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Las naranjas del Paseo Marítimo

fabian | 07 Desembre, 2005 16:51

libro

Cuando a los alumnos de Primero de ESO les presento este libro me doy cuenta de que existen en una misma ciudad varias ciudades invisibles o, al menos, sin nombre. Los alumnos de 12 años desconocen los nombres de las principales calles de Palma. Salvo el nombre de algún gran almacén comercial, lo desconocen casi todo. Claro que esto no es privativo sólo de los niños.

Me gusta este libro, La isla de las montañas azules de Manuel L. Alonso porque la acción transcurre en Palma y sus cercanías.

Martinho bajaba al puerto pesquero, que estaba muy cerca de su casa, tan cerca que hubiera podido verlo desde ella a no ser porque otra casa se interponía entre la suya y el mar.

Allí se sentaba en uno de los bancos de piedra a mirar cómo los viejos pescadores remendaban las redes y ponían a punto los aparejos. Le gustaba el olor de las embarcaciones y de la carga multicolor que luego se subastaba en la lonja. A veces conseguía un par de pececillos caídos junto a una barca, y los llevaba a casa para que su madre preparase una sopa con ellos. Otras veces caminaba a lo largo del Paseo Marítimo, por la zona que frecuentaban los turistas, y extendía la mano y conseguía unas monedas. No muchas. Nada de miles. Las montañas, al menos vistas desde lejos, eran azules, sí. Pero las limosnas no eran en modo alguno tan espléndidas como les habían contado.

naranjos frente a la capilla de San Telmo

Las montañas de Mallorca tienen una tonalidad azul; las de Italia y otras islas del Mediterráneo, dicen que su tonalidad es rosácea. La literatura puede mostrarnos otras miradas sobre la ciudad o el espacio que nos circunda. A mí me gusta leer descripciones de lugares que conozco y pienso que es bueno que haya libros que transformen el espacio circundante real en espacio literario. Por ello, desde hace ya diez años, éste es uno de los libros de lectura recomendados a los alumnos de Primero de ESO y no suele defraudar a quienes lo leen.

A lo largo de buena parte de la bahía de Palma hay un camino reservado a los peatones. Bordea diversos puertos deportivos o pesqueros, dársenas y escolleras, desde el viejo barrio pescador de El Molinar hasta el moderno Club Náutico. En algunos momentos se estrecha al borde del agua y en un par de lugares coincide con un carril sólo - bici.

Una mañana, Martinho se propuso recorrer por primera vez de un extremo al otro todo el largo paseo. Desde que estaba en Palma nunca se había alejado de su casa más de un par de kilómetros, y comenzaba a entristecerle la idea de que el tiempo pasaba sin que él llegase a ver apenas nada de la isla. Ese día se puso a caminar con la decisión de un explorador que tiene un deber que cumplir.

El sol quedaba a su espalda, y dado lo temprano de la hora no calentaba demasiado. Descubrió naranjos silvestres en los que nunca se había fijado, y se quedó unos minutos frente a un letrero que prohibía, en varios idiomas, pisar el césped. Keep off the grass, leyó una y otra vez en voz alta, para memorizar las palabras inglesas. Se figuraba que keep podía traducirse por prohibido, y que off venía a ser el verbo pisar, lo cual, desde luego, no era exacto, ni tenía mayor importancia.

[...]
Al proseguir su paseo, se le ocurrió la idea de contar el número de embarcaciones amarradas, pero pronto descubrió que era más ameno dedicarse a leer los nombres. Pues, para su sorpresa, todas tenían nombre, a menudo un nombre femenino, exceptuando unas pocas que simplemente estaban numeradas. Distraído con esta tarea, no oyó el sonido del timbre ni el grito de aviso hasta que fue demasiado tarde.
La bicicleta se le echó encima con un impulso terrible que estuvo a punto de echarle al agua.

No sería mala idea tener en alguna web descripciones literarias sobre la ciudad y las islas. Sería un bonito e interesante trabajo. Serían miradas diferentes a las habituales. La ciudad dejaría de ser tan "invisible".

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