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Chopin: las polonesas y mazurca en la etapa mallorquina

fabian | 15 Febrer, 2010 11:09

La estancia de Chopin en Mallorca fue corta y llena de problemas, pese a ello fue provechosa musicalmente. En los 98 días de estancia en la isla - del 8 de noviembre de 1838 a 13 de febrero de 1839 -, salen de las manos del compositor un grupo importante de partituras:

  • Los Preludios, Op. 18
  • Balada op. 38 en Fa mayor, nº 2
  • Polonesa op. 40, nº 1 en La mayor "Militar" y Polonesa op. 40, nº 2 en Do menor, "Dramática"
  • Mazurca op. 41 nº 2 en Mi menor
  • Scherzo op. 39 en Do sostenido menor, nº 3
  • Nocturnos op. 37; nº 1 en Sol menor y nº 2 en Sol mayor
  • Sonata op. 35 en Si bemol menor, nº 2

No se puede decir que sean obras compuestas en Mallorca pues el proceso de composición de Chopin es largo y cuidadoso. Por lo general había una fase inicial de recogida de ideas musicales; otra fase de maduración y acomodo y una fase final de resolución y arreglos terminales. Todo ello era un proceso que podía durar meses e incluso años. Quizás, si algunas ideas musicales se iniciaron en la isla, estarían éstas en las obras que presentó años más tarde en un concierto en París.

La economía de Chopin no era boyante, vivía al día. Fundamentalmente se basaba en los emolumentos que recibía al dar clases de música; sus conciertos eran su segunda fuente económica, aunque éstos fueron escasos. Sus partituras apenas le daban ganancias.

Para el viaje a Mallorca, Chopin dejó de dar clases, siendo el único año en el que pudo dedicarse a componer en los meses de otoño e invierno. Las dificultades fueron muchas, ya la eclosión de su enfermedad, la expulsión de su estancia en Son Vent, la no llegada del piano encargado en París ... Los gastos también fueron mayores de lo esperado. No sólo tuvieron que pagar todo el ajuar de la casa de Establiments y el encalado siguiente para que no quedaran restos de la presencia en la mansión de un tuberculoso, sino que la manutención en Valldemossa se hizo problemática. George Sand se queja de ello en sus cartas indicando que los payeses se habían puesto de acuerdo para encarecerles en alto grado los alimentos, tanto que prefirieron comprarlos en Palma.

Chopin había recibido un adelanto económico por la partitura de los Preludios de 500 francos, partitura que acaba en Valldemossa y que envía desde Valldemossa a Francia en enero. Pero necesitaba más dinero. En la carta que Chopin envía a Pleyel indicándole el envío de los Preludios, le notifica que tiene otras partituras a su disposición: la Balada, por la que pide mil francos para que sea editada en Francia e Inglaterra; dos polonesas (de las cuales Pleyel conoce una en La) por las que pide mil quinientos francos por su edición en todos los países del mundo y, también, un tercer Scherzo por el que pide la misma cantidad que por las Poloesas, por su edición en Europa.

Parece ser que las cantidades que Chopin pide y las que realmente recibe son bastante diferentes.

A la Polonesa en La mayor, op. 40 nº 1 "Militar" Chopin sólo tiene que darle el arreglo final y escribirla definitivamente. Ya la ha tocado en alguna reunión de amigos en París y la tiene totalmente perfilada. Es una Polonesa vibrante y clara. No así la Polonesa en Do menor, op. 40 nº 2, bastante compleja en sus tempos, con contrastes acentuados, ya con pasajes "cantabiles" incluso dulces y otros con armonías cambiantes. Puede ser que esta segunda polonesa sí fuera compuesta en parte en Mallorca y si la primera es apreciada por un público general, la segunda lo es por los melómanos

Con referencia a la Mazurca op. 41, nº 2 en Mi menor, ya en una carta escrita en Nohant - gran posesión de George Sand en Francia - en agosto de 1839 por Chopin a su amigo y secretario Fontana, le indica la escritura de cuatro mazurcas, una de ellas "escrita en Palma" (la utilización de Palma y Mallorca es en esa época - y en otras - confusa).

Comentaris

Re: Chopin: las polonesas y mazurca en la etapa mallorquina

Sonia | 12/12/2011, 09:37

Me ha gustado mucho el post,te felicito porque se tiende a dar una lectura idealista y tu das toques realistas a lo que supuso la estancia en Valldemossa, por cierto una bellísimo lugar.

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