fabian | 20 Desembre, 2012 15:02
Revisar la prensa, aunque suele serme entretenida, no siempre me ofrece algún texto que valore como suficiente para ser trasladado a esta bitácora.
En diciembre de 1912 había un tema de interés periodístico que era un proyecto de estrechamiento del Borne, que se realizaría a comienzos de 1913. En este proyecto estaba reemplazar el arbolado del paseo y ya en diciembre se talaron los árboles.
Con todo, me ha llamado la atención un acto que se realizó el día 8 de diciembre de 1912, fiesta de la Inmaculada, en la Catedral.
En 1901 el obispo Campins encargó a Gaudí una reforma de la Catedral; ésta se llevaría a cabo entre 1901 y 1914. El artículo que transcribo, firmado por "P. F.", cuyas iniciales no sé a quién corresponden, se publicó en el diario La Región el día 10 de diciembre.

Su lectura me hace suponer que las transformaciones que iba realizando Gaudí se mostraban periódicamente a los feligreses tal cual como si se levantara un telón o el velo que ocultaba la obra que se iba realizando.
Parece que Gaudí estaba muy bien valorado y que la obra que iba mostrando era apreciada, aunque siempre hubiera algún elemento que originara controversia. Así, gustaban mucho el traslado del coro, el uso de hierro forjado; pero ya la utilización de la corriente eléctrica no era del todo bien vista. En 1912 se mostraba al público un elemento nuevo: el baldaquino, elemento muy singular y original:
Las genialidades de Gaudí
No se quien dijo que el genio padecía geniales extravagancias, pero que siendo tales resaltaban artísticas ó al menos sujestivas y atrayentes. Gaudí, recibió el encargo de dirigir las obras de reforma de nuestra Santa Iglesia Catedral Basílica.
Llegó y al encontrarse con un templo que era un alarde de ostentación y de arte, su fantasía voló raudal y concibió aciertos y delicadezas.
Desapareció el coro, conservó el hermoso altar gótico que fué colocado sobre el portal del Mirador y del presbiterio hizo una delicada obra de arte. El hierro forjado fué hábilmente ideado y magistralmente interpretado en la forja y. aquellas esbeltas columnas ganaron en magnificencia y en arte al verse rodeadas por aquel severo alarde de buen gusto.
Cada intento fué un acierto, cada sueño hermosa realidad, hasta que llegó el momento de aprovechar feas tribunas que al ser adosadas junto á la primera nave, quitaron fastuosidad al presbiterio, y severidad al conjunto, fueron á modo de un pegote de mal gusto, mejor dicho un alarde de extravagancia concebido en una hora de desgracia.
Cuando pudimos admirar la reforma en su conjunto, una exclamación de júbilo salió del fondo de nuestra alma. Gaudi un genio; verdad que del conjunto se destacaba aquella nota ágria, aquella aberración, que como era estimada como un error por todos, seguramente sería modificada por quien, con un gusto tan depurado, no podría avenirse con el desacierto manifiesto.
Ello aún perdura, pero estimo que no tardará mucho el día en que las tribunas desaparecerán para siempre jamás.
Después de la primera reforma, que se completó con detalles preciosos se quiso iluminar el presbiterio con electricidad y ya aquello me pareció de poco gusto; en los templos cuya severidad de la liturgia se cumple tan maravillosamente como en nuestra Catedral, estimo que la electricidad debió quedar descartada por completo como adorno, limitándose el empleo de ella, para alumbrado; pero nada más.
En la fiesta de la Inmaculada Gaudi mostró nuevo alarde de su talento con un cimborio colocado sobre lo alto del altar, especie de dosel donde el hierro ha hecho nueva muestra de su riqueza de ornamentación. Sobre lo alto una cruz, los claros cubiertos con transparentes telas y dentro la luz débil, filtrándose en tonalidades hermosas.
Pero se ha dicho que aquello es provisional, me parece que sí debe serlo. No encaja en la severidad del templo, en la religiosidad de las fiestas, en la suntuosidad de nuestra Basílica. La cera bien, pero todo lo demás es demasiado teatral, aunque de delicado gusto. No son estas afirmaciones irrespetuosas, sí hijas del convencimiento y reflejo fiel de lo que he oído al examinar el nuevo motivo ornamental, que en este viaje nos ha traído el Sr. Gaudí.
No se busquen nuevas innovaciones que todo está bien como está y sospecho que con tanta genialidad no se llegue impensadamente á la extravagancia.
Muy bonito y de mucho gusto el arco de hierro forjado para la colocación de cirios que anteayer se exhibió en la capilla de la Inmaculada,
P. F.
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