fabian | 28 Maig, 2007 16:27
Muere un ser amado y sabemos que debiéramos vencer al olvido.
"Julia Anula, hija de Cayo, aquí yace.
Por el hado nefando amenazada, poco vivió:
la muerte la arrebató cuando contaba dieciocho abriles
de su joven edad.
Dile, oh viandante, séate la tierra leve."
(Lápida romana. Museo de Mérida. Badajoz)
Que debiéramos vencer al olvido ... Y, aunque la memoria del ser apreciado subsista, labramos una lápida de mármol, piedra o hierro, cualquier material que venza el paso del tiempo.

Epígrafe hallado en una lápida romana de Tarragona
Las lápidas antiguas son estudiadas por filólogos, antropólogos, historiadores. Luego escriben sobre ellas, tal como hizo Sebastián Mariner Bigorra, analizando el texto de una lápida hallada en Tarragona en memoria de Cris, quien murió un lunes ("die lunis, oram tertium") en el siglo cuarto de nuestra era a los 18 años de edad. El autor del estudio titula el artículo con las palabras "El primer lunes de nuestra historia"
"Que jamás puede ser la tierra leve
para tu cuerpo en flor,
oh, Julia Anula, dieciocho
abriles en silencio
y en terrible quietud.
Que pesa, y duele, y amordaza
esa oscura tierra que te inunda
los ayer limpios ojos,
la boca soñadora
de un beso iluminado,
los derruídos pechos
tan sólo acariciados por el frío.
No eres ya ni recuerdo, Julia Anula,
ni siquiera / ceniza en el columbario,
mas perdura tu huella en el granito
proclamando / tu presencia fugaz."
"Perdura tu huella en el granito" ... Unos padres, doloridos, apesadumbrados, que mandan gravar en el granito su deseo de no olvidar, su deseo de memoria hcia el ser querido. Los padres de Julia Anura, los de Cris ... Como todos, porque todos sabemos que el tiempo lo borra todo, incluídos los imperios más poderosos.
Y, sin embargo, ¿son la piedra o el granito o el hierro quienes traspasan los siglos?
"¿Qué praderas habitas, / qué lagunas
reflejan tu silueta de gacela,
qué bronces de campanas se alimentan
con el lanto lejano de tu voz?
Los dioses te acogieron
con la esquiva sonrisa del que oculta
un error disfrazado de destino,
que no es justa la muerte
si la vida es promesa no cumplida.
Perdónalos / y duerme
un sueño de truncadas primaveras
entre tus manes familiares,
mi dulce Julia Anula,
triste memoria de muchacha,
sólo nombre,
definitivamente piedra."
Antonio Porpetta: Julia Anula, hija de Cayo, aquí yace
En la lucha contra el olvido buscamos materiales duros, fuertes, que puedan traspasar el tiempo. Pero hay momentos en nuestra vida en los que, aunque sin palabras y sin ser totalmente conscientes, nos damos cuenta de que hay otras formas de traspsr el tiempo, de vencer al olvido, aunque por pocos días. Y nos damos cuenta no por un pensamiento sino por el sentimiento profundo que nos embarga al tomar en nuestras mnos a un recién nacido. La naturaleza, siempre sabia, nos lo enseña con sus semillas, flores y frutos lo que actualmente puedan explicarnos los libros de Biología sobre el ADN. No es la piedra la que traspasa los siglos y milenios, sino otra materia mucho más sutil y frágil.
Por esto, en este artículo en que he copiado un bellísimo poema de Antonio Porpetta, de quien ya puse otros en ¿Amé a Mozart algún día? o en Ahogados, he querido poner también la imagen de hoja de higuera, árbol ancestral, que no nos deja su lucha contra el olvido en la piedra sino en sus hojas, en su tronco y en sus raíces.
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