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La última escala del Sant Mus

fabian | 19 Agost, 2008 17:53

El cuento se titulaba La última escala del tramp steamer del colombiano Álvaro Mutis. Lo leí hace ya bastantes años, tantos que la memoria ha borrado los detalles e incluso la historia y sólo ha dejado la espina central de un , en su día, potente barco que es visto y narrado en tres momentos de las vidas del narrador y del barco. Primero fue en el Báltico, ¿Helsinki o quizás San Petersburgo?, un vapor potente, poderoso, cruza océanos. La segunda vez, años más tarde, creo que en Inglaterra. El "Tramp Steamer" ya no es un barco de primera línea, ya no cruza los océanos sino que se limita a navegaciones costeras, navegación de cabotaje. El tercer encuentro con el barzo ya es fluvial, en el Orinoco, con un barco al que ya le tiemblan las cuadernas al atravesar los rápidos. Es un barco ya en los últimos años, en su lucha final.

En aquellos años en que leí el cuento de Álvaro Mutis, Sebastiao Salgado publicaba unas impresionantes fotografías del desguace de grandes barcos en alguna playa no sé si africana o de Bangladesh.

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Tras las vallas, el puerto

De niño, en los años 50, mi padre nos llevaba algunos domingos al Club Náutico de Palma. Entonces se estaba construyendo el Paseo Marítimo. También recuerdo paseos por la Rúa, en el puerto, observando los barcos. Pocos años más tarde, en el dique del Oeste en Portopí. También acudiendo en lanchas desde el embarcadero de Sagrera para visitar algún portaviones o, en el mismo dique del Oeste, algunos barcos atracados. También recuerdo, ahora desde Illetas, haber visto el Juan Sebastián Elcano, o el Andrea Doria, con parte de su velamen ya izado atravesando la bahía. Luego, la nada. pantalanes en el Marítimo, vallas en el Club de Mar y la desaparición de los barcos. Ahora, cuando paso por el Marítimo, me da pena; ya no es un paseo junto al mar pese a que esté cerca.

Yo no sé si fueron las circunstancias naturales de la vida: el trabajo, la familia ... Y el puerto y los barcos se me quedaron fuera, desconocidos, ajenos. Quizás fui yo quien se alejó y lo abandoné.

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Desde los jardines de Sa Quarentena

Ahora es imposible volver atrás, sólo fue Ulises quien regresó a Itaca; los demás, como el vapor de Álvaro Mutis, vamos perdidos hacia el desguace por costas siempre desconocidas sin posibilidad de vuelta. Varias veces, sobre todo cuando estoy en la playa y veo, como el sábado pasado en Alcudia, el correo a Ciudadela en el puerto y un carguero al otro lado de la bahía, es cuando me acuerdo del cuento de Mutis y me pregunto por cuál debe ser la vida de esos barcos, cuáles serían sus nombres anteriores, dónde fueron construídos y dónde acabarán sus singladuras.

Y también en que, por navegaciones en otro mar, voy buscando historiales de barcos no excesivamente antiguos y fotografías de aficionados a los puertos y a la navegación y en los apuntes se me queda alguna historia, pocas, que valdría la pena recoger y, con esos fantasmas, recrear unos puertos que fueron de Palma y hoy me son ajenos tras las vallas de seguridad.

Ver: El Sant Mus, uno de los últimos veleros.

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