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El Archivo Municipal de Palma de Mallorca

fabian | 12 Abril, 2012 15:55

Suelen estar muy bien las exposiciones que realiza el Arxiu Municipal de Palma. No son enormemente vistosas, pero sí muy informativas, especialmente cuando se puede conseguir el folleto o tríptico informativo, lo cual no es fácil pues se acaban pronto. Esta vez lo he conseguido - era el último que quedaba en Castellano, aunque quedaban algunos en Catalán y otras lenguas -, lo he escaneado y lo he subido a la Red. En Scribd: Palma, Archivo Municipal. Y está muy bien porque en esta ocasión, el Arxiu cuenta su propia historia y la documentación que guarda.

Can Bordils

[...] El año 1851, por disposición del Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas, se creó el Archivo Histórico de las Baleares, que debía custodiar todos tos fondos pertenecientes al antiguo Reino de Mallorca.Asi.en el mismo edificio se mantuvieron dos archivos, el propiamente municipal y el del Reino de Mallorca. Este último se trasladó a la Casa de Cultura en 1955.

El Archivo Municipal de Palma custodia básicamente documentación sobre la ciudad desde 1718, aunque parte de ella hace referencia a toda la isla hasta 1836. También contiene documentación de la antigua Universitat porque en el momento del traslado de sus fondos se produjo alguna confusión y parte de los fondos quedaron en la Casa Consistorial. Por el contrario, otros propiamente municipales se integraron con los anteriores y se localizan actualmente en el Arxiu del Regne de Mallorca.

El archivo estuvo situado en el tercer piso del Ayuntamiento, hasta 1988, cuando se ubicó en la sede actual, el edificio histórico rehabilitado de Can Bordils que cuenta con depósitos de documentación, zonas de despachos, taller de restauración y espacios de acceso público para atender a los usuarios y realizar las actividades de difusión.

Antoni Pons realiza una interesantísima bitácora sobre la Catedral:
La Seu de Mallorca
sobre su historia, su música, su arquitectura, etc.

pergaminos
Pergaminos de la Universal Consignació (1405) y Libros de contabilidad de la Taula Nummulària (s. XV)

El documento va contando la historia del actual edificio, Can Bordils. Enumera los fondos, los de la Universitat, los fondos privados, ya procedentes de familias, de instituciones o de empresas; el archivo fotográfico; las colecciones facticias,; así como la biblioteca y hemeroteca.

plano
Parte del Plano para la construcción del Grand Hotel (hacia 1905 ?)

3. FONDOS PRIVADOS

3.1. Archivos familiares
Fondo Barceló 1721 -1875
Fondo Cava 1734 - 1812
Fondo Cotoner s. XVI-XX
Fondo Desbrull s. XVII - XIX
Fondo Ferrer (Binissalem) s. XV - XX
Fondo Julià 1911-1950
Fondo Llabrés
* Archivos de diversas familias 1206-1851
* Archivo Llabrés 1560 -1950
* Colección de obras manuscritas 1290-1917
Fondo Naghtten 1804-1831
Fondo Pere d'Alcàntara Peña S.XIX-XX
Fondo Penya (Sóller) s, XVI-XVIII
Fondo Pons s.XIV - XX
Fondo Bartomeu Rosselló Porcel 1929-1999
Fondo Socies de Tagamanent 1356-1811
Fondo Soler (Menorca) 1803-1840

3.2. Archivos de instituciones
Col·legi de l'Horts 1490,1641-1811
Documentación gremial s. XVIII

3.3. Archivos de empresas
Edificios y Urbanizaciones SA 1946-1969

documentos

El Arxiu, con cierta frecuencia realiza estas pequeñas y agradables e informativas exposiciones. La última que vi fue la de fotografías de Bartolomé Ordinas, que no reseñé en esta bitácora donde sí he indicado algunas, como la de Pilar Montaner, una sobre la Historia de la Música en Mallorca y alguna más. Con cada exposición se suele editar un libro sobre el tema. Es una lástima que lleguen tarde, que no estén ya los primeros días de la exposición.

Sobre esta exposición he encontrado el artículo de Lara Villar: Can Bordils exhibe los fondos del Arxiu Municipal (DM, 03/04/2012).

Aproximación a la prensa de Palma en 1900

fabian | 11 Abril, 2012 17:22

Inicio una nueva serie. Diversas lecturas y reflexiones me han hecho pensar que conviene trabajar un poco sobre la prensa que se editaba en Palma. He elegido un punto temporal de origen: 1900 y he buscado en el buscador de la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica qué periódicos y revistas se publicaron en Palma entre el 1 de enero de 1900 y el 31 de diciembre. El resultado obtenido es:

En Palma de Mallorca, del año 1900, están digitalizados 789 archivos, 737 en Español y 52 en Catalán. Corresponden a las siguientes publicaciones.

Bien, pues estos son los datos que he hallado del año 1900. Tal vez convendría realizar esta "cala" en una serie cada cinco años. Y, ¡hay tanto por investigar!, quiénes fueron los periodistas, los impulsores, crear una ficha para cada publicación, recoger los artículos que puedan interesar, etc. etc. Yo no sé qué sería lo más importante por hacer, pero intuyo que sería mucho. En fin, con esto empiezo.

____________________________

Nota (12/04/2012): La prensa del año 1900 digitalizada no es toda la prensa que existió ese año, pues periódicos tan importantes como La Almudaina, y posiblemente otros, ya existían ese año.

Tal vez haya algunos estudios sobre la prensa palmesana. Ya los buscaré.

Rubén Darío: La isla de oro. Jardines de España

fabian | 11 Abril, 2012 09:55

Santiago Rusiñol (1861 - 1931) pasó temporadas en Palma, en El Terreno. En 1903 publicó el libro Jardins d'Espanya (pdf), el cual incluía textos de varios escritores, como "El castell buit" (pág. 6) poema de Miquel dels Sants Oliver, "La reliquia" (pág. 9), de Joan Alcover, "Villa" (pág. 13) de Miguel Costa y Llobera o "Floràlia" (pág. 19), un largo poema de Gabriel Alomar (1873 - 1941), a quien Rubén Darío llama "el futurista", puesto que en 1905 había publicado "El futurisme".

libro
Santiago Rusiñol: Jardins d'Espanya (1903)

Sirvan estos datos para dar paso al artículo titulado Jardines de España de Rubén Darío, publicado en La Nación, periódico de Buenos Aires, el 7 de abril de 1907 y que sería la segunda de las seis partes de "La isla de oro".

La isla de oro

Jardines de España


— Rusiñol — dijo lady Perhaps —, encienda usted su pipa. Bien saben que soy una buena camarada, y que todo me gusta en carácter.

Estábamos en la terraza. Nos fascinaba, cerca, la alegre dulzura de unos almendros en flor, grandes bouquets de nieve-rosa, tenuemente rosa. El futurista había expresado gentiles teorías. Rusiñol había narrado pintorescas anécdotas. La dama y yo habíamos cantado la gloria felizmente «di camera», del extraño, caprichoso y misterioso Aubrey Beardsley, que desde hace algunos años descansa en paz.

Rusiñol encendió su pipa; y así pudo verse, a través de un velo de sutil humo, su hermosa testa de artista; el mechón gris sobre el marfil de la frente, la mirada llena de la fatiga del ensueño, la sonrisa de buen muchacho. Hacía tiempo que la inglesa era admiradora de las prosas y de los cuadros de ese catalán de seda. Uno de esos cuadros nos fue evocado por los almendros floridos. Era una tela expuesta en el Salón de París, hace pocos años.

— Es aquí en la Isla de Oro — dijo la dama —, en donde nuestro amigo ha encontrado muchos adorables rincones de amor y paisajes de ensueño que ha trasladado a sus incomparables «jardines de España».

Sobre un atril nos fue presentado el bello volumen hecho de manera que tan solamente Barcelona sabe realizar en la península. Mi impresión ha sido la de todos los gustadores de esas deliciosas variaciones pictóricas que el poeta del pincel ha sabido formar agregando a la realidad la virtud evocadora y profundizadora de su daimon interior, tal lo han manifestado ya Vittorio Pica, ya León Daudet, fraternal amigo del vincista primero de las Españas.

Mi afecto, mi amistad artística por Rusiñol son, yo lo diré así, antiguos, puesto que ha nevado — poco, en verdad — , tanto en su cabeza como en la mía, siendo él el «hermano mayor». ¡Rusiñol es infantil y refinado, triste y alegre, gran señor y bohemio! Él puede serlo, porque es rico... A estas horas, es la única manera de ser ciudadano del divino país amado de Selene.

— Mas, ¿qué dice el futurista de estas lindas cosas pintadas y poetizadas? — expresó lady Perhaps.

— El futurista dice —contestó Alomar — lo que se sucede en su «Floralia».

— Lo cual es de toda gracia y elegancia — agregó la dama —; porque este filósofo habla en poesía, a no ser que, dicho mejormente, este poeta hable en filosofía.

— Señora — interrumpí—, los jardines son y han sido siempre un incomparable tema para poetas y para filósofos. Aún respiramos tamizados por los siglos los perfumes de Academo. En cuanto a la jardinería, puede ser considerada como una de las bellas artes. Antes que un Le Nôttre o un La Quintinie, aprobaría mi decir un poeta anglosajón hermano de los ángeles y de nombre Edgar Poe.

Rusiñol lanzó una bocanada de humo. Y como se hablase de la decadencia de los jardines, se levantó y leyó en el bello libro en su lengua vernácula: «...I és que els jardins són el paisatge posat en vers, i els versos escrits en plantes van escassejant pertot arreu; es que els jardins són versos vius, versos amb saba i amb aroma; i com el jardiner poeta, per a rimar els llargs caminals ombrívols, per a estilitzar els boixos fent-los seguir simètriques harmonies, per a posar en estrofes de verdor les imatges de les plantes i les teories de figures, per a versificar la Natura i fer cants d'ombres i clarors, necessíta de l'alegria dels temps i de la prosperitat deis homes, i els homes, ai!, ja no estan per a poesies, ni els temps per a magnificències, els versos escrits en el jardí se van omplint d'herba de prosa, en l'aspre terrer d'Espanya».

