fabian | 29 Febrer, 2012 16:49
Miguel de los Santos Oliver (1864 - 1920), realiza una investigación en los archivos antiguos de Mallorca para escribir su obra Mallorca durante la primera revolución : 1808 a 1814 (1901), la cual publicó en los años 90 por partes en La Almudaina. Miguel de los Santos no era historiador sino periodista y, creo, que ésta es su única obra de historia. Su mirada es distinta a la de los historiadores; se interesa por esos años de hacía casi un siglo porque habían influído notoriamente en la realidad en que él vivía. Pero para llegar a comprender los cambios que se dieron en esos años de 1808 a 1814, tenía que conocer la época anterior, por lo que dedica el Libro I o primera parte al siglo XVIII, del cual no cree que haya muchos elementos positivos, salvando dos: en cierta manera y con reparos, la figura y obra de Buenaventura Serra Ferragut (1728 - 1784) y, sobre todo y con brillantez, la Sociedad Económica Mallorquína de Amigos del País.
Algunas vidas de santos, algunas crónicas y anales de órdenes religiosas; una invasión de almanaques, pronósticos y lunarios; muchos libros de texto y un furor para la gnomónica o arte de construir relojes de sol, muy cultivado en las celdas, completarían el resumen de la vida intelectual, si de intento no hubiesen apartado lo que hubo de verdaderamente útil y laborioso en aquellas fechas: la erudición, aun afeada horriblemente por las extravagancias del gusto; la formación de grandes misceláneas o enciclopedias de re baleárica donde se acumuló todo texto y noticia concerniente a nuestra tierra, desde las referencias clásicas hasta los noticiarios de última hora.
En efecto: bástanle al siglo XVIII los nombres de Don Jerónimo Alemany. el paborde Tarrassa, Don Buenaventura Serra, Barberi, Talladas y el Padre Luis de Vilafranca, para testimonio de lo que dejo dicho. Los más pacientes rebuscadores del siglo XIX. como Furió y Bover —cuya labor copiosa por fuerza tiene que asombrarnos— no hicieron más que conservar, rectificar o poner en orden lo que encontraron compilado por aquellos eruditos. ¿Quién se considera hoy con fuerzas, no ya para manuscribir según hicieron ellos, sino ni siquiera para leer de corrido los ocho volúmenes de los Anales de Tarrassa. los treinta y seis tomos de las Recreaciones eruditas de Serra o los trece de las Misceláneas históricas de Vilafranca? Pues téngase en cuenta que sólo citamos una obra de cada uno de estos autores y que su producción no se redujo a ella. Más de diez y más de quince, de parecida índole, llegaron a tejer durante una vida de trabajo continuo. En vano nos esforzaremos en quitar importancia a esa labor: nuestros reproches saben a subterfugio para disculpar la pereza y frivolidad de que ahora adolecemos. ¿Que carecían de criterio firme para discernir lo fabuloso de lo real, las causas de los efectos? ¿Que su prosa está falta de elegancia y amenidad? En conjunto estos defectos son comunes a todos los autores de la época y sería injusto convertirlos en tacha individual. Lo que no cabe poner en duda es que conservaron la tradición local y acumularon todos sus materiales dispersos, ora exprimiendo el jugo a las obras griegas, latinas y modernas, como hizo Don Buenaventura Serra; ora iniciando aquí el método de investigación directa en archivos y sobre documentos originales. Esto constituyó el mérito principal del paborde Tarrassa Adelantándose, por fortuna, a las convulsiones de la siguiente centuria, recogieron la míes antes que los vendavales revolucionarios dispersasen los depósitos de documentos escondidos en celdas v oficinas Fundaron la bibliografía literaria y científica de Mallorca y, en suma, legaron a este país un inventario total de su pasado y de su presente, de sus hombres notables, de su literatura y de su arte. ensayando aquí la erudición reflexiva y metódica que instauraban en el continente Sempere y Guarinos, Mayans, Flórez, Lampillas y demás escritores del mismo fuste.
