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Ponerse el delantal

fabian | 22 Gener, 2008 20:01

Llamarlo jardín es un poco presuntuoso; acababan de arreglar la fachada del edificio que le da cobijo y habían limpiado y arreglado un poco esa parte del solar, habían colocado unos bancos, arreglado puertas y rejas, en el suelo habían colocado unas piedras a modo de caminos; en caso de haber sembrado plantas aún no hubieran tenido tiempo de crecer por lo que sólo se veían las plantas ya crecidas anteriores a las obras. En un rincón, unas vigas metálicas. Al principio no me di cuenta de que había una palabra troquelada en cada viga: "hoja", "pájaro", "nido", "amor". Fue entonces cuando sospeché que no eran restos de las obras recientes. Busqué alguna placa que indicara el título y el autor y no la encontré.

Es quizás un poema escultórico.

escultura
Poema escultórico

Acabo de leer el artículo de Climent Picornell titulado Els homes no duen davantal (Los hombres no llevan delantal), frase que aparece en la boca de dos mujeres a las que separa una gran diferencia de edad: una tía mayor - pongamos que tuviera unos ochenta años hace un par de décadas - y una niña actual, una mallorquina de familia proveniente del Magreb. Ambas expresan con la frase "los hombres no llevan delantal" su sorpresa y, a la vez, su oposición a que sea hombre quien se levante y limpie los cacharros de la cocina. Supongo que si fuera para cocinar la actitud hubiera sido distinta. Bueno, el caso es que en medio, entre esas dos mujeres, estamos nosotros. Generaciones que nos encontramos con nuestras madres como amas de casa o como madres y esposas que se ocupaban de las labores domésticas y que hemos intentado romper esos roles tradicionales. No sé tampoco si con mucho éxito, pues a veces aparecen en los periódicos informes que vienen a indicar que el cambio es más aparente que real.

A lo largo de la tarde he estado leyendo parte de la prensa de 1808 y un artículo en Mayurqa sobre los orígenes de la prensa política en Mallorca (1812-1814) y la discusión, fuerte e incluso violenta, sobre los partidarios de la Constitución de 1812, la Pepa, y los opositores a ella. También fue época de cambios importantes, como seguramente lo han sido todas las épocas y sociedades.

De mi infancia recuerdo la cocina de carbón, el día de la colada, la llegada de la azulada llama del butano, del calentador de agua, de la TV ...Cambios continuos que sigo viviendo día a día en las relaciones con los hijos mayores, etc. Todo cambia, o al menos, así lo parece.

"Hoja", "Pájaro", "Nido" dicen las tres vigas hincadas en tierra. Y, en el suelo, transversal a las otras, "Amor". Esta parte del jardín lo recuerdo de niño y de joven, siempre estuvo cerrada. Ahora la han abierto y muestra aún un aspecto descompuesto. Ha cambiado su apariencia, pero aunque remozado es el mismo jardín de entonces. En él se alza un gran ficus, uno de los pocos árboles singulares de Palma bajo el que nos encontrábamos Margarita y yo antes de casarnos, cuando yo aún no me había puesto nunca un delantal.

Quizás los verdaderos cambios no son muy visibles hasta tiempo después de haberse producido.

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