Intervine:

Señores, puesto que los jardines son una de las bellas artes, creo que están sujetos a los gustos y a las corrientes mentales. No creo que haya decadencia de jardines, sino jardines decadentes. Así como los hay clásicos, románticos, y creo que hasta de exóticas clasificaciones. Así el que al conde Robert de Montesquiou - Fesensac formó un sabidor nipón famoso entre los poetas que se precian de saber cosas bizarras.

Mas las palabras de los poetas escritas con plantas son las flores. Y oíd lo que Alomar canta de ellas. Él dice que: «Las dalias son ardientes escarapelas y las hortensias virginales insignias. Los girasoles murmuran las ufanas décimas de los galanes a las hermosas sobre los teatros de las cortes caídas, y hacia la luz se tornan, como hipnóticos, y expresan, cavilando, torturadoras ansias de verdad y de belleza. Las magnolias se abren en floraciones de blanco luminoso, y los geranios cuajan iris de paz sobre las nubes de los tupidos follajes amorosos. Las rosas esplendentes guardan intacto el estro de Anacreonte». La enumeración sigue victoriosa. Esa bella «Floràlia» expuesta en el «pórtico» del suntuoso volumen es de las más apasionadas y magníficas loas que se hayan hecho en honor de las flores. Y cuenta que desde Lucrecio, Ovidio, Horacio, hasta Hugo y Mallarmé, han tenido comentadores de su gracia y ensalzadores de su misterio.

Yo amo los jardines de España que han hecho peregrinar al artista, satisfaciéndole en cambio con el don de sus almas melancólicas, sílvicas o aristocráticas. Amo este «Darrer jardí» mallorquín en el cual entre flores y árboles espesos y oscuros no hay más que una soledad en espera de inminente presencia que vaya con paso de meditación hacia la solitaria puerta que se abre en la claridad del fondo.

Me deleita la fuente de la Odalisca, en la mágica Granada, donde en un escenario miliunanochesco se abren las rosas rojas junto a los macizos de arrayanes, y el agua se vierte en la taza antigua bajo las simetrías entrelazadas de los educados troncos. Y en la Isla Dorada otra vez, el «Caminal d'Alfàbia», asimismo de cuento de Oriente, con sus columnas y sus cristales armoniosos, y las flores siempre. De nuevo es en la tierra granadina, la «Glorieta de los Enamorados», cuyo nombre recuerda lo que una dama sabidora dejó escrito en el álbum del Generalife, que era bueno «para amar». Aquí para amar es bueno este asilo de verdores, de una composición arcaica, y en donde un aislado chorro de agua apenas humedece el paso de las horas. He aquí, también en Granada, una sucesión de arcos espléndida, o la «villa» triste ante los recortados cipreses. Y en Aranjuez, la senda de rosas hacia la enorme herradura del espeso arco... Y otras páginas poemales, en que la luna influye con su hechizo; o en que ordenadas graderías ascienden hacia unos como oscuros santuarios de profanos cultos. Aguas, follajes, tiestos, en la ornamentación de las gráficas músicas, gráficas músicas que bien habrían violado las violas que acariciaron en días líricos los oídos de la imperecedera Gioconda. En estos jardines ya es la clara voz de primavera, ya el canto autumnal el que se escucha.

Toda esta obra de intelecto refinado y trascendente seduce desde el primer instante en que se la contempla con «intelecto de amor». Y es como un oasis en el seco ambiente de la pintura al uso, toda de fórmulas, recetas, habilidades y mercantilismos. Yo amo estos jardines de España y al jardinero de pluma y pincel que sabe dar alimento y halago a las fantasías fatigadas y acosadas por las tendencias poeticidas de la vida moderna, de esta hora actual de trajines, especulaciones ápteras y derrotas del sentimiento.

Imaginaos un errar continuo entre asperezas, breñales, tierras calcinadas, paisajes de desolación, parajes de rocas y zarzas; un caminar bajo la furia de las llamas solares, hacia un punto desconocido, mas, sin embargo, ambicionado, y que, al llegar la tranquilidad de la tarde, os encontráis ante un bosque sagrado, tal como los de los fondos de los adorables primitivos, y allí dulzura, gracia sutil, el aparecimiento de la luna, agua fresca. Y la melodía del ruiseñor.

Daréis las gracias al Ruiseñor por su melodía...

La obra publicada de Santiago Rusiñol, ya de Dominio Público desde el pasado 1 de enero de 2012, se va publicando en edición digital y libre en Santiago Rusiñol. Obra completa. Sobre Rusiñol en Mallorca, puede verse Santiago Rusiñol: L'illa de la calma con un artículo de Bartomeu Bestard "Rusiñol y Mallorca" y, también, Jardines abandonados: Rusiñol y Miguel de los Santos Oliver, con el artículo de Miguel de los Santos Oliver publicado en "La Vanguardia" el 7 de mayo de 1910, titulado "Rusiñol".

De Gabriel Alomar Villalonga, ¡ay, la pobre Mallorca no turística en Internet!, La Biblioteca Nacional de España tiene on line el Archivo personal de Gabriel Alomar. Pero bueno sería que, entre uno y otro, se fuera reuniendo su obra publicada.

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Planta primera del Puerto de Palma de Mallorca (1613 ?)

fabian | 10 Abril, 2012 16:12

En la ficha del Catálogo Colectivo de la Red de Bibliotecas de los Archivos Estatales dedicada a este plano titulado Planta primera del Puerto de Palma de Mallorca no hay una fecha concreta, sino que sólo indica que es del siglo XVII, aunque indica que en el dorso está escrito "Con carta de don Carlos Coloma de 24 de febrero de 1613". "Planta Primera". Si realmente es de 1613, es anterior al de Antonio Garau (1644), aunque posterior a los de Antoni Verger (1596).

plano

Los datos de la ficha son:

  • Título: Planta primera del Puerto de Palma de Mallorca
  • Fecha: [16--]
  • Escala de 120 mm. las 180 canas de Mallorca que cada una hacen ocho palmos
  • Manuscrito sobre papel.
  • Medidas: 85 x 78 cm
  • Tinta y colores a la aguada. Con explicación
  • En el dorso del plano: "Con carta de don Carlos Coloma de 24 de febrero de 1613". "Planta Primera". Consultadas las Secciones de Estado y de Guerra no se ha hallado esta carta
  • Procedencia: Archivo General de Simancas. Signatura: MPD, 23, 048
  • Enlace: Catálogo Colectivo de la Red de Bibliotecas de los Archivos Estatales

No indica el autor. Juan Tous Meliá, en su libro Palma a través de la cartografía (1596-1902), nos lo muestra como el quinto plano más antiguo de los hasta hoy conocidos y atribuye su autoría a Antonio Saura.

Es un plano interesante por los nombres de los baluartes - como el Baluarte de Perelladas, posteriormente llamado De Jesús -, por los puentes que había sobre la Riera cuando cruzaba Palma y por otros motivos.

Sobre este plano, además de las páginas que le dedica Tous Meliá, hay un estudio realizado por Climent Picornell, Joana Maria Segui, Antoni Ginard, Josep Morata titulado Un planol de Palma de l'any 1613 circa (1989) que, aparte de considerarlo en ese momento como el más antiguo, ofrece buena e interesante información sobre él.

Rubén Darío: La isla de oro. Divagaciones

fabian | 10 Abril, 2012 09:49

Rubén Darío (1867 - 1916) escribió en Mallorca dos obras en prosa, ambas inacabadas, tituladas "El oro de Mallorca" (1913) y "La isla de oro" (1907). La más conocida es El oro de Mallorca, la cual se encuentra libre en Internet. No ocurre lo mismo con "La isla de oro", la cual, siendo como el resto de la obra de Darío de Dominio Público, no se halla aún en Internet, pese a ser una obra de interés.

Pongo aquí la primera de las seis partes de esta obra, titulada "Divagaciones", que fue publicada en "La Nación" el día 5 de abril de 1907.

La isla de oro

Divagaciones


He aquí la isla en que detiene su esquife el argonauta del inmortal ensueño. Es la isla de oro por la gracia del sol divino. Vestida de oro apolíneo la vieron los antiguos portadores de la cultura helénica, y los navegantes de Fenicia que, adoradores de Hércules, le alzaron templos en tierras españolas; y que al llegar a esta prodigiosa región creyeron sin duda encontrarse en lugar propicio a los dioses fecundos y vivificadores. Aquí puede repetir todo soñador la palabra del latino antiguo que ha hecho vibrar en nuestros días los labios del prestigioso D'Annunzio y que se ostentan en las armas de la germánica Bremen: «Navigare necesse est, vivere non est necesse». Y así evoca una lírica decoración de Cellini, gráfico intérprete d'annunziano, en la cual de manera arcaica se representa el vuelo de un barco de los prodigiosos tiempos odiseos sobre las aguas armoniosas en que a flor de espuma se alegran de la vida, entre delfines y bajo la gloria solar, sirenas de flancos voluptuosos y tritones que hacia el firmamento lanzan el clamor de sus caracoles sonoros:

Re del Mediterráneo, parlante
nell maggior corno della fíamma antica,
parlami in questo rogo fiammeggiante!
Questo vigile fuoco ti nutrica
il mio voto, e il timone e la polena
del vascel cui Fortuna fu nimica
o tu che col tuo cor la tua carena
contra i perigli spignere fosti uso
dietro l'anima tua fatta Sirena,
infin che il Mar fu sopra te richiuso!

