y Bibiloni Sebastián.

Comestibles (Tiendas de): Bibiloni Antonio.— Coll Juan.— Roca Sebastián.— Sastre Martin

Dejando el ramal de Sta. Eugenia á la derechoa, sigue el camino hasta pasar por dentro el lugar de Biniali con oratorio bastante grande, dedicado á San Cristóbal, que contiene un triptico de la Crucificación del Señor: y á los 14 kilómetros se entra en la población de Sansellas

Este es el tipo de información que Peña da de cada población: sus caminos, datos poblacionales, puntos de interés, nombres de jueces, profesores, autoridades, y la lista de todos los comercios existentes. Es una información amplísima sobre todo lo que un viajero - cualquiera que fuere - puede necesitar en cualquier momento. Es en verdad "un guía" curioso que todo lo sabe. Asombroso.

Resulta curioso que las poblaciones costeras de la isla, muchas de las cuales fueron creadas posteriormente a esta guía, indican en informaciones si ya fueron nombradas en esta guía de Pedro de Alcántara Peña. Así, por ejemplo, en la Mallorca travel leo: "El topónimo Porto Cristo aparece citado por primera vez en 1891 en la ´Guía Manual de las Islas Baleares´ de Pere d´Alcántara Peña."

La guía, de 480 páginas de información más otras 72 páginas de anuncios, presenta 8 planos y 23 láminas fotográficas. Está muy bien en cuanto a índices, presentando el general, muy minucioso, y otro alfabético de poblaciones "y puntos".

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Tabla para reducir pesas antiguas de Mallorca

También son muy curiosas sus páginas iniciales pues incluye informaciones sobre transportes, baños termales, cuerpos consulares, ferias, fiestas, ferro-carriles, mercados, medidas mallorquinas, vapores correo, travesías por mar, faros e incluso semáforos (se refiere a semáforos marinos: "En la Punta del Lebeche de la isla Dragonera. / En el Cabo Bajolí de .Menorca".

Realmente tanto se parece a una guía como a una enciclopedia o un listín de páginas blancas, pareciéndome un híbrido de varios tipos de publicación. Curiosa, interesante y originalísima.

Enseñat: Guide illustré des Îles Baléares (1900)

fabian | 12 Novembre, 2014 18:14

A lo largo del siglo XIX viajeros franceses escribieron sobre Mallorca. Grasset de Saint Sauveur, George Sand, Germond de Lavigne, Gaston Vuillier, etc. No puede extrañar que una de las primeras guías turísticas de Mallorca fuera en Francés como la Guide illustré des Îles Baléares realizada por Juan Bautista Enseñat, editada por J. Tous en 1900.

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Sus contenidos son: Préface; Les Îles Balears (historia); Voies de communication (enumeración); De Barcelone á Palma (descripción); Palma (descripción e historia de la ciudad y de los monumentos, calles, iglesias, casas señoriales, etc.); La Plaine (descripción con notas rápidas del trayecto Palma - Santa Maria - Binissalem - Inca - Sineu - Petra - Manacor - Felanitx - Manacor); Les Grottes (Drach, Artá, con descripciones largas de salas, lagos, anécdotas, etc): Pays de montagne (En tren de Manacor a La Puebla; en coche a Alcudia, visita; desde Alcudia a Pollensa con indicaciones sobre Formentor, Castell del Rei, Cala San Vicente; de Pollensa a Lluch; de Lluch a Sóller con indicaciones sobre Escorca, Puig Major; Biniaraix, Fornalutx, Puerto de Sóller; de Sóller hacia Deyà y Valldemossa con indicaciones sobre Son Marroig, la Foradada, la Estaca. Miramar y, ya en Valldemosa, indicaciones sobre la Cartuja y el Palacio del Rey Sancho; hacia Palma, visita a Raxa); Minorque: De Mahon á Ciudadela; y Les Pityuses.

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Es pues una guía muy completa para un viaje (132 páginas) y amena. Va acompañada con dibujos de Sarmiento que parecen fotografías

Las rutas mallorquinas de Palma a Manacor y La Puebla se hacen en tren y la de montaña, desde La Puebla a Sóller en coche de caballos.

De Juan Bautista Enseñat ya escribí su biografía en Juan Bautista Enseñat: Algunas obras digitalizadas.

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En el Prólogo de esta guía, cita a Pedro de Alcántara Peña y su guía como antecesora.

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