fabian | 14 Gener, 2005 18:57

La tarde ha empezado con un cuento. Se dice que Augusto Monterroso es el autor de los cuentos más breves del mundo. Y en verdad es así. Posiblemente su cuento más famoso es el de El dinosaurio, tan corto tan corto que se escribe en una sola línea:
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Pero ha sido otro cuento el que hoy me ha llamado la atención. Es un cuento que trata de espejos ..., y el espejo triste es aquel en que nadie se mira:
El espejo que no podía dormir
Había una vez un espejo de mano que cuando se quedaba solo y nadie se veía en él se sentía de lo peor, como que no existía, y quizá tenía razón; pero los otros espejos se burlaban de él, y cuando por las noches los guardaban en el mismo cajón del tocador dormían a pierna suelta satisfechos, ajenos a la preocupación del neurótico.
El tema de los espejos y de las imágenes que reflejan o, quizás mejor dicho, de cómo vemos nosotros las imágenes que los espejos reflejan es complejo e interesantísimo.
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