La dama inglesa fue la que recitó esos versos del óptimo poeta. Recitaba sin acento el idioma de Italia, tal como habla el francés y el castellano.

¡Amable compañera de viaje! Amistad ocasional, solitaria y enigmática señora que viene de Nápoles, de Grecia, que irá luego a Egipto. —«Amo el Sol, soy una amante del Sol. Por eso adoro esta isla que usted conoce ahora y adonde yo he venido ya otras veces. Y en ninguna parte he visto mayor triunfo de la magnificencia solar y mayor derroche de oro, de oro del cielo, de oro homérico.»

— Señora, tiene usted razón. Y acaba de pronunciar el nombre sacro. En todo esto flota el aliento de la vieja inspiración helénica, y como Heracles en Gades, Melesígenes debió haber tenido aquí un adoratorio. Y a propósito, tenga usted por dados, tres veces, mis «¡hip, hip, hip, hurra!», en honor de la noble Inglaterra, en donde por todas partes se esparce el generoso perfume de la cultura clásica. El viejo Gladstone, en la cámara, adornaba, como se sabe, sus arengas sobre asuntos políticos con versos de la Odisea y de la Ilíada. Y en lindos labios femeninos de ultra Mancha, no es raro oír los nombres que constelan los poemas de los tiempos olímpicos.

— Usted viene, según me ha dicho, en busca de salud. Me parece que ésta le sobra... por su aspecto y por su espíritu. Todo lo clásico es sano. Su espíritu vive en lo clásico, luego la salud está con usted.

— Es, querida señora de los ojos extraordinarios, que en este adorador de lo clásico, hay un romántico que viene de muy lejos.

— ¿Desde dónde?

— Desde el Cáucaso

— ¿Y desde cuándo?

— Desde Prometeo. No se asombre usted, y escuche estos conceptos: «¿Por ventura Prometeo no es la encarnación del eterno elemento romántico en medio de la cultura helénica?». Quien ha dicho esas palabras, en catalán, es un compatriota de Raimundo Lulio, un mallorquín cuya bóveda craneana encierra cosas hermosas y profundas que han ya brotado en períodos robustos y en alados apotegmas que anuncian cosas grandes. Se llama Gabriel Alomar el Futurista.


Palma parecía verdadera y fantásticamente incendiarse. Había en el ambiente como una miel vespertina y un abejeo de versos. En la parte de la costa en que nosotros nos hallábamos no había sol, en tanto que la ciudad aparecía a nuestros ojos toda en luz viva y alucinante. Y la bahía especular reflejaba la milagrosa visión a modo de un cristal de encanto.

Lady Perhaps — éste es el nombre de mi amiga —, se levantó y se puso a sonreír delante del magnífico espectáculo, y, sonriendo, dijo lentamente:

— He aquí, pues, una tarde clásica y un momento romántico.

— Lo clásico, lo romántico, lo simbolista, lo decadente, no son más que facetas del eterno diamante. Poesía. Usted misma, señora, a quien no sentará sino bien el nombre de Musa, comprende todos esos aspectos, puesto que en sí contiene la lira y la ilusión. Un músico hizo una vez delante de mí el elogio de la mentira, pero no tan bella y elegantemente como un poeta compatriota de usted. Pues bien, la mentira no existe, pues ella no tiene representación sino como la negación de la verdad. No hay más que una verdad, así como no hay más que una belleza sin ser ésta resplandor de aquélla, según el decir platónico. Ahora esa verdad y esa belleza son vistas a través de las lentes infinitas de las individualidades. Y estamos metafísicos, mi amable Lady.

— Es que comemos demasiado ensueño, mi querido señor. Con una diferencia. Usted es un latino — llamémosle latino, aunque se dice que no hay tal latinismo —, y con tal temperamento, o con tal educación, se nutre de un ensueño muy distinto del mío, puesto que soy una sajona de ojos azules.

— Yo me nutro de beefsteaks sajones y de trigo y vino latinos, y de muchas cosas más.

Soy hombre y nada de lo que al hombre toca me es extraño... Soy poeta, y nada de lo que al poeta toca me es extraño... Yo doy entrada en mí a todas las bellezas parciales que componen la belleza; y a todas las verdades particulares que componen la verdad...

— Divagamos en la Isla de Oro...

— Divagamos. Y divagaremos. ¿No es éste un grato programa?

— Programa ciertamente grato.

Y excelente refugio para dialogar sobre asuntos hermosos es la florida Mallorca. Porque, aunque se esté solo, el monólogo no existe. Siempre se dialoga. «Temes en el muro una mirada que te espía», dice el poeta. Y una oreja que te oiga, hay que agregar. Plotino o Novalis sabían que existen esas cosas misteriosas. Hablamos y se nos contesta. Lo que hay es que a veces no sabemos comprender.

La noche estaba para entrar, anunciada por un lucero. Lady Perhaps, en un pequeño salón en que había hecho el día una lámpara eléctrica, me tendió un periódico en el cual leí: «Antes de Jovellanos, Mallorca parecía un país sin alma. Era... una tierra; una de tantas tierras de las cuales se cuenta la producción, la bondad del clima, el grato sabor de las frutas, la abundancia o escasez del agua, la cosecha del aceite, la cosecha de almendras... Ahora se diría que tiene dos personalidades: la personalidad exclusivamente geográfica o del registro de hipotecas, y la personalidad encantada a que la ha conducido, poco a poco, la transfiguración del arte y la poesía». Jovellanos, Grasset de Saint-Sauveur..., Jorge Sand y Chopin..., Ole Bull el violinista, Piferrer, Cortada..., Doré, Hübner, Haes, Verdaguer, Richepin, Albéniz, Granados, Rusiñol, Mir, Pin y Soler... Pongamos, señora, nuestra parte de oro sobre el oro, nuestra parte de mirra sobre la mirra, nuestra parte de incienso sobre el incienso. Yo, por mi parte, he traído a revolar sobre estas aguas y entre estas flores a mi cisne familiar.

Lady Perhaps tuvo un elegante movimiento y dejó pasar a través de sus preciosos y finos dientes algo de su nacional humour.

— Y esa tremenda Jorge Sand — me dijo — , que no encontró animal más apropiado en que ocuparse, durante su «Invierno en Mallorca», que aquel que fue llamado «mon auge» por Monselet, y al cual los parisienses y las parisienses miran con singular interés..

— No encuentro eso de gran extrañeza, mi querida interlocutora. Tal animal es un animal interesante. En vuestro portentoso Shakespeare, se llama Falstaff, y en nuestro único Cervantes, se llama Sancho. Alguien ha dicho famosamente que todo hombre tiene en sí un animal de ésos, «qui someille...» Y en el imperio de la poesía, es el Sancho del Cisne-Don Quijote. Y luego, el símbolo, realizado por intervención celeste ... Cuando en el cuerpo del cuadrúpedo sabroso entraron los demonios del cuerpo de los hombres, por el poder de Nuestro Señor Jesucristo. Good night, madame!

— Good night!

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Cachivachear

fabian | 09 Abril, 2012 16:43

Últimamente han salido nuevos cachivaches informáticos. Me refiero a los "tablets" o tabletas. Uno (yo) estoy a la expectativa intentando enterarme de qué van estos nuevos aparatejos y escudriño en la Red buscando a aquellos que, además de tenerlos, cuentan de qué va ese rollo y para qué los usan. Si es para mirar el correo y feizbuk mientras pasean o están reunionados, no me acaban de interesar, pero si sirven para grabar una conferencia (o una clase magistral) y que el cacharro les pase él solito el discurso oral a escrito; en tal caso, tal vez sí me interese. El caso es que de esta posibilidad nadie cuenta nada.

Pero, recorriendo infatigable, esa desnutrida Red de los usos, se encuentran curiosidades. Pero antes he de indicar que, según parece, esas tabletas utilizan "apps" o programa de aplicación para que funcionen según el deseo. Y es un entretenimiento la búsqueda de esos "apps" y experimentar con ellos a ver qué pasa. La cuestión es divertida.

Tinta - e: Comunicador vocálico, una utilidad inusual de los tabletos

O sea que hay personas que van probando "apps" y nos van contando qué se puede hacer con ellas y cómo les va; todo lo cual es de agradecer, pues nos ayuda a orientarnos en este complejo mundo de la informática.

Aunque no las llamemos "apps", descubro que hay muchas aplicaciones informáticas que desconozco totalmente, como los llamados "gestores de bibliografía". Lo descubro también en Tinta - e: Un lector me pregunta sobre gestión bibliográfica y me quedo perplejo. El día en que me encuentre con fuerzas, intentaré experimentar algo sobre ello. Estoy tan despistado que parece que vivo en una nube, nube que no es "la nube" de la que se parlotea.

En fin, frustrado, vencido por la desidia y mi ignorancia, busco algo que pueda indicarme que no soy un zoquete y que aún tengo alguna posibilidad de vivir este mundo de cachivaches y aplicaciones. Así que cojo un flash para hacer un buzón para Google y le modifico levemente la apariencia, le cambio la URL a la que tiene que dirigirse y creo una nueva "apps" (?). Hela aquí:

Lo coloco bajo el buzón que desde hace años utilizo, y ya. Funciona correctamente, aunque no acabo de entender muy bien los resultados que este Google Scholar o Académico me presenta.

