fabian | 29 Març, 2006 16:47
La historia me la ha recordado Gabriela Zayas en su bitácora Arte y Literatura. Decir hoy que "gusta la música" en España no tiene significado alguno. Otra cosa es tocar algún instrumento o participar en alguna agrupación musical. Tocar su instrumento, una viola da gamba, era para él un placer y un sufrimiento. Todas las mañanas se encerraba en una cabaña y tocaba espléndidamente aunque sólo le oían las cabras, los pájaros y la yerba. Es una actitud de vida; no era para ganar dinero ni para causar sensación. No, era para disfrutar con la música. Su época era el Barroco. Su instrumento, la viola da gamba, desapareció en el olvido. Su nombre, como muchos de aquella época en la que aún no había consciencia histórica, así como sus partituras quedaron dormidos en el polvo.
Tuvo un alumno brillante. También tocaba la viola da gamba, pero su nombre, famoso en la Corte de Luis XIV, olvidado como todos, fue recuperado. Se llamaba Marin Marais. Él le decía que no era músico, pero que tocaba muy bien. Y así fue: el alumno triunfó en la Corte y llegó a ser archiconocido. Su actitud era la opuesta a la de su profesor. Su meta era triunfar y ganar dinero, ¡y lo consiguió!
Marín Marais recuerda al profesor y a una de sus hijas, Madaleine, con quien casa y a la que abandona encinta. Poco después ella se suicidaría. Marin Marais también, en recuerdo de su profesor y habiendo ya triunfado, se encerraría para extraer de sí mismo la mejor música posible. Una de sus obras famosas son la Folies d' Espagne, editada en 1701, de la que he puesto un fragmento.
Dos actitudes ante la música: disfrutar la música y vivir de ella. No son excluyentes y casi siempre un gran músico compagina ambas. La música de él, su nombre era Sainte-Colombe, la oían los pájaros y cuantos se acercaran a él sin tener que pagar. La música de Marin Marais fue sólo para la Corte francesa. Hoy podemos oir la de ambos gracias a que parte de ella ha sido rescatada, así como el instrumento con el que fue compuesto - en gran parte del Barroco no se componía para un instrumento determinado, aunque la amplitud y ciertos elementos de la partitura determinaban los instrumentos que podían interpretarla -. En la bitácora de Gabriela Zayas podemos oír un castpost con "Sonnerie", obra de Sainte-Colombe.
Pero no basta que esa música esté presente y podamos oírla; también es necesario que haya medios que la difundan. Importante fue la película Tous les matins du monde que vi en Palma en los pocos días en que se proyectó en un cine de la ciudad y que he recordado durante muchos años. Me ha encantado poderla recordar a través de las palabras de Gabriela, quien le extrae su esencia.

No llegarás a saber qué es la música, ni para qué existe. Para saber esto es necesario huir del mundo y de su ostentación. Recluirse, buscarse, callar, fueron las palabras del profesor. Y años después Marin Marais regresa a la cabaña donde se recluirá durante mucho tiempo en busca de la música.
La huída del mundo, la reclusión, siempre en cierto grado, son necesarias para la mirada interior. Creo que todos la necesitamos en ciertos momentos de nuestra vida. Pero lo que más me cautivó de esta película es que la música - como cualquier otra arte - no está para ganar dinero ni para pasar placer. La mirada interior para extraer algo de uno mismo. Difícil mensaje en estos días en que de la música sólo sabemos decir "me gusta".
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