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Paseo por El Terreno

fabian | 21 Febrer, 2007 20:20

Una imagen que no muestre el decrépito mundo que hoy he recorrido y una música algo nostálgica de otra época.

otoño
Colores de otoño bajo las cuevas de Campanet el 3 de diciembre pasado

He recorrido esta mañana la zona llamada El Terreno situada en la falda del otero en el que está el Castillo de Bellver con su bosque circudante. Es zona de cuestas y de calles de escalinatas. En un tiempo el pinar tocaba el mar y se extendía por toda la falda del montículo. El Cardenal Despuig, una de las grandes fortunas de la isla en el siglo XVIII, tenía allí un solar llamado El Terreno de donde proviene el topónimo. Un camino lo atravesaba junto al mar para llegar al puerto llamado Portopí, una pequeña entrada de mar muy bien protegida ante los temporales.

El primer habitante conocido de esta zona fue un pintor nacido en Palma y que realizó sus primeros estudios en Palma marchó a la Corte de Madrid donde triunfó llegando a ser protegido de los Reyes Carlos III y Carlos IV. Se llamaba Cristóbal Vilella (1742 - 1803) y aún se conservan cuadros suyos en el Palacio Real y en el Gabinete de Historia Natural de Madrid.

Como no es infrecuente con los mallorquines que triunfan fuera de la isla, en Mallorca no se prestó atención a su arte e incluso en algunos ambientes se le desdeñaba. Parece ser que fue el padre del pintor, empleado en la Aduana, quien le adquirió una propiedad en El Terreno y construyó una buena finca donde pasaba largas temporadas el pintor dedicado no sólo a la pintura sino también a la taxidermia pues era buen conocedor de las ciencias naturales y disecaba animales. De esta finca quedan restos del portal de ingreso que ostenta la fecha de 1777.

Luego, en el siglo XIX y comienzos del XX, esta zona se pobló de "villas" de nuevos ricos, con sus pequeños jardines y sus terrazas sobre el mar. No era la nobleza quien veraneaba en esta zona sino las fortunas y a ellos se unieron los grandes artistas de cine que atracaban sus yates en las cercanías. El más conocido fue Errol Flyn y creo que Ava Gardner, pero fueron muchos quienes se acercaban a esta costa y atracaban sus yates cerca de las terrazas abiertas al mar entre los pinos que bajaban desde el castillo.

Luego vino la masificación y la decrepitud. Bloques de apartamentos lanzaron sus cuadraturas de cajas hacia el cielo. El urbanismo fue desastroso tapándose el mar unos a otros. Quienes habían vivido hasta entonces huyeron y vendieron casas y solares a altos precios. Quedan unas pocas villas, abandonadas y a la venta. Pasillos enladrillados entre bloques de edificios se han convertido en callejones de paso. Las que fueron grandes terrazas sobre el mar han desaparecido, así como los antiguos bares. La droga abatió el comercio que daba a las calles y hoy, entre carteles de Se alquila o Se vende, mantiene sus puertas cerradas.

Mi padre nació en esta zona en una casita cercana a la plaza Gomila que tenía una pequeña terraza que daba al mar. Yo me bañé de niño entre las rocas cercanas al Mediterráneo cuando aún no se había construido el Paseo Marítimo y celebré mi primera comunión en la terraza del Mónaco con ensaimadas, cuartos y chocolate. Nadé en la piscina de 25 metros de s'Aigo Dolça varios veranos y tomé helados de los Italianos. De todo esto ya no existe nada.

El camino hoy ha sido triste en un barrio triste, ya no decrépito sino más que muerto, convertido ya en un barrio fantasma, barrio dormitorio sin apenas ligazones con lo que fue.

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