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Del pintor Antonio Fuster y Forteza (1853 - 1902)

fabian | 04 Desembre, 2012 15:30

Cuando ayer fui a poner el escrito que Juan Luis Estelrich publicó sobre el pintor Antonio Fuster me encontré sin imágenes. Busqué por Internet y sólo hallé dos fotografías de sus cuadros, uno de barcas y un retrato femenino. Sobre su persona encontré un archivo importante, en pdf, pero ninguna información más. Poca información y pocas imágenes para un importante pintor de finales del siglo XIX.

El pdf es de Roman Piña Homs: El pintor Antonio Fuster y su entorno social, un artículo magnífico que trata sobre este pintor de una importante y acaudalada familia mallorquina, autor de varios de los cuadros de la Galería de Hijos Ilustres de Palma, como el de Jovellanos, Quadrado, Marian Aguiló y Tomás Forteza, varios de ellos pertenecientes a su familia.

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Autorretrato 1885; lápiz sobre papel

Si el texto enlazado de Roman Piña Homs es importante para conocer a este pintor, también lo es el que copio hoy aquí y, como es algo largo para una entrada en un blog, paso inmediatamente a transcribirlo indicando que está recogido del libro "Páginas mallorquinas" de su último artículo titulado "Tres artistas malogrados" y que las imágenes están tomadas del Catálogo de la exposición "Antoni Fuster Fortesa (1853 - 1902)" que la Fundación "Sa Nostra" realizó en diciembre del 2004 para conmemorar el centenario de la muerte del pintor.

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El muelle del Jonquet, 1901, óleo

El pintor Antonio Fuster

Nació en Palma en 1853 y falleció soltero en su ciudad natal en 1902 y en la plenitud de la vida.

Fué modelo de corrección y exquisitez. El equilibrio muy ordenado de sus facultades le ponía á mil leguas del concepto vulgar que suele tenerse del artista; mas como el vulgo se equivoca con frecuencia no paró mientes en el valer de un espíritu armónicamente templado, y le juzgó por la producción, que parecía ocasional y de pasatiempo, cuando lo cierto es que provenía de íntima delectación. Produjo poco, quizás por el mismo respeto que el arte le merecía, tal vez por haber puesto muy alto su ideal teórico, ó bien porque su ventajosa posición no le obligaba pane lucrando á ningún esfuerzo asiduo y constante. Complacíase en admirar lo ajeno, observaba y admiraba más que producía, y casi sin darse cuenta completó su educación en viajes por Italia y Francia, atraído por las grandes pinacotecas y las obras reputadas de la pintura; conocía bien los museos de Madrid, y en Barcelona pasaba todos los años algunos días ó semanas, según lo que daba de sí la producción artística de la capital del primcipado. El, como nadie, pudo decir: Die Kunst ist zwar nicht das Brot, aber Wein des Lebens. Sí; para él no fué precisamente el arte el pan, pero fué el vino de la vida; vino que churrupeó con deleite cucando un ojo y chasqueando los labios á cada sorbo, como halago del paladar y entono para la vida, sin asomos de encandilarse.

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Vista de Palma desde el Mollet, 1893, óleo sobre tabla.

La espléndida bahía palmesana le hechizaba, y en las tardes del verano, con algún predilecto de su amistad y aficiones, voltejeaba con su balandro, para esparcir su espíritu y tomar algún apunte en los recovecos de las calas ó en las costumbres marinescas, y regresar á la caída de la tarde cuando el sol poniente inflamaba el Cap blanc, ó bañaba con oblicuos rayos la mole la inmensa catedral y el yacente, blanco y extendido Molinar de levante. Después paseo por el Borne, lugar de los antiguos torneos y aun el más favorecido punto de reunión de los palmesanos; partida de carambolas en el Círculo si la cosa se terciaba; asistencia á los teatros, y como se le veía en todas partes su separación fué más notada de los que bien le queríamos.

La condición social y especialísima de Mallorca, que tanto asombra á los extraños y debiera ruborizar á los naturales, obligó á Fuster á actitudes harto difíciles, de las que él solo triunfó con su tino, quizás con exagerada timidez á traspasar los límites que se había impuesto y horror á que se le achacara querer rehuir su propia condición. Si tuvo mortificaciones ó corrió tempestades las sumió en el fondo de su alma sin que empañaran lo bruñido de la superficie.

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Niña en el embarcadero, 1899, óleo.

Era un bien educado en toda la extensión de la palabra, no ya en formas y palabras sino con la más rara buena educación del sentimiento. Si en lo más exterior recordaba algo la corrección británica, sin engallamientos ni extravagancias, en lo interno tenía no poco de la maciza y robusta seriedad del castellano viejo, con carácter más dúctil y consentido. Serena paz moral resplandecía en su conducta, fortalecida por arraigadas creencias religiosas sin vanos alardes ni otras manifestaciones externas que las derivadas del cumplimiento de sus deberes y la obligada visita al Jubileo y á las Conferencias de S. Vicente de Paul. Limpio por fuera y por dentro, en su presentación y en sus repliegues, alzaba á la Prudencia el ara de los sacrificios y diosa alguna de la gentilidad tuvo jamás mejor adepto. Nunca quiso juzgar de aquellos pocos que pudieran haberle ofendido; barruntaba que en sus juicios tenía que entrar el germen de malévola pasión y se condenaba á perpetuo silencio; en cambio para las buenas acciones, para los amigos, para todo lo que estimaba bueno ó hermoso, sin largar empavesadas ni tocar en efusiones, sabía comentarlo con sincero elogio.

