fabian | 17 Agost, 2011 17:02
La pregunta es sencilla: "¿cómo deben ser los libros electrónicos?". Las respuestas probablemente no sean tan sencillas.
Los hechos son simples: se fotografían las páginas y se colocan en un pdf. ¿Es el resultado de este hacer un libro electrónico o es sólo un libro fotografiado? Veamos un ejemplo:
Memorias histórico - artísticas de arquitectura
Señor don Juan Cean Bermudez.— Amigo y señor: Enviando á usted la descripción que me pidió, y le ofrecí, creo que acredito mi confianza y mis vivos deseos de complacerle; porque en ella no hallará la exactitud y el mérito que esperaría de un artista ó de un aficionado mas inteligente, sino la sencilla representación del objeto, tal cual aparece a mis ojos, y cual pudiera dar cualquiera común observador. He reducido así mi propósito por no entrar en empeño que fuese superior a mis conocimientos; pero también me he distraído á varias reflexiones, que naturalmente ofrecía la presencia del mismo objeto. Tal vez esta libertad no se toleraría á un profesor; pero creo que podrá disimularse á quien no trata de pasar por tal, sino solo de complacer y divertir a usted.
¿Y por qué no? ¿Quién es el que se detiene á contemplar estas obras, que sobreviven á algunos siglos, sin hallarse asaltado de las ideas que naturalmente excita la comparación de su edad con las que recuerdan? Aun el artista, para juzgarlas bien, no puede prescindir del tiempo en que se hicieron y del objeto á que se destinaron, ni tampoco no revestirse de las ideas del arquitecto que las construyó ni del dueño que las mandó construir. ¿Qué es, pues, lo que sucederá á un simple observador, cuya atención es tanto mas libre, cuanto menos llamada á las reglas del arte, y menos distraída por las calidades artísticas de las mismas obras?
Sea pues lo que fuere, así es como yo me complazco en ver nuestras antiguallas y como he visto esta; y tal como la vi y la juzgué, la pinto. Si en mis reflexiones me he detenido demasiado, y si se miran con hastío por los observadores vulgares, que no ven en tales edificios mas que sillares y molduras, confío que no por eso desagradará á usted, que tanto ama la antigüedad y tanto se deleita con ella. ¿Y qué sé yo si acaso agradaré también á aquellos que, á vista del cacho de un obelisco, se trasportan á la edad de Sesóstris, y á quien las rampas del moderno Campidolio recuerdan los antiguos triunfos de los Camilos y Cipiones, y las vehementes arengas de Catón y de Tulío?
La descripción abraza asi el castillo como sus términos, que no son menos dignos de observación que su forma; y si usted quiere que la extienda á toda la hermosa escena que descubre, y que en cierto sentido domina, no sera difícil complacerle. Pero esto pedirá mas vagar del que ahora tengo, y podrá formar una segunda parte. — Manuel Martínez Marina (a).
Advertencia (b)
A poco tiempo de hallarse el autor de estas memorias confinado en Mallorca, deseando ocuparse en algún objeto nuevo, capaz de hacerle olvidar la amargura de su situación, empezó á leer la historia de la isla con toda meditación y con aquella crítica tan propia de sus elevados talentos. Desde luego conoció lo que habia que añadir en las de Dameto y Mut, que enmendar en la de Binimelis, y corregir en los manuscritos que se le presentaron. Se le avivó entonces la curiosidad de leerla en sus fuentes, procurándose los originales ó copias auténticas de los archivos públicos del reino, ya prodigando dinero, ya valiéndose del favor de sus amigos. El resultado de este estudio fué quedar enteramente persuadido de que la historia de Mallorca estaba todavía por hacer, y que se debia empezar por disertaciones ó memorias particulares sobre los puntos mas interesantes de ella. Mereció una de sus primeras atenciones la descripción artística é histórica del castillo de Bellver, donde estaba detenido; de una bastilla desmoronada y solitaria, pero cuya esclavitud entre aquellos góticos torreones la hará eternamente célebre, pues como si agradeciese el reposo de una conciencia tranquila, que allí encontrara bajo el azote mismo de la opresión, quiso darle mas importancia de la que en sí merece, con sus elucubraciones eruditas.
De aquí pasó á emprender otras sobre los hermosos y suntuosos edificios de la santa iglesia catedral, conventos de Santo Domingo y San Francisco, Lonja y casas del Ayuntamiento. Había igualmente empezado unas interesantes notas para ilustrar la crónica del rey don Jaime el Conquistador, que deseaba se imprimiese correctamente, por ser el fundamento en que, á su juicio, debia zanjarse la historia de Mallorca, particularmente por lo respectivo á la última época de su restauración. A esta debia seguir una edición completa del Repartiment, que tan defectuoso y truncado publicó Dameto, y sobre el cual había hecho el señor Jovellanos varias y nuevas observaciones. Tenía formado además los primeros ensayos de una biblioteca de los escritores baleares, de un diccionario de los artistas célebres de aquella isla, y de un monetario ó sea disertación sobre el valor de las monedas que corrían allí en los primeros siglos de la conquista, que consideraba muy necesaria para entender las escrituras antiguas. Concluídas estas memorias, creía que estaba acabada la introducción á la historia del país, obra que también tenía ánimo de emprender, si se lo permitía su destino, lo que al fin no llegó á verificarse, por haber recobrado su libertad en el año 1808, después de mas de siete de prisión, y por las ocurrencias que sobrevinieron después con motivo de la guerra.
