fabian | 04 Juny, 2014 16:17
Me ha ocurrido hoy de manera plena y anteriormente de manera parcial. Copiaba, aunque no es ésta la palabra apropiada pues era un escaneo, el artículo de Rosselló Pòrcel sobre el prospecto de "La Palma" de 1840...
Yo no sé si habrán vivido la experiencia de al leer la crítica de algún libro sentir el deseo de poder acceder a él. Es un imposible, naturalmente. Pero no siempre. Mientras corregía el texto de Rosselló, yo tenía delante el prospecto del que se hablaba. Yo lo tenía como lo puede tener el lector de la versión digital del artículo de Rosselló. Esto era imposible antes de Internet.
Pocas líneas después, Rosselló acude a otro texto como cita, al libro de Miguel de los Santos Oliver "La Literatura en Mallorca", y también el lector, como yo, puede acceder a la fuente de esa cita de manera inmediata.

Así que eran tres textos: el artículo de Rosselló de 1932, el prospecto de "La Palma" de 1840 y el capítulo sobre "La Palma" del libro de Oliver "La Literatura en Mallorca" de 1903, los tres presentes en una misma pantalla.
No sé si se ha puesto algún nombre al texto desde el que parten los enlaces, quizás podría denominarle como "texto nodriza" y los textos a los que llegan los enlaces, "textos enlazados", "textos citados" o "textos objeto"; el hecho está en que el texto nodriza se convierte en un texto engordado no sólo por las citas que pone sino también por las que el lector puede añadir al leer los textos enlazados. Tal vez el autor del texto nodriza no añade citas que le gustaría por cuestiones de espacio y tiempo o redundancia, pero al poder acceder el lector al original de los textos citados, completa éste citas innombradas.
¿Posibilita una nueva forma de escribir y leer? Tal vez un texto nodriza sea un texto esqueleto que se verá en la lectura engordado; o tal vez un texto guía que conduce a los textos enlazados. No sé, sólo estamos en el comienzo de nuevas posibilidades.
Por una parte, esta posibilidad ofrece al escritor cierta satisfacción pues al poner el enlace está diciendo: ahí está el texto al que puedes acceder sin espera y sin tener que hacer gasto alguno. Y este hecho de distanciarse de lo comercial, conlleva una distanciación de cualquier sospecha de estar en un entramado publicitario o propagandístico, alejado de toda posibilidad dineraria o crematística y estar centrado el interés en el propio objeto, puro y desinteresado. Es otro mundo.
También para el lector este acceso directo a las fuentes, a los textos enlazados, puede ser motivo de satisfacción y, sobre todo, de lectura o mirada directa, de interpretación propia, de acceso directo al pensamiento escrito lejano del que ha oído hablar o leído comentarios ajenos. Ahora puede extraer por sí mismo sus propias deducciones.
fabian | 04 Juny, 2014 12:08
Rosselló Pòrcel trata en este artículo la publicación La Palma y nos habla del "prospecto" o página de presentación usual en la época para indicar las intenciones de los autores. Afortunadamente la publicación se halla completa en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
Periodismo en Mallorca
Un prospecto
Traslade el lector su fantasía a uno de los primeros días del mes de octubre de 1840. Los habitantes de Palma se ven sorprendidos este día por una hoja encabezada con las palabras siguientes: La Palma. Semanario de Historia y Literatura. Prospecto. Dos columnas de prosa. Muchas imágenes y un estilo algo forzado, algo duro. Un programa y un método a desarrollar historia, literatura, poesía, novelas, costumbres, teatro, variedades... Las condiciones de suscripción. La ideología para el buen lector de 1840 debía ser algo confusa. Leía y no acababa de comprender: «Nosotros no hemos perdido nuestra fe en la literatura.» «Jamás transigiremos con lo que ofenda la moralidad o la religión, la adoraremos sumisos o la pecaremos sus encantos.» «Cada capital debiera tener en representación suya un periódico literario.» El buen lector mallorquín debía preguntarse qué podría significar la fe en la literatura y qué necesidad habría de tantos periódicos literarios...
El prospecto hablaba después de Mallorca: «Creemos, sí, que algo de grande y de poético encierran sus montes adornados con jardines y vestidos de olivares sus numerosos monumentos de todas épocas y toda suerte de glorias y ante todo esta ciudad plantada de nuevo y embellecida por el moro, como la palmera junto al agua, y que en vez de arenal tiene delante de sí la azul llanura de los mares. ¿Nos revelarán estos objetos alguna cosa digna de ellos, y penetrará en nosotros su inspiración? El corazón nos ha dicho que sí y no hemos vacilado un momento en la empresa.» Observemos el gesto de estos lectores de 1840. Unos extrañan estos conceptos, les suenan casi a tonterías y no dudan en calificarlos: ¡Palabrería estúpida! Otros se entusiasman, se adhieren a ellos con fervor. Son pocos. Poquísimos. Todos sacan a relucir la misma palabra: Romanticismo.
