fabian | 15 Setembre, 2006 19:38
Mal día hoy en que me ha sido necesario quedarme en casa esperando a unos fontaneros. No he podido realizar mis planes. Luego ha llovido o diluviado y el ambiente es más fresco por lo que Margarita, que trabaja toda la mañana, no le ha apetecido salir. Bueno, al mal tiempo buena cara.

Rosetón de la fachada de la Catedral
Ya he puesto la mayoría de los rosetones. Me quedan fotos sueltas de unos pocos de los que no puedo fotografiar su interior o que no están al alcance de la cámara debido a tener construcciones cercanas. Dicen que éste, el de la fachada, es uno de los más grandes del mundo. También está la historia de que hay dos días al año en que la luz de uno de los dos grandes rosetones enfrentados de la Catedral, éste y el central del ábside, llega hasta el otro. Dicen que es un espectáculo y que vale la pena madrugar para verlo. El de la fachada está orientado hacia poniente, por lo que la luz sólo entra al atardecer.
Hoy ha muerto Oriana Fallaci. Yo leía sus entrevistas y las coleccionaba arrancando las páginas de la revista (creo que era Triunfo) y las guardaba en una carpeta. Recorría los frentes de guerra (¿cuándo no ha habido guerra?) y hablaba con unos y con otros. Muchas barbaridades ha visto esta mujer, ya en Vietnam, Camboya, Afganistán, Sudamérica ... Creo que en esos tiempos era idolatrada por la izquierda. Luego vino el 11-S y la izquierda la odia. El comunista Bertinoti ha dicho: «Tiene aversión a la diversidad, a las diferencias; es decir, a la Humanidad». Ya sabemos cómo es la izquierda para algunas cosas y ella, ya con el cáncer que le ha llevado a la muerte, no ha tenido pelos en la lengua.
El tono de sus últimas obras es arisco y duro, incluso tiene una apariencia de roncoroso. No me extraña que la izquierda la haya acusado de racista. Yo creo que es racista contra el fanatismo, de lo cual acusa al Islam. Su crítica contra la iglesia Católica también es fuerte, pero reconoce que nuestra sociedad occidental está impregnada por ella y que de allí surgieron las libertades y el respeto por el individuo y la persona. Su temor es grande - y aquí es donde da caña a los políticos europeos, pero a todos, tanto a los de derecha como a los de izquierda - y probablemente esto sea lo que no le perdonan los autodenominados progresistas (antes comunistas). Y en verdad que su temor es compartido y lo podemos ya vivir en muchas manifestaciones de la vida actual.

Vista interior
Oriana ve a los obreros norteamericanos limpiando los restos de las torres y ve que llevan la bandera de EEUU. Entonces se pregunta que cuándo en Italia (podemos preguntarnos también sobre España) se porta la bandera. Su recuerdo son las manifestaciones con banderas rojas y que sólo se usa la bandera tricolor en los partidos de fútbol. Y en este apunte nota una gran diferencia entre EEUU e Italia. Un apunte que se amplía cuando, por un puñado de votos, los políticos italianos dejan levantar mezquitas y seguir en Italia las tradiciones musulmanas. Extrapola pensando que la corrupción política es tan grande que puede llegar un momento en que en Italia lleguen a disminuir las iglesias y costumbres tradicionales hasta hacerse minoritarias ante el empuje de los actuales inmigrantes. Lo compara con EEUU donde, pese a la riada de inmigrantes de todas procedencias, se guardan no sólo las costumbres de respeto a la bandera y a la Constitución, sino también, su espíritu.
Y este grito de dolor y de indignación te lo he escrito teniendo ante los ojos imágenes que no siempre eran las apocalípticas escenas con las que comencé mi discurso. A veces, en vez de dichas imágenes, veía otras, para mí simbólicas (y por lo tanto, indignantes), de la gran tienda con la que, el verano pasado, los musulmanes somalíes hollaron, ensuciaron y ultrajaron durante tres meses la plaza del Duomo de Florencia. Mi ciudad.
Una tienda levantada para censurar, condenar e insultar al Gobierno italiano que les albergaba, pero que no les concedía los visados necesarios para pasearse por Europa y no les dejaba introducir en Italia la horda de sus parientes: madres, abuelos, hermanos, hermanas, tíos, tías, primos, cuñadas encinta e, incluso, parientes de los parientes. Una tienda situada al lado del bello Palacio del Arzobispado, en cuyas escalinatas dejaban sus sandalias o las babuchas que, en sus países, alinean fuera de las mezquitas. Y junto a las sandalias y a las babuchas, las botellas vacías de agua con la que se lavaban los pies antes de la oración. Una tienda colocada frente a la catedral con la cúpula de Brunelleschi y al lado del Bautisterio con las puertas de oro de Ghiberti.
