fabian | 31 Octubre, 2006 19:43
Días en que tengo que recoger papeles de una oficina y entregarlos en otras. Unas lejos del centro y otras en el centro. Calor y, de andar mucho en plena mañana, sudor. Luego, en casa, ventanas abiertas deseando que pase un poco el aire, exploro la Biblioteca virtual de prensa histórica y me quedo allí pasando páginas y páginas. Mis recuerdos me llevan a días entre antiguos periódicos, polvorientos y amarillos que exigían gran cuidado al pasar sus páginas pues se rompían con enorme facilidad. ¿Tienen los documentos antiguos como un valor añadido? Parece que lo que queda de hace un siglo debiera ser sólo lo importante, aquello que ya ha pasado varios filtros. Pero no. La digitalización de documentos debe no querer introducirse en el difícil y comprometido tema de la selección y nos lo deja a nosotros.

Luces de navidad en mangas cortas
Así que voy recorriendo las páginas digitalizadas de una revista, de un boletín, de 1885. La verdad es que es un boletín escrito por gente muy selecta, posiblemente quienes más conocían los temas, generalmente de tipo local. Y yo sigo estupefacto sus palabras, sabias y conocedoras. Gracias que nos las dejaron. Posiblemente los hoy más entendidos sobre la ciudad y la isla han recorrido estas páginas - en papel - y las guardan como un tesoro que se transmite de padres a hijos en la gran biblioteca familiar.
Hoy yo recorro esas páginas - ahora en forma de imágenes - a través del ordenador ya que las bibliotecas públicas han tenido el gran acierto de digitalizarlas y ponerlas en Red. Intento seleccionar los temas y las páginas. Son muchos los boletines que editaron ese año, dos mensuales. ¡Y están todos los ejemplares desde 1885 a 1920! Luego, los elegidos, tengo que pasarlos a texto puesto que son imágenes.Por ahora los copio: leo y escribo. Posiblemente pueda transformarlos mediante un OCB (¿es así?), pero ya lo miraré más adelante. Todo esto exige mucho tiempo.

Palma en el Mapa del Cardenal Despuig (ver grande)
Mientras, se me van retardando algunos trabajos, como el de publicar estas viñetas, provenientes también de una biblioteca pública on line.
Muchas veces me he preguntado a mí mismo para qué me serviría una bitácora. Y es verdad que se puede utilizar con un sinfín de intenciones. Pero, siendo todas válidas, una importante es para estudiar y aprender. Yo me imagino repasando esos boletines de hace más de un siglo y recogiendo apuntes en un cuaderno. Luego el cuaderno queda en una estantería y ya está. No, no es un cuaderno lo que hay que utilizar, o al menos no sólo es un cuaderno.
Primera serie de viñetas del Mapa del Cardenal Despuig (1785)
No basta un cuaderno, también son precisas una cámara y una bitácora. Los encuentros interesantes hay que dejarlos anotados en la bitácora. En ella hay que poner los mapas, los dibujos, las imágenes, los textos y los enlaces que uno encuentra interesantes. No pueden quedar sólo anotados en un cuaderno que luego queda perdido en alguna estantería.
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