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Alejandro Sanz de la Torre estudia a Antonio Furió

fabian | 22 Juny, 2011 17:31

Edificios antiguos, mal cuidados ... -¿pudo ser así?-. Un día llega un extranjero y dice que ese edificio es una joya y que valdría la pena cuidarlo; bah, cosas de extranjeros, quizás. Pero otro día también otro extranjero alaba ese vetusto edificio y se crea una cierta perplejidad; a los extraños les llama la atención esos antiguos edificios ... -¿se podría poner algún nombre a estos extranjeros?, pues sí, por ejemplo Joseph Bonaventure Laurens que vino en 1839, un año después de George Sand. Pero uno de los primeros que señaló la importancia de los edificios góticos fue Jovellanos ... Hubo, a comienzos del siglo XIX, un cambio de gustos que dio valor a la arquitectura gótica -.

Alejandro Sanz de la Torre es un historiador que ya puse en esta bitácora cuando me interesaba por el grabado a raíz de su estudio La arquitectura de Palma de Mallorca en el grabado ilustrado (Siglos XVIII y XIX) (ver en Alta mar: La arquitectura de Palma en el grabado ilustrado (22/05/2007)). Hoy otro estudio suyo llega a esta bitácora. Comienza así:

grabado
Interior de la Catedral. Litografía de Pedro de Alcántara Peña en el Panorama de Furió

Hacia 1840 los eruditos, artistas y viajeros románticos exaltaron los méritos de la arquitectura gótica de Palma, representada por edificios que, como la Catedral, la Lonja, el Castillo de Bellver o los conventos de Sto. Domingo y S. Francisco, fueron reivindicados por Gaspar Melchor de Jovellanos en sus cartas sobre arquitectura mallorquína escritas durante su encierro en el Castillo de Bellver (1802-8).

El interés por Mallorca y su arquitectura gótica se fue gestando desde finales de la década de 1830-40 a través de los estudios de eruditos locales y de los viajeros, franceses principalmente, que se sintieron atraídos por una isla poco conocida y llena de sugestiones para el visitante. Historias locales, libros de viajes, guías turísticas y artículos, forjaron una imagen romántica de Mallorca y de sus grandes monumentos góticos.

Los que más contribuyeron a la difusión nacional e internacional de sus méritos fueron el artista y viajero francés Joseph Bonaventure Laurens y los catalanes Pablo Piferrer y Francisco Javier Parcerisa, autores de sensibilidad plenamente romántica, y cuyos libros, acompañados de bellas litografías, difundieron las bellezas arquitectónicas y paisajísticas insulares.

Gran importancia tuvieron los eruditos locales Antonio Furió y Joaquín María Bover, autores de importantes obras histórico-artísticas y suministradores de materiales de los primeros, aunque de gustos estéticos más académicos y eclécticos, y menos conocidos fuera del ámbito insular. Menor trascendencia tuvo en este periodo el otro gran historiador y escritor menorquín José María Quadrado, que no abordó de lleno el estudio de la arquitectura balear hasta 1888, aunque colaboró con Parcerisa en la redacción de algunos tomos de los Recuerdos y bellezas de España y fue un entusiasta apologista del gótico. [...]

Y el motivo de que enlace el artículo de Alejandro Sanz de la Torre titulado Antonio Furió y Joaquín María Bover, historiadores de la arquitectura mallorquina es mi interés por documentar un poco el libro escaneado por Google Books (aunque mal corregido, lo que será preciso hacer) Diccionario histórico de los ilustres profesores de las bellas artes en Mallorca (Gelabert y Villalonga socios, 1839) ya que habla del autor y también de este libro.

Antonio Furió

El primero de los eruditos mallorquines de la etapa romántica, individuo de gran prestigio en el ámbito insular y con vastos conocimientos de la historia y otros temas locales, fue Antonio Furió y Sastre (Palma de Mallorca, 1798-1853). Este historiador y cronista del Reino de Mallorca escribió sobre diversos asuntos locales tales como historia, arte, arqueología o religión.

De ideología progresista y católica, fue redactor de la revista El Monitor religioso (Palma, 1850-2) y publicó algunos libros sobre la historia eclesiástica de la isla así como un interesante estudio del levantamiento de las Germanías mallorquínas en 1520.

Su visita era obligada para todos los estudiosos de la historia o el arte mallorquines que pisaban la isla, y poseía una copiosa colección de antigüedades, objetos romanos y medievales, medallas grecorromanas, monetario, un pequeño museo de ciencias naturales y una biblioteca con valiosos manuscritos locales

Uno de los aspectos más conocidos de su biografía fue la rivalidad personal y profesional con Bover, el otro gran erudito local, que ocasionó un torrente de críticas y descalificaciones mutuas. En el fondo de esta enemistad estaban los celos profesionales de Bover y el nombramiento de Furió como cronista del Reino de Mallorca en 1841, cargo que detentaba Bover desde 1833, y que el Ayuntamiento palmesano justificó bajo pretexto de que Bover residía en Madrid y no podía desempeñar las funciones propias del cargo. Había motivos políticos y de amistades personales, pero en parte había también motivos humanitarios, pues era una compensación a Furió, ciego desde 1841 y con apuros económicos.
Este relevo irritó sobremanera a Bover, que se ensañó con su rival en sus escritos, tachando de plagiaría la obra de Furió y denunciando públicamente sus errores.