Azorín: Mallorca

fabian | 06 Abril, 2012 09:53

La amada España

Mallorca

¿Cómo podría faltar en esta colección la tierra de Mallorca, breve compendio de todas las tierras de España? Recuerdos y esperanzas... Una noche en el barco; á la mañana, desde la cubierta, bajo el cielo azul, vemos á lo lejos á la ciudad. Lentamente se va acercando la nave. Sentimos la emoción de que vamos a ver lo que jamás hemos visto y tanto nos han ponderado. ¿Será la realidad como el ensueño? En la ciudad, recorremos callejuelas y atravesamos plazas que son como les plazas y callejas de las viejas ciudades españolas peninsulares. Pero ya acá y allá, de cuando en cuando nos quedamos absortos, extáticos, contemplando un tipo de mujer que pasa. ¿No habíamos encarecido — con Campoamor — la belleza frágil y etérea de las alicantinas y jijonencas? Pues esta belleza de Mallorca tiene algo que no sabemos explicarnos; largo rato vagamos, sin mirar nada, sin ver nada, tratando de comprender el atractivo supremo de estas mujeres. ¿Está en la tez? ¿Está en la gracia elegante y señoril del caminar? ¿Está en la mirada? ¿Está en la voz? La voz al pasar la hemos escuchado, y en el idioma que habló Lulio, hemos recogido dulces inflexiones, matices de delicadeza, entonaciones cual un sortilegio que antes no habían llegado nunca á nuestros oídos...

Los recuerdos acuden á nuestra mente.Después de horas de caminar bordeando montañas, ascendiendo suavemente á sus cumbres, tornando á lo hondo de los collados y cañadas, hemos columbrado á lo lejos el mar. El camino, ¿no está en lo alto bordeado de frondosos árboles? Y luego desde un antepecho de piedra, ¿no se descubre allá abajo un surgidero ó cala en que las aguas se mueven y remueven suavemente? En el crepúsculo vespertino estas aguas son grana, morado, azul y oro. La visión es maravillosa. Contemplando ahora este mar, de tan espléndidas irisaciones, desde esta eminencia tenemos la sensación de ir — ¿hacia dónde? — en la proa de un barco. De ir, entre resplandores de oro, en busca de regiones desconocidas.

Cae el crepúsculo. Tornamos a nuestra casa: es una celda del viejo monasterio de Valldemosa. Una mujer célebre ha estado en estos parajes; pero mucho más tarde un gran poeta, inolvidable amigo, ha habitado también esta mansión. Y si antes de su venida, el famoso ingenio extranjero diríase que daba cierto carácter literario á la isla toda, ahora es el poeta español quien pone en esta tierra, principalmente, ya que no con exclusividad, ese ambiente que los grandes artistas, que el recuerdo de los grandes artistas, presta á los paisajes y a los edificios. Villanueva de los Infantes es Quevedo; Esquivias es Cervantes... La sombra de Rubén Darío vaga por la hermosa tierra de Mallorca. Aquí estuvo durante meses el poeta. Sus ojos se empaparon desde estas costas en el azul del Mediterráneo. Ya estaba en sus postrimerías el poeta: su sensibilidad, como una lámpara cuya luz se aviva momentáneamente, dio aquí algunos de sus más bellos y penetrantes versos. La Epístola á la señora de Lugones va fechada en Mallorca, y de Mallorca se habla en casi toda ella. ¡Qué bien ha expresado el poeta la finura y la elegancia de esta raza y de esta tierra Un solo verso suple a veces una larga y prolija descripción.

Hay un mar tan azul como el Partenopeo.
y el azul celestial, vasto corno un deseo,
su techo cristalino bruñe con sol de oro.
Aquí todo es alegre, fino, sano y sonoro.
Barcas de pescadores sobre la mar tranquila
descubro desde la terraza de mi villa,
que se alza entre las flores de su jardín fragante
con un monte detrás y con la mar delante.

Aquí todo es alegre, fino, sano y sonoro: esa frase parece resume la tierra de Mallorca. La finura y la jocundidad de las cosas y del ambiente son las supremas características que el poeta ha visto con visión certera. Rubén habla después de la mujer mallorquína.

Las mallorquínas usan una modesta falda,
pañuelo en la cabeza y la trenza á la espalda.
Esto las que yo he visto, al pasar, por supuesto.
Y las que no la lleven no se enojen por esto.
He visto unas payesas con sus negros corpiños,
con cuerpos de odaliscas y con ojos de niños;
y un velo que les cae por la espalda y el cuello
dejando al aire libre lo obscuro del cabello.
.Sobre la falda clara un delantal vistoso.
Y saludan con un bon di tengui gracioso
entre los cestos llenos de patatas y coles,
pimientos de corales, tomates de arreboles,
sonrosadas cebollas, melones y sandías,
que hablan de las Arabias y las Andalucías...

«La isla — añade luego el poeta — es florida y llena de encanto en todas partes». Y esta variedad en el encanto es lo que hace sin par en las tierras mediterráneas á Mallorca. Un mallorquín ilustre, querido compañero de letras, lo ha dicho: «La característica de las Baleares y en especial de Mallorca — ha escrito Miguel S. Oliver — es una asombrosa gradación y variedad de aspectos, los más inesperados, los más distantes, los más contradictorios, reducida al menor espacio posible. Diríase que la naturaleza se ha empeñado en ofrecer allí una colección de trozos selectos, como una verdadera antología del paisaje». Y Oliver, en este artículo Vagando por Mallorca, publicado en el A B C del 13 de agosto de 1913, añade, hablando de las múltiples apariencias del paisaje mallorquín:

Hase dicho para explicarlas — y es forzoso acudir cada vez á esa formula, ya clásica, de Jorge Sand, — que Mallorca viene á ser «la verde Helvecia, bajo el cielo de la Calabria, con la solemnidad y el silencio de Oriente». Y. en efecto, en su reducida superficie puede descubrir el viajero acostumbrado á este linaje de comparaciones, una fusión ó conjunción del tipo oriental y del tipo alpino, y aun, á trechos, del propio tipo africano. En una hora se pasa de la marisma pantanosa á la llanura cubierta de trigales, sombreados por el indefectible almendro; y á los olivares añosos, .alternando con la higuera, en una viva sugestión y parentesco de los campos de Palestina; y de ahí á la alquería moruna, con sus perfiles de alcazaba dominados por esbeltas palmeras ó á las huertas con macizos de laureles gloriosos», entre cuyas frondas estallan de melodía los ruiseñores.

Y a esta sucesión de llano y montaña, de viñedos y olivares, de valles encantados y desfiladeros abruptos, súmase también la variedad inusitada de la costa, que va desde la playa suavísima y virginal á las calas armoniosas, vibrantes todavía del remo de los Argonautas y la forminge de Orfeo, ó á la braveza de los acantilados septentrionales y osiánicos. mirando á la inmensidad del mar como desde una «última Thule». Parece que no puede darse ya más extensa gama de aspectos, y no obstante, falta enumerar todavía el del mundo subterráneo y maravilloso que sirve de soporte al fragante vergel de la superficie. Allá, en las entrañas de esa rosa privilegiada florece el portento de las grutas, afiligranado y lindísimo en las del Drach, que se miran en el espejo de sus lagos inmóviles y de diafanidad diamantina; grandioso en Artá, donde las columnas estalactíticas parecen arrancadas á un templo ninivita y las bóvedas se tomarían por abortos ó tentativas de catedrales sin debastar ni pulir aún.

Recuerdos y esperanzas. Recuerdos de aquella tierra maravillosa, en que el mar que la ciñe es oro, carmín y morado; esperanzas — que acaso no se logren — de volver á posar los ojos en aquel paisaje, en aquella marina. Y acaso entre nuestros recuerdos, el más hondo y grato es el siguiente: caminando hacia Valldemosa, vimos al lado del camino, en un recodo y junto al mar, una casa. Era una casa rústica, de labriegos; casa ancha, clara y limpia. Entramos en ella; la puerta estaba sombreada por una hojosa higuera. El zaguán aparecía empedrado de menudos guijos blancos. Y abiertas de par en par las puertas, estaba allí en el zaguán un pintor joven, romántico, pintando en un gran lienzo. A su lado, en un sillita baja, asistiendo amorosamente á la obra, estaba su mujer. Los dos vivían allí lejos del mundo, creyendo en la gloria, esperando llenos de confianza. No vivían allí más que ellos y una sirviente. A dos pasos y en lo hondo, el mar removía entre los peñascos con suavidad sus aguas.

Recuerdos y esperanzas... ¡Ya no volveremos á ver más al pintor junto al mar y en la casa blanca, clara y limpia!

Azorín

La Vanguardia, Martes, 10 abril 1917.

Bueno. Son varias preguntas que se me plantean y que yo trasladaría a la actualidad de hoy. Azorín no es un profesor de literatura, sino un escritor. Elige algunos textos literarios que hablen de Mallorca. Pone textos de Rubén Darío y de Miguel de los Santos Oliver, ambos contemporáneos suyos. Se cita a George Sand. Posiblemente Costa y Llobera en 1917 no fuera aún suficientemente conocido. ¿Cuáles pondría hoy día?; es decir, ¿cuáles conozco o conocemos de ahora y de antes?

Este artículo de Azorín, sin cambio alguno, es el capítulo dedicado a Mallorca en el libro El paisaje de España visto por los españoles (en pdf, epub y otros) publicado en 1917. El título, y la interesante "Introducción" delimitan claramente la temática de los textos elegidos y, también, el tono no académico del mismo.

Actualicémonos al "hoy y ahora". Este libro y los artículos de Azorín los he podido leer (y transcribir) porque están en Internet. Creo que de aquella máxima "añade algo" siempre que escribas en Internet, está el agruparlos y transformarlos a texto. Pero temo que esto sólo es posible con pocos casos puntuales de la literatura sobre Mallorca por varias causas. La obra de Joan Alcover, de Costa y Llobera, de Miguel de los Santos Oliver es hoy día de Dominio Público, pero ¿está pública en Internet? La obra de George Sand en castellano será de Dominio Público la primera traducción que se hizo de ella en 1902 el próximo día uno de enero. ¿Quién la pondrá abierta en Internet?

