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Vicente Valero: el mar jardín antiguo y claro

fabian | 04 Febrer, 2008 20:26

El árbol se llama Ailanthus altissima y es uno de estos árboles de los que hay muy pocos ejemplares en la ciudad; yo sólo he visto dos o tres en el Paseo de Mallorca y ya no he visto ninguno más. Esto sólo ocurre con dos o tres especies; sin embargo, este árbol tiene una particularidad: es considerado como especie invasora y se encuentra - según leo en diversas páginas - en los márgenes de torrentes y caminos. Los estudiosos lo consideran como invasor peligroso, como la carpobrotus. Todo esto ya lo escribía en diciembre del 2006 a propósito de una tesis doctoral sobre las plantas invasoras en las islas: Plantas invasoras en las Baleares. Sin embargo entonces no tenía las fotografías realizadas en el Paseo Mallorca y, más tarde, el año pasado, en agosto, cuando el árbol floreció, no estaba seguro de su nombre y, pese a que un comentario me indica que es el ailanthus, no puedo estar seguro.

ailanthus altissima
El Ailanthus altissima en invierno

Leo un verso:

[...]En el aprendizaje de la vida,
regalo de algún dios es la quietud
que baña el mar, jardín antiguo y claro.

Vicente Valero: Quietud

El mar es un jardín antiguo y claro. Me gusta la metáfora. Vicente Valero Marí es un poeta ibicenco nacido en 1963. Hace pocos meses ganó el Premio Loewe de poesía y me han llamado la atención los títulos de algunos de sus poemarios: "Días del bosque", "Jardín de la noche", "Libro de los trazados" ... ¿Es el mar un jardín?, ¿a veces un bosque? Cuando se presenta un árbol, especialmente si es caducifolio, conviene presentarlo al menos en dos imágenes: con hojas y sin hojas. Posiblemente hay que hacer lo mismo con un jardín o con un parque o, ¡cómo no!, con el mar.

El árbol

Entro en un árbol por su sombra abierta,
alegre y sin llamar, tranquilamente;
voy hacia el centro, subo o bajo, no lo sé,
y allí están todas las raíces, todos
los frutos esperándome, visibles y perfectos,
y el crecimiento de las ramas
es sólo una cuestión de pálpito y de luz,
que yo ahora puedo ver y oír... Hay nidos
abandonados, sucios, malolientes,
y extrañas criaturas de la noche. La luna
también está en el árbol y no es blanca.
Y hasta el viento circula muy oscuro,
se le puede tocar y no hace daño. Subo
o bajo, no lo sé: sé que camino.
Que pertenezco al árbol, lentamente. Me pierdo
en él, muy dentro, y soy el árbol, fértil
y fuerte, el que quería para mí. Y ahora crezco
sin descansar, en la quietud ardiente
del mediodía, cuando los pájaros me buscan,
entran en mí, reposan en su árbol.

Vicente Valero: El árbol

Ailanthus altissima
El Ailanthus altissima en época de floración (agosto)

"La quietud que baña el mar es regalo de algún dios", "el mar, jardín antiguo y claro". Pertenecer al árbol, perderse en él. Están las raíces, los frutos, las ramas, nidos malolientes, extrañas criaturas de la noche, el viento, la luna. Subir o bajar: no se sabe. Quizás las raíces también están arriba o las ramas no sean más que sus prolongaciones; no importa. El crecimiento de las ramas sólo es cuestión de pálpito, de luz.

Nota: Hay otros poemas de Vicente Valero en barcelona poesía y en el cultural, en su galería audiovisual, podemos ver y oír un vídeo donde recita varios poemas.

La desamortización y el convento de Santo Domingo de Palma

fabian | 04 Febrer, 2008 09:33

El Diario de Mallorca acierta en publicar artículos sobre temas de la ciudad. En el ejemplar de ayer, domingo, de nuevo aparecen unos cuantos. Bartomeu Bestard, Cronista Oficial de la Ciudad, nos habla del que fue Convento de Santo Domingo y del que seguro podrían escribirse varios artículos mas.

Crónicas de antaño

El convento de Santo Domingo y su trágica desaparición

Uno de los conjuntos medievales más representativos que hubo en Palma, fue el convento de Santo Domingo, el cual estaba situado en el extenso solar que hoy ocupan el palacio March, el Círculo Mallorquín, hoy sede del parlamento autonómico, y el resto de edificios porticados que alcanzan hasta Can Salas -hoy denominado edificio "Ramon Llull"-, y que hace esquina con la calle de Victoria. Por tanto, uno puede hacerse la idea de las dimensiones nada desdeñables que presentaba este Convento. Entre los edificios que configuraban el conjunto dominico -que se empezó a construir a finales del siglo XIII- destacaban la iglesia gótica, articulada a partir de una nave central de ocho tramos, flanqueados por capillas, entre las que sobresalía, por sus dimensiones y devoción, la del Roser, construida posteriormente, hacia 1480; sus dos claustros, uno grande que ocupaba la parte central de las dependencias conventuales y otro más antiguo y pequeño; y también destacaban tanto la sala capitular, como su portería, pieza singular tanto por su célebre surtidor, como por su atrevida traza gótica de bóvedas, nervaduras y columna central.

