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Gabriel Llompart y los gigantes del Corpus

fabian | 23 Juliol, 2008 16:00

El suplemento dominical del Diario de Mallorca, titulado La Almudaina, desde hace un tiempo reproduce artículos antiguos publicados en el periódico en la sección Opiniones con Historia. Los domingos 17 y 24 de febrero pasado reprodujo un artículo sobre los gigantes, escrito por Gabriel Llompart, reconocido folklorista, y publicado el 16 de junio de 1981.

Gabriel Llompart: Los gigantes de la procesión del Corpus

Mallorca cuenta con dos flemáticos gigantes de representación, vestidos de payeses –llamados "Tòfol" y "Francina" por la tradición– que pasan sus días en la penumbra y humedad del zaguán consistorial y que toman su poca vitamina, puestos al sol, en la fachada del Ayuntamiento, algunos grandes días de fiesta. No es el caso de hacer historia de los gigantes– que ahora sólo hacen una discreta tertulia en un rincón de la ciudad, reumáticos como deben estar por falta de ejercicio y sobra de sombra–, primero porque ya la hizo el bueno de J. Muntaner Bujosa y, segundo, porque queremos inmediatamente ir al grano.

Los gigantes de Mallorca son descendientes de cuatro parejas que se construyeron en Palma en el año 1737 para desfilar antes de la procesión del Corpus, como era corriente en otras partes de España.

PERO, ¿A QUÉ VENÍAN CUATRO PAREJAS?
Sencillamente, a representar a las cuatro partes del mundo en el homenaje fastuoso que la ciudad dedicaba al Santísimo Sacramento. Hasta hace poco, todavía al final de la procesión mencionada en Burgos las partes del mundo bailaban en honor del Sacramento.

¿Y por qué eran gigantes? ¿A qué venían los gigantes de cartón? Pues hay que tener presente que, aunque se diga que el folklore es la historia del pueblo sin historia –esta era la definición preferida del recordado Joan Amades, hasta ahora el más enciclopédico folklorista de Cataluña–, sin embargo, el folklore cambia con el tiempo y los gigantes provienen del centro de España en el siglo XVI. Quien conozca a través del bachillerato los autos sacramentales del escritor Calderón, comprenderá el valor simbólico de nuestros personajes de mito y cartón.

"¿Qué mito dice usted?". Pues, en líneas generales, el de los antiquísimos hombres que eran gigantes, según cuenta nuestro historiador Binimelis, en una versión renaciente y rica de erudición descubridora. Así que hasta que los sabios ilustrados de las Academias de los Borbones incluyeron para apartar el pueblo de estas patrañas –que ellos se tomaban tan en serio al combatir–, es decir, hasta la prohibición taxativa del rey Carlos III de 1780, los pueblos de España, entre bromas y chirigotas, pasearon gigantes en sus fiestas.

La más importante monografía existente sobre los gigantes europeos, escrita hace veinte años por Klaus Beitl, sostenía la existencia probable de un folklore de gigantes en Europa extendido desde Austria a Bélgica y al Levante español. Él lo tenía por milenario, porque lo hacía proceder de la prehistoria nórdica. Esto no está probado. Pero dejémoslo. Lo interesante para nosotros es que, antes de haber gigantes en la Corona de Aragón, los hubo en Castilla. Hoy en día poseemos incluso la documentación que el Ayuntamiento de Valencia envía en 1588 a los "espías" que mandan a Castilla para ver los gigantes verdaderos, los festeros, no los de La Mancha, que enviaron a don Quijote al hospital.

VALENCIA COPIA LOS GIGANTES de "Madrid, Toledo y altres partes de Castella". No parece posible sostener la opinión de Amades de que los gigantes del Corpus catalán vienen del Goliat, que acompañado de David, camina como debutante en la exposición ambulante del Viejo Testamento que trae el Corpus a Barcelona en el siglo XV. ¿Entonces? Pues entonces queda una alternativa bien clara: o los gigantes del Corpus provienen de Castilla o bien provienen de Bélgica, donde hoy en día son cuidados entusiásticamente por sus "fans" valones.