Pero no basta con que las obras estén en abierto en Internet, sino que también es preciso lo que lingüísticamente se llama "perfomance" o "actualización", consistente en que se hable de ellas, que se comenten, que se saquen de ese saco olvidado del tiempo. El paso de una obra al Dominio Público, su aparición en abierto en Internet son momentos propicios para rescatar del olvido toda esta obra que todavía puede plantearnos preguntas y crearnos emociones.

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Azorín en Mallorca. Oliver: Tierra de optimismo

fabian | 05 Abril, 2012 10:05

Fue en el artículo Vagando por Mallorca, publicado en el ABC del día 13 de agosto de 1913 cuando Miguel de los Santos Oliver anuncia el proyecto de Azorín de publicar un libro que recoja textos descriptivos sobre los paisajes de España. Y, en referencia a los de Mallorca indica la dificultad basada en la variedad de los paisajes isleños: "Diríase que la naturaleza se ha empeñado en ofrecer allí una colección de trozos selectos, como una verdadera antología del paisaje. Y esta es la dificultad con que habrá de encontrarse mi ilustre compañero Azorín, en la recopilación de textos que proyecta acerca de El paisaje español visto por los españoles".

Tras un buen comienzo del artículo, éste se desvía al plantearse los motivos sobre el desconocimiento que en la Península se tiene sobre el archipiélago balear, "las islas adyacentes". Y es esta inquisición, en principio secundaria para el tema inicial sobre textos descriptivos del paisaje isleño, la que adquirirá primacía en el discurso, tanto en el artículo publicado el día 18 de agosto de 1913, titulado El Estado y las Baleares, como en el publicado el día 26 de agosto de 1913, El esfuerzo privado o en Tierra de optimismo (29/08/1913) ; artículos que portan el antetítulo "Las islas adyacentes", interesantes, pero desviados de la intención primera y de mi intención en seguir los escritos de Azorín sobre las islas. En esos artículos, el que, en parte, habla algo sobre escritores que hayan publicado algún texto sobre Mallorca, es el último, que paso a reproducir:

Las islas adyacentes

Tierra de optimismo

Para terminar con este resumen de la transformación de Mallorca, apenas sospechada de los españoles continentales, hay que hablar de las comunicaciones marítimas y de! notorio y rápido incremento que han experimentado de pocos años á esta parte. Cosa .de ochenta van transcurridos desde que se inauguró el primer vapor entre Barcelona y Palma. Fué allá por 1834. En las páginas de El Vapor — un periódico de Barcelona dirigido por López Soler, donde aparecieron los primeros ensayos de Piferrer y Milá, y donde se publicó la famosa oda "A la patria", de Aribau, que señala el renacimiento poético de Cataluña —, en ese periódico encontré hace algún tiempo la reseña de aquel primer viaje y el anuncio de los sucesivos. Tratábase de un buque de ruedas, no mucho más grande que los antiguos faluchos correos, ó que un buen remolcador de ahora; y, sin embargo, pareció á nuestros abuelos algo así como un Leviatán.

No tardó en presentarse la competencia, y esa competencia entre dos empresas sucesivamente renovadas, modificadas, disueltas, pero siempre substituidas por nuevas rivales, se ha perpetuado tradicionalmente, inexorablemente, hasta hace poco. La actual compañía naviera Isleña Marítima consiguió reunir todos los cabos sueltos y unificar las fuerzas desperdigadas, acabando con un estado de lucha económica, cuyos beneficios para el público no llegaron; á compensar los inconvenientes y hasta los peligros que entrañó, retardando en cambio la hora de la consolidación y organización definitivas.

Realmente, el sistema de comunicaciones por mar es el alma y la esencia del desenvolvimiento de Mallorca. La divulgación, de sus bellezas nace con la navegación á vapor y crece con ella. Dos ó tres años después de implantada, George Sand y Chopín emprenden su memorable viaje, que.se remonta al otoño de 1837. Al cabo de otros dos años, Piferrer y Parcerisa suben al mismo vapor vetusto, para describir y estilizar la isla, románticamente, en las páginas y. litografías de los Recuerdos y. bellezas. Casi seguidamente, en 1843 ó 44, Rubió y Ors — el Gayter del Llobregat, el precursor de la poesía catalana moderna -—, se embarca también y va á inspirarse en la paz campestre y dulce de aquella. Mallorca romántica y contemplativa, cuyo eco perdura en.sus ingenuas estrofas. Allí le encuentra todavía D. Juan Cortada, y esa misma paz, ese mismo encanto indefinible y silencioso, sobreviven en la prosa de su Viaje, .graciosamente arcaica para un lector actual, como las levitas de campana y el corbatín de tres vueltas. y el cabello levantado en flámula sobre la frente de esos mismos viajeros, según aparecen en los dibujos de la época, bajo un sauce ó alumbrados por una antorcha, en un claustro medio derruido...

Setenta años han pasado desde entonces. Infinidad de viajeros de otras generaciones han desfilado por la isla. El turismo organizado empieza á tomarla por su cuenta. Una nube de pintores, guiados por el ejemplo de tres ó cuatro maestros ilustres, la invade anualmente para buscar renovación de paleta, cambio de escenario, mutación de valores estéticos. Y allá, en el embarcadero de la puerta de la Paz, de Barcelona; enfocando la Rambla, tocando el mismo monumento de Colón, aguardan acicalados y pulcros, los nuevos buques de la Compañía, los esbeltos steamers del tipo Jaime I - Jaime II, Miramar. Los dos ó tres barcos antiguos, la añeja expedición semanal ó bisemanal se han convertido en una gallarda flota de once ó doce vapores, blancos y perfilados.de oro, cuyo número.aumentará todavía á no tardar, y en uii itinerario de seis viajes .semanales de ida y otros seis viajes de vuelta entre Mallorca y Barcelona, con más las expediciones á Valencia y á Alicante, que hacen por completo diaria la comunicación.

Para conseguir todo eso, claro es que se necesita el factor propicio del tiempo y las circunstancias; pero también se requiere la mano y la voluntad de un hombre, de un conjunto de hombres. Y justo es señalar, en un país como España, no sobrado de iniciativas, y sobre todo, falto de perseverancia para insistir en ellas, la presencia de ese hombre, de esos hombres, en D. Sebastián Simó, naviero director de la Isleña, y en la Junta de gobierno que preside el .respetable jurisconsulto D. Pedro Sampol. He dicho antes de ahora que los mallorquines son, generalmente hablando, grandes trabajadores, aunque á veces no sean "activos". Pero Simó es activo y trabajador, todo en una pieza; y en más de una ocasión, enterándome por los periódicos de sus idas, venidas, gestiones y comisiones incesantes, he reído para mis adentros, pensando en las caras agridulces y en las maldiciones sofocadas que allá, en los negociados y taquillas de los ministerios de Madrid, han debido saludar su aparición, tan jovial y simpática siempre.

Pues bien; esos hombres incansables que el burócrata recibe con un gesto de contrariedad, y que producen pánico en las oficinas públicas, son los que realmente impulsan el progreso, y en nombre de la sociedad viva acuden á sacudir la modorra del Estado inerte. Son el madgyar, el fantasma, el espectro temido de las covachuelas; y gracias á ellos, el carro de la Administración no se atasca del todo, y anda alguna vez con relativa velocidad. Dígalo, si nó, el.arreglo actual de las comunicaciones marítimas. En este punto acaban de combinarse, por lo que á las islas se refiere, la eficaz ayuda del Estado y la vitalidad misma del país. Porque hay dos maneras de aprovechar el auxilio oficial: cuando se pide in articulo mortis, como inyección de jugos vitales para crear un poco de resistencia ficticia,.y entretener el hambre y la consunción, y cuando responde á las ansias, necesidades y potencia de mejora que laten en una región, en una comarca, en una localidad. En el primer caso, se trata de una dádiva ó limosna sin remuneración posible: de un acto de beneficencia. En el segundo, de un adelanto reproductivo, bien así como la mejora de un predio ó la ampliación de una fábrica, cuyos rendimientos amortizan muy pronto la inversión.

En esta categoría han de considerarse incluidas las relaciones de Mallorca con el presupuesto de la nación. La isla se basta por completo á sí misma y todo lo que ha hecho y hace actualmente en el sentido de su avance y prosperidad tiene una base propia. Mucho nos quejamos de la falta de nacionalización en la economía española: de las grandes empresas, industrias, explotaciones mineras, ferroviarias ó de tranvías, y de las grandes masas de Deuda pública acaparadas por extranjeros, con la consiguiente emigración de los beneficios. Sin embargo, la economía de Mallorca no sólo es nacional, sino rigurosamente local y autónoma. Todo el conjunto de sus empresas y de sus instituciones, toda su organización industrial y mercantil, todas sus deudas y empréstitos, locales, descansan sobre la misma riqueza del país y no han necesitado auxilio extranjero, ni siquiera auxilio de la banca del continente ni de otro capital español.

Ahora mismo, y en una sola semana, acaban de cubrirse holgadamente dos suscripciones de importancia: un empréstito municipal para adquirir en íntegra propiedad el manantial llamado Fuente de la Villa, y resolver de una vez el abastecimiento de aguas, con todas las necesidades del nuevo ensanche.y urbanización; y otra emisión de acciones para dotar á la ciudad de una red de tranvías eléctricos, urbanos y suburbanos, substituyendo el ya anticuado de tracción animal. Pues esto mismo ocurre con todo lo demás: líneas de ferrocarriles, flota de.vapores, Sociedades de crédito, fábricas, minas, hoteles, casinos, teatros, y, en suma, con el utillage completo de su vida moderna en lo económico y en lo social.

