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Sa Torreta: Jovellanos en Bellver

fabian | 19 Octubre, 2006 08:24

Dos son los motivos por los que traslado a estas páginas el artículo que ayer, día 18 de octubre, publicó Joan Riera en el Diario de Mallorca bajo el título Jovellanos en Bellver. El primero porque son muy interesantes estos artículos de la columna Sa Torreta: nos ayudan a conocer Palma y su historia. El segundo es porque se refiere a esta bitácora.

Jovellanos, en Bellver

Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) es el gran propagandista decimonónico del castillo de Bellver, también de la Palma de esa época. Cualquier otro humano hubiera sentido hastío, probablemente odio, por el lugar en el que estuvo recluso sin ser juzgado ni condenado. Estaría resentido hacia una isla en la que estuvo desterrado desde 1801 hasta 1808. Sin embargo, este ilustrado en la España que vitoreaba las caenas convirtió su cárcel en motivo de estudio, reivindicó la conservación del monumento y escribió algunas de las más bellas palabras que se han dedicado a la fortaleza-palacio cuya construcción comenzó Jaume II en tiempos del reino privativo:

"Desde la primavera era en otro tiempo muy frecuentado en los días festivos, en que el pueblo palmesano venía a gozar en él las dulzuras de la estación y a solazarse y merendar entre sus árboles. Extremadamente aficionado a esta inocente diversión, a que da el nombre de pancaritat, se le veía llenar y hermosear el cerro, esparcido acá y allá en diferentes grupos, en que familias numerosas, con sus amigos y allegados, trincando, corriendo, riendo y gritando, pasaban alegremente la tarde y a veces todo el día".

escultura de Jovellanos
Escultura de Jovellanos en un calvero de Bellver

Desde 1932, Jovellanos ha sido condenado a ser un palmesano estático en el bosque de Bellver. Sin duda el espíritu inquieto que representaba hallará motivos para el estudio y análisis de esta Palma que contempla impávido entre los pinos. El busto en bronce es obra de Francesc Sacanell -un dato que encuentro en el blog Alta mar: bloc.balearweb.net/post/187/5569- y en la base de piedra de Santanyí se homenajea al político e intelectual desde el Rotary Club de Mallorca.

La escultura es, en mi opinión, de poca calidad, no refleja ninguna de las cualidades -inteligencia, mente abierta...- que se atribuyen a Jovellanos. Sin embargo, si uno se pierde por el bosque de Bellver resulta inquietante encontrarse con ese discreto monumento, preguntarse por la tragedia de este hombre y la de la España que le correspondió vivir y agradecer que alguien, hace más de 70 años, se acordara de él y de su estancia forzosa en el castillo de Bellver. Una reclusión que no le impidió escribir detallistas descripciones de los monumentos palmesanos más destacados

Joan Riera: Jovellanos, en Bellver (en Diario de Mallorca - Sa Torreta - Palmesanos estáticos (IV)

Muy buenos estos artículos sobre distintas esculturas de Palma. Recuerdo que no me resultó fácil localizar esta escultura que yo recordaba de los años de mi infancia. Fueron tres los artículos que hay en esta bitácora sobre ella. El primero fue En busca de Jovellanos. Ese día no encontramos la escultura y varias personas que parecía que conocían el bosque desconocían su existencia. El segundo artículo fue Los calveros de Bellver en donde indico el lugar en que está y el tercero Busto de Gaspar Melchor de Jovellanos por Francesc Sacanell ya se refiere a esta escultura.

Jovellanos tuvo relación no sólo con Bellver en Mallorca, sino también con Valldemossa, ya que estuvo trece meses en la Cartuja, y con la Lonja de Palma, de la que en 1807 escribió la Carta histórico - artística sobre el edificio de la Lonja de Mallorca que forma parte del grupo Memorias histórico - artísticas sobre Arquitectura.

El primer año en que Jovellanos estuvo en Bellver fue sometido a una ardua vigilancia que posteriormente se suavizó y pudo recibir visitas, pasear por el bosque y escribir sus trabajos. Pero no por ello dejó de sentir la soledad y el destierro y, en 1805, en la Descripción histórico artística del Castillo de Bellver compara su situación con la del bosque y escribe "Del bosque del Castillo han huido los ruiseñores y las aves todas emigran ... y abandonan una patria infeliz que ya no les puede dar abrigo ni alimento; mientras que yo, desterrado también de la mía, veo desplomarse ... todo el horror y la tristeza de esta soledad".

Gracias, Joan Riera, por tus artículos.

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