fabian | 24 Octubre, 2008 18:54
Siempre me emocionan los Premios Príncipe de Asturias. Los tres discursos de este año, en cierta manera han incidido en elementos comunes.
Primero ha sido la escritora Margaret Atwood, nativa y residente en un país donde hay más de cincuenta lenguas y quien ha presentado la literatura como "un arte del tiempo. Y, a través de esas historias, nos conocemos a nosotros mismos y a los demás".
Tzvetan Todorov ha leído un discurso corto pero importante: "el extranjero no sólo es el otro, nosotros mismos lo fuimos o lo seremos, ayer o mañana, al albur de un destino incierto":
[...] A todas esas razones que motivan los desplazamientos de las poblaciones se han sumado, desde hace algunos años, los efectos del calentamiento climático, de las sequías y de los ciclones que este conlleva. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, por cada centímetro de elevación del nivel de los océanos, habrá un millón de desplazados en el mundo. El siglo XXI se presenta como aquel en el que numerosos hombres y mujeres deberán abandonar su país de origen y adoptar, provisional o permanentemente, el estatus de extranjero.
Todos los países establecen diferencias entre sus ciudadanos y aquellos que no lo son, es decir, justamente, los extranjeros. [...] Las leyes, por otra parte, no lo dicen todo: en el marco que definen, caben los miles de actos y gestos cotidianos que determinan el sabor que va a tener la existencia. Los habitantes de un país siempre tratarán a sus allegados con más atención y amor que a los desconocidos. Sin embargo, estos no dejan de ser hombres y mujeres como los demás. Les alientan las mismas ambiciones y padecen las mismas carencias; sólo que, en mayor medida que los primeros, son presa del desamparo y nos lanzan llamadas de auxilio. Esto nos atañe a todos, porque el extranjero no sólo es el otro, nosotros mismos lo fuimos o lo seremos, ayer o mañana, al albur de un destino incierto: cada uno de nosotros es un extranjero en potencia.
[...] Ser civilizado no significa haber cursado estudios superiores o haber leído muchos libros, o poseer una gran sabiduría: todos sabemos que ciertos individuos de esas características fueron capaces de cometer actos de absoluta perfecta barbarie. Ser civilizado significa ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos a los nuestros; saber ponerse en su lugar y mirarnos a nosotros mismos como desde fuera.
Tzvetan Todorov: Discurso Premios Príncipe de Asturias (2008)
Ingrid Betancourt ha puesto un elemento no únicamente emotivo, más que al relatar momentos de sus vivencias en el cautiverio, al agradecer a unos vecinos suyos, desconocidos y anónimos, que superaron la indiferencia para elevar la voz indicando la existencia de un secuestro.
[...] El año pasado, en esta misma ceremonia, se oyeron las voces de las víctimas del Holocausto. Quienes estaban aquí, asistieron al doloroso cuestionamiento que ellos les hacían a sus propios vecinos, aquéllos que los miraron en silencio partir hacia el infierno y que no hicieron nada.
¿Qué hubiéramos hecho nosotros? ¿Hubiésemos hecho como la mayoría, tratando de encontrar justificaciones a la infamia, para poder dormir en la tranquilidad de nuestra indiferencia? Todos queremos pensar que no. Todos quisiéramos vernos retratados del lado de los héroes anónimos que se jugaron la vida por salvar la de ese hombre, la de ese niño que sufrió.
Quiero contarles de esos vecinos míos, que nunca nos conocieron, pero que se movilizaron en el mundo entero para exigir nuestra liberación. Personas que podían quedarse en sus casas encerradas en sus propias preocupaciones, personas que no tenían, salvo su voz, ningún medio para ayudarnos. Ellos no tenían fortunas, ni tampoco poder, y mucho menos influencia. Sólo tenían el insoportable peso de dolor nuestro.
Estos vecinos nuestros rompieron el círculo vicioso de la indiferencia, y se pararon en la misma acera de los pocos, que hace años, no aceptaron el Holocausto. Lo que vino después, ya el mundo lo conoce: una red de seres humanos encontrándose en su barrio, su ciudad, su país, uniéndose con marchas, camisetas y banderines para salvarnos del olvido.
Ingrid Betancourt: Discurso Premios Príncipe de Asturias (2008)
Lenguas (así en plural y en Palma) en todo el mundo que necesitan historias para que sus hablantes se conozcan a sí mismos. Pongamos aquí el gentilicio de cualquier región del mundo y forasteros o extranjeros - términos atribuibles no sólo a quienes tienen distinto origen geográfico, sino también distintas lenguas, distintas culturas, distintas ideologías - que necesitamos reconocer con amplitud la humanidad del "otro" y vernos a nosotros mismos como extranjeros. Y, ante tanto problema humano, superar la indiferencia y luchar contra ese silencio que la comodidad y la indiferencia encierran.
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Premios P.A.2008
Kokon | 24/10/2008, 22:27
Hola : Fabián,Extraordinaria reflexión sobre la identidad plural.