Y valga todo lo dicho como bosquejo apresurado de esas remotas adyacentes y del instante de actividad que nos ofrece la principal de ellas, orientada hacia el porvenir, hacia la confianza en sí misma, hacia la tracción del mundo que viaja, estudia y siente. Esa relativa prosperidad material tal vez haya amortiguado un poco la antigua fertilidad intelectual y poética,.el viejo encanto arqueológico de la isla dorada, y es preciso reconciliarse con ellos, porque de ellos vino el impulso y la iniciación. De todas maneras conviene que España conozca, más á conciencia que hoy, ese microcosmos de Mallorca, tierra de alegría y optimismo, que no participa de la depresión de espíritu del continente ó le alcanza sólo por reflejo. En fin; si toda la parte pobre y lúgubre de la Península se alzara á ese nivel, pudiera decirse que el problema español estaba virtualmente resuelto.

Miguel S. OLIVER

ABC, 29 de agosto de 1913

En fin, se empieza hablando del paisaje y se acaba haciéndolo de política; una lástima.

Bueno, pues ahora me queda volver a Azorín, cuatro años después de que Oliver anunciara el libro sobre los paisajes.

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Azorín en Mallorca: M.S. Oliver: Los paisajes

fabian | 04 Abril, 2012 10:28

Casi la totalidad de las fuentes que he consultado sobre Azorín y Mallorca indican el viaje de 1906. Pero en un libro que no trata de Azorín sino de Rubén Darío, hay una nota que indica otro viaje. Dice así: "Azorín, que ya había visitado Mallorca en 1906, vuelve a la isla en 1917" e indica un libro:"El paisaje de España visto por los españoles".

La presencia de Azorín en Mallorca de 1906 es previa, por pocos meses a la de Rubén Darío. En realidad no son los viajes lo que me interesa, sino sus escritos, la literatura a la que dan lugar. Y es fantástica la amplia literatura que los viajeros han producido sobre esta isla.

Buscando algún rastro de este posible viaje de Azorín he encontrado un texto de Miguel de los Santos Oliver, amigo tanto de Azorín como de Rubén Darío, publicado (¿extrañamente?) en el ABC el 13 de agosto de 1913, en que Oliver se refiere a Azorín y su proyecto de publicación de "El paisaje de España visto por los españoles". Es un artículo del que no había tenido noticia, quizá porque de Oliver se citan sus artículos publicados en "La Vanguardia" de Barcelona y resulta extraño encontrarlo en el "ABC".

Las islas adyacentes

Vagando por Mallorca

Acabo de pasar unas semanas en Mallorca. Hacía cuatro años que no había estado en mi tierra; y hallé á la ciudad de Palma y aun á toda la isla en plena animación y bullicio con motivo del viaje de la infanta doña Isabel. Creo que la augusta dama se hace lenguas así del cariñoso, imponderable recibimiento que allí obtuvo y del ambiente, de halago y no afectada dulzura en que vivió durante quince días, como de la natural y deslumbrante belleza ó, mejor dicho, bellezas del país.

Porque la característica de las Baleares y en especial de Mallorca, es una asombrosa gradación y variedad de aspectos, los más inesperados, los más distantes, los más contradictorios, reducida al menor espacio posible. Diríase que la naturaleza se ha empeñado en ofrecer allí una colección de trozos selectos, como una verdadera antología del paisaje. Y esta es la dificultad con que habrá de encontrarse mi ilustre compañero Azorín, en la recopilación de textos que proyecta acerca de El paisaje español visto por los españoles. Porque hay paisaje propiamente dicho, con unidad y homogeneidad sostenidas en Castilla, en Andalucía, en Asturias, en las Vascongadas, en Valencia; pero no le hay en Mallorca, tanta es la mutación y veleidad esencialmente femeninas de sus apariencias y sucesivas actitudes.

Hase dicho para explicarlas — y es forzoso acudir cada vez á esa fórmula, ya clásica, de Jorge Sánd —, que Mallorca viene á ser "la verde Helvecia, bajo el cielo de la Calabria, con la solemnidad y el silencio de Oriente". Y, en efecto, en su reducida superficie puede descubrir el viajero acostumbrado á este linaje de comparaciones, una fusión ó conjunción del tipo oriental y del tipo alpino, y aún, á trechos, del propio tipo africano. En una hora se pasa de la marisma pantanosa á la llanura cubierta de trigales, sombreados por el indefectible almendro; y á los olivares añosos, alternados con la higuera, en una viva sugestión y parentesco de los campos de Palestina; y de ahí á la alquería moruna, con sus perfiles de alcazaba dominados por esbeltas palmeras, ó á las huertas con macizos de laureles gloriosos, entre cuyas frondas estallan de melodía los ruiseñores, como pudieran en Chipre ó Corinto.

Y á esta sucesión de llano y montaña, de viñedos y olivares, de valles encantados y desfiladeros abruptos, súmase también la variedad inusitada de la costa, que va desde la playa suavísima y virginal á las calas armoniosas, vibrantes todavía del remo de los Argonautas y la forminge de Orfeo, ó á la braveza de los acantilados septentrionales y osiánicos, mirando á la inmensidad del mar como desde una "última Thule". Parece que no puede darse ya más extensa gama de aspectos, y no obstante, falta enumerar todavía el del mundo subterráneo y maravilloso que sirve de soporte al fragante vergel de la superficie. Allá, en las entrañas de esa roca privilegiada florece el portento de las grutas, afiligranado y lindísimo en las del Drach, que se miran en el espejo de sus lagos inmóviles y de diafanidad diamantina; grandioso en Artá, donde las columnas estalactíticas parecen arrancadas á un templo ninivita y las bóvedas se tomarían por abortos ó tentativas de catedrales sin debastar ni pulir aún.

Pues bien; dicha isla y sus hermanas del archipiélago balear, son de lo más desconocído que hay en España para los mismos españoles, incluyendo las Hurdes ó Batuecas, Hasta podríamos aventurar respecto de Mallorca esta afirmación paradojal: se ha escrito acerca de ella mucho más que se ha leído. En los tiempos modernos, desde Jovellanos — y aun desde Vargas Ponce — hasta Santiago Rusiñol, se ha ido formando una copiosa literatura descriptiva de aquella tierra. Pero hay que decirlo crudamente: esa literatura no se ha resuelto en opinión ni se ha traducido, por lo que á España se refiere, en corriente de curiosidad viva y todo lo intensa que es de desear y merece el asunto. Todavía existe en nuestro Código penal, si no estoy equivocado, una pena que lleva el nombre de confinamiento; y esa pena de confinamiento consiste en hacerle vivir á uno, durante el período de tiempo que fije la condena, en cualquiera de ías islas Baleares, que la tradición burocrática de nuestro país, maestra en Humanidades doctas, ha consagrado desde las excelsas páginas de la Gaceta con el poético y sugestivo nombre de adyacentes.

Aprovechando la relativa libertad y tregua que el veraneo concede á los escritores en cuanto á la elección de temas ó á prescindir de los habituales y más enojosos de la contienda política, me propongo ofrecer á los lectores de A B C, condensadas en dos ó tres artículos, las impresiones de este mi ultimo viaje á Mallorca, ó sea la adyacente mayor. Y empiezo por celebrar que mi preclaro compatriota y afectuoso amigo el conde de Sallent, con su entusiasmo de buen ísleño recogiendo las buenas disposiciones de S. A. y avivándolas con insistencia sugestiva, deparase á mi tierra el honor de aquella visita y á la infanta la ocasión de realizarla desde luego y entre aclamaciones y continuos agasajos.

Porque viajes así hablan á veces más que un libro, y en ocasiones más que una biblioteca; y fijan la atención del país á menudo sobre un pedazo del territorio que la generalidad mira como cosa lejana, y en cierto modo extranjera, y aparte de su ley, por tradicional y casi invencible desconocimiento. El español es poco aficionado á la geografía, me atrevo á decir que poco apto para ella, como lo es también, y acaso en virtud de la misma razón, para los idiomas. Si en una tertulia de gentes distinguidas y cultas en otros aspectos se viene á hablar de esas "islas olvidadas", asombran la confusión y desorientación dominantes acerca de ellas, hasta el punto de ignorarse si se va por mar ó por tierra, si "Mahón está en Palma" y si Mallorca es un pueblo con doscientos habitantes ó una comarca con cuarenta Ayuntamientos, doscientas treinta mil almas y una capital.de setenta ú ochenta mil. Un general que iba allí preguntaba al capitán del vapor si los caminos eran todos de herradura, y cuentan de un personaje madrileño que escribió "Al cura de Mallorca".

Tanto se ha abusado últimamente de la comparación extranjera, que ha llegado á hacérseme sospechosa y hasta repulsiva. Invocamos el ejemplo extranjero sin ton ni son muchas veces, y casi siempre de oídas. Pero en este caso de las Baleares es ineludible apelar á esa comparación, no tanto en el sentido de que otro Estado de Europa hiciera allí maravillas, como en el sentido del orgullo nacional, patriótico, que despertaran en la sociedad misma y entre los demás elementos y componentes de la nación el poseer tan lindas y codiciadas joyas, y tenerlas, además, tan á la mano, como que los adelantos de la. navegación las han puesto á siete ú ocho horas del continente, y no estar lejano el día en que podremos salvar esa distancia en cuatro horas y media. Quisiera explicar por qué, como insinúo más arriba, el olvido de ese archipiélago reviste carácter nacional, mejor que carácter oficial, porque el Estado se acuerda de él bastante más que la nación, lo cual infringe la regla española.., Pero no me queda hoy más espacio, y tendré que dejarlo para otro día.

Miguel S. OLIVER

ABC, Miércoles, 13 de agosto de 1913

El libro de Azorín, "El paisaje de España visto por los españoles" se publicaría en 1917. En él hay un capítulo dedicado a Mallorca. Es un libro de Literatura, no de Geografía, pues consiste en el acercamiento que los textos literarios han realizado en la descripción del paisaje. A él llegaré tras recoger estos artículos de Miguel de los Santos Oliver en el ABC.