Ninguno, sin embargo, puede dar idea tan cabal de su tiempo como Don Buenaventura Serra. En el siglo de la enciclopedia, Mallorca debía tener también su enciclopedista, adaptado, como es consiguiente, a las diferencias de lugar y de costumbres. Consagró su vida al estudio de esta isla en todos cuantos aspectos ofrece a la inteligencia humana. Permita el lector que me valga de este término para expresar la ambición literaria de Serra: quiso abarcar el «panmallorquinismo.» Así como ahora todo tiende a la especialidad, entonces tendía todo a la universalidad. [...]
No hubo entonces capital de provincia que no tuviese su tertulia más o menos parecida a la del barón de Holbach. De esta suerte, rebajando mucho el carácter de incredulidad y volterianismo que caracterizó a aquel salón, vio Don Buenaventura agruparse en su estudio a los hombres más distinguidos y aplicados de su tiempo. — Don Ramón de Togores, Rubí, Focos, Virgili, el después cardenal Despuig, Montis y Álvarez, primer marqués de la Bastida. Don Juan de Salas y Don José de Pueyo, marqués de Campo Franco: eruditos, poetas o anticuarios, se reunían casi diariamente en casa de Serra, atraídos por el mismo espíritu de innovación. Allí nació la Sociedad Económica de Amigos del País, de cuya preponderancia no podemos ahora tener idea exacta. Allí se leía, se charlaba y se exponían proyectos de toda especie. «Para facilitar estos estudios, dice un biógrafo, había reunido una biblioteca muy numerosa y escogida y para mejorarla se gastó 6.000 pesos, sin incluir en esta suma las cuantiosas que invirtió antes, en la compra de preciosos manuscritos. de que formó una inmensa colección.» Aunque sin nombre conocido, venía a representar esta tertulia algo como la famosa Academia del Buen gusto [...] la tertulia de Serra empezó a distinguirse sobre lo vulgar y corriente. Los poetas y versificadores que en ella se formaron, por influjo de Pueyo más que de nadie, fueron ya bastante sobrios, inteligibles y discretos. No cultivaron el acróstico ni el laberinto. Trataron asuntos más o menos graves; rindieron tributo a la superficial galantería que entonces privaba; acaso no llegaron a tener más que vislumbres, como Togores y Salas, de lo que constituye la inspiración elevada y ardienie; pero ¿quién la poseía entonces? Bastante hicieron con seguir la ruta que les trazaban en una u otra dirección Vargas Ponce, Iglesias o Arriaza, con quienes sostuvieron relaciones de amistad y dependencia literaria.
Dejando para luego el estudio de las ideas que en cuanto a política y «economía civil», como entonces se llamaba, removió la Sociedad Económica que acababa de fundarse, despidámonos del grupo de que Serra y Pueyo eran las figuras más salientes y los amigos más inseparables y asiduos. No hubo afición de orden intelectual y artístico que no conociesen: «juntos dibujaron, herborizaron, hicieron útilísimos ensayos de química y escribieron eruditas obras». En esto se reconoce también su espíritu enciclopédico. Todo viajero más o menos notable que venía a Mallorca, de ellos tenía que servirse como cicerones universales en las cosas de la tierra. A ellos, a Serra especialmente, escribían en demanda de noticias, cuantos las necesitaban de este país, como Sarmiento, Flores, Martínez Pingarrón y el mismo D'Alembert y el conde de Campomanes Llegó a ser como una institución y a tener las llaves de todos los conocimientos. Era jurisconsulto y leyó la cátedra de derecho canónico en la Universidad Luliana. Por la mañana explicaba Clementínas y Extravagantes y por la tarde descifraba medallas y monedas, discutía las ruinas del Palmer o la significación del hondero en la columna Antonina. Extraía y comentaba los textos referentes a Mallorca que encontraba en los geógrafos é historiadores grecolatinos Disertaba sobre animales, plantas, fósiles y piedras de la isla; escribía una vindicación de Hipócrates contra Feijoo; organizaba un monetario y un museo de botánica, componía su Flora baleárica con nomenclatura antelinneana dibujando los ejemplares catalogados. No se puede reducir a cuento su heterogénea labor.