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(a) Con este nombre firmaba algunas veces Jovellanos sus cartas cuando estaba encerrado en el castillo de Bellver; era el de un paje ó secretario suyo, sobrino del célebre D. Francisco Martínez Marina. Ya comprenderá el lector que tales precauciones eran hijas del rigor de su prision. Véase el discurso preliminar. Insertamos aqui esta carta, y no en el sitio destinado á las que escribió á varias personas sobre diversas materias, porque sirve de introducción á la Memoria del castillo de Bellver. También hemos dado cabida en este lugar al escrito que precede, porque sl bien se intitula carta, no lo es en rigor, sino lo que ahora se llama un comunicado en el lenguaje de los papeles periódicos.
{b) Puesta á la edición de las obras del autor hecha en Madrid en 1832.
Fuente: Obras de D. Gaspar Melchor de Jovellanos (pág. 391)
Bien, pues vayan ustedes a este libro en que están las obras de Jovellanos e intenten recoger algún párrafo. Por métodos normales no lo conseguirán. ¿Es un libro electrónico? Yo diría que no, es sólo un libro fotografiado. ¿Cómo se podría denominar esta característica de los textos web que permiten "copiar y pegar"? En principio lo denominaré como "texto abierto" que, como expresión clara, permiten "copiar y pegar" (una de las acciones principales de los textos electrónicos, no posible en textos no electrónicos). Los textos no electrónicos son de "texto cerrado".
Esta característica del "texto abierto" ofrece muchas posibilidades, positivas y negativas según como se utilice; pero de por sí, no es recusable. Una característica positiva es poder recoger fragmentos como citas, o poder seleccionar los fragmentos - capítulos, párrafos, etc - que a uno le interesa. Una característica negativa es modificar el contenido o utilizarlo para el engaño. Pero estas acciones negativas son extrínsecas al texto, mientras que las primeras respetan el texto y al autor.
Los textos electrónicos pueden ser leídos en pantallas de distintos tamaños y con diferentes tamaños de letras; es decir, son textos repaginables: otra característica importante. En muchos textos impresos hay "notas a pie de página". En los textos electrónicos, por su cualidad de repaginables, las notas no conviene que estén a pie de página, pues el concepto de página prácticamente ha desaparecido. Tiene soluciones variadas, ya en ventanitas flotantes, ya a final de capítulo o en página aparte. Los enlaces permiten pasar de un lugar a otro.
Pero este tema me permite entrar en un punto más complejo e importante que podría denominarse: texto y contenido. Y no tanto porque pueda modificarse el texto, de lo que no soy partidario salvo en cuestiones de apariencia y, en algún caso, de ortografía; sino porque pueda añadirse al texto original otros textos complementarios, especialmente relacionados con la estructura del contenido, con la búsqueda o con la orientación dentro de la estructura textual.
En muchos libros no hay una orientación clara sobre su estructura y contenido. Así, por poner un ejemplo, "Un invierno en Mallorca" ofrece los siguientes títulos y epígrafes: "Primera parte", "Capítulo 1", "Capítulo 2" ... "Capítulo 7"; "Segunda parte", "Capítulo 1" ...Como se podrá pensar fácilmente, no ofrece ninguna orientación sobre el contenido ni ninguna posibilidad de orientarse en el contenido del libro de George Sand. Y ese libro no es una excepción.
Los libros electrónicos tienen que posibilitar primero una concepción rápida del contenido del libro; lo que los libros de papel posibilitaban con la información que ofrecían en la contraportada; pero también han de posibilitar una localización práctica y rápida de los contenidos y subcontenidos, así como la utilización de índices variados, como los onomásticos o los toponímicos, pese a que el libro en papel no los ofrezca.
Un libro electrónico no puede ser un libro fotografiado; incluso en casos, ni siquiera un libro escaneado. Además de ser de texto abierto (posibilidad de copiar y pegar), ha de permitir un acercamiento rápido y primero a saber de qué trata ese libro (primera aproximación) y qué contenidos trata. Y ha de tener sistemas de localización de esos contenidos.
Todo esto refiriéndome sólo a los libros tradicionales. La concepción de un "libro en Red" ofrece un nuevo campo, para mí difícil de imaginar aún. Pero conviene hacerse a la idea de que un libro electrónico no es como un libro en papel.
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