fabian | 08 Novembre, 2007 20:36
La luz de las mañanas es un baño de delicias: suave, hermosa y agradable a la piel. Llevaba dos días en que, por pereza, por indolencia, dejaba saltar los digitos del reloj sin salir apenas de casa. Nunca sé bien el motivo de estos paréntesis en que dejo trancurrir el tiempo en cierta indolencia; hay algunos pensamientos que necesitan reposar, procuro no pensar en ellos aunque sé que en algún fondo o en algunas neuronas van aposentándose y que llegará, antes o después, el momento en que habrán tomado forma y creado unas relaciones que, ya entonces tendré que trabajar en la conciencia. Mientras están en un subconsciente obscuro y mi atención queda difuminada mientras me entretengo con algún juego de cartas. Pero hoy he salido de buena mañana y un baño de luz me ha invadido.

Claustro del Colegio de La Sapiencia (tag: claustros)
Una plazoleta con una fuente donde beben las palomas. Dos o tres iglesias la rodean: las jerónimas, el ábside del Seminario antiguo y no sé si alguna más. Una fachada antigua entreabre una puerta bajo un medallón de una virgen que recibe el hermoso nombre de Nuestra Señora de la Sapiencia (de la sabiduría); puerta normalmente cerrada y que hoy era atravesada por unos chicos jóvenes. "¿Me dejáis ver el claustro?", pregunto. Y la puerta se entreabre y me deja entrar. No había preparado esta visita, pero la memoria me recordaba sombras de que este espacio llamado el Colegio de la Sapiencia, fue en los años setenta lugar de acogida y asilo de pobres y marginados. Es un patio interior rodeado de galerías porticadas. La estatua de Ramón Llull también me ha recordado que en un tiempo, en las dos últimas décadas del siglo XIX, fue utilizado este edificio por la Sociedad Arqueológica Luliana.
Los chicos, supongo que seminaristas, una media docena, acuden a unas clases en un edificio cercano y, entre yo que no había preparado la visita y los chicos no hemos sido capaces de recordar un poco la historia de este colegio creado en el primer tercio del siglo XVII por un sacerdote llamado Bartomeu Llull para que una docena de seminaristas pudieran realizar sus estudios de filosofía y teología. Pero la historia del edificio es larga y compleja pues sufrió las amarguras de las diferentes persecuciones religiosas vividas en España. Siento no haberles pedido que me mostraran la biblioteca que tiene una historia propia. Sólo he estado unos pocos minutos en un recinto en el que no había podido entrar nunca por encontrarlo cerrado.

Detalle en una ventana renacentista de Can Catlar
Muy cerca de La Sapiencia, en la calle Sol, hay un hermosísimo edificio llamado Can Catlar. Es difícil verlo porque la calle es estrecha y la luz solar siempre choca contra su fachada. Era el lugar donde, desde 1407 hasta 1787, se acuñaban las monedas, una de ellas llamada "doblers" y que dio nombre al genérico del dinero. Así que este edificio, por tal motivo - el de la acuñación de la moneda - también es conocido como La Seca, no sé si en el sentido de que no era generosa la fuente. No es que le falten nombres a este edificio pues también se le coloce como Can Marqués del Palmer. Tiene, en su planta principal, cinco ventanas renacentistas, todas diferentes en cuanto a elementos decorativos, pues caras y figuras de piedra - carasses o grutescos - las rodean. Varias veces he intentado fotografiarlas desde la calle y es muy difícil el contrapicado exigido y los juegos de luces y sombras que se producen en los reflejos que desde un cielo luminoso hace la luz al chocar y contrachocar con cristales y paredes hasta llegar a una angosta y oscura calle.
Hay figuras llamativas y, he leído en alguna parte, procedentes de mitologías romanas, como la de una mujer que se clava un puñal en el pecho que, dicen, es Lucrecia. Pero, puesto que la mayoría de las fotografías no me salen bien, pongo la de este ser barbudo con pechos de mujer que en su mano derecha sostiene, creo, una serpiente muerta, y que, bajo él, un rostro desgarrado parece que grita su terrible horror.
fabian | 08 Novembre, 2007 07:59

Escultura de bronce que se ha repuesto en los jardines de Sa Faixina tras varios años de estar en restauración. Su título "Continentes" nos relaciona con una caja de embalajes que hace de peana sobre la que hay una extraña bota con cordajes. La imagen del viajero aparece, aunque me pregunto si es a pie, ya que la bota semeja estar perfectamente embalada quizás para ser usada o tal vez porque no se usa.

La obra fue adquirida por el Ayuntamiento de Palma con motivo de la Universiada del año 99.
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