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Los árboles habitables

fabian | 03 Maig, 2007 18:52

Varias veces a lo largo de la mañana han caído, sólo durante unos segundos, gruesas gotas de lluvia. El resto del tiempo tanto hacía sol como estaba nublado. Así que, con el suelo mojado, los olores eran como más intensos. Posiblemente haya sido ésta la causa por la que, al salir de la clínica Rotger, en Vía Roma, acompañando a un familiar en silla de ruedas, he arrancado una ramita de los árboles de esa vía y, al acercármela a la cara, un olor de árbol conocido y vivido me ha transportado muchos años atrás.

Vía Roma
Vía Roma

En Mallorca los llamamos lledoners y su nombre castellano es almez. Su corteza es lisa y parda y sus hojas lanceoladas y dentadas. Su fruto, llamado "almeza" en castellano, es una bolita que pasa del color verde, como un guisante, a un color oscuro casi negro.

Fue un verano, en Génova, cerca de Palma. Cuatro muchachos, de unos doce años, a la hora de la siesta subíamos al "lledoner" de amplia copa donde ya teníamos seleccionados cinco "estancias" en las que no sólo podíamos sentarnos sino, incluso, colocar un tablero de ajedrez. Se podía subir por las ramas más allá de esos lugares o estancias, pero había que hacerlo con cuidado y uno a uno. Así que en ese lledoner, los cuatro amigos pasábamos las primeras horas de la tarde protegidos por sus hojas. Y fue precisamente en esa copa donde aprendí a jugar al ajedrez. Era un lledoner habitable desde el que veíamos las partidas de ajedrez con que los "mayores", el padre y el abuelo, sentados bajo su sombra - nosotros atentos y en silencio - dejaban pasar las horas.

lledoner
"Lledoner" en Vía Roma

En varios lugares de la ciudad hay lledoners tan jóvenes como los de esta vía en la que hace pocos años construyeron unos aparcamientos subterráneos. Pero en Palma hay muchos árboles grandes y magníficos que podrían ser "habitables" por la chiquillería. Yo creo que es una experiencia que valdría la pena. El mundo es diferente visto desde la copa de un árbol. Además, es una experiencia que queda en el recuerdo y es una manera de apreciar esos árboles de "siempre" y de desear que estos arbolitos de los nuevos parques o de reciente plantación puedan crecer y lleguen a ser un día de copas tan amplias como los que vemos ya crecidos en los campos y en las antiguas vías de la ciudad.

Los primeros faroles del alumbrado público de Palma

fabian | 02 Maig, 2007 18:45

El 1 de enero de 1812 se encendieron por vez primera los faroles del alumbrado público de Palma, faroles de aceite.

Para que sucediera este hecho hubo 23 años de gestiones, discusiones, documentaciones, decisiones y paralizaciones en el Ayuntamiento.

En Barcelona el alumbrado por aceite data de 1752. Así que la historia es larga y difícil de resumir en unas líneas, máxime cuando la historia está repleta de acontecimientos que tienen cierta gracia.

1786: Orden Real de Carlos III para que se instalase alumbrado público en las ciudades.
1788: El Ayuntamiento estudia la Real Orden y decide medir las calles y plazas de la ciudad y encargar a Barcelona un farol de los usados para el alumbrado público y un estudio de los costes. El señor Juan Armengol, Secretario del Ayuntamiento, cinco días después de la reunión, escribe y envía al Secretario del Ayuntamiento de Barcelona una carta con la petición. En octubre se recibe el farolillo y la documentación solicitada. El farolillo tiene 8 caras, por tanto 8 cristales y cuelga de una cuerda que, mediante un sistema de poleas puede bajarse y subirse. En su interior hay una candileja. Las poleas van sujetas a la pared mediante una garrucha y la cuerda desciende por un canalillo en la pared con una protección externa hasta llegar a un hueco en la pared, caja o alacena, cerrada mediante una compuerta, donde se encuentra un clavo donde se ata la cuerda.

Leída la respuesta dada desde Barcelona, el Consistorio considera que tendría que preguntar el coste del alumbrado en un año y de qué fondo público se satisface, preguntas que, en nueva carta realiza el Secretario del Ayuntamiento.

Farol

El Maestro de obras de la ciudad llevó a cabo la medición de las vías públicas, dándole un resultado de 34.980 varas y, calculando un farol cada 30 varas, le da un resultado de 1166 faroles, redondeándolos a 1200. Se piden a los artesanos de la ciudad el coste de esos faroles, se calcula el coste del aceite y el número de operarios, 30 hombres, necesarios para el cuidado del alumbrado. Visto todo lo anterior, el Síndico Personero dice que, creyendo necesario el alumbrado, consedera que hay otras necesidades más urgentes. Así que se da por zanjado el tema.

