fabian | 11 Maig, 2007 19:54
El tema es conflictivo debido a los nacionalismos que crean entidades como "pueblos" con sus rasgos y raíces y ponen la lengua como elemento propio e identificativo. En Mallorca hay personas que aceptan estas ideas y también hay personas que no les hacen caso excesivo. Dentro de Mallorca, los ciudadanos de Palma, posiblemente por ser puerto de mar y ciudad de acogida, ofrecen una actitud abierta ante esta temática. Posiblemente en Palma se haya hablado diversas lenguas a lo largo de su historia, aunque siempre - desde la conquista - haya sido la lengua Catalana la mayoritaria. Últimamente ha habido algunos discursos de personas de la OCB algo preocupantes.
Las personas tenemos una lengua primordial, la materna, con la que pensamos y organizamos nuestro mundo. Y es esta lengua la que recogen las derechos humanos, que siempre son derechos de las personas. Pero en Mallorca creo que hay más de trescientas lenguas maternas diferentes y, aunque debieran cuidarse y respetarse todas, no es posible entendernos con todas ellas, por lo que hay dos lenguas oficiales, con las que la Administración está obligada a entenderse con los ciudadanos, pero con las dos y no sólo con una de ellas.
Hoy se ha publicado en elmundo-eldía un artículo de Ramon Aguiló, quien fue Alcalde de Palma y dirigente del Partido Socialista que me ha parecido interesante sobre este tema.
Joan Francesc March definió, en la manifestación de la Diada per la Llengua i l' Autogovern, la lengua catalana como el «signo» más importante de la identidad mallorquina. «Es la sangre de nuestra alma». «La expresión viva de nuestra personalidad». «Nuestro pueblo vivirá si conserva su lengua». «Quien habla mal el catalán vive a dos pasos de perder su personalidad, quien habla forastero sabiendo catalán, ya la tiene destruida». A su vez, Jaume Mateu clamó para que desde las instituciones no se promuevan «iniciativas en contra de nuestra lengua i cultura».
Se inscriben estos eximios y acelerados ciudadanos en el pensamiento comunitarista: nuestra condición es el resultado de la existencia previa de la comunidad, cuya lengua constituye su Weltanschauung, su propia interpretación del mundo. Contra el poder teocrático y absoluto se edificó la Ilustración, que proclamó los derechos universales del hombre. Con ella el hombre accedió a la condición de ciudadano. Contra la noción abstracta del hombre se rebeló el romanticismo, reivindicando la particularidad y la diferencia, bases del nacionalismo. Se subordina la existencia del individuo a las superiores exigencias de abstracciones imposibles de definir, como pueblo, nación, etc, las cuales forman parte del nuevo discurso del poder sobre los hombres. De la hipertrofia de ambos surgieron los dos totalitarismos criminales del siglo XX: El fascismo y el nazismo -el individuo no es nada frente a la nación y el estado que la encarna-, y el comunismo, que se considera heredero de la revolución francesa, que subordina la naturaleza humana a la construcción, a cualquier coste, de un nueva abstracción.
El pluralismo supone aceptar que no todo el mundo tiene los mismos valores, que los valores no son todos compatibles entre sí, y que, contra la idea ilustrada, no existen soluciones racionales a los problemas que plantea su incompatibilidad. Que la vida democrática supone conflicto. Contribuye a la confusión hablar de derechos de la lengua o del pueblo. Tienen derecho los catalano-parlantes a que se les respete su lengua, como lo tienen los castellano-parlantes a que se les respete la suya, dentro de la frontera, lo dado. Pero no son derechos contrapuestos de pueblos y lenguas diferentes, sino de ciudadanos libres en una sociedad plural, civilizada.
Lo de que la lengua es el signo más importante de identidad de un colectivo es directamente cuestionado por la realidad. Las lenguas nacionales son construcciones relativamente recientes. En tiempos de la revolución francesa, sólo hablaban francés uno de cada tres franceses. El italiano era hablado por un porcentaje reducido de italianos en tiempos de Garibaldi. Suiza no está configurada por sus lenguas, el alemán, francés, italiano y retorrománico, sino a través de la conjura por las libertades. Si el signo fuera la lengua, la identidad de gran parte de América latina sería española, nosotros, catalanes. Wilde, Yeats, Joyce, orgullos nacionales de Irlanda, autores ingleses. Beckett y Cioran, franceses. Nadie ha podido definir coherentemente el concepto de nación, ni qué cosa es la identidad. Me identifico más con un urbanita neoyorquino que con un constructor inquero o un hotelero de Santa Margalida.