En realidad, tanto Furió como Bover se disputaban mutuamente el monopolio de la "historia regnícola" (Santos Oliver), ignorando el estudio riguroso de los archivos propugnado por Jovellanos y Jaime Villanueva y dando excesivo crédito a las fuentes literarias locales, especialmente las viejas crónicas de Mallorca escritas por Juan Binimclis, Juan Dameto y Vicente Mut entre los siglos XVI y XVII. Este hecho fue denunciado por Quadrado o el propio Piferrer, más positivistas y menos crédulos, y Laurens lo censuró en sus Souvenirs. Aún así y pese a sus errores, la aportación de ambos fue muy importante para el conocimiento de la historia de Mallorca, y numerosos manuscritos de autores locales se hubieran perdido sin su celo por conservar cualquier documento sobre aquélla.

[...]

El Diccionario histórico de los ilustres profesores de las Bellas Artes en Mallorca ha sido considerado por la crítica su principal obra, por aportar numerosos datos sobre artistas mallorquines o que trabajaron en Mallorca, muchos de ellos desconocidos. En esta versión local del Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España (Madrid, 1800, VI vols.) de Juan Agustín Ceán Bermúdez, el autor agradeció a éste y a Jovellanos haber dado a conocer al público la riqueza de los monumentos góticos mallorquines, a través de las cartas del gijonés y las adiciones a las Noticias de los arquitectos y arquitectura de España (Madrid, 1829. IV vols.) de Eugenio Llaguno, por Ceán Bermúdez.

Furió aprovechó algunos párrafos para criticar el descuido del patrimonio artístico y cultural tras la supresión de órdenes religiosas regulares y monacales decretada por Mcndizábal, denunciando la demolición de algunos conventos e iglesias en Mallorca. Esta cuestión estaba en aquellos años en pleno apogeo, levantando poderosa oposición entre los artistas e intelectuales locales, que no escatimaban esfuerzos para detener cualquier agresión contra el patrimonio monumental.

Los juicios artísticos de Furió son eclécticos y más conservadores que los de Laurens o Piferrer. Sus gustos son clasicistas y su admiración por la arquitectura gótica deviene de la lectura de Ponz y Jovellanos, especialmente de éste último. En su introducción al Diccionario, expuso sus ideas estéticas al tiempo que trazó una breve historia de la arquitectura mallorquína, destacando los edificios clásicos y góticos. Si en esta obra consideró el arte clásico superior al gótico, al menos desde un punto de vista racional y normativo, sintió también fervor por los grandes edificios góticos de Palma, y esta devoción se incrementó en su Panorama, por la influencia de Laurens y Piferrer, más críticos con la arquitectura clásica y decididos partidarios de la superioridad del estilo gótico.

Para el mallorquín, los mejores monumentos pertenecían a la arquitectura clásica:

"Casi todos nuestros mejores edificios pertenecen a este orden que uniendo la sutileza a la consistencia del arte hace admirar la grandiosidad y el capricho, cuando no la majestad y riqueza que son peculiares al gusto grecorromano".

Lamentó que apenas quedaron restos de la presencia romana en la isla, reduciéndose éstos a algunos capiteles, basas y pedestales. Esto mismo ocurría con los restos de la arquitectura musulmana en Mallorca, reducidos apenas a algunos paredones, puertas, ventanas y unos Baños en Palma. Por la arquitectura gótica sintió gran admiración, y supo valorar sus méritos constructivos y decorativos, especialmente en los templos. Así afirmaba que:

"La arquitectura que llamamos gótica, según el parecer de D. Antonio Ponz... no puede decirse con fundamento que esté falta de majestad y decoro, cuando parece a su entender inventada adrede para dárselo a los templos. La prolijidad y caprichosos adornos con que están por lo regular revestidas sus puertas y ventanas, capiteles y torres, nada han quitado a su solidez y ha contribuido en gran manera para darle crédito y carácter entre los arquitectos y anticuarios".

Alejandro Sanz de la Torre: Antonio Furió y Joaquín María Bover, historiadores de la arquitectura mallorquina (1997)

grabado
Antiguo altar mayor de la Catedral. Litografía de Francisco Muntaner en el Panorama de Furió

El artículo es largo y sumamente interesante. Se centra en el arte de la arquitectura, aunque el Diccionario de Furió recoge en orden alfabético cuanto artista haya habido en la isla, ya en Pintura, Escultura, Arquitectura e incluso Grabado. Algunos de los artistas citados por Furió eran desconocidos. Hay que tener en cuenta que el Diccionario aparece en una época de cambio de gusto artístico, en momentos en que se despreciaba el arte antiguo y era desconocido. A través de archivos antiguos, pese a estar Furió falto de tiempo y de dinero, fue rescatando nombres de artistas y conocimiento de sus obras, en ocasiones ayudado por Bover.

Hace referencia Alejandro Sanz de la Torre a otras obras de Antonio Furió, especialmente el Panorama óptico artístico de las islas Baleares (1844) que en realidad quedó circunscrito a Mallorca. Aparece también en momentos en que viajeros extranjeros se empiezan a interesar por el arte y la arquitectura, así como por la historia, de los lugares que visitan; también porque en España empiezan a publicarse revistas sobre "monumentos españoles", el grabado empieza a ser utilizado comercialmente en la "prensa ilustrada". Furió llegó a guardar entre libros, revistas, manuscritos, unos tres mil documentos sobre temas locales y en su voluntad estaba dar a conocer la riqueza cultural de las islas pese a sus limitaciones personales.

Es muy interesante el artículo de Alejandro Sanz de la Torre pues aborda varios temas que pueden darme lugar a varias entradas, por lo que volveré a utilizarlo en futuras ocasiones.

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