1795: El Capitán General en Mallorca, Marqués de Castelldosrius, interesado por el tema y notando que no tenía solución desde el Ayuntamiento, coloca un farol en la fachada del Real Palacio y también en diferentes calles pagándolos él. El Ayuntamiento coloca dos en la fachada de la Casa Consistorial e invita a la población a que coloque luces en las calles. Los dos faroles del Ayuntamiento empiezan a causar problemas con el encargado de mantenerlos, lo que será un problema constante hasta que, fallecido el Capitán General, la iniciativa se paraliza durante varios años.

1799: El nuevo Capitán General, don Joaquín de Oquendo, a final de año solicita al Rey autorización para celebrar ocho bailes de máscaras para, con los fondos que se recauden, atender al alumbrado público. Realizados los bailes de máscaras en febrero de 1800, llegan a recogerse 19213 reales, considerado un buen resultado.
Reunido el Ayuntamiento, se vuelve a consultar costes a los artesanos, los cuales habían subido enormemente. De nuevo es el Síndico Personero quien manifiesta que "si bien era útil el establecimiento del alumbrado, con todo no lo creía preciso, atendiendo al carácter quieto y pacífico de sus naturales, enemigos generalmente de toda inquietud y alboroto", seguido de las mismas necesidades urgentes indicadas años antes.

1805: Un nuevo Auto Real apremia la instalación del alumbrado público, incluyendo en esta ocasión la advertencia de que "no se entrometan en si hay o no otros objetos de mayor necesidad o preferencia". Se nombra entonces a don José Zanglada y de Togores como Caballero Regidor de una Comisión que evacúe con acierto este expediente. Esta Comisión llama de nuevo a los artesanos para realizar un nuevo informe de costes. El resultado es que la Comisión recomienda realizar un ensayo de alumbrado con algunos faroles colocados en varias calles y plazas de Palma y que estos faroles sean más sencillos, de sólo tres vidrios, con lo que el precio disminuye en tres pesetas, y, con ello, se pueden colocar cuatro faroles al precio de tres de los anteriores.
El Ayuntamiento,queda satisfecho con las manifestaciones del señor Zanglada y aprueba que se realicen los ensayos, lo cual se realiza con cinco faroles por calle colocados en las calles de San Jaime, Pelaires, San Miguel y Plaza del Mercado. El farol de tres vidrios parece aceptable con un cambio en la candileja, tal como tienen los faroles de Cartagena y Zaragoza. También se decide excusar el alumbrado desde el el 20 de marzo al 20 de septiembre, ya que el vecindario tiene en estos meses abiertas las puertas de las casas hasta la medianoche y también se descuentan 64 días debido a la luz que da la luna llena; con lo que el alumbrado público deberá funcionar 179 noches al año.
También se estudia el número de horas que el alumbrado debe funcionar: 7 horas en noviembre, diciembre y enero; 6 horas en octubre y febrero; y cinco horas y media el resto de los meses en que tenga que estar encendido.
La distancia entre faroles de 30 pasos no parece ser siempre necesaria ya que hay lugares donde basta una distancia de 40 pasos.

farola

Total, son necesarios 1002 faroles y 32 mozos que se ocupen de ellos. Se considera que su coste sea el de un impuesto sobre los alquileres de las casas, incluidas iglesias y hospitales; todos los edificios sin excepción. Todo este informe del señor Zanglada es aprobado por el Ayuntamiento, aunque le agrega que los huertos de Palma también paguen el impuesto.

Pero los Regidores se dan cuenta de algunas equivocaciones, tal como el número de horas que debe arder cada farol al año, que en lugar de ser 1488, sólo son 1207. Por lo que el gasto de aceite es menor, y se disminuye también el número de mozos encargados ... Resultado: la implantación del alumbrado se paraliza de nuevo y ya nadie habla de ello, como si se hallara todo resuelto y la ciudad alumbrada.

En 1806, el Caballero Regidor don Ramón Villalonga tiene noticias de un farolero extranjero, Domingo Drdí, entonces en la isla que realiza faroles a un precio muy ventajoso; mas veinte días después, otro Caballero Regidor, don Antonio Net, muestra otro farol que indica que, pese a tener un mayor coste, resulta más ventajoso. El Municipio aprueba conceder el dinero conseguido en los bailes de máscaras de ese año para la construcción de los faroles presentados por el señor Net.

En 1811 hay 800 faroles, de los que 315 están terminados y al resto le faltan cristales. Ante el hecho de que las Cortes Generales del Reino se dirigen al Ayuntamiento exigiéndole que verifique el establecimiento del alumbrado público, el Consistorio encarga a don Antonio Net la confección de un informe. Don Cayetano González realiza un presupuesto para la colocación y cuidado de los 800 faroles existentes. Los apremios sobre el Ayuntamiento son constantes exigiendo el encendido del alumbrado lo más pronto posible. El Ayuntamiento aprueba los informes y el gasto que presentan los informes del señor Net y del señor González. Además en el puerto se encuentra un barco moro que lleva varios cajones con vidrios iguales a los de los faroles del alumbrado, con lo que los faroles son instalados y ya se dispone la propuesta de personal para su cuidado siendo muchas las solicitudes. Así que el 1 de enero de 1812 se encienden los faroles de aceite de la ciudad de Palma.

