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Paseo por la ciudad

fabian | 11 Maig, 2006 18:40

Festival de luces y sombras. Salimos Margarita y yo a pasear por la ciudad. Margarita pregunta dónde dirigirnos y nuestros cansinos pasos se dirigen al centro de la ciudad: plaza de Cort y de Santa Eulalia. Viento fresco y algarabía de verdes en los árboles. Calles llenas: turistas en grupos, voces que suenan en segundos planos; reflejos de rayos que en la ciudad de trazado árabe, quedan prendidos en balcones. Colores, piedras viejas... mi mirada busca.

Horas antes, en el aula, pregunto a un pequeño grupo de alumnos dónde están varios lugares céntricos y conocidos de Palma. S'Hort del Rei, Plaza de Cort, plaza de España y plaza de Hornabeque. Son lugares comunes y me espanto cuando me indican que sólo conocen uno: la plaza de España. Son alumnos de trece - catorce años. Cuando en lugar de nombrar las calles por su nombre, indico algún comercio que en ellas se encuentran, todos la conocen. Conocer Palma por sus tiendas. Preparamos un itinerario ciudadano que tendrán que recorrer en algún callejero de Internet - Google maps posiblemente - anotando los nombres de las calles por donde pasen.

reloj solar
Reloj solar de la plaza Santa Eulalia

Mi vista ya no es buena; tampoco mi pulso es firme. Me esfuerzo por fotografiar el reloj solar de la plaza Santa Eulalia. Está bajo el alero de un edificio. El zoom de la cámara casi al máximo (es de 3*). ¿Edificio alto? Hoy hemos leído en clase unas noticias periodísticas de comienzo del siglo pasado: los primeros semáforos en Nueva York, la construcción de los edificios Crysler y del Empire State Building. ¿Cuáles fueron las causas de que entonces los edificios se lanzaran hacia las alturas? La ciudad antigua mantiene las edificaciones de tres o cuatro plantas; es ya en los ensanches donde la edificación cambia y crece el número de plantas - posiblemente ya avanzada la segunda década -, algo ha cambiado en las técnicas y materiales de la albañilería. ¿Por qué lo desconozco? Leer la ciudad, siempre distinta y nueva. Mi mirada busca entre las piedras y encuentra detalles no vistos. La ciudad - como la naturaleza - debe ser mirada y remirada, mes tras mes y año tras año. Aprender a mirar.

ángel
Ángel en una fachada de la plaza Santa Eulalia

Pero la mirada no basta, no es suficiente, necesita la palabra, la verbalización. Dar nombre a las cosas se hace necesario para que el objeto, el producto de esa mirada, adquiera consistencia en la propia mente y en la memoria. La palabra fija el objeto y lo convierte en concepto, en elemento manejable y comunicable. Y decir "palabra" es decir lectura y escritura, y yo voy notando la ausencia, la falta de todos estos elementos y, por faltarme, me doy cuenta de la pobreza de mi mirada, de mi ver y pensar esta ciudad que ha atravesado siglos. Necesitaría conocer la historia de la construcción, la historia del urbanismo, la historia de la ciudad.

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