fabian | 12 Juliol, 2006 17:50
Aunque algunas hojas de los plátanos de sombra se muevan, el aire que llega de la calle es asfixiante y Margarita ha decidido no salir. Yo siempre hago lo que me dice Margarita y, en distintas habitaciones - ella ante el televisor y yo frente al ordenador -, dejamos pasar estas largas horas de letargo y pereza. Yo no hago apenas nada; en toda la tarde sólo he buscado alguna información sobre un escritor alemán que pasó los años anteriores a la guerra en Palma y, no hace muchos meses, el Ayuntamiento puso una placa en su memoria. Se llamaba Albert Vigoleis Thelen (1903 - 1989) y escribió una novela centrada en Palma titulada La isla del segundo rostro. Aunque sobre él hay varias páginas en alemán, no ocurre lo mismo en castellano y sólo he encontrado librerías con su libro y una reseña periodística de cuando colocaron la placa; pero apenas nada sobre su persona y obra.
Así que paso las horas oyendo música. Grabo la "música contemporánea" que puedo - no la debiera llamar así pues me refiero a la compuesta en el siglo XX y en lo que llevamos de éste - y luego la escucho varias veces. Cada vez me gusta más. Intento seleccionar cortos fragmentos para poder poner aquí, ya que así los escucho un par de veces más. La música de los siglos anteriores ya ha pasado muchos filtros y, de todos los compositores y obras que hubieron, sólo unas pocas nos llegan. La música actual debe aún pasar los primeros filtros para que sólo queden unos pocos. Mientras, hay que escuchar y seleccionar mucho.
Continúo con mis labores actuales: los planos de Palma, las fotografías, algún archivo especial y siento a faltar algún poema. Así que al tiempo que escribo estas líneas, googleo "poema calor" y me aparecen varios que no me acaban de satisfacer, ya uno de César Vallejo, otro - que no está mal - de cécile wasman mursalia titulado "calor desértico" (me quedé con mi paraguas en la mano / esperando la lluvia / que jamás llegó hasta mí ...). Al final, aunque no tenga nada que ver ni con el calor ni con la lluvia, selecciono uno que me parece extraño sobre dos mariposas blancas y unos sueños que ayudan a crecer en la serenidad:
Dos mariposas blancas
Aquella noche la abuela trajo dos mariposas
blancas
y las colocó sobre los ojos del durmiente,
más tarde, cuando tras la cabeza de la luna
asomó frío el aullido del lobo,
los sueños de aquel hombre
que dormía bajo las mariposas,
nos ayudaron a crecer en la serenidad.Julia Otxoa: Al calor de un lápiz
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