En los últimos años del alumbrado por aceite ya no era llevado por el Ayuntamiento sino que se sacaba a subasta.

En 1868, también por subasta, se implantó el alumbrado por petróleo. En 1877, se estableció parcialmente el alumbrado por gas y, aunque en 1891 se hacen los primeros intentos para el alumbrado eléctrico, éste no llegó hasta ya el siglo XX.

Fuente: Toda esta historia la cuenta de manera amplia Diego Zaforteza y Musoles en el Tomo I del libro La Ciudad de Mallorca, en las páginas 236 a 263 del capítulo IX de la Edición Facsímil realizada por el Ayuntamiento de Palma en 1987.

Ver: Farolas de Palma

 (Segueix)

Los gigantes de Santanyí en el Diari de l'Escola

fabian | 02 Maig, 2007 05:45

El Diari de l'Escola de hoy, suplemento del Diario de Mallorca, presenta la ficha vigésimo primera de la serie Gegants de Mallorca que realiza Pau Tomàs Ramis. En ella aparecen na Maria Ramis y en Bernat Cinclaus, los gigantes de Santanyí

gegants
Els gegants de Santanyí

Conocimiento de las ruinas

fabian | 01 Maig, 2007 17:31

No todas las murallas se tiraron; dejaron las que dan al mar. ¿Por qué si entonces no había turismo? Imagino que tras ellas hay rocas y piedras del montículo sobre el que se alza la Catedral; ¿para qué quitar las murallas y mostrar un terraplén? Además no ocupan apenas espacio. Me acerco a sus piedras y no siento nada pese a saber que su tiempo no es el mío: anterior y posterior.

Es triste ir a las ruinas.
Uno las mira con indiferencia,
su sola evocación es ya distancia.
Hay gradas y paseos de aguas muertas,
a veces yacen flores
solitarias, tendidas,
como una mano espera quien la abrigue
.

S'Hort del Rei
Rincón del S'Hort del Rei

Luego hemos recorrido los jardines del palacio del rey moro, donde canta el agua de las fuentes. Paso lento bajo las pérgolas, cielo verde. Dos escalones suben a otra plataforma sembrada de árboles y con paredes con arcos que ocultan pequeños rincones con una fuente y la hiedra que serpea por las paredes que se confunden con los muros de la fortaleza. Pequeñas oberturas dan paso a largas y empinadas escaleras que conducen al palacio tras unas verjas de hierro que impiden el paso.

He mirado las ruinas como si fuera un día
para vivir sin ti.
A lo lejos,
retazos de la sal, duermen escombros,
signos apenas de basura.
Es triste ir a las ruinas.
Uno las mira con indiferencia,
su sola evocación es ya distancia.

Jardines árabes. Distintos árboles lucen sus flores, pajarillos, agua de fuente, pérgolas. Hermosos rincones y hermosos jardines. ¿Cuentan todavía hoy historias esas empinadas y escondidas escaleras? ¿Hablan de amores esas pequeñas fuentecillas escondidas? ¿Muestran aún las pérgolas las bellas telas que cobijaron?
Sí, también sé que hablan de crímenes y de crueldades. Que sobre esa escala, Abu Yayá fue martirizado. Y que también, tras ese hermoso puente que salta el lago con cisnes, las velas de las naves se alzaron huyendo de otras, abandonando jardines y cisnes y pérgolas y la ciudad que, una vez más, fue saqueada.

S'Hort del Rei

Es malo acompañarse
con derrotas insomnes que ahora vuelven,
que acaso suponías trasnochadas:
sucias fotografías y su pátina,
vagamente cubiertas por el té de la tarde...
Fechas que son rumor, sólo el murmullo
de lo que se ha acabado para siempre.
Duele mirar las ruinas ...

Jardines, murallas, fortalezas, palacios ... ¿son ruínas de mundos ya idos pese a que, influencias del turismo, muestren cierta hermosura repintada de antaño? No son decorados de cartón piedra, aunque, cumplidas sus misiones, sean restos con funcionalidades diferentes de las que fueron creados. Las murallas ya no defienden, pero hoy son paseos agradables. Los jardines ya no amenizan a antiguos emires, pero los disfrutamos hoy todos. Aún así, su extemporaneidad nos permite considerarlos como ruinas y también, como espacios del futuro donde el tiempo ha perdido su compás.

Duele mirar las ruinas, pues de pronto,
si te fijas despacio, te sorprenden.
Las ruinas son de aquí:
se me parecen.

Ángeles Mora: Conocimiento de las ruinas

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