El prospecto iría de casa en casa a través de la ciudad. No se detendría en las moradas humildes y ascendería a todas las mansiones de caballeros. Primeros de octubre de 1840. Un día nublado y un poco triste. Durante la mañana se habría repartido el prospecto: La Palma. Semanario de Historia y Literatura. «Saldrá a luz todos los domingos.» «El precio de suscripción será de cinco reales al mes y de seis fuera de la isla, franco de porte.» «Palma, Imprenta Nacional a cargo de don Juan Guasp». A mediodía se habrían repartido ya todos los prospectos. ¿Entusiasmo? No. ¿Desprecio? Tampoco. Indiferencia, indiferencia.
—¿Quiénes publican La Palma?, habrá preguntado algún lector curioso, esta mañana lejanamente lúgubre de otoño. El prospecto no está firmado...
Indiferencia, ignorancia casi por una parte. Deseo, palpitación, esperanzas por otra. Veamos. Averigüemos quiénes son los redactores de este nuevo períodiquito provinciano. Indaguemos. Un amigo soluciona: —Sí, creo que es cosa de Quadrado...
Y así van apareciendo los nombres: Quadrado, Aguiló, Montis. Tres amigos y el prospecto de La Palma. Romanticismo. «Levantamos una voz más y aumentamos en uno el número de los periódicos vivientes, para aumentar dentro de poco quizá el número de los finados.» Los tres amigos temen fracasar y este día de octubre de 1840 esperan inquietos, atormentados. ¿Se habrá leído su prospecto? ¿Entusiasmo? ¿Desprecio? Indiferencia. Pero ellos están devorados por mil ansias. Quieren interés, colaboración. «No se admitirán polémicas de cualquier clase que sean, pero se recibirán con placer los artículos que se nos remitan concernientes a las materias que nos proponemos tratar, siempre que se reputen dignos de la inserción.»
Los tres jóvenes tienen, plenamente, la sensación del que sale al campo de batalla, por primera vez. Ligero temblor. Nerviosismo... Rememoran frases hechas: el palenque literario, la liza de las letras, las bien cortadas plumas... Entre la general indiferencia, estos tres amigos tienen en este día de octubre de 1840 un solo pensamiento. Tenaz. Constante. La Palma. Semanario de Historia y Literatura. Prospecto.
***
Las dos Palmas no pudieron conocerse y apreciarse hasta muchos años más tarde. La perspectiva y la lejanía contribuyeron a valorar con exactitud el paisaje en que vibraba, solitaria, una palmera.
Abramos ahora el librito de Miguel S. Oliver que tiene por título La literatura en Mallorca. En la página treinta. Leamos: «Fecha memorable fue para la cultura mallorquína, y aun pudiera serlo para la española, la de cuatro de octubre de 1840, señalada con la aparición de La Palma y con la revelación de nuevas y restauradoras energías intelectuales. [...] La Palma inicia en Mallorca la restauración de las letras regionales, en la más fecunda amplitud comprendida y practicada Investigación profunda y racional de la historia, amor a las realidades concretas preteridas por las abstracciones del clasicismo, predilección por los asuntos indígenas que produjo a su vez la originalidad del colorióo local y el encanto de la sinceridad espontánea, comunicación y reflejo de los esplendores románticos en su apogeo desde la erupción del 35, estudio de la antigua literatura regnícola y de sus olvidados poetas, evocación artística de nuestra olvidada personalidad iluminada por la doble antorcha de la historia y de la poesía, restauración y compenetración con tan diversos elementos del espíritu católico que habían amortiguado los vientos revolucionarios y aceptado después como fuente de inagotables bellezas artísticas, aun por aquellos que ateizaban en la vida práctica. Tal fue la obra emprendida por Aguiló, Montis y Quadrado, o tal ha resultado, cuando menos, vista a la distancia de medio siglo.»
Imposible añadir una sola palabra a esta exactísima visión de conjunto.
B. Rosselló Pòrcel
El Día, 31 de Julio de 1932.
Miguel de los Santos Oliver: Literatura en Mallorca (en pdf y epub).
He de pedir perdón a los lectores de estas páginas pues ayer indiqué que eran dos los artículos de Rosselló Pòrcel que se publicaron en 1932 bajo el antetítulo "Periodismo en Mallorca". No fueron dos sino tres, así que confío en poder acabar la copia de estos artículos mañana con el dedicado a Quadrado.
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