Una tienda, por fin, amueblada como un vulgar apartamento: sillas, mesas, chaise-longues y colchones para dormir y hacer el amor, y hornos para cocer la comida y apestar la plaza con el humo y con el olor. Y, gracias a la inconsciencia del ENEL que ilumina nuestras obras de arte cuando quiere, luz eléctrica gratis.
Gracias a una grabadora, los gritos de un vociferante muecín que puntualmente exhortaba a los fieles, ensordecía a los infieles y tapaba el sonido de las campanas. Y junto a todo esto, los amarillos regueros de orina que profanaban los mármoles del Bautisterio [...]. Junto a los regueros amarillos de orina, el hedor de la mierda que bloqueaba el portón de San Salvador del obispo, la exquisita iglesia románica (del año 1000) que se encuentra a la espalda de la plaza del Duomo y que los hijos de Alá habían transformado en un cagatorio. Lo sé de primera mano.
Lo sé bien porque fui yo la que te llamé y te rogué que hablases de ellos en el Corriere, ¿recuerdas? Llamé también al alcalde, que tuvo la amabilidad de venir a mi casa. Me escuchó y me dio la razón: «Tiene razón, toda la razón...». Pero no hizo levantar la tienda. Se olvidó del tema o no fue capaz de conseguirlo. Llamé incluso al ministro de Exteriores, que era un florentino, un florentino de esos que hablan con acento muy florentino y, por lo tanto, perfecto conocedor de la situación. También él me escuchó. Y me dio la razón: «Sí, sí, tiene usted toda la razón». Pero no movió un dedo para quitar la tienda. Y no sólo eso sino que, además, rápidamente contentó a los hijos de Alá que orinaban en el Bautisterio y cagaban en San Salvatore del Obispo (me da la sensación de que de las abuelas, las madres, los hermanos y hermanas, los tíos y tías, los primos y las cuñadas encinta están ya donde querían estar. Es decir, en Florencia y en las demás ciudades de Europa).
Entonces cambié de sistema. Llamé a un simpático policía que dirige la oficina de seguridad de la ciudad y le dije: «Querido agente, no soy un político. Por eso, cuando digo que voy a hacer una cosa, la hago. Además conozco la guerra y hay ciertas cosas que me son familiares. Si mañana por la mañana no levantan la jodida tienda, la quemo. Juro por mi honor que la quemo y que ni siquiera un regimiento de carabineros conseguirá impedírmelo. Y por esto que acabo de confesarle, quiero, además, ser arrestada, llevada a la cárcel esposada. Así termino saliendo en todos los periódicos».
Pues bien, siendo más inteligente que todos los demás, al cabo de pocas horas hizo levantar la tienda. En el lugar de la tienda quedó sólo una inmensa y repugnante mancha de suciedad.
Oriana Fallaci: La rabia y el orgullo
Bien, puede parecer racista, pero a mi juicio es una crítica muy fuerte hacia esa permisión de los políticos que con falsos progresismos y por no perder unos votos permiten situaciones como la de esa tienda en la plaza. Está criticando una manera de hacer que ha ocurrido en Italia y también en otras partes de Europa, pero no en EEUU. Y su temor es que en parte de Europa, en atención a ideas de relaciones entre culturas, etc. acabe predominando la cultura externa, ajena a la historia y tradición del lugar. Y ante esta posibilidad piensa que los norteamericanos y los países anglosajones tienen unos principios más claros y que sus políticos no juegan a vender su cultura a cambio de unos votos.
Ayer murió Oriana Fallaci. Mujer de ideas muy controvertidas, pero también mujer con agallas que nos ha dejado su voz crispada y con ideas y sentimientos difíciles de aceptar. Su vida, su asistencia a muchos lugares de dolor, guerra y crueldad, hacen que tenga un conocimiento duro del mundo. Su voz, quizás equivocada, nos previene de algunos peligros. Yo creo que hay que tenerla en consideración.
Visent | 19/09/2006, 14:06
Es el recurso facil; racista, racista, no me imagino a los inmigrantes españoles de los años 50 encerrarse en una iglesia en Alemania para exigir papeles, los hubieran fusilado. Pero el fariseismo de hoy en día da asco. Encima se mueren los buenos, joder.
Fabián | 19/09/2006, 18:32
Gracias, Aarón. Creo que también temes que Oriana tuviera razón.
Visent: Yo no sé si era racista o no. Sus libros son muy duros, muy fuertes, pero no quiero juzgarla. Mantenía unas creencias y las expuso con crudeza. Quizás tuviera razón, era una mujer que había viajado mucho y conocido muchos enfrentamientos y culturas. Yo en principio no se la niego.
Gracias por vuestros comentarios.
Alberto | 14/03/2008, 21:25
Gracias por escribir tan grande omenage para una mujer que no se dejo derrotar de nada ni de nadies,quien en miles de paginas escribio una realidad que muchos no nos atrevemos pero que nos toca de algua forma.
Gracias por tus comentarios.
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Oriana
Aarón Ben Yusef | 16/09/2006, 00:18