fabian | 02 Agost, 2006 18:30
Hay una zona de Mallorca, un pueblecito entre montañas, que parece un belén en el sentido de presentar una imagen estereotipada que se repite inmutablemente día a día y año tras año. Y no es tanto el pueblo como una pequeña zona en la que hay una cartuja a la que afluyeron varios visitantes ilustres. Uno fue Jovellanos, hombre ilustrado y político que fue confinado en el castillo de Bellver y en Valldemossa. Pero no. No se trata de Jovellanos. Otro fue Rubén Darío, poeta nicaragüense, que acudía a esta cartuja para intentar redimirse de su atracción etílica. Pero tampoco. No se trata de Rubén Darío.

Escultura de Igor Mitoraj
La historia que se explota turística y comercialmente es de amor y música. Una escritora francesa con nombre literario de hombre, George Sand, mantuvo amores con un músico polaco, Frederic Chopin. En la cartuja pasaron unos pocos meses del que surgieron algunas composiciones románticas por parte de él y el libro "Un invierno en Mallorca", por parte de ella, en donde también narra unas relaciones crispadas con los mallorquines. Pues esta historia sí. Esta historia la cuentan guías turísticos que dirigen grupos numerosos de turistas que fotorafían con fruición los pianos que supuestamente tocó el músico, al tiempo que se muestran sus celdas o alcobas, unos manuscritos de ella y todo un tinglado sobre esas figuras silenciosas y con hábito que recorrían en silencio los austeros pasillos, que rezaban en unos bellos jardines, que atendían sus enfermedades y dolores en una compuesta farmacia poblada de tarros y vasijas, que poseían una nutrida biblioteca y que el prior, junto a su celda mantenía una recogida capilla.
Fuera de la cartuja - y aún dentro - una babel de tiendas dedicadas a los amores de la pareja, y rodeándolo, unas pocas calles que más que parecer un pueblo parece un belén de casitas de corcho, escenario de opereta que muñe la ubre del turismo al que un día de historias de amor en cartujas sagradas entretiene y gusta.
Pocos kilómetros después, entre un paisaje de montaña que cae abruptamente a un amplio mar abierto aparece otra historia de amor de otro visitante ilustre, un archiduque de Austria que gastó su fortuna en la compra de amplias tierras sobre ese mar azul y en las que construyó casas y miradores donde invitaba a sus magníficas amistades - Sissí, la emperatriz, entre otras -. Pero el personaje no tiene buena fama entre el turismo alemán ya que le consideran un manirroto al que nunca le bastaba el dinero de sus impuestos, por lo que esta historia no se ha podido explotar turística y comercialmente a tan gran escala como la anterior.
Poco kilómetros después - estoy hablando entre las tres historias de una distancia de nueve - aparece otra ya no de un visitante sino de un morador conocido. Se trata del escritor inglés Robert Graves que residió con su familia muy cerca de un escarpado pueblecito en la montaña. Su fama aumentó al producir la BBC una de sus novelas, "Claudio el dios" en un gran éxito televisivo. Pero quizás sea lo escarpado del terreno y el hecho de no haber una historia de amor con morbo en su vida, así como que sus hijos siguen residiendo en la isla, no es de atracción turística especial. Cercana a la casa de Robert Graves estuvo cuando él vivía la de Claribel Alegría, de quien he hablado alguna vez en esta bitácora, y que tradujo su obra y la impulsó en la América de habla hispana.
A Valldemossa subimos el verano pasado Margarita y yo una tarde. Antes de que estallara el boom turístico yo había pasado allí tres meses de vacaciones y había ido también alguna vez de tanto en tanto. Pero el año pasado, pese a llegar ya cuando la cartuja estaba cerrada y cuando los autocares de turistas se habían marchado, me asusté. Aquello no era la Valldemossa que conocía, era otra cosa más parecida a la explotación comercial que se hacía en el santuario mariano de Lourdes donde antes de llegar a él, y durante varios kilómetros, se amontonaban multitud de comercios vendiendo rosarios y estatuíllas. La excursión de hoy me ha confirmado mis impresiones. No estuvieron muchos días George Sand y Chopin en Mallorca, pero fue una visita a la que se ha sacado el jugo.
Fabián | 03/08/2006, 19:00
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Re: Visitantes ilustres
ungancho | 03/08/2006, 00:14