Convento de Santo Domingo
Portería del Convento de Santo Domingo de Palma

En la historia del convento aparecen luces y sombras. Luces por su contribución a la vida espiritual e intelectual de muchas generaciones de mallorquines; y sombras, al considerar algunos aspectos que, por lo menos, podemos denominar de antipopulares: la actitud de la Orden en cuanto al dogma de la Inmaculada Concepción, su oposición al culto a Ramón Llull, o la directa vinculación de los Predicadores con el Tribunal del Santo Oficio. Ello explica, en parte, que a inicios del siglo XIX, con la llegada de los nuevos movimientos liberales, el convento de Santo Domingo fuera uno de los objetivos primordiales de las leyes desamortizadoras.

El triunfo de la revolución liberal producido en 1820 en España inauguraba un breve período político conocido como el Trienio Liberal (1820-1823). En este momento se introdujeron las primeras desamortizaciones eclesiásticas. En Palma, grupos incontrolados de ciudadanos, intuyendo los cambios que se avecinaban, asaltaron la casa de la Inquisición, conocida popularmente como "sa Casa Negra" y el convento de Santo Domingo, concretamente la portería y el claustro, en dónde estaban colgados los sambenitos. En este primer momento fueron desamortizados entre otros inmuebles: el convento de la Cartuja de Valldemossa, el de los Mínimos de Santa María y Campos, el monasterio de la Real, el Temple... y fincas que pertenecían a las órdenes religiosas: Mianes, Ca l´Abat de Deià o Son Cigala... En cambio algunos conventos palmesanos como el de los agustinos, carmelitas, mercedarios o franciscanos se conservaron, también el de Santo Domingo. Todo esto sucedía en el año 1821. A pesar de haber pasado esta primera "prueba de fuego", el futuro del convento dominico no estaba nada claro y la incertidumbre se cernía cada vez más sobre el prior y demás frailes predicadores. En 1823, último año del Trienio Liberal, se despejaron las dudas. El Alcalde de Palma y el Comandante General, junto con otras autoridades, se reunieron para considerar el cierre de Santo Domingo y el de los Capuchinos, pues se tenían sospechas de que se estaba tramando una conspiración contra el gobierno. Las medidas se tomaron de forma inmediata, pues la misma noche fueron embarcados hacia Cartagena todos los frailes dominicos menores de 65 años. El culto, en cambio, se mantuvo en la iglesia del convento. En el mes de noviembre finalizó esta tensa situación, coincidiendo con el fin del período liberal. Los acontecimientos posteriores dominados por la reacción absolutista, no hicieron más que incrementar la tensión social y los ánimos liberales se crisparon y redundaron en la contundencia de la aplicación de las leyes desamortizadoras de los años posteriores, comprendidos entre 1835 y 1837. A partir de la muerte de Fernando VII (1833) se reactivó la actividad desamortizadora, y como se dice, con mayor fuerza y tenacidad que en la etapa anterior. A pesar de las enérgicas protestas de la Real Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País, a través de su presidente, el conde de Montenegro, el convento de Santo Domingo fue subastado. De nada sirvieron las protestas elevadas por la misma RSEMAP a la Reina, pues el 23 de enero de 1837 empezó precipitadamente la demolición del convento. Las tumbas y restos de los personajes más ilustres enterrados en Sto. Domingo fueron trasladados, a las dos de la noche, a la Catedral. Tal fue el caso, por ejemplo, de la tumba del marqués de la Romana o los sarcófagos medievales del cardenal Nicolau Rossell y fray Miquel Bennàsser. El 18 de febrero llegaba, ya demasiado tarde por el avanzado estado de la demolición, la orden del presidente del Consejo de Ministros, Sr. Mendizábal, dada en nombre de S.M. la Reina, para autorizar la paralización de la destrucción del convento. "Más de diez o doce años duró el lastimoso espectáculo que ofrecía aquella mancha en la ciudad, campo de huesos fríos o llanos asolados..." escribió José Mª Quadrado. Luego, con el paso de los años, esa cicatriz urbana iría cediendo a las construcciones que configuran el aspecto actual del solar, sin dejar huella de lo que un día fue el convento gótico más grande de Palma.

Bartomeu Bestard, Cronista Oficial de la Ciudad: El convento de Santo Domingo y su trágica desaparición (En el Diario de Mallorca del domingo día 3 de febrero del 2008)

 
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