A todo se atrevió: habló de jurisprudencia y de cirugía, de antigüedades, de numismática. Desde lo más alto a lo más ínfimo corría su pluma, viéndole hoy tratar del idioma en que predicaba San Agustín y mañana de si la menor edad invalida para el cargo de síndico personero... Naturalmente que casi todo viene resentido de falta de mesura. A veces las supersticiones más vulgares tienen cabida en sus trabajos, con tal que ayuden a su generosa pero cándida manía de aumentar «las glorias de Mallorca». Acumuló muchísimo: piedra de construcción y ripio inútil, pero no dejó, puede decirse, ninguna obra que fuese por sí misma duradera y definitiva, porque todo necesitó de expurgo, de método y de orden
Tal me parece, a grandes rasgos dibujado, aquel cronista de! Reino, doctor, célibe v abate a la francesa, — como iniciado de prima tonsura, que no perdió jamás. Nos hemos detenido especialmente en él y en sus amigos, porque ofrecen como un resumen del saber mallorquín durante toda la segunda mitad del siglo XVIII, como una amalgama y transición entre las tradiciones locales, el nuevo filosofismo que desde Francia nos invadía y que propagaban en España los ministros de Carlos III. Si a los nombres que quedan señalados, añadimos el de los apologistas de Ramón Lull como los PP Fornés y Pascual, (suscitados por la extemporánea acometida de Feijóo) será posible entrar de lleno en la nueva fase que así el espíritu como las costumbres presentan allá desde 1775. El período que entonces empieza es la preparación inmediata, la causa real de que la revolución futura no será más que efecto.
Miguel de los Santos Oliver: "Mallorca durante la primera revolución : 1808 a 1814" (págs 29, 32 - 34
Sobre Buenaventura Serra trataba el artículo de Laura Jurado de ayer en Baleópolis: El aprendiz de enciclopedista. Jesús García Marín nos dejó varios artículos sobre él, como Buenaventura Serra (1728-1784) y la tradición cientifica en el XVIII mallorquín (Mayurqa, 1989) o "Buenvaentura Serra (1728-1784) y la Ilustración española : Feijoo, Sarmiento, Flórez, Mayans, Finistres y el círculo de Cervera" (en Pedralbes, Revista d'historia moderna, 1988) o el libro, escrito junto con Antonio Picazo "La Cultura de la Il·lustració a Mallorca" (ver En torno a la Ilustración en Mallorca (Alta mar, 2009) o "La Biblioteca de Buenaventura Serra (1728-1784) y otras bibliotecas del XVIII mallorquín" (Institut d'Estudis Baleàrics, 1988) (ver. GoogleBooks A ver cuando empiezan a digitalizar y poner on line los libros y revistas de ese Institut).
En Scribd está La Ilustración en Mallorca: Buenaventura Serra i Ferragut.
Queda aparte el tema de la casa de Palma, Can Serra (Incoación relimitación BIC de Can Serra, Palma, recordada hace pocos días por Lourdes Durán en Sacar los colores.
Jesús GM | 01/03/2012, 10:50
Por cierto, Fabián
Pocas veces se recuerda que M. S. Oliver tiene una extraordinaria biografía de Cervantes, una obra maestra.
Fabián | 01/03/2012, 13:56
Gracias, Jesús, por la información sobre esa exposición, a ver si lo encuentro.
Es verdad lo del libro sobre Cervantes, lo he visto. ëste de la Revolución está muy bien.
| « | Febrer 2026 | » | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Dl | Dm | Dc | Dj | Dv | Ds | Dg |
| 1 | ||||||
| 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 |
| 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 |
| 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 |
| 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | |
Muchas gracias
Jesús García Marín | 01/03/2012, 10:39
por acordarte de los estudios sobre Serra de Picazo y míos. También por reproducir los dos estupendos artículos de Laura y Lourdes.
Hace años coordiné un álbum
Els mallorquins y la Revolució. Exposición sobre la Revolución francesa en el Palau Solleric. Álbum de 32 páginas publicado por el Ayuntamiento de Palma. Palma, 1988. Échale un vistazo, en la Biblioteca March creo que está.