fabian | 10 Gener, 2011 16:51
Un número puede ser muy grande, tanto que ni siquiera seamos capaces de darle nombre y que la tecnología actual sea incapaz de operar con él; no sé si, aún así, pueda ser llamado con la palabra "infinito", palabra cuyo significado se me pierde. Sin embargo, ando perdido en este hexágono desde el que la palabra "infinito" se confunde con "incalculable" («El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente.»)
Me compré un eReader o lector de libros electrónicos.
Para quienes solemos leer con diccionario, papel y lápiz, los eReaders actuales no nos solucionan el tener cercano el diccionario, el papel y el lápiz. Posiblemente por diversos motivos, aún no tienen solucionadas estas posibles tareas.
Al contrario que las pantallas que solemos usar, TV, monitor, etc., las de los eReaders no tienen retroluminosidad, son pantallas oscuras, invisibles sin luz que llegue a ellas; utilizan la llamada tinta electrónica, por lo que sólo consumen batería al cambio de página. Así pues, si no fuera porque se pueden añadir unos pocos marcadores que sólo remiten a la página que se señale, sólo permiten la lectura sin marcas ni notas; no se puede añadir un papelito con algún comentario o alguna cita copiada o la escritura de alguna palabra desconocida. Nada de esto, sólo añadir un "marcador" que se visualiza como si se doblase el ángulo superior de la página.
Pero lo que sí permiten los eReaders es leer con el tamaño y tipo de letra que uno escoja, lo cual es muy práctico. También llama la atención su portabilidad y manejabilidad. Pero leen preferentemente letras, que no imágenes, por lo que todos esos libros bellamente ilustrados, no son del todo practicables en los eReaders, los cuales, por ahora, sólo muestran blanco y negro. Aún así, se pueden cargar cómics, los cuales se mostrarán en tonalidades de grises.

"La Biblioteca de Babel" se encuentra en el libro "Ficciones"
El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)
En un eReader caben muchos eBooks, demasiados, pero no hay porqué guardar los libros en el eReader, sino que basta llevar unos pocos que uno se proponga leer.
El día que compré el eReader me dediqué a buscar por Internet qué se hablaba sobre ellos y sobre los eBooks. En varias páginas se aconsejaba el uso de un gestor de biblioteca electrónica llamada Calibre, la cual, además de crear la base de datos de los libros electrónicos, permite transformar sus formatos, pues éste es otro tema que hay que tener presente.
[...] Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.
Me compré un eReader o lector de libros electrónicos.
Y fue esa tarde cuando, navegando por Internet, empecé a rellenar los anaqueles de mi hexágono: aquí los cuentos de Cotázar; allí, los de Borges; más allá, cientos de novelas de Ciencia ficción; acullá, los clásicos castellanos ... Mi gestor de biblioteca, recién bajado, ya indicaba cientos de libros - posiblemente más de los que pueda ser capaz de leer a lo largo de mi existencia -, por lo que decidí seleccionar un poco; me salté sin bajarlos los Premios Nobel de Literatura; así como los Premios Planeta y Nadal; bajé una selección de novela negra inglesa con las obras completas de Agatha Christie y deseché la novela negra japonesa (unos 500 libros) ...
Al cabo de unas horas me dí cuenta de que estaba sólo buscando una parte de lo que llamamos "Literatura", todo eran novelas, aunque, entre los Clásicos, había algunos ejemplares de Poesía y Teatro. Pero todos esos libros de tipo científico que intentan - y nunca logran - explicar el mundo y su historia habían estado hasta ese momento ausentes. La búsqueda de este otro tipo de literatura era más difícil; sólo algunos libros antiguos procedentes de las grandes bibliotecas nacionales aparecían entre las líneas del Google. Aún así, sin llegar al millar, algunas decenas me bajé.

Un eReader
Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. [...]
También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma.
Cuando Borges escribió el cuento La Biblioteca de Babel no existía Internet. Posiblemente este cuento esté basado en su contacto con las bibliotecas; centenares, miles de libros. Muchos de ellos carentes de sentido para él, pero no quizás para otras personas con distintas lenguas, con otros intereses. Otros libros, muchos aún, pero minoría en relación a los ininteligibles, casi iguales, ya que en la combinatoria posible de los 25 caracteres tipográficos, cambiar una e por una a da lugar a otro libro. La biblioteca, ¿infinita?, ilimitada, posiblemente guarde en los anaqueles de algún hexágono algún libro cabal, que exprese algo coherente.
Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica
Existe la esperanza, pero sólo es esperanza aún, de encontrar algún libro que nos llene, que nos diga algo, que no sólo nos haga perder el tiempo.
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Johnf756 | 27/09/2016, 12:34
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