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Escena de pesca, 1895 ca., óleo sobre tabla

Pero más que con palabras mostraba con hechos el fondo de su alma. Porque á mí se refiere no quiero callar uno de sus rasgos de sentimiento. En pocos días perdí los dos hijos que entonces tenía y quedé en la mayor desolación. Antonio Fuster se apoderó subrecticiamente de un tamborcito que, ya sin amo, rodaba por casa, y poco después me devolvió la prenda sustraída con un delicadísimo retrato al óleo de mi primogénito. Como oro en paño guardo y beso la reliquia, avalorada por el amigo. Ah! y por qué entraba en casa de quien podía disipar negruras ó pesares? ¿Por qué, casualmente, aparecía cuando las circunstancias lo hacían provechoso? Hasta las obras de misericordia las practicaba exquisitamente, y lo eran más por parecerlo menos! ¡Dios le haya recompensado tanta delicadeza!

¿Dio Antonio Fuster al arte de la pintura todo lo que podía dar? ¿Puede llamarse malogrado á quien nunca se le ocurrió que podía lograrse? No se contestarán estas preguntas sin largas explicaciones, cargadas de distingos, y no hay que enzarzarse en lo que no tiene remedio.

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Niño en una barca, 1890, óleo sobre tabla.

Su producción, no muy abundante, ha quedado casi toda en poder de algunos deudos ó contados amigos, y fuera insensatez presentarla como obra definitiva de maestro glorioso. Macizamente enamorado de lo fundamental no hizo concesiones á la moda cuando el modernismo abigarró las telas; pero como en todo sistema algo existe aprovechable no despreció las conquistas de la luz en los nuevos procedimientos. Puso alta su admiración y se contentó, desconfiando de sí mismo, con reflejar en sus cuadros la belleza insuperada de lo tradicional é histórico, que le encantaba y seducía; desparramó delicadeza y suavidad, pulcritud y armonía en sus lienzos y colores, sin más afán que satisfacer sus anhelos muy restringidos, y con esto, ó á pesar de esto, logró personalidad y estilo propios, mucho más señalados que los de muchos maestros. Su labor fué en gran parte entretenimiento deportivo, pero vehementemente amado, y un ambiente de pasión y sinceridad avalora sus trabajos. Buen artista por la firmeza del gusto y dominio de la técnica satisfacíase con lo adquirido para su deleite y á penas se molestó en concebir, achaque de casi todos los pintores mallorquines. Tuvimos en él un pintor y nos faltó el artista acosado, profesional y decidido.

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Niño en la playa, 1895 ca., óleo sobre tabla.

Los retratos que hizo para la Galería de hijos ilustres de Mallorca fueron de personas á quienes le unían vínculos de parentesco, como Don Tomás y D. Mariano Aguiló; ó de particular afecto, como D. José M.ª Quadrado (de quien pintó otro retrato para la sala de lectura del Círculo Mallorquín)) ó de admiración, como Jovellanos.

A las exposiciones del Fomento de la pintura y escultura concurrió con alguna muestra, más bien para contribuir á la abundancia que parà grangearse reputación, que poco le importaba. Sin embargo, sus cuadros fueron siempre allí elegidos en los sorteos. Si alguna vez envió sus telas á exposiciones públicas fué solo á las que pensaba acudir personalmente, sin prepararse el terreno para la recompensa. Era en esto tan pacato que alguna vez que alabé su labor en periódicos donde yo tenía intervención me hizo presente de mil modos su agradecimiento y al mismo tiempo me hizo saber que no le servían mis juicios.

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Chica junto a la persiana, 1895 ca., óleo.

—Me recusas por indocto.
—No; por amigo. Tus elogios son interesados; pesan en el platillo del afecto pero no en el del arte. Sé de antemano que te callarás lo malo é hincharás lo que te parezca bueno.

Con caracteres como el de Antonio Fuster se va á cualquier sitio, menos á las cumbres del arte. No se dio cuenta de que pudo escalar la cima, y se complació en contemplar los paisajes desde la ladera, en lo que sin esfuerzo y casi sin conciencia había remontado.

Juan Luis Estelrich: "Páginas mallorquinas" (1912)

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Dama del tarjetero, 1885, óleo.

En el Catálogo de la exposición de 2004, hay un apartado titulado "Bibliografia: Monografies, revistes i articles de diari" en el cual hay indicación de artículos entre 1876 hasta el libro de Estelrich de 1912. El siguiente apunte es ya de 1948 y ya desde este año en adelante hay anotaciones crecientes: dos en la década de los 60; cuatro en los setenta; nueve en los años 80 y ya varias anotaciones en cada uno de los años siguientes. Lo que indica que la pintura de Antonio Fuster ha ido ganando en interés. Su obra debiera tener mayor presencia también en Internet.

Comentaris

Catálogo Antoni Fuster

Agustín Petschen | 03/04/2014, 15:39

Me ha encantado encontrar a uno de los grandes de la pintura, poco conocido fuera de les illes.
¿Se puede conseguir el catálogo?

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