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Azorín en Mallorca: Deseo

fabian | 03 Abril, 2012 15:43

En los años 50, Luis Ripoll Arbós, periodista, bibliófilo, inició una serie de libritos pequeños, pocas páginas y tamaño octava dedicada a temas sobre las islas. Eran, son, libritos de difusión cultural. En los años 90 creo que ya eran unos 150, de temática variada, monográficos, estos libritos de Panorama Balear, realizados por autores varios. El titulado "Verano en Mallorca", de Azorín, es el número 21, publicado en 1952, de 16 páginas y con algunas fotografías. Se introduce así:

AZORIN EN MALLORCA

Hace más de cuarenta y cinco años - en agosto de 1906 - «Azorín» vino a Mallorca En el muelle de Palma le aguardaban unos cuantos amigos. Desde el vapor «Cataluña» se trasladó al «Gran Hotel» Recorrió Palma, visitó sus monumentos e hizo algunas excursiones. En Valldemosa se entrevistó con don Antonio Maura. El Jefe Conservador pasaba el verano en la finca «Ca'n Monsenya». En sus excursiones le acompañaron algunos compañeros. En Manacor fué objeto de atenciones Cruzó la campiña y visitó las Cuevas. En Valldemosa le hace los honores don Juan Sureda y en «So'n Vida» el Marqués de la Torre, que, entre otras cosas, le muestra una silla que hoy es ya histórica: en su respaldo se lee en letras doradas: «Eduardo VII, 21 septiembre - Antonio Maura, 18 agosto». Bajo el cielo diáfano de la bahía de Palma compartieron la cena, con «Azorín», Alomar, Sarmiento, Torrendell, Alzamora y «Andrés Corzuelo», invitados por Juan Alcover. Y, en fin, en el Borne paseó con Torrendell y entre el elemento femenino causó sensación: «Mírale; mírale — dicen ellas — ¡ay qué joven! ¡Dios mío! Sin bigote; todo rapado, parece un inglés...»

Como consecuencia de este viaje, «Azorín» publicó en «A B C» y «Diario de Barcelona» una serie de artículos que reprodujeron «La Almudaina» y otros diarios de Palma. Son, los que, con la complacencia de su autor, damos a continuación. Y como colofón incluimos la cuartilla que «Azorín» envió a «La Almudaina», que resume la fina cortesía, el sentimiento y también el estilo del pequeño filósofo.

libro

Yo creo que es el único libro que trata de este tema. Recoge, como indica, los artículos de Azorín sobre este viaje de 1906, excepto el titulado El viaje. No indica la fecha de publicación de los artículos - "no era costumbre", me indica la bibliotecaria ., pero sí da lo importante para un conocimiento del suceso. Son libros de difusión cultural y cumplen muy bien su función.

A los artículos publicados por Azorín añade el texto titulado "Deseo", publicado sólo por "La Almudaina", que Azorín dio a los periodistas que le acompañaban en unas cuartillas.

DESEO

Yo soy un viejecito que se levanta todas las mañanas a las cinco; cuando me levanto doy con mi bastón en el suelo y grito incomodado: «¡Isabel! ¡Isabel!». Isabel se ha descuidado un poco y no me ha servido a punto el chocolate: ésta es la causa de mi furor extraordinario. Viene Isabel y pone una bandeja sobre el ancho tablero de nogal. Yo voy mojando este chocolate con una ensaimada; después bebo un vaso de agua; mi mano cansada tiembla un poco; un hilillo de esta agua fresca, cristalina, corre por mi barbilla. Si no bebéis un vaso de agua después del chocolate, será inútil que toméis chocolate.

Yo voy andando después pasito a paso por la casa. En el reborde de una chimenea hay un rimero voluminoso de periódicos con la faja intacta; tengo un libro sobre la mesilla de noche en cuyo tejuelo pone: Montaigne o Emerson; la señal que se ve en este libro, si a primeros de mes está en la página 62, a últimos está en la 64. No hago nada y no me sucede nada; el aire es sutil y transparente; tengo higueras anchas y almendros tempraneros; desde mis huertas se ve el mar; el patio de mi casa es ancho; luce en él un zócalo de azulejos antiguos; las paredes están encaladas y limpias.

En mi casa tengo anchas cámaras para guardar los melones y los membrillos colgados de vencejos, y un almijar donde seco los higos en otoño. Un día, cuando menos lo espero, toso ligeramente, siento un frío suave y me quedo inmóvil: Isabel, cuando entra en la sala y me ve, llora un poco y después comienza a registrar los cajones.

Éste es mi ensueño; cuando me abrume la fatiga, cuando mi mano esté cansada de escribir, cuando los años pesen sobre mi cerebro - si llegan a pesar -, así quisiera yo vivir y así quisiera yo morir. La tierra que amo, es Mallorca; el paisaje que quisiera ver a todas horas es el de Miramar, y esta casa vieja con su ancho patío, en que yo quisiera vivir, está en la costa frente a la inmensidad sosegada y azul.

Jueves, 30 agosto 1906.

Mirando el pequeño libro de Panorama Balear, me pregunto qué se hace actualmente de difusión de la historia, literatura y cultura de esta ciudad y de estas islas.

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Azorín en Mallorca: De Valldemossa a Sóller

fabian | 03 Abril, 2012 08:54

En los días en que Azorín estuvo en Mallorca, recorrió la isla. Fue a Manacor, visitó las cuevas, pero estas visitas no dejaron ningún artículo. Azorín era un maestro de la descripción, especialmente de los paisajes. Alicantino de nacimiento y de formación, viajó por toda la península recogiendo en su pluma los paisajes no sólo naturales, sino también las descripciones literarias que de ellos había. Realmente los paisajes, como todos los seres son como se les mira, como quedan plasmados en las palabras de los escritores y en los cuadros de los pintores.

En Mallorca: De Valldemosa a Sóller

A las diez de la mañana dejamos este bello y querido pueblo de Valldemosa; vamos en el carruaje Torrendell, Salvá, Sureda y yo. No me cansaré de elogiar á estos buenos amigos. Comenzamos á atravesar Miramar, la posesión del archiduque Salvador. Se ve á lo lejos, al pie de la montaña, el mar infinito y azul; el bosque se extiende á uno y otro lado del camino. De pronto el carruaje se detiene.

— ¿Qué sucede, querido Sureda?—digo yo.
— Que éste es el sitio donde ha dicho Maura que debíamos bajar.
— Entonces — replico yo — vamos á bajar

Este sitio maravilloso, único, se llama Son Maroig; el paisaje que desde aquí se descubre no tiene igual en todo Miramar. Estamos en un elevadísimo mirador de piedra; tenemos bajo nuestros pies una arboleda inmensa, cortada por camínitos blancos que suben y bajan, que se cruzan en mil direcciones, que atraviesan diminutos jardines puestos entre la umbría, que llegan hasta pequeños estanques. Después la roca bordea el paisaje, abrupta, de color de acero: roca que forma eminentes acantilados, que entra ó que sale en suaves ó angulosos recodos, que se mete en el mar formando una aislada lengua de piedra batida por las olas. Y sobre el bosque, y sobre la roca, y sobre el mar, una luz fina, viva, pone á través de un aire sutilísimo y transparente, violentos colores de añil y de verde, tintas de rosa ó de oro, matices suavísimos de lila ó de violeta.

En este paraje es donde más ha pintado el Sr, Maura. Subimos de nuevo al carruaje y comenzamos á caminar velozmente otra vez. Al poco rato, el carruaje torna á pararse.

— ¿Sucede algo, querido Sureda? — pregunto yo.
— Nada, que es preciso ver el Museo — replica Sureda.

Este Museo, ¿merecerá ser visto? ¿Tendremos que molestarnos para pasar la vista sobre cuatro bargueños, ocho cuadros negros y seis vulgares panoplias? Expongo discretamente mis dudas.

— ¡No, no — exclama Torrendell; — no se trata de un Museo cualquiera; es un Museo que el archiduque Salvador ha formado exclusivamente de muebles y demás menaje de la casa mallorquína!

No es preciso hablar más; hace mucho tiempo que yo vengo pidiendo en mil artículos la formación en cada región española de un Museo de la casa. Mi sorpresa no puede ser mayor al encontrarme ahora en pleno campo con lo que tanto yo deseo. El archiduque Salvador ha formado un Museo perfecto, irreprochable. Todo sstá limpio, brillante; desde la estera que cubre el pavimento hasta el menor detallito de la cerradura de una puerta, todo es pura y castizamente mallorquín. Hay aquí soberbias camas de columnas salomónicas, sillas con el asiento de esparto, cántaros, peroles, platos, tornos para hilar, velones, candiles, lamparillas, arcas, armarios... Los balcones están abiertos de par en par; se ve por ellos el mar ó el bosque. No se oye ni el más ligero ruido; no nos acompaña nadie; circulamos por las salas desiertas con entera libertad; no vemos ni vigilantes ni cicerones. Y una profunda sensación de sosiego, de arte y de añoranza de tiempos que no hemos conocido, de generaciones que no hemos tratado, llevamos en el espíritu cuando nos vamos.

Y otra vez corre rápido el carruaje. A la hora de haber salido de Valldemosa, Sureda dice:

— Aquí dejamos los dominios del archiduque.
— ¡Pero esto es inmenso! — exclamo yo.
— ¡Un millón de durosl — contesta lacónica y elocuentemente Sureda.

Encontramos á poco junto aí camino un pino solitario, que eleva su tronco recto, liso, y extiende en el azul su copa redonda, perfecta.

— Este pino — digo yo — ¿no será ya del achiduque?

El archiduque ama apasionadamente los árboles; en sus dominios no se corta jamás ni la rama más pequeña.

— No — contesta Sureda; — este árbol no es del archiduque, pero él lo comprará. Una vez él vio una encina soberbia, gigantesca, y la compró, juntamente con el ruedo de tierra que cogía su copa, por 500 duros.

