fabian | 22 Març, 2006 19:58
En pocos días se celebran varios "días mundiales". Ayer fue el día dedicado a la poesía, hoy creo que se dedica al agua y, en pocas fechas, el 27, será el Día mundial del Teatro. La verdad es que todas estas celebraciones siempre me cogen con el pie cambiado y sin ningún plan para celebrarlo, lo cual sería bueno hacerlo en los centros educativos. Para ello hay que tener algunos materiales seleccionados y a mano.
El tema se me ha ocurrido hace pocos minutos buscando algún verso de Nicolás Guillén de quien es muy conocido su poema titulado La muralla que se abre a las cosas buenas y se cierra a las dañinas (al diente de la serpiente / cierra la muralla). Bien, pues este poeta cubano tiene varios poemas que hablan sobre la primavera - ¿cuándo haremos los blogueros colecciones de poemas temáticos? -. Todos los años, el día de comienzo de la primavera será el Día Mundial de la Poesía, por lo que una manera de commemorarlo sería con poemas que hablaran sobre la primavera.

Detalle del escudo de la ciudad en el Ayuntamiento
¡De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera !
¡Yo, muriendo!
Y de que modo sutil
me derramo en la camisa
todas las flores de abril
¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
¡No soy tanto!
En cambio, ¡Qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!
De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera
¡Yo, muriendo!![]()
Mariposa
Quisiera
hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera
como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara
sobre tu cuerpo cálido de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
--tal como en una roca azul de la pradera--
sobre la linda rosa de tu cara...
Quisiera
hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara
revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.![]()
¿Hay en Internet obras cortas de teatro para jóvenes?
fabian | 22 Març, 2006 14:43
Hoy aparece en el Diario de Mallorca un artículo firmado por Joan Riera con el título que encabeza este post. Lo transcribo a esta página poniéndole enlaces a los posts de las esculturas.
Esculturas para sobar por Joan Riera
El artista Alfons Sard me lo dijo hace bastantes años: "Las esculturas son para que la gente las toque". Y las sobe, añadiría yo. Algunas esculturas palmesanas invitan a ser manoseadas, a recorrer con la palma de las manos cada una de sus curvas en busca de dimensiones distintas a las que nos proporciona el sentido de la vista y de las sensaciones diversas que aportan los materiales usados.
En un recorrido táctil por las esculturas palmesanas me detendría sobre el frío bronce del Foner de s´Hort del Rei, obra de Llorenç Rosselló (1867-1901). Palparía cada uno de los músculos del cuerpo masculino en tensión: los tensos gemelos de sus piernas, el brazo estirado que lanza la piedra, los dorsales marcados...
También apuntaría en mi ruta el Monument de Joan Miró (1893-1983). La sencillez de la obra no la hace menos atractiva, como testimonia el brillo que le han sacado los miles de turistas que se fotografían junto a esta forma con huevo y hueco.
La parella de abundosos senos, espaldas y muslos -obra de Pere Martínez Pavía- rememora a las gracias de Rubens con sus carnes exhibidas sin falsos pudores. Sensaciones similares me produce la Mujer recostada -la gorda para la generalidad de los palmesanos, que la disfrutaron durante unos meses en la plaza Joan Carles I-, que Fernando Botero llevó a fundición y que ha sido destinada -por desgracia- al aeropuerto palmesano.
No dudaría en ir a "palpar les Lleones del Born", pese sentido negativo que se dio a la expresión y a que en 1895 se redujo el tamaño de los pechos de las originales de 1833.
Hurgaría con las yemas de los dedos, igual que un ciego lee un documento escrito en braille, en la diversidad de las incisiones de la Urbs de gres refactario que Margalida Escalas levantó juntó a la plaza Major.
Pero siento una especial debilidad por la Jònica de Josep Maria Subirachs. Su mármol travertino veteado, sus sensuales curvas y su remate de pechos turgentes fusionados en un capitel jónico, resultan una tentación irresistible. Es como si una diosa eterna -como rezan los versos de Constantin Kavafis tallados en el pedestal- e insinuante nos llamara:
"Per bé que trossejàrem llurs estàtues
per bé que els bandejàrem de llurs temples
no per això moriren pas els Déus".
Un artículo interesante y original.
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