fabian | 15 Desembre, 2011 17:24
Carlos Ruiz Zafón ha publicado en estos días la novela "El prisionero del cielo" (web), que junto con "La sombra del viento" y "El juego del ángel" forma una trilogía basada en misterios alrededor de libros, escritores, editoriales y librerías. No había leído ninguna de estas obras y estoy haciéndolo en estos días, encontrándome hacia la mitad de "El juego del ángel", o lo que es lo mismo, hacia la mitad de la trilogía. Bueno, está bien, me resulta hasta ahora entretenido.
De los espacios relacionados con los libros hay uno que no he nombrado: la biblioteca. Y en puridad no se nombra ese espacio en estos libros, lo cual no significa que no exista. Recibe otro nombre. Es un lugar secreto que conocen pocas personas. No se anuncia con letreros en la calle. Sólo hay un portón con un llamador en forma de diablillo en un callejón oscuro que, para abrirse suenan como cien cerrojos trabándose simultáneamente. Quien entre por vez primera, lo cual ha de ser acompañado de una persona que ya haya sido introducida anteriormente, ha de prometer no contar lo que vea. El recinto o espacio no recibe el nombre de biblioteca sino el de "cementerio de los libros perdidos".

-¿Qué trae usted? -preguntó Isaac.
-Los Pasos del Cielo. Una novela.
-Menuda cursilada de título. ¿No será usted el autor?
-Me temo que sí.Isaac suspiró, negando por lo bajo.
-¿Y qué más ha escrito?
-La Ciudad de los Malditos, tomos del uno al veintisiete, entre otras cosas.
Isaac se volvió y sonrió, complacido.
-¿Ignatius B. Samson?
-Que en paz descanse y para servirle a usted.El enigmático guardián se detuvo entonces y dejó descansar el farol en lo que parecía una balaustrada suspendida frente a una gran bóveda. Levanté la mirada y me quedé mudo. Un colosal laberinto de puentes, pasajes y estantes repletos de cientos de miles de libros se alzaba formando una gigantesca biblioteca de perspectivas imposibles. Una madeja de túneles atravesaba la inmensa estructura que parecía ascender en espiral hacia una gran cúpula de cristal de la que se filtraban cortinas de luz y tiniebla. Pude ver algunas siluetas aisladas que recorrían pasarelas y escalinatas o examinaban con detalle los pasadizos de aquella catedral hecha de libros y palabras. No podía dar crédito a mis ojos y miré a Isaac Monfort, atónito. Sonreía como zorro viejo que saborea su truco favorito.
-Ignatius B. Samson, bien venido al Cementerio de los Libros Olvidados.
Seguí al guardián hasta la base de la gran nave que albergaba el laberinto. El suelo que pisábamos estaba remendado de losas y lápidas, con inscripciones funerarias, cruces y rostros diluidos en la piedra. El guardián se detuvo y deslizó el farol de gas sobre algunas de las piezas de aquel macabro rompecabezas para mi deleite.
-Restos de una antigua necrópolis -explicó-. Pero que eso no le dé ideas y decida caérseme muerto aquí.
Continuamos hasta una zona frente a la estructura central que parecía hacer las veces de umbral. Isaac me iba recitando de corrido las normas y deberes, clavándome de vez en cuando una mirada que yo procedía a aplacar con manso asentimiento.
-Artículo uno: la primera vez que alguien acude aquí tiene derecho a elegir un libro, el que desee, de entre todos los que hay en este lugar. Artículo dos: cuando se adopta un libro se contrae la obligación de protegerlo y de hacer cuanto sea posible para que nunca se pierda. De por vida. ¿Dudas hasta el momento?
Alcé la mirada hacia la inmensidad del laberinto.
-¿Cómo elige uno un solo libro entre tantos?
Isaac se encogió de hombros.-Hay quien prefiere creer que es el libro el que le escoge a él... el destino, por así decirlo. Lo que ve usted aquí es la suma de siglos de libros perdidos y olvidados, libros que estaban condenados a ser destruidos y silenciados para siempre, libros que preservan la memoria y el alma de tiempos y prodigios que ya nadie recuerda. Ninguno de nosotros, ni los más viejos, sabe exactamente cuándo fue creado ni por quién. Probablemente es casi tan antiguo como la misma ciudad y ha ido creciendo con ella, a su sombra. Sabemos que el edificio fue levantado con los restos de palacios, iglesias, prisiones y hospitales que alguna vez pudo haber en este lugar. El origen de la estructura principal es de principios del siglo XVIII y no ha dejado de cambiar desde entonces. Con anterioridad, el Cementerio de los Libros Olvidados había estado oculto bajo los túneles de la ciudad medieval. Hay quien dice que en tiempos de la Inquisición gentes de saber y de mente libre escondían libros prohibidos en sarcófagos y los enterraban en los osarios que había por toda la ciudad para protegerlos, confiando en que generaciones futuras pudieran desenterrarlos. A mediados del siglo pasado se encontró un largo túnel que conduce desde las entrañas del laberinto hasta los sótanos de una vieja biblioteca que hoy en día está sellada y oculta en las ruinas de una antigua sinagoga del barrio del Cali. Al caer las últimas murallas de la ciudad se produjo un corrimiento de tierras y el túnel quedó inundado por las aguas del torrente subterráneo que desciende desde hace siglos bajo lo que hoy es la Rambla. Ahora es impracticable, pero suponemos que durante mucho tiempo ese túnel fue una de las vías principales de acceso a este lugar. La mayor parte de la estructura que usted puede ver se desarrolló durante el siglo 19. No más de cien personas en toda la ciudad conocen este lugar y espero que Sempere no haya cometido un error al incluirle a usted entre ellas...
Carlos Ruiz Zafón: "El juego del ángel"
La historia de las bibliotecas es muy antigua. Las que conocemos actualmente, las públicas, provienen del siglo XIX y recogen los libros de los conventos que se derribaron y de las bibliotecas señoriales. Probablemente éstas recogieran libros de las sinagogas y de las escuelas judaicas. Los libros y bibliotecas son anteriores a la imprenta.
Hoy se construye una misteriosa y extraña biblioteca, la cual no está bajo la ciudad ni tiene un espacio determinado; es una biblioteca sin ubicación física. Es una biblioteca que no soñaron ni Borges ni Ruiz Zafón, aunque ambos se aproximaron a ella. Por una parte tiene libros antiguos, pocos probablemente pues ni los políticos ni las autoridades culturales han pensado aún en ella. Por otra parte tiene libros actuales, más que antiguos, aunque de elección algo sesgada, pues elige novelas en su mayoría. Esta última parte de la gran biblioteca está a oscuras pues puede ser perseguida ya que consideran "piratas" a quienes la nutren. De toda esta gran biblioteca Mallorca está muy ausente. Ni las instituciones, salvo alguna excepción, se interesan añadiendo los libros de Dominio Público, ni parece haber "piratas" que añadan los libros actuales. Pero aunque Mallorca esté casi ausente, la Gran Biblioteca se construye y alcanza dimensiones insospechadas.
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