La carretera comienza á descender de la montaña; á lo lejos, allá en lo hondo, en lo profundo del valle, se divisa ya el blanco caserío de Sóller. Recorremos un puente, pasamos entre bardales de huertas y herreñales y nos encontramos en un pueblecillo de calles estrechas y limpias. Todos los pueblos montañeses son limpios. Soller tiene las casas de piedra gris y las ventanas verdes. Al pasar atisbamos los zaguanes claros, blancos y anchos de las casas viejas. D. Jerónimo Estades nos espera en su puerta; estrechamos ía mano de este correcto y afable caballero y entramos en la casa.

— Sería necesario — me dice D. Jerónimo — que usted viviera algunos días en Sóller para que se formara usted idea de !o que es este pueblo. Vale la pena; Sóller es un pueblo único en España. Hace algunos años una plaga destruyó los naranjos de Soller; la población no tuvo más remedio que emigrar; se fué mucha gente á América y á la Francia del Mediodía; allí se enriquecieron casi todos, montaron industrias, fundaron casas comerciales, y como el mallorquín es muy amante de su patria, unos volvieron aquí definitivamente y otros no dejaron de hacer una visita casi todos los años. Y claro está que unos y otros emplearon parte de su capital en hacer producir y mejorar sus tierras de Sóller. De este modo, lo que se consideró una desgracia, fué un acaso feliz. Un solo dato bastará á usted para formarse idea de este pueblo. Sóller no cuenta más de 8.000 habitantes. Pues bien: hace poco acaban de reunirse en la población setecientos mil duros para construir un ferrocarril: el de Sóller á Palma...

Un criado viene á avisar que la comida está a punto. Comemos espléndidamente; á los postres vienen el señor alcalde, el señor juez, un periodista de la localidad y otros amigos del señor Estades. Todos charlamos hasta media tarde; luego, nosotros los expedicionarios, tomamos el carruaje y comenzamos á subir lentamente á la montaña por la ancha carretera que forma un zig-zag blanco entre las higueras, los algarrobos y los almendros. Atrás, en lo hondo del valle, dejamos el pueblo iluminado por los últimos rayos del sol.

Azorín

ABC, Domingo 02 septiembre 1906

Éste fue el último artículo publicado por Azorín sobre Mallorca. Fueron reproducidos por varios periódicos de la prensa isleña, especialmente por "La Almudaina" y la "Última Hora", periódicos aún no digitalizados y también por "La Tarde", el único de esos años digitalizado. Luego sobre estos cayó el silencio pese a indicarse que Azorín estuvo en la isla. En 1952, Luis Ripoll los recogió, salvo el primero, en una pequeña publicación de Panorama Balear que tituló "Azorín: Un verano en Mallorca". Pasado más de medio siglo, la digitalización me ha permitido transformarlos a texto (copiable), enlazarlos e indicar las fechas de su publicación, lo que no se hizo en 1952.

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Azorín en Mallorca: Con el señor Maura

fabian | 02 Abril, 2012 09:31

El señor Antonio Maura y Montaner (1853 - 1925) fue cinco veces Presidente del Gobierno de España, la primera de ellas en 1904; la segunda entre 1907 y 1909. Así pues, en agosto de 1906, cuando Azorín viene a Mallorca, Maura es una persona muy conocida, líder de la oposición, que pasaba sus vacaciones en una finca de Valldemossa. Azorín, escritor y periodista, aprovecha su estancia valldemosina para visitarlo.

En Valldemosa: Con el señor Maura

La casa en que veranea el Sr. Maura se llama C'an Mossenya, es decir, casa del mosen ó del eclesiástico, o más propiamente» casa eclesiástica; la razón del nombre es el haber pertenecido antiguamente á uno de estos eclesiásticos un poco regalones, ricos, amigos de la paz y de la tranquilidad, que gustaban de edificarse una quinta en un ameno y silencioso paraje, soleado en invierno y fresco en verano. La situación de esta casa es la siguiente: Valldemosa está situada a 18 kilómetros de Palma y se va a él por una soberbia carretera; el pueblo se encuentra situado en lo alto de una montaña; tiene 1.500 habitantes. Junto a él hay una inmensa y vieja Cartuja rodeada de casitas de labriegos; en este enorme edificio, en sus vastas celdas que constan de.seis ú ocho dependencias, veranean multitud de familias ricas de Palma, y a dos pasos de la Cartuja, Casi tocando con la mano, se ve la casa del Sr. Maura que surge sobre un altozano, entre olivos, algarrobos y frutales.

A las ocho de la noche he ido a visitar al insigne orador. He ascendido por una cuestecita y luego me he visto ante la fachada principal, bajo un tupido emparrado, por entre cuyo follaje apenas se colaba la tenue luz de la luna creciente. No se oía ningún ruido, mis amigos — Sureda y Salvá — y yo hemos levantado una red que tapaba la puerta y hemos entrado en el zaguán. Las redes como la nombrada, de menudas mallas, se ven en todas las casas de Mallorca o por lo menos de estos contornos, ellas son cómodas; sirven para que las moscas no penetren y no impiden el paso de la luz. El zaguán donde nos hallábamos era espacioso, cuatro ó seis mecedoras de lona, a rayas blancas y azules (no sabemos si hemos padecido un error óptico) están formadas en correcta línea á la derecha; aquí es donde se sientan D Antonio, su esposa doña Constanza, dona Margarita, una de las hermanas del gran orador, que pasa aquí algunas temporadas, y D. Miguel, el eclesiástico. Son mecedoras graves, respetables; más lejos hay, colocadas asimétricamente, en desorden, otras cuatro ó seis, que son como mecedoras volanderas y sin pertenencia conocida. Las paredes del zaguán son blancas; en el fondo se ve una escalera ancha, de madera, una de esas escaleras recias y de buena fe que dan tono de sensatez a una casa; algunas puertecillas, dos o tres, se abren acá y allá; veo dos lienzos para pintar arrimados a la pared y con la pintura vuelta hacia ella; estamos solos y yo no los miro por discreción; pero sé que no se trata de obras del Sr. Maura, sino de Antonio, uno de sus hijos, puesto que el insigne orador sólo pinta á la acuarela. Sobre una de las mecedoras reposa un montón de periódicos; el que está sobre todos es un número extraordinario del Cronista Extremeño, con un gran retrato del Sr Maura. Detrás de la puerta, en una jaulita pintada de verde y rojo, duerme una codorniz. La casa, como todas las casas rústicas mallorquinas, está alumbrada por el acetileno; un mechero esparce una blanca luz por el zaguán.

Mis amigos y yo esperamos un momento sentados en las mecedoras; creo oír ruido de platos a lo lejos; tal vez están poniendo la mesa para cenar; de cuando en cuando llegan también risas y voces de niños. Al cabo de tres o cuatro minutos que aguardamos aparece el señor Maura en lo alto de !a escalera y viene sonriente hacia nosotros. El ilustre orador parece más fuerte, más recio, que hace dos meses; viste un traje amarillento, terroso, de dril; el chaleco es ceniciento; el cuello alto, de los doblados, y la corbata es un lacito obscuro con motas rojas. Estrechamos efusivamente la mano del insigne orador y nos sentamos, en este momento llegan los hijos del Sr. Maura: Antonio, Miguel y José María, y el corro se ensancha. Hablamos de cosas desprovistas de toda trascendencia social o política.

— ¿Qué le parece á usted el paisaje de Mallorca? — me pregunta el gran orador. — Esto es hermoso, soberbio. ¿Se ha fijado usted en los olivos? No hay nada más fantástico que el tronco de estos olivos. Yo no los pinto porque me parece muy difícil. La gente de Mallorca — añade después — es amante en extremo de su país. Casi todos los torreros de faro que hay en España son mallorquines; todos suspiran por volver á estas costas, y en cuanto hay por aquí una vacante, yo recibo centenares de cartas. Yo soy como el gerente de los torreros de España. En el negociado de faros — agrega sonriendo — soy muy conocido...

Hablamos de otras varias cosas durante un rato y nos despedimos. He cenado espléndidamente en casa de Sureda, en compañía de los otros amigos que con él hemos venido; he dormido bien y tranquilo, y á la mañana siguiente Salvá y yo hemos vuelto á la casa de don Antonio. Salvá llevaba una máquina fotográfica. El insigne orador ha aparecido en la puerta; llevaba un número de Le Fígaro en la mano; no he visto el título del periódico; pero me ha bastado ver la impresión conocida para mí de este diario.

— Venimos — ha dicho Salvá — en acto de despedida y de fotografías. Queremos hacer un grupo.

— ¡Pero si nos conoce todo el mundo! — ha exclamado riendo D. Antonio.

— No es para publicar — he dicho yo; — sino como un recuerdo.

Entonces el Sr. Maura ha accedido; se ha hecho la fotografía, y hemos pasado al despacho. El despacho es una pieza cuadrada, sencilla; están cubiertas las paredes por cuadros viejos, negruzcos; una ancha mesa antigua (con tablero de nogal) se ve cubierta de multitud de papeles, apuntes, cartas, telegramas. La luz penetra á través de una persiana y queda la estancia en una suave penumbra. Cuando hemos conversado un cuarto de hora, nos hemos levantado para marcharnos. Si hemos oído de labios del insigne orador algo referente á la situación política, es cosa de que no recordamos bien; es tal el número de impresiones que hemos recibido estos días, que nuestros recuerdos se borran y confunden.

— ¡Que tenga usted un buen viaje por el mar!—me ha dicho el insigne orador.

— Mil gracias — he contestado yo levantando por última vez mi sombrero.

Azorín

ABC, 31 de Agosto de 1906.

Pocos meses después, en enero de 1907, Maura volvería a ser elegido como Jefe de Gobierno. Antonio Maura y Constancia Gamazo, su esposa, tuvieron diez hijos, cinco chicos y cinco chicas.

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