Atender a los derechos de los castellano-parlantes no es atentar contra nuestra cultura, que no tiene un soporte monolingüístico. La 1ª edición de Bearn es castellana. Que se pierda una lengua, como el griego, el latín, por circunstancias históricas, o el catalán por la actual globalización que impone el inglés como lingua franca, o el castellano en España, podría considerarse como irreparable pérdida cultural. En ningún caso una pérdida moral. Las lenguas tienen formas de expresividad que constituyen una riqueza a preservar porque tienen hablantes, no por sí mismas. Son fundamentalmente instrumentos de comunicación, no de identificación. Decir que quien habla "forastero", sabiendo catalán, tiene su personalidad destruida, como afirma el mossèn es un dicterio totalitario y excluyente: no se respeta a quien no es persona. ¿Y si se escribe en «forastero», como Maragall, Roca, Pujol, este minúsculo columnista, en diarios en castellano? Menos que traidores, insostenible. Sigue el mossèn con su condena metonímica a los euros que corrompen y ensucian. ¿Será por eso que el cabildo cobra entrada a La Seu en euros? Curas: mistagogos tribales; curas ilustrados: oxímoron inalterable.
Ramon Aguiló: El tam-tam de la tribu
El artículo me ha parecido muy válido y claro. La lengua es de la persona y no son infrecuentes los lugares donde se hablan varias lenguas, lo que no significa que cada persona hable varias lenguas - lo que tampoco es raro, pero no obligado -. Por lo general cada persona tiende a utilizar su lengua materna y sería deseable que ello fuera siempre posible, ya que es la lengua en que cada persona se sabe expresar con mayor fluidez y es la lengua con la que piensa el mundo. Pero no siempre es posible, especialmente cuando se trata de una lengua muy minoritaria en el lugar. Pese a ello, sería positivo que los niños aprendieran a leer en esa lengua y tuvieran a su alcance textos y libros con los que pudieran crecer en el conocimiento de su lengua, además de aprender las oficiales del lugar.
Fabián | 14/05/2007, 11:32
José:
Me sabría mal que del escrito pudiera pensarse que hay lenguas anacrónicas o más importantes y menos importantes que otras. Porque la idea es todo lo contrario. Todas las lenguas son igual de importantes y tienen igual dignidad.
Cada uno de nosotros utilizamos preferentemente nuestra lengua materna, cualquiera que sea y, para cada persona, esa lengua es importante , no porque se compare con otras lenguas sino porque en esa lengua piensa y desarrolla su mente y personalidad.
Desde el punto de vista social debieran respetarse todas las lenguas y apoyar que sus ciudadanos puedan desarrollarse saludablemente. Pero los ciudadanos no hablamos sólo una lengua sino muchas puesto que tenemos muchas procedencias.
Yo creo que es positivo que un niño árabe conozca las lenguas oficiales, pero también que conozca la suya. E igual un niño chino y uno congoleño y un alemán.
Hay nacionalidades que tienen sus propios colegios: el colegio francés, el sueco, etc. Las hay que no.
También soy partidario de ampliar en lo posible el número de lenguas oficiales y que, si en una población determinada hay un porcentaje de la población con determinada lengua materna (alemán en algunos lugares, árabe en otras, etc.) se haga lo posible por atenderles también en su lengua. Así, por poner un ejemplo, hay boletines municipales que las indicaciones de los teléfonos de urgencias las ponen en varias lenguas.
Doy por supuesto que las lenguas mayoritarias han de ser oficiales.
Los gobiernos no están para imponer lenguas, sino para atender a los ciudadanos. Esta es la idea importante: elegimos a los gobernantes no para que nos impongan ninguna lengua sino para que atiendan las necesidades de los ciudadanos.
Claro que todo esto es complejo y no puede resumirse en pocas líneas.
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lenguas
Jose B. Butera | 14/05/2007, 09:30
Hola Fabian.
Yo opino sobre este particular, que lo muerto muerto está. Y no me refiero al catalan que han luchado por mantenerlo; aúnque resulte un anacronismo, y que tiene que inventarse términos que no han existido en su lengua pra denominar cosas modernas y no aceptarlas en otros lenguajes.
¿Pero que me dices del vascuence? que se lo han inventado totalmente.
¿o de un pretendido aragones que desde hace algun tiempo pretenden resucitarlo? Los políticos no tienen apaño. Por hacerno comulgar nos ponen ruedas de molino para que nos las traguemos.
Cuando se camina al universalismo aqui nos ponemos con las lenguas maternas.
¡ La madre que nos pario!