fabian | 26 Octubre, 2005 19:25
Margarita ha de comprar unos libros. Atravesamos la ciudad y llegamos a los callejones estrechos de la parte antigua. Tenemos tiempo y visitamos un claustro de una iglesia que afortunadamente a esta hora está abierto al público. Viejos arcos mordidos por el tiempo. Al salir nos perdemos en el dédalo de la ciudad árabe del barrio de La Calatrava. Plazuelas pequeñas. Soledad en las calles a las que no han llegado, por su estrechez, los coches. No es zona de paso ni de paseo, sólo algún vecino transita por esta zona. No hay comercios. Algunos talleres artesanos abren sus puertas en una barriada de Palma que estuvo muy degradada y cuyos habitantes abandonaron viejas y enormes casonas y las alquilaron a precios baratos huyendo de la degradación hacia otras zonas de Palma. Desde hace algunos años, el Ayuntamiento invirtió en oficinas modernas para evitar el hundimiento de este viejo barrio de la judería mallorquina. Hoy, paralizada la degradación, aguanta sus viejos paredones. Humedad que, tras varias horas de caminar, me hace sudar. Regresamos hacia otras zonas más populosas de la ciudad antigua. En la esquina de una plaza - la de San Francisco - muy céntrica y concurrida, mi mirada topa con una extraña figura. Encanto de un encuentro inesperado.

¿Cuántas veces habré pasado por este lugar sin reparar en las figuras de estos atlantes que guardan las jambas de una antigua puerta hoy cegada? Me sorprendo. Su gemelo está tan erosionado que su figura casi ha desaparecido. Una planta que un día tuvo vida ha crecido, cual manda la naturaleza, en alguna hendidura de la pared y debió ocultarle durante algún tiempo. Hoy, reseca la planta, admiro su cara que me habla de paciencia y esfuerzo. Paciencia infinita oculta tras la columna del portal ciego y lateral de una basílica. Esfuerzo en aguantar un dintel, quizás artificial, pero siempre pesado.
¿Cómo es posible que nuestras miradas no se cruzaran hasta hoy? ¡Ah, antigua ciudad de Palma que guarda sus silencios en piedras labradas invisibles a ojos que no saben mirar! Atónito, aprovecho la poca luz que resta del día para guardar su imagen que, ya en casa, noche tras la ventana, observo complaciente. Milagro del descubrimiento, viejo atlante a quien saludaré cada día que pase bajo su encorvado busto y que sumo a esos silenciosos ojos que miran como los mortales vivimos y desaparecemos y que deben conocer a la perfección nuestros árboles genealógicos.
fabian | 26 Octubre, 2005 18:29
He llegado a los gigantes de los que carezco de información. Son los siguientes: gigantes de Sóller, Muro, Pollença y Son Sardina en Mallorca (de los gigantes de Alaró hay información, pero no tengo sus fotografías y de la giganta de Marratxí no tengo ni fotografías ni información) y Es Castell, Alaior y Mercadal en Menorca. De todos ellos no he encontrado nada en la Red, ni siquiera sus nombres. Así que esperaré a que haya alguna trobada a la que pueda asistir para pedir la información. Pero mientras, debo subir al álbum sus fotografías y enlazarlas desde esta bitácora para no perderlas y, al mismo tiempo, posibilitar que si alguien conoce los nombres, el año en que fueron creados, quién lo construyó y algún dato más, lo indique ya en los comentarios de la página o bien a través del contacto.

Creo que los gigantes de Sóller no pertenecen al Ayuntamiento sino a la Asociación de comerciantes de la calle Luna y no hace muchos años que fueron creados.

Cuando sepa algo renovaré esta página.
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