fabian | 15 Novembre, 2007 18:56
Quizás caigan hoy los primeros copos de nieve en las cumbres de la sierra mallorquina; mientras, en la ciudad, una fina lluvia nos habla del otoño. Le he dicho a Vivaldi que, de ser fuerte el cambio climático tal vez haya que modificar sus estaciones. Pero el tema de hoy ha empezado con otra audición, con el Ave María de Schubert en la cuidada voz de Ahinoa Arteta: "benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui ..." Y mis recuerdos han huido muchos años atrás cuando en los primeros cursos de un bachillerato que empezaba a los diez años estudiábamos las declinaciones latinas.
Sé que no debiera escribir sobre aquellos tiempos pues cuando en la ceremonia de mi jubilación conté que en el colegio escribíamos con plumilla de acero y tintero ya que no estaban aún comercializados los bolígrafos me di cuenta de que hay cosas que no pueden ser hoy comprendidas y que era mejor callarlas.

En el Museo Diocesano de Palma
Diré que de cuando tenía unos 7 años recuerdo un disco de bakelita roto en uno de aquellos reproductores de Edison con bocina y manivela. Pero fue hacia los doce años, hace exactamente ahora cincuenta, cuando ya pasado el primer curso del "rosa rosae" un grupo de tres o cuatro compañeros encaminábamos nuestros pasos por la carretera de Sóller donde en una posesión cercana entre naranjos empezábamos nuestros intentos de introducirnos en el conocimiento de una música llamada entonces Clásica. Eran nuestros primeros pasos en ese mundillo con las audiciones de las Cuatro Estaciones de Vivaldi, la Pastoral y algunas obras de piano de Beethoven, algunas composiciones de Chopin y poco más. Conocimientos que se completaban con las obras cantadas como los Ave María de Schubert y de Gounod o el Ave verum que oíamos en las iglesias en ese Latín del "benedicta tu in mulierabus et benedictus fructus ventris tui".
Poco tiempo después ya los tocadiscos con discos de vinilo estuvieron a nuestro alcance y mi padre aparecía un día con las obras de los nacionalistas rusos y otro día con el ballet del Cascanueces. Así que mis conocimientos musicales, pese a no existir esta asignatura en los estudios de entonces, tuvieron aposento a través de la afición inicial de unos compañeros de bachillerato que observábamos los naranjos al tiempo que escuchábamos conciertos, sonatas, sinfonías y que comentábamos "aquí, aquí expresa la tormenta" o soñábamos en extraños amores al oír el Para Elisa. El dodecafonismo de Schomberg entonces no nos era conocido.
Cuando ya terminaba el Bachillerato, no dejando nunca la llamada Clásica, la música tomó también otros derroteros. Tocaban entonces los Shadows y unos chicos ingleses de pelo largo a quienes se les llamó aquí "los Escarabajos", pero que conocíamos con el nombre de los Beatles. Pero ellos ni el movimiento juvenil musical no eliminaron nunca mis paulatinos descubrimientos de la música que entonces tomaba direcciones hacia una nueva interpretación de la música antigua, pese a que las enciclopedias musicales de la época tomaban a Bach y a Vivaldi como prolegómenos de la época clásica, dejando sin citar maravillas de los barrocos francés, italiano, alemán o americano y dejando en la página en blanco del inicio la música renacentista de los Cancioneros.

En el Museo Diocesano de Palma
Ya treintañero descubrí la ópera, no sólo desde Monteverdi al siglo XIX, sino también algunas del XX, como las de Britten y, junto con ellas, las extrañas músicas del siglo.
Con todo, cuando en una tarde como la de hoy, ya con archivos digitales, recuerdo aquel disco roto de bakelita en el gramófono o las primeras audiciones entre los naranjos de una hermosa posesión, así como a un profesor de Francés de Valldemossa que nos contaba que caminaban bastantes kilómetros hasta llegar en plena noche a Miramar y, allí, con el cansancio de la caminata, era cuando la música, entre el mar, la luna y la oscuridad de la noche, adquiría dimensiones de hermosura extrema. Se llamaba Felio. Y posiblemente tuviera razón, que una audición requiere una caminata previa y luego ya un mar y una luna o, también, unos naranjos otoñales humedecidos por una lluvia como la de la tarde de hoy y una voz blanca cantando el Ave María.
| « | Novembre 2007 | » | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Dl | Dm | Dc | Dj | Dv | Ds | Dg |
| 1 | 2 | 3 | 4 | |||
| 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 |
| 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 |
| 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 |
| 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | ||