Alta mar

Contacto

Estelrich y las 'Líricas' de Costa

fabian | 13 Juny, 2012 15:31

La digitalización de los libros que ya están incluídos en la categoría de "Dominio Público" no parece que sea una labor inminente por parte de la Administración ni por los organismos relacionados con la cultura o la educación. Cuando se decidan ya veremos cómo lo hacen.

He hojeado el libro de Costa y Llobera, "Líricas" en la "Edición crítica" de Maria del Carme Bosch publicada recientemente (2004). Hay un gran trabajo de investigación sobre los escritos epistolares que Costa tenía con sus amigos, así como sobre las publicaciones en las que el poeta participaba. Pienso que una "edición crítica" va más dirigida a un público especializado que al general, a los "peatones", entre los cuales estoy yo. Al final del libro, la investigadora añade las "críticas" (no sé si pueden llamarse así) que se publicaron en la prensa cuando el libro se publicó. Son nueve y algunas están firmadas por los amigos del poeta con los que mantenía una correspondencia frecuente. Son las siguientes:

  • Antonio Rubió i Lluch: "Un poeta mallorquín" La Almudaina, 10 y 11 de julio de 1889.
  • Gonzalo de Castro, "Líricas por Miguel Costa, presbítero" - Palma de Mallorca, 1899 - En 8º XXIV - 144 páginas. "Boletín Bibliográfico", "Revista Contemporánea", núm. 559 (Madrid, 15 de marzo de 1899), 553 - 556.
  • Rafael Ballester: "Líricas (Poesías por M. Costa y Llobera)" en "La Última Hora", de 28 de marzo de 1899.
  • Rafael de Valenzuela: "Influencias del arte. Un poeta mallorquín" en "La Última Hora", 5 abril de 1899.
  • Espinilla [Joan Lluis Estelrich]: "Las Líricas de Costa" en "La Última Hora", 11 de abril de 1899.
  • Federico Balart: "Acuses de recibo III", en "El lunes de El Imparcial", 8 de mayo de 1899.
  • Juan Luis Estelrich: "Líricas", en El Heraldo de Madrid, 19 de junio de 1899 (reproducido en La Almudaina el 27 de junio de 1899)
  • Don Gil de las Calzas Verdes [Pelayo Vizuete] "Verduguillo": "El Arte" en "Revista hebdomadaria", núm. 27 (9 julio de 1899), año I
  • Emilio A. Villelga Rodríguez: "El año intelectual. Cartas bibliográficas. Los libros" en "Revista Eclesiástica", año III, vol. 5 (diciembre de 1899), 466 - 467.

Tanto Rubió como Estelrich eran amigos de Costa, con los que mantenía estrecha correspondencia.

Juan Luis Estelrich (1856 - 1923), de Artá (Mallorca), fue escritor, poeta, catedrático de Literatura en varios institutos, correspondiente de la Real Academia de la Lengua y Premio Fastenrath y miembro de varias Academias, como la de Buenas Letras de Barcelona, la de Bellas Artes de San Fernando o de la Hispanoamericana de Cádiz. Entre los literatos con los que mantenía correspondencia epistolar, la entrada de la Wikipedia no cita a Costa y Llobera, pero sí a Antonio Rubió, a Milá i Fontanals, a Juan Valera y a Menéndez Pelayo. La Biblioteca Nacional de España guarda su Archivo personal con 450 cartas y 50 textos originales. Juan Luis Estelrich i Perelló y Miguel Costa i Llobera fueron amigos desde sus años de Bachillerato al haberlo estudiado juntos en el Instituto Balear de Palma. Tiene en Palma una calle con su nombre, situada entre la Plaza de los Patines y los juzgados de la Vía Alemania.

Juan Luis Estelrich

Como el artículo titulado "Líricas. Poesías de D. Miguel Costa", publicado en El Heraldo de Madrid el lunes, 19 de Junio de 1899 sí está on line, lo "copio y pego" a continuación:

Líricas. Poesías de D. Miguel Costa

No estamos actualmente tan sobrados de poesía lírica que podamos desdeñar libros de selecto contenido, como las Líricas de Miguel Costa; ni aunque tuviéramos una producción exuberante podría prescindírse de quien se cierne en tales alturas de inspiración y domina tan faustosamente la técnica artística como el poeta de la isla dorada,

El nombre de Costa, divulgadísímo en las comarcas levantinas donde se habla la lengua catalana (no lomosina, como suele llamarse á veces), es bien conocido de unos pocos literatos de aquí; pero el publico de tierra adentro no pudo apreciar hasta ahora lo que este nombre significa. Sus colecciones de versos líricos y narrativos estaban escritas en catatán, y no podía exigirse á los castellanos que gustasen y saboreasen aquellas producciones. Hoy, después de la impresión de las Líricas en versos castellanos, eí desvío ó el olvido del nombre de Costa constituirán una verdadera ingratitud en Castilla y en toda Espafia.

Pero ¿quién es ese poeta?, preguntarán muchos de los lectores; y como yo soy quien lo presento sólo por méritos de mi residencia en la corte, voy a hacer de! mismo, en pocas palabras, una presentación biográfica.

Quien visite el archipiélago semigriego de Baleares, aquel grupo de islas verdes para el cual parece haber escrito Goethe el verso

Kent du das Land wo die Citronen bluhn,

encontrará en el pueblo de Pollensa, con sus diferencias dialectales dentro del mismo mallorquín, espléndidos paisajes y costumbres muy características, y allí la antigua casa de los Costa con grandes dejos señoriales, entre el respeto y veneración de dicho pueblo. Y era allá costumbre, que se perpetuó hasta 1855, la de adornar con laurel y palmas el portal de la casa donde había nacido el primogénito de la familla, adornos que no ostentaron, rompiendo con la tradición, los umbrales de la casa de los Costa en el nacimiento de este poeta.

Le estaba reservado alcanzarlas por deracbo de conquista.

Aunque primogénito y presunto hereu de una familia riquísima de Mallorca, tuvo su padre el buen acierto, rompiendo con otra tradición más dañina que la antes indicada, de dedicarle al estudio. Tras de un bachillerato aprovechadísimo, empezó Miguel la carrera de Derecho en Barcelona y aquí en Madrid la abandonó, disgustado de tales estudios, cuando sólo le faltaban dos asignaturas para acabarla. Recluyóse en Pollensa, al lado de su padre, viudo, cuando sus dos hermanos menores quisieron dedicarse á la Armada; pero bien pronto manifestó su decisión firmísima de abrazar la carrera eclesiástica. Después de cinco años de permanecer en Roma, volvió á Mallorca por el 1890 con loa hábitos talares, y allí le encontraréis consagrado á su padre, a la predicación, á la practica de todas las virtudes y haciendo versos, entre el respeto de sus paisaos, aun los más indoctos y descreídos.

Vivo está Costa, por fortuna, y no quiero qne trasciendan estas líneas a glorificación prematura; por esto contengo mí pluma y os remito al testimonio de todos loa mallorquines.

Sus versos de niñez, porque Costa los hizo desde niño, fueron casi todos castellanos. Al ir a Barcelona y tratar á loa vates de aquel florido renacimiento, escribió en catalán.

Modesto, y más tímido que modesto, los versos de Costa no se hubieran publicado en mucho tiempo sin una perdigüela escolar que le jugamos dos compañeros suyos, para avivar sus ánimos y romper la oscuridad de sus manuscritos.

Le recogimos unos pocos, y sin encomendarnos más que á la bondad de sus versos, los enviamos á la Revista Balear, que publicaban en Palma, Cuadrado, D. Tomás Aguiló, Rosselló, Frates, Gabriel Maura y demás dioses mayores y menores del Parnaso Mallorquín. Tendríamos entonces alrededor de quince años. La poesía La Vall, una de las enviadas, contenía el sumario de la producción de Costa. Sentimiento de la Naturaleza envuelto en clásica, sobria y reposada forma.

Dos años más tarde había de producir Costa El Pi de Fomentor, soberbio arranque lírico que es para los de la tierra algo así como para los catalanes la oda de Aríbau, conocida por A la patria,

El pi de Formentor colocó á Costa, de un salto, á la altura en que brillaba la imaginación, iluminada como un fanal de colores, de D. Mariano Aguiló, y donde se ungía en dulzuras celestiales la efusión mística de Verdaguer.

No hay que negarlo. La gloria más legítima de Costa eatá en su tomo juvenil de Poesías líricas catalanas. Allí, por antonomasia, Costa es el poeta lírico de Mallorca. Hermosas son, sin duda, las colecciones narrativas del Cansoneret de la Verge del Puig y Del agre de la terra; pero á unas y á otras superan muchas de sus Líricas, porque Costa es y será siempre, ante todo y sobre todo, encarnación viviente de la poesía lírica y verbo de su producción. Su gran cultura clásica se convierte en sentimiento viril y hondamente arraigado en el momento de la producción, como lo estaba en el alma de Fray Luís de León, y uno y otro, solo por los ojos de este sentimiento, han visto y se han compenetrado dol mundo real. Apenas hay en Costa una poesía de tema mallorquín y, no obstante, Costa ha sentido más que nadie la naturaleza de Mallorca y mejor que nadíe la ha expresado en sus versos mallorquines.

En sus Líricas domina otro tema: la inagotable fuente del arte. Las mismas Catacumbas de Roma, sobre estar escritas por un sacerdote tan piadoso como Costa, están sentidas artísticamente. Por esto resultan tan gran poesía; la mejor del tomo indudablemente. Y para que todo sean aciertos en ella, está justamente adivinada ó buscada la estrofa manzoniana de a cinque maggio, á la que el esdrújulo, á veces arcaico, perfuma la descripción arqueológica del sagrado recinto.

Poesías como ésta entran pocas en libra y acreditan la perspicacia del crítico, maestro de todos, D. Marcelino Menéndez y Pelayo, que, muchos años ha, decía de Costa ser uno de los poetas más verdaderamente líricos de la actual generación española.

No sé si se achacará á apasionamiento, que tengo y no oculto, por Costa, el aprecio que hago de sus últimas composiciones; pero lo cierto es que no abro el libro sin que tropiece con versos admirables y composicionea lindísimas. Acá un Nocturno que embelesa; allá unas Cascadas del Arno, en que revive el venusino; luego unas estrofas ciclópeas Al Moisés de Miguel Angel; un Adiós á Italia, digno de Carducci, imitado de sus metros, y como es consiguiente, cristianamente concebido; una Resignación, en que la víudez, en la luna de miel de su hermana, recuerda al poeta que el satélite de la tierra,

esa forma nacarada
que, signo de placer, sonríe al suelo,
de cerca por el sabio contemplada,
es, ¡ay!, un mundo de tristeza y duelo.
Su faz, que desde lejos aparenta
fina tersura y deleitoso halago,
resquebrajada y hórrida, presenta
de mültiples volcanes el estrago...

No hablo ya de la docena y media de sonetos que el tomo encierra. Siempre he creído que á la inspiración de Migu«l Costa convenía más la estrofa ceñida que la libertad métrica. Por esto en sus sonetos todo es praciso y acabador- La alondra, A Miguel Angel, A Rafael, En la plaza de la Concordia, Orillas del Tiber, Orillas del Arno, A fray Luís de León, En el Anfiteatro de Roma, Sobre un contraste de Víctor Hugo, Sobre un concepto de Leopardi.

Víctor Hugo, Leopardi, Manzoni, Fray Luís, he aquí los maestros ó los hermanos de Costa. De Víctor Hugo ha traído el poete mallorquín á sus versos catalanes alguna que otra imagen que ha sujetado siempre á la ebúrnea labor de los italianos, y al ne quid nimie del primer lírico español; pero bajo estas reminiscencias más externas se halla siempre, viva y palpitante, la extraordinaria cultura clásica de Costa, recogida de primera mano en la producción latina, así sacra como profana.

Ni alabo ni censuro que el poeta, en varias composiciones, se haya traducido á sí mismo; pero es indudable que el Costa, traducido al castellano, ha desmerecido. Años ha, y con motivo de la publicaoión de un tomo de versos mallorquines de Costa, hablé de la compenetración de este poeta con el medio ambiente de la naturaleza de Mallorca; de la endósmosis establecida; concepto y palabra que me ha hecho e! honor de repetir el P. Restituto del Valle Ruiz en el hermoso prólogo de las Líricas de Costa; pues bien, esta endósmosis queda bastante desvirtuada en las poesías traducidas, tales como El pino de Formentor, Marina, Balada de la fuente, Amor de patria y alguna otra. Lo que sí estimo, aplaudo y celebro, no obstante de haber dicho que conviene más á la inspiración y á la técnica de Costa la estrofa ceñida que la libertad métrica, es que se hayan recogido en su primer volumen de líricas castellanas dos composiciones en versos endecasílabos sueltos.

No puedo transigir con esa votación nominal, por la que resulta desechado el verso suelto, ni con la injusticia de que en España no se ha escrito jamás acertadamente. ¡Qué atrocidad! ¡Y Jáuregui y Jovellanos, y Moratín, y Martínez de la Rosa, y Ventura de la Vega, sin protestar desde el otro mundo; y callados aquí como muertos nada menos que Valera, y Núñez de Arce, y Menéndez Alcover! También acordamos un día que Hermosílla era un retórico, y bajo ese acuerdo no hay ya quien lea su traducción de la Ilíada, que es de lo bueno que en punto á traducciones corre por estos reinos.

Formulo, pues, voto particular sobre el capítulo, y ofrezco en defensa.de mi proposición Ruinas y A un poeta ignorado. A éste.dice Costa:

Tú la gran poesía no has cantado
que amaste con ardor, mas la viviste
. Nunca guirnalda de floridos versos
tú llegaste á tejer; pero las flores
que, deshojadas en lenguaje humilde,
prodigaste á tu paso, formarían
nobles coronas a cualquier poeta.
Artista no te llaman; mas lo bello
modelaste en el bien. Has esculpido
en vivos corazones, derramando
salud, consuelo y dádivas ocultas
sobre el dolor y la miseria humana.
Ha sido tu poema el sacrificio;
y no existe poema en este mundo
más grato a Dios, etc.

Y por no cansar á los lectores, aunque me quedo corto, basta y sobra con lo dicho para recomendación eficacísima de laa Líricas de Costa, á quien envío mi enhorabuena, no menos que á los Sres. Amengua! y Muntaner, editores de Malíorca por haber encerrado en tan lindísimo estuche esas joyas poéticas.

J. L. Estelrich: Líricas. Poesías de D. Miguel Costa (El Heraldo de Madrid, 19/06/1899)

Comentaris

Afegeix un comentari
 
Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS
Powered by LifeType - Design by BalearWeb - Administrar