Me cuidaré muy mucho de no apuntar una solución en un articulillo, escrito como un capullo del Corpus, pero sí aprovecharé la ocasión para presentar esta notita curiosa de Readers Digest para salir al paso de ciertas opiniones que, acerca del acompañamiento del Corpus, tenemos aún en Mallorca. Así como una realidad, al parecer tan simple como la de los gigantes del Corpus Christi según una enciclopedia, resulta a la larga tan compleja, es inevitable recordar ahora mismo a quienes se preocupan –y con aplauso de todos, no sólo mío– del acompañamiento folklórico de nuestro "Corpus" y otras solemnidades.

MALLORCA ES ISLA DE EUROPA.
El folklore de Mallorca es, por tanto, un folklore europeo. Y antes, catalán. Y antes, aragonés. Y antes, peninsular. Pues no faltaba más. Bueno sería que hiciéramos ahora campanillismo con los "cavallets", las "aguiles" y los "cossiers", para no citar sino los más importantes. Es verdad que, al sacar cualquiera de estas figuras de ballet popular de su contexto actual, salvo excepción del religioso, nos da la impresión de profanarlos y extraerles el espíritu. Las fotos que nos los muestran en la plaza de toros en tiempos de la dictadura o de la República son demoledoras a este respecto.

Pero el hecho es que en el siglo XVII estas figuras estaban completamente barajadas por los pueblos de Mallorca. Palma y Felanitx tuvieron sus águilas. Y la mayoría de villas, sus "cossiers". A mí no me cabe duda, aunque en mi artículo de la Gran Enciclopedia Catalana lo suprimieran, de que los "cossiers" mallorquines dependen de sus antecesores tarraconenses medievales. Documentos cantan. Y si uno no está de acuerdo, lo toma o lo deja. Por esta razón no firmé más artículos de folklore a partir del de "exvot" en la mencionada obra...

POR ESTA RAZÓN, PORQUE COMO con muy buen ojo ya vio y con mejor precisión plasmó el P. Rafel Ginard –A Mallorca en folklore tot està per tot–, no es posible acantonarse a la vera de un ballet o entremés procesional o ambulante y hacerle girar sólo en torno a la noria de un término municipal. La realidad es que hoy en día (pasivamente, claro es) una misa pontificia en la plaza de San Pedro tiene tanto sentido corporativo y católico como lo podía tener una procesión del Corpus medieval. Y por la misma manera no se puede en el siglo XX contemplar a los entremeses mallorquines con una óptica chauvinista o politizante. Hay que decir a voz en grito que Antoni Mulet hacía buen folklore. Y que la Sección Femenina de Falange desarrolló una labor folklórica a la altura que sus tiempos demandaban. Y que el director de la Escola Municipal de Balls de Palma hace en la ciudad y en los pueblos incluidos sus bailes de figuras (cavallets y cossiers incluidos), una labor muy meritoria.

EL P. JUAN DE MARIANA HABLA, por su parte, de los "cossiers" o danzas de espadas como si fueran cosa castellana. Pero ya estamos en el siglo XX. Debemos darnos las manos en el "Corpus Christi" y fuera de él. Y estar firmes y acordes en los principios y luego distinguir y matizar mucho en el resto.

Resolverá acaso la papeleta folklórica que nos ponen los "gigantes" en Europa el decir por las buenas: ¿Pero es que ha habido gigantes alguna vez? Porque los gigantes bailan aún en Douai, en Burgos y en Estiria. Y más cerca todavía, en Barcelona. Oigan los señores, oigan, oigan... Oigan a Maragall:

els gegants del Pi
ara ballen, ara ballen,
els gegants del Pi,
ara ballen pel camí.

Gabriel Llompart: Los gigantes de la procesión del Corpus (Diario de Mallorca del 16 de junio de 1981)

Me parece una interesante labor la de rescatar antiguos artículos de prensa que aún hoy son interesantes.

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