fabian | 20 Octubre, 2006 18:05
En este mundo traidor
nada es verdad ni mentira
todo es según el color
del cristal con que se mira
Ramón de Campoamor
"En este mundo traidor" ... Es una de esas poesías cortas que utilizaba cuando en alguna clase nos quedaban unos pocos minutos libres. La pongo hoy porque en estos momentos estoy escuchando por la radio los discursos que se están realizando en el Teatro Campoamor de Oviedo, ceremonia que me gusta seguir cada año.En España hablamos muy poco y desconocemos a los políticos de tantos lugares que, porque hacen las cosas bien, no aparecen en los periódicos ni son llamada de escándalo. Cuando la visité me gustó mucho Asturias y paseé por Vetusta (Oviedo), la ciudad de Clarín, recorrí el parque que se encuentra frente al teatro Calderón donde todos los años se conceden los premios Príncipes de Asturias.
Mientras ahora habla el representante de Bill Gates, no hace muchos minutos que Paul Auster ha abierto la ceremonia hablando de la inutilidad de la Literatura, aunque también de su necesidad... Pero no voy a hablar ahora de la ceremonia ni de los premios, generalmente interesantes, como el discurso que en estos momentos trata la globalización que se manifiesta en redes de tráfico humanas de la esclavitud del siglo XXI.

Muro en el Mapa de Mallorca del Cardenal Despuig de 1785
Yo creía que aquellos versos de "Hojas del árbol caídas / juguetes del viento son [...]" eran también de don Ramón de Campoamor, pero al buscarlo en Internet descubro que no, que son de don José de Espronceda de su obra El Estudiante de Salamanca", parte II. Además yo me comía uno de los versos pues la auténtica continúa: "[...] Las ilusiones perdidas / ¡ay! son hojas desprendidas / del árbol del corazón." y a esta silva le quitaba yo el penúltimo verso dejándolo: "Las ilusiones perdidas / son hojas del corazón.", versión que es sólo una de las varias versiones que se pueden encontrar sobre estos versos.
A la misma obra de Espronceda pertenecen las palabras que un amigo declamaba, ya ha muchos años, cuando se encontraba con alguna chica: "¡Una mujer! ¿Es acaso / blanca silfa solitaria, / que entre el rayo de la luna / tal vez misteriosa vaga?", lo cual entonces gustaba ya que entonces se sabía que "blanca silfa solitaria" no era ningún insulto, sino que se refería a un ser mágico del aire o de las aguas y que vagar no es hacer el vago.
De don Ramón de Campoamor siempre me ha gustado la primera parte del poema "¡Quién supiera escribir!" en que una muchacha joven pide al cura que le escriba una carta de amor. El cura, ante el pasmo de la chica, sabe incluso a quién va dirigida y qué decir. La situación es sencilla y graciosa pues la chica vive su amor y la situación como algo nuevo en que no sabe bien cómo desenvolverse, mientras que para el cura es una situación común repetida mil veces:
¡Quién supiera escribir!
- Escribidme una carta, señor cura.
- Yá sé para quién es.
- ¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? - Pues.- Perdonad; mas... - No extraño ese tropiezo
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias; Empiezo:
"Mi querido Ramón:"- ¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
- Si no queréis... -¡Sí, sí!
- "¡Qué triste estoy!" ¿No es eso? - Por supuesto
- "¡Qué triste estoy sin tí!""Una congoja, al empezar, me viene..."
-¿Cómo sabéis mi mal?...
- Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal."¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo?, un edén."
- Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien."El beso aquel que de marchar a punto
te dí... " - ¿Cómo sabéis?...
- Cuando se va y se viene y se está junto,
siempre... no os afrentéis."Y si volver tu afecto no procura,
tanto me harás sufrir..."
- ¿Sufrir y nada mas? No, señor cura,
¡que me voy a morir!- ¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...
- Pues, sí señor ¡morir!
- Yo no pongo morir. - ¡ Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!Ramón de Campoamor: ¡Quién supiera escribir!
Luego la segunda parte ya no me gusta tanto.
Los sones del "Asturias, patria querida" dan fin a la ceremonia, en la que, para mí, han sobresalido los discursos de Paul Auster y de Mary Robinson, discurso la de esta mujer que ha terminado con unas palabras de Antonio Machado "me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar". Y la señora Robinson hacía referencia a los inmigrantes